Polimorfismos

Noviembre 9, 2009 - Leave a Response

“Es preciso que el sabio sea [...] suavemente fuerte y fuertemente suave.” [1]

Toda vaguedad es siempre especulativa, fronteriza y, necesariamente, lingüística. Y, a lo que se ve, muchas veces polimorfa o contradictoria.

Es nuestro modo de acercarnos al conocimiento de la vida y de nosotros mismos:

a puro tanteo, dejándonos pinchar por nuestras propias aristas filosas.

En ese sentido, me interesa la formulación que se ha hecho en la época moderna de la filosofía medieval en la binarium famosissimum agustinianum, cuando se dice (referido a la teoría de la forma múltiple) que:

“Puesto que ninguna forma confiere su actualidad esencial a un ser, se precisa de múltiples formas sustanciales en el mismo individuo”.

O formulado en otros términos y llevado a nuestro terreno: nosotros, cada uno de nosotros, somos muchos. Y queremos -y necesitamos- ser muchos.

Yo: el deseo de un reino de flores con una obesa base de lodo.

La búsqueda de lo ancestral en cada ser humano, por ponerlo en términos simples.

Y si buscamos formulaciones contemporáneas, más o menos vendría a ser lo que trata de hacer pasar la altermodernidad por criollismo. Contra el universalismo del actual pensamiento único, pues propugna la solazada periferia del sistema.

Sus flancos, sí, pero los flancos que perpetúan -con iluso convencimiento- la ideología del sistema mismo.

Un conservadurismo más, en suma. Una venda más sobre los ojos del hombre del siglo XXI.

Necesario, sí, pues para que se mueva un organismo necesita éste que sigan cohesionadas incluso sus partes disidentes.

Y quizá radique aquí la causa de todo: sentimentalismo que se hace pasar por emoción, esloganes que adquieren el status de idearios.

Publicidad que ahora toma el nombre de arte.

Fealdad que busca ser digna consensuada belleza.

Quizá sea ese el problema:

que la vaguedad no es un cuestionamiento, sino una verdad en sí misma. No una posibilidad de cambio, sino el valor que aprueba la taxonomía, el enciclopedismo, que ahora no se llama ya así, pero continua con su trabajo incansable.

Y es que, si se rasca un poco por la superficie, ve uno cómo no se admiten realmente cual valores rompedores las personalidades difusas o deliberadamente ingobernables, sino que se utiliza la frontera como símbolo de nuestra deficiencia, de nuestra precariedad y falta de ambición.

Así:

que nuestro polimorfismo tal vez se deba a las razones equivocadas, pues que nuestra calidad, debido al perpetuo desgaste, haya adquirido formas de fuerza menor y que se tome esto como fortaleza cuando, obviamente, es una tara.

Vaya, que lo que en siglos pasados se tenía como progreso, la contradicción que conduce al conocimiento, ahora no sólo sea un valor fundamental de la praxis artística, sino la misma ranciedad del pensamiento.

Por una razón,

porque lo que lingüísticamente se contradice, si no adquiere un status mayor de hipótesis, desaparece en el limbo del idioma.

Y se pudre,

porque no produce conocimiento sino acumulación de datos o bandazos innecesarios.

Y esa es la sensación que tiene ahora el espectador del arte contemporáneo:

la de observar una multiplicidad de formas vistosas y chispeantes, pero que esconden un vacío, un difuminado claroscuro putrefacto.

Uno siente que cada vez quedan menos de esas pequeñas llamitas peleonas, ajadas por la vida y sus circunstancias, y cada vez más artistas de mesacamilla y blog y habitación caldeada y subsidio estatal y cena lista a las nueve, sin falta.

Y dan muchas, muchas ganas de quedarse callado y quieto.

Muchísimas.

Lo advierte Richard Dorment en el New York Review of Books:

“in the modern world,

presentation counts for more than substance” [2]

Pues eso.

[1] Luis Maria Grignion de Montfort. “El amor de la sabiduría eterna”.

[2] Richard Dorment. “What is an Andy Warhol?”. New York Review of Books.Vol-56. Num 16. 22-Oct-2009.

Acciones perfopoéticas contra el postmodernismo

Noviembre 6, 2009 - One Response

Acciones perfopoéticas contra el postmodernismo:

Al hilo de las acciones que se están llevando a cabo desde este blog

[1ª acción, 2ª acción],

les traigo la respuesta que da la pionera del arte performático en España Esther Ferrer (en entrevista junto a Marina Abramovic) a las preguntas de Paula Achiaga:

(Pregunta)

-La performance parece estar de moda, ¿a qué lo atribuyen?

(Respuesta)

-Esther Ferrer: Puede ser una reacción frente al mundo digital. Frente a la “descorporeización”, la presencia de un cuerpo real, objeto y sujeto de la acción.

En fin, que igual no estamos tan equivocados, después de todo…

Pueden leer la entrevista completa en El Cultural de El Mundo 06-11-2009

Sobre la posibilidad… en la literatura

Noviembre 6, 2009 - Leave a Response


“No es tan importante hacer las cosas como saber que puedes hacerlas. La posibilidad es excitante, aunque no la uses” [1]

En efecto,

totalmente de acuerdo con las palabras expresadas arriba de Karl Lagerfeld;

sería mostrenco no felicitarse por la libertad que concede lo posible.

Aunque el mero regocijo sería también cosa de necios.

O sea, que, como ya se preveía, la posibilidad es una paradoja en sí misma.

Una exageración, pues. Porque todo, absolutamente todo en el mundo, trae como punto de partida una posibilidad.

Y no, tampoco hace falta concentrarse en justificaciones de la filosofía existencialista, ni en la especulación de la materia de los presocráticos, ni en la filosofía del lenguaje, ni…

No, lo demostraré con un ejemplo histórico bien elocuente.

Veamos, vamos a escuchar a Pere de Vaux de Cernais, celebrando -exageradamente- la muerte del conde de Tolosa, y duque de Narbona, visconde de Besiers i de Carcassona,

don Simón de Montfort:

“La seva mort fou la mort de tota cosa, perquè era el consol dels afligits, el coratge dels febles, el refugi dels dissortats” [2]

Y, en efecto, fue Simón considerado un mártir de las cruzadas del siglo XIII, sí, pero su gloriosa muerte se debió a una tonta muerte provocada por una piedra lanzada desde una catapulta que le arrancó los dientes, el cerebro, la frente y lo dejó literalmente negro.

¿Saben quién fue el feroz contrincante que le sacó de cuajo la cabeza a nuestro valiente guerrero?

Una púber jovencita occitana de la ciudad de Tolosa.

Como lo oyen.

¿Ven, pues, qué maravillosa resulta la posibilidad aplicada a la literatura?

En fin, en términos morales, sería algo así como lo que sigue:

“Nuestra idea de la justicia va variando según nuestras necesidades y siempre consideramos que lo necesario puede ser también justo” [3]

De lo que se concluye, pues, que lo que nos excita de la posibilidad es su capacidad de ser adaptable a nuestras convenciones éticas.

Porque:

“Lo único seguro sería no decir ni hacer nunca nada, y aún así: puede que la inactividad y el silencio tuvieran los mismos efectos, idénticos resultados, o quién sabe si todavía peores” [4]

Lo cual demuestra de nuevo la paradoja,

pues la posibilidad, finalmente, se ve doblegada sin remedio a nuestro ideario sentimental, político y estético.

¿existe entonces realmente la posibilidad?

En otros términos:

a pesar de ser totalmente libre (al menos en su punto de partida), al escritor le gobierna la ineludible carga de su individualidad.

Así no veo cómo podríamos hablar plausiblemente de posibilidad.

Un apunte final: si tomamos en cuenta el látigo de Truman Capote… (ya saben, aquello de que Dios le da al artista un don que es a la vez un castigo),

y le damos la vuelta al enunciado, no nos queda más remedio que preguntarnos si es posible que un escritor no escriba.

Mi respuesta es un NO rotundo.

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Videoclip del día:

Un solo botón – Nu Niles

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[1] Karl Lagerfeld, en entrevista con Eugenia de la Torriente. “El último superviviente”El País Semanal. 01-11-2009.

[2] Jordi Ventura. “Pere El Católic i Simó de Montfort”. Ed. Selecta-Catalònia. Barcelona. 1996. [pág 294]

[3] & [4] Javier Marías. Mañana en la batalla piensa en mí. DeBolsillo. Barcelona. Enero de 2009.  [pág 143 & 147]

Realidades subjetivas

Noviembre 5, 2009 - One Response

1.

“El realismo no sería tanto una estética como el objetivo seminal de la ficción literaria: hacernos vivir otra vida” [1]

Cuando uno nota hacia donde va el lenguaje de un escritor, su intención, significa que éste (el escritor) no va a ningún sitio.

El que sí que va hacia algún lado es su lenguaje, y va directo a su predicho final, convirtiéndose su prosa en previsible, inapetente y, por ello, desestimable.

En estos casos el escritor es la aldaba de su estilo.

Es el escritor un calendario lleno de hojas (limitadas), cuya prosa son las hojas caídas de esta secuencia de días (capítulos, párrafos, frases).

Sucede que, cuando una prosa no crea una cronología ni un espacio nuevos, más que escalera para el pensamiento, resulta ser esta prosa (el libro, la obra) pavesas que cubren el cementerio que entierra el mar chisporroteante de la posible reflexión.

Irónicamente, se diría que dicha prosa, por no tener autor que la sustenta, sino simplemente mano que la sujeta (mano flácida del escritor), no puede ser subjetiva.

En estos casos deberíamos hablar propiamente de producto cultural.

Por una razón muy sencilla: no nos conducen a la posibilidad de otra vida, sino que son regodeo de la nuestra propia.

2.

“Conviene saber que la ironía no es otra cosa que una estrategia del conocimiento humano que nos protege de todo aquello que nos asusta” [2]

Es sintomático como en los casos mencionados en el apartado 1 el escritor trata de justificar su impericia con la ironía.

Sólo que, dado que lo que sustenta su discurso es chocarrería lingüística, el resultado jamás es la ironía sino productos menores de la familia: guasa, sorna, sarcasmo, calambures varios, etc.

En otros casos, los escritores del apartado 1 piensan que se saldrán con la suya si lo hacen al modo de la solemnidad, y preñan sus textos de grandilocuencias, falsos cultismos, adverbios larguísimos y una buena ristra de sinónimos impropios.

Igual que dice el personaje Josephine, de la novela “Impossible Saints” de Michele Roberts (irónicamente una novela perteneciente al grupo 1), así debería sentirse el lector de buenas ficciones:

“reading was her way into the world [...] the rules written on them in invisible ink” [3]

La clave

es que el escritor debe escribir como si fuera un extranjero de su propio idioma.

El escritor debe mudar su prosa hacia el barbarismo y el terrorismo filológico.

Sólo así

se conseguirá enmendar su personalidad de escritor y se evitará la terrible confusión que induce a los malos autores a confundir y sintetizar autor y personaje en ese mal híbrido que no es chicha ni llimonà y que por eso no acaba de convencer nunca,

pues ya sabemos -de antemano- su itinerario.

¿Por qué?

Ya lo dijimos antes: porque se trata de un producto de la cultura de su tiempo.

Así no es el personaje ni uno ni el todo, sino alguien, cualquiera. así el autor, también: un ser intercambiable, como los presentadores televisivos, los políticos, las starlettes o los concursantes de Gran Hermano, banalidades de un momento histórico, anécdotas.

Pues no olviden que subjetividad y cultura son términos encontrados.

EXTRA!

………..EXTRA! !

…………………..EXTRA! ! !

Segunda acción (o intento de destrucción del lenguaje):

búsqueda de una personalidad alternativa (inexistente) para provocar la incongruencia y acabar con la personalidad -verbal- del sujeto.

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[1] Jordi Amat. “Dinámica de la novela”. Sobre el libro de James Wood Los mecanismos de la ficción (Ed. Gredos, 2009). En el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Miércoles 04-Noviembre-2009. [pág 14]

[2] Jesús Martínez Clarà. “Ficciones separadas”, sobre la exposición The dream & the promise, de la artista Aleksandra Mir, en la galería Joan Prats (Bcn). En el Suplemento Cultura/s de la Vanguardia. Miércoles 04-Noviembre-2009. [pág 20]

[3] Michele Roberts. “Impossible Saints”. Virago Press. London. 1997. [pág 44]

¡No hay tregua!

Noviembre 4, 2009 - 2 Responses

Era cosa de preguntarse si no se había vuelto una costumbre en él lo de plantear los problemas que no eran [1]

1.

Literatura de deconstrucción del yo…

me pregunto qué significa realmente esto que acabo de escribir.

Y me lo pregunto a sabiendas de que sé que lo pienso, o acaso sea ésta la razón de que me lo cuestione.

No lo sé.

Es decir, ¿se trata de taras del pensamiento o de su lógica finitud?

Puede que suceda que tenemos ideas que no alcanzamos a comprender o lo contrario: ideas abstrusas a las que nuestro cerebro, en su infinita sabiduría, se niega a dar pábulo.

Es como cuando leemos de repente una novela o vemos una película o escuchamos una canción y, sin mediar razonamiento ni aviso, saltan crispados en el lodo de nuestro pensamiento nombres de otras novelas, de otras películas, de otras canciones.

Nombres, nombres, nombres.

Ideas, ideas, ideas.

Se me hace un milagro, ahora, ese repicar entusiasmado del cerebro.  Repicar que, por decir algo, no tiene un mono.

Así que en algo habremos mejorado, pues. Digo yo.

Puede que nos sigamos planteando mal los problemas, pudiera ser, pero al menos nos los planteamos.

Y eso ya es algo.

Y algo es mejor que el tedio de la nada.

2.

Estoy leyendo “El atestado” de Le Clézio, ahora, y son las nueve y veintitrés minutos de la mañana del martes y aquí estoy tratando de meditar sobre todos esos nombres que me brincan en la cabeza.

Y tengo tal sueño… un sueño atroz y, sin embargo, los latigazos del pensamiento no se detienen ni por un segundo.

Así que les digo: venid, venga, va, hablemos. Y ellos vociferan, maldicen, se irritan. Así que les digo: o venís o me marcho a la cama...

Y, sí, en efecto, vienen.

Los veo acercarse por el pasillo en fila india, parcialmente resignados y algo indecisos.

Pero una conversación ha de ser civilizada, les digo.

Y no cabecean ni asienten, pero siguen caminando hacia mí, con ese deje risueño que tienen los cuerpos cuando caminan bravucones, seguros fatalmente de que saldrán victoriosos en la afrenta.

Entonces enciendo un cigarrillo y digo: veamos vuestras credenciales.

3.

el adjetivo restallante, el sarcasmo homicida, la comparación inesperada y certera, el atajo perfecto: en resumen, el sello del auténtico escritor [2]

Es lo que sucede entonces, la pelea; cuando uno escribe, es decir, cuando uno trata de escribir bien, que no hay tregua.

Y así, he estado, guerreando con mis palabras hasta bien pasadas las diez de la mañana.

Me sigue sucediendo ahora, y ya son las seis y veintidós pm del martes (y apenas he conseguido dormir hoy cinco horas, de pura excitación, pues me ventilé varias páginas del primer capítulo de una tacada, y comenzamos con el segundo).

Y es que justamente lo que me ha hecho saltar de la cama (además de la presencia de A.) ha sido una palabra: hierbabuena.

Y a esto le ha seguido un olor, el olor penetrante de la hierbabuena y la menta.

La clave justamente que abre el capítulo 2 de la novela.

El pie que da la entrada a un personaje que necesitaba, el deuteragonista. Se llama Clariana. No sé por qué, pero en la guerra de palabras ha ganado ésta sobre cualquier otra.

4.

Y aquí retomo la primera frase del post:

literatura de desconstrucción del yo.

El yo conforma una ideología. Lo contrario: que toda presencia del yo implica una forma de autoficción es también cierta.

Y ello supone que  lo que se deconstruye no es el yo sino la literatura del yo.

Esto es lo que hace Le Clézio.

Y por ello resuenan los ecos de Marguerite Duras, de M. Butor y el resto de la pandilla de la nouveau roman. Pero también Max Frisch. Y también, incluso, vagas secuencias de películas de auteur que no consigo recordar.

Tarkovski, tal vez.

Puede.

5.

No sé exactamente lo que voy a decir, pero sé que debo decirlo:

se ha acabado la fiesta.

Pensaba en ello esta tarde, viendo el documental “1,2, 3… Standstill”, de José Manuel Rodríguez, Clara Saiz Vicente y Juan Peralta, a concurso en el Festival In-Edit 2009.

Uno de los espectadores al que le preguntan en la cinta -refiriéndose al trabajo marcial de Standstill- dice algo así como (parafraseo): “esta guerra es también la mía, esta guerra es la de todos”.

Se refiere,

como afirma al final del documental el propio bajista del grupo Ricky Falkner (que toca también con The New Raemon),

a esa situación de desavenencia continua que es la vida,

de hostil querella que son los días, así uno detrás de otro.

La derrota del refranero, por decirlo en términos de VivalaGuerra.

6.

Y es curioso como se nos revelan las cosas.

Sucede que el documental (y, por extensión, toda la obra de Standstill) trata de romper la barrera con el espectador, forzando naturalmente a que éste sea partícipe de la creación misma; lo que llamaríamos entregada participación activa y también derribo de la tercera pared.

Claro que hay mucho de performance y de collage en la obra de Standstill, pero ello no oculta con fuegos de artificio la primorosa esencia de su discurso: una suerte de panteísmo sacro. Lo cual no es un pleonasmo sino una reivindicación de que lo cotidiano es transcendente.

Y aquí la idea de que se acabó la fiesta: la fiesta es la ociosidad del arte.

Las cosas no pueden ser cosas y nada más, porque todo lo que suceden porque sí, acaba fagocitándose a sí mismo.

Los sistemas sólo permiten tales situaciones en momentos de bonanza y es lo que se ha dado en llamar entropía .

Es puro reprise. Como el de una motocicleta que, si no lo detiene, explota.

Pues así el arte, lo mismo que una motocicleta.

Lo moderno de Standstill es que rompen la polifonía gracias al silencio.

Me explico: los ecos poliédricos que se crean en los huecos de su círculo de sonido, palabra e imagen no existen.

Es en ese silencio donde se inserta la voz del público.

El grupo dispone las imágenes, los símbolos y, con la música, va creando el trote in crescendo de un ejército de caballería que avanzase hacia la infinitud. Y el público no se ve obligado a participar, sino que siente ineludible su participación.

Y lo hace con ánimo victorioso. Porque vivir es ya una victoria.

La guerra de Standstill es pues, la guerra contra el cliché, la conformidad y la apatía.

Por tanto, nuestra guerra también.

7.

Y digo que es curioso

porque muchos de los elementos de Standstill casen tan bien con las propuestas que Ángela y yo concebimos para Harold & Blúm,

tanto las ya expuestas como nuevas formas de expresión que llevamos pensando hace tiempo y que todavía no hemos conseguido concretar… confío en que se las podamos presentar en breve.

Por ello nos sentimos de puro fascinados esta tarde, viendo el precioso documental “1,2,3… Standstill”

(documental que, raramente, se aviene a la perfección con los postulados del grupo, fondo y forma trabajando huntos; quizá sea la clave que sean fans y no mercenarios quienes lo hayan rodado).

En fin, que no se demoren en apuntarse a la resistencia activa de Standstill,

y que VivalaGuerra!

****[y que ojalá le den al documental el premio de este año en el In-Edit]

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Actualización (10-Octubre.2009 // 20:35 horas)

Se llevó el premio del público “Tiempo de leyenda”,

la película de José Sánchez-Montes sobre el disco decisivo del flamenco (de mismo título) grabado por Camarón hace treinta años.

Y MÁS…………….:

Jarvis Cocker se une a la cruzada standstilliana y trata de romper fronteras entre público y artista en un espectáculo en una galería de arte en Shoreditch (East London).

 

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*la fotografía es de Felix Clay

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En el afán de este blog por acabar con el lenguaje,

estrenamos hoy una nueva serie:

“Acciones perfopoéticas contra el postmodernismo”.

Y su premisa es muy sencilla: reivindicando lo analógico acabaremos con la falsa adoración de lo digital.

Y esto de un modo lingüístico, claro.

Muy brevemente: la analogía es la creación de una nueva forma lingüística en base a una pretérita o bien adaptándola a un nuevo uso.

Así haremos gramática comparada a la carrera, en la esperanza de que  contraponiendo términos antitéticos (es decir, cotejaremos dos formas opuestas de entender una misma realidad lingüística) estos exploten y se aniquilen.

Primera acción (o intento de destrucción del lenguaje):

envío por correo ordinario de una postal a mis amigos adoradores del rockandroll primitivo Los Alaridos Salvajes.

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[1] J. M. G. Le Clézio. El atestado. Edición & traducción de Susana Cantero. Ed. Cátedra. Madrid. 1994.  [pág 114]

[2] Jorge Herralde. “Homenaje a Javier Pradera, conspirador, editor, escritor”, incluído en Por orden alfabético (Escritores, editores, amigos). Ed. Anagrama. Barcelona. 2006. [pág 269]

Guía artística -y caprichosa- de Madrid

Noviembre 3, 2009 - Leave a Response

<<<<<<<Lugares que merece la pena visitar en Madrid>>>>>>>

(referidos por categorías

-y sin ningún orden en particular-):

a) arte contemporáneo (de vanguardia):

No se pierda la última tendencia del arte español de vanguardia: acciones artísticas efímeras que tienen lugar todos los fines de semana en la capital.

Muchos jóvenes creadores, en especial los más inquietos de la villa y corte ya la practican con asiduidad y destreza.

Le recomendamos que se pase el viernes por la mañana por los aledaños del edificio de Alumnos de la Universidad Complutense (metro Ciudad Universitaria).

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b) Urban art:

Las reivindicaciones feministas más transgresoras las encontrará en la Calle Olavide (distrito de Malasaña).

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c) arte museístico:

De entre las exposiciones que albergan los museos y centros de arte de la capital en estos momentos, le recomendados dos:

c.1) La muestra temporal “Lágrimas de Eros”, en el museo Thyssen-Bornemisza [Paseo del Prado, 8] (hasta el 31 de Enero de 2010).

No le defraudarán las tres piezas que se exhiben del prestigioso artista del videoarte Bill Viola.

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c. 2) La inquietante y genial instalación que el griego Jannis Kounelis ha creado expresamente para el espacio Abierto x Obras, en el Centro de Creación Contemporánea El Matadero de Madrid (Paseo de la Chopera, 14 -Distrito Legazpi-).

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d) arte sacro:

Para los que gusten de la mística o el fetiche, recomendamos la Parroquia del Padre Jesús de Medinaceli. Declarada Basílica menor por Pablo VI en 1973.

La imagen del Cristo que alberga la basílica es del siglo XVII, tallada en Sevilla, y mide 1´73 cm. Es la más venerada por los madrileños.

Se dice que posee cualidades milagrosas.

No deje que la gripe A le frustre el beso a los pies del cristo.

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e) arte natural:

No se pierda la vista de la luna llena con el cielo despejado, a la caída de la tarde, sobre el Hotel Westin Palace (plaza de las cortes, 7).

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f) actuaciones artísticas en el entorno urbano:

Dedíquese unas horas del día a pasear por el centro y verá actuaciones artísticas que le sorprenderán en cada esquina. Seguro no le defraudará la experiencia.

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g) arte (neo)folclórico:

Un nuevo espectáculo que mezcla la zarzuela con los más trepidantes ritmos sucios del punk [Zarzuelapunk (esponsorizado por Nokia)]

Por el momento -y hasta que no firmen 50.000 personas en su web- no hay actuaciones en directo.

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g) arte filosófico

No deje de visitar la mítica farmacia del licenciado Deleuze, sita. en la calle San Bernardo, 39.

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h) arte libresco:

Le recomendamos en especial tres librerias:

h.1) Arrebato Libros (libros de lance).

La encontrará en la calle La Palma, 21.

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h. 2) la ya clásica librería Antonio Machado (del Círculo de Bellas Artes). Puede visitarla en C/ Marques de Casa Riera, 2.

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h. 3) la librería especializada en relato Tres Rosas Amarillas

(Calle San Vicente Ferrer, 34).

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h.4) las mañanas del fin de semana encontrará también el visitante puestos al aire libre de libros de viejo, vinilos, pósters y camisetas en la plaza del dos de Mayo (distrito de Malasaña)

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i) arte de ejercitar la vida de artista en los bares

Ya conoce el dicho: “Donde ver y dejarse ver…”

i.1) Si le apetecen unas tapas, vaya sin pensarlo a Ladrón de Tinta (sus mejillones a la marinera son deliciosos). Lo encontrará en el número 2 de la calle de Noviciado.

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i.2) Si, por contra, prefiere un café o una copa, o acaso busca un lugar donde poder escribir o leer a gusto, el bar más in de la capital sigue siendo el Pepe Botella, en la Calle de San Andrés, 12 (enfrente de la Plaza del dos de Mayo)

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j)  arte de la pereza

Para cuando ya no le queden más fuerzas, le recomendamos que descanse en el mismo Aeropuerto de Madrid.

Quizá esto el resulte extraño y piense Vd. que mejor opción sería un hotel, pero tóme en cuenta que, dentro de nada, será el único lugar público de la capital donde estará permitido fumar.

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Tristezas desconcertantes

Noviembre 2, 2009 - Leave a Response

Creo en la voz y la palabra

Pepo Paz (Bartleby Editores), en su blog El editor en su laberinto

1.

Leo “Rompepistas” de Kiko Amat y pienso en la humillación.

Hay una relación muy clara entre lo ridículo que es profanar los límites para simplemente evidenciar lo ultrajante de un contexto y su ingrata consecuencia:

la autohumillación que siempre acompaña a dichos actos;

y esto por lo suicida de la empresa misma.

Así mi juventud, pienso: un desastre mayúsculo. Un señuelo para la tristeza.

Una vergüenza escrita en letras mayúsculas. El gran despropósito.

Aunque, supongo que… si le preguntas a cualquiera, a cualquier ser humano honesto y sincero, te dirá lo mismo, que su juventud fue un territorio inhóspito,

grotesco y probablemente hediondo

al que no desea regresar por nada del mundo.

2.

Bailar para mantener alejada la marea de la tristeza [1]

Es lo que hacemos da adultos,

lo de aceptar la tristeza y no engañarnos con el baile.

O sea, que bailamos igual, sí,

pero a sabiendas de que el baile tiene el efecto de una peonza que más pronto que tarde se detendrá e irá reculando hasta caerse definitivamente al suelo,

evidenciando entonces que nuestro culo sigue visible, al aire,

sin más protección que nuestra indiferencia.

Y así es: la tristeza se nos viene a ráfagas, como la poesía y los resfriados,

como las buenas rachas azarosas en las que la economía, la suerte y los negocios

nos son favorables.

Según creo la diferencia entre la juventud y la edad adulta,

en cuanto a términos de tristeza, se reduce a que en la primera la aflicción es sencilla y arrítmica taquicardia, casi punk, y las tribulaciones se nos convierten en perenne melancolía llegada la edad adulta, hasta que un buen día,

un seguro soplo al corazón detiene la fiesta y se acabó: la melancolía concreta su amenaza

y se torna silencio y todo se vuelve inacción.

3.

me estoy negando a pensar. Es más difícil de lo que parece [2]

La edad adulta -me doy cuenta-

consiste en no conseguir dejar de pensar.

También hay pensamiento en la juventud, por supuesto, pero es una especie de hipótesis del pensamiento, como un reflexionar a la carrera.

La juventud es el postmodernismo de la vida.

Por contra, la edad adulta se caracteriza por un galope que gustaría huir del juicio y dedicarse únicamente al pillaje existencial; o sea, el deseo de poder razonar lo justo.

Pero no se puede. Así ha de ser. Que el pensamiento devore la volición.

El hombre se vuelve adulto cuando una bruma negra se le instaura en el pecho y el cerebro no hace más que buscar estrategias a toda pastilla para no sucumbir al hundimiento.

La juventud se convierte en esa otra cosa que ya no es la juventud

cuando la sombra que corría detrás nuestra se nos pega definitivamente a la espalda y ya nuestro destino es irreversible (o prácticamente estático).

Entonces sucede que triunfa el instinto y la decadencia del intelecto progresivamente deviene cáncer y se acabó lo que se daba.

 

4.

Esta es la razón

por la que los jóvenes escritores tratan de escribir desde el intelecto y los más viejos desde la emoción.

Y ambos se equivocan,

porque solamente se puede escribir desde el instinto, la intuición y la duda, se tengan quince años u ochenta.

Es el instinto al hombre lo que la tradición a la literatura.

Cuando un escritor (tenga la edad que tenga) escribe adentro de la emoción o adentro del intelecto lo que hace es “imitarse”,

y la imitación es copia, y la copia es una devaluación de lo único.

El genio pues, proviene solamente del impulso, la corazonada y el riesgo, porque hay una cosa que casi siempre se olvida:

la representación de la obra de arte no pasa por hacer figurativismo del yo,

el yo de la verdadera obra de arte es autónomo y solamente responde a su propia naturaleza, jamás es una mimesis de las emociones ni del raciocinio del autor.

Jamás.

 

[1] y [2] Kiko Amat. Rompepistas. Editorial Anagrama. Barcelona. Enero de 2009.  [pág 182 & pág 244]

Cosas (casi) duales

Octubre 29, 2009 - Leave a Response

1.

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Si se tiene en cuenta que Proust decía que

“solo le interesaban los detalles que apuntaban hacia una verdad general o que expresaban un hechizo poético” [1]

se entenderá mejor su idea del recuerdo involuntario.

Es lo que prevalece sobre cualquier narración, la chispa estética, por decirlo así.

Es aquella llamarada inflamable que más nos emociona y ello porque nos promete o recuerda hechos mayores, de mayor significancia y transcendencia.

Un pequeño incidente, tal vez, inconsútil, que se deja fluir hábilmente hacia la infinitud.

Esto explicaría, pues,a a las claras por qué de las novelas no más que solemos recordar instantes,

imágenes peculiares o pasajes únicos, olvidando las más de las veces incluso la trama o los personajes secundarios

(incluso, en ocasiones, hasta algunos principales).

Lo que significa que lo que levanta el castillo de naipes de una obra literaria es una idea básica (la muerte),

un mero pretexto para hablar de todo la inmensidad de lo otro (la vida).

Por eso justamente Proust es mi tótem.

2.

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La guitarra siempre desafinada de Jandek

Sigo pensando en aquello de intentar acabar con el lenguaje.

Gracias a un artículo de Ignacio Julià en el Cultura(s) de hoy me he puesto sobre la pista de Jandek.

Es uno de esos verdaderos artistas recluidos en su propio aislamiento. Un músico que parece tocar desafinado, que parece cantarse a sí mismo o tal vez solamente a la pared de su cuarto.

Un artista honesto que descoloca, pero conforta.

Su obra es puro stream of consciousness aplicado a la música: la poeticidad emergiendo de lo que se desvanece.

El lenguaje se crea y destruye en directo.

En sus creaciones,

mínimos detalles vivaces desatan un torrente mortuorio (y melancólico). Son como vacíos suicidas que cubren la franqueza de la vida, como el hueco que siempre queda desenfocado en la foto convertido en un cuadro puntilloso e impresionista que ametralla de vacíos la inmensidad de la vida.

Y cuando termina cada una de las canciones da la sensación de que no habrá más y, sin embargo, siempre hay más, una más.  Y otra. Y otra.

Jandek es bien prolífico: ha publicado unos 50 discos desde 1978.

Saquen Vds. las cuentas.

A mí sus canciones me parecen casi creación a la carrera.

Esto lo convierte en un raro jodidamente contemporáneo. Pues en su obra pelea el arte conceptual con la emoción desaforada que nace de un detalle mínimo, tal vez involuntario: un recuerdo, una imagen o un pensamiento alegre.

Jandek va un paso más allá de Proust, pues invierte los términos:

la inmensurable letanía de la vida se ve obligada a formar coalición con la muerte, para hallar sentido.

He aquí su vigencia y radicalidad.

3.

Y hablando de obligaciones,

debo sin mayor dilación plegarme al ruego de los versos de Carles Torner:

No parlis, calla ja, d´una vegada calla.

Agafa la maleta [2]

Y es que son las cuatro de la mañana y debería estar ya en la cama, pues en menos de cuatro horas tengo que estar montado en un avión camino de Madrid.

Seguiré pensando en lo de los pliegues espacio-temporales, en la vida y en la muerte; en tanto vaya viajando por los aires.

Bueno, qué demonios, voy a fumarme un último cigarrillo y a ver si la pólvora me enciende los ojos y alguna idea más se me ocurre al respecto… de todos modos, la maleta sigue sin estar lista,

una prueba más de que la esperanza de la vida (futura) consiente en matar las horas (presentes).


- – - – - – - – - – - – - – -

Canción del día:

You standing there – Jandek

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[1] Edmund White. Proust. Ed. Grijalbo-Mondadori. Barcelona. 2001. Traducción de Jaime Zulaika Goicoechea. [pág 40]

[2] Carles Torner. “1942: Nit i boira”, incluido en Viure després. Ed. Proa. Barcelona. 1998.

Lo que siempre vuelve

Octubre 28, 2009 - One Response

1.

Leo a Miroslav Krleza.

Su novela se llama “El retorno de Filip Latinovicz“.

La publica la ed. Minúscula.

Dice:

“aquella mañana en la que su propia madre lo había echado a la calle sumida en una consternación moral, también entonces lo habían engullido las aguas de su destino, turbias y lodosas, rojas de sangre” [1].

Medito sobre esto.

Y sobre las buenas y las malas novelas.

Estudio además los calendarios lunares de 2007, 2008 y 2009.

Me sirven para mi novela, sobre todo los referidos a Noviembre.

Con la luna llena se producen situaciones extrañas. Si uno no sabe manejarse bien, se le puede ir la vida al garete, en menos de lo que canta un gallo.

El primer capítulo de mi novela demuestra esto. Y su consecuencia: no atender a las señales perversas es signo de soberbia.

Y, por lo tanto, pecado mortal.

No en el sentido de que se le finaliza a uno la existencia, pero sí que se le mata algo que quiere o desea bien. Esa es -y siempre ha sido- la consecuencia de los hombres soberbios.

2.

Sabemos que traes una historia,

pero no la avives demasiado pronto [2]

Sigo pensando en las buenas y las malas novelas.

Todas las primeras son muy fáciles de resumir.

En extremo.

Una buena historia tiene una trama sencillísima.

Todo lo bueno le viene por la calidad de la prosa, la belleza del lenguaje, la profundidad de las ideas y la moralidad del discurso.

En las malas novelas sólo se puede resolver su carencia de trama sencilla con el apéndice o la glosa.

Es decir, que acaban siendo explícitas; bien por lo didáctico, bien por lo panfletario.

Y todavía queda un tercer grado de novela: aquella cuya estética meridiana es ridículamente plausible, fina e indubitable como una parca llovizna.

Ojo, lo que tampoco quiere decir que una novela con una trama más o menos básica, sea necesariamente buena.

3.

Tú, vacíate los bolsillos vacíos [3]

Escucho canciones viejas, nauseabundas algunas y otras pasables, correctas, pero nostálgicas al fin, y lo hago porque me llevan a otro lugar.

Pienso en Kiko Amat cuando dice:

Es curioso, no me digáis que no, de lo que te acuerdas y olvidas con el tiempo [4]

Y lo que no puedo soslayar es el hambre de estos días,

supongo que viene la voracidad por la consecuencia del pasado que declina como una torre que cae a mis manos y lo vuelvo palabras (o lo intento).

Tal vez por ello veo el documental “The smartest guys in the room”.

Y después de verlo extraigo una conclusión: que la maldad del hombre es endémica. Que todos somos buenos y malos en diferentes grados y que controlar la abyección no es cosa baladí.

De eso trata también mi novela: de ese demonio que tenemos todos adentro, y que siempre vuelve, justo cuando menos lo esperamos.

Ahora me toca ese trabajo: expurgar lo que de diabólico guarda mi memoria, mi juventud, los lugares de mi infancia; mi corazón.

Y debo confesar que duele, me duele, joder, me duele.

Pero que también… si no lo hiciese no podría continuar con mi vida.

Y ahora mismo, para mí, eso es lo más importante.

Lo único importante.

Por ello no puedo más que certificar las estragantes palabras

de Herbert Read:

“el artista ha de estar dispuesto a bucear por debajo del nivel normal de la conciencia humana y situarse bajo la corteza de la conducta y el pensamiento convencionales, a penetrar dentro de su yo inconsciente y del inconsciente de su grupo o raza” [5]

Que así sea, pues.

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Canción del día:

Pop will make us freakys – La Rubia Montoya

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[1] Miroslav Krleza “El retorno Filip Latinovicz”. Ed. Minúscula. Barcelona, Febrero de 2007. [pág 13]

[2] & [3] Jorge Riechmann. “Don del extranjero” & “Cinco sin blanca”, de Conversaciones entre alquimistas. Ed. Tusquets. Barcelona. 2007.

[4] Kiko Amat. Rompepistas. Ed. Anagrama. Barcelona. Enero de 2009. [pág 14]

[5] Herbert Read “Al diablo con la cultura”, citado por Antoni Tàpies en Memoria Personal. Ed. Seix Barral. Barcelona. Marzo de 2003. [pág 179]

Contradicciones

Octubre 26, 2009 - 2 Responses

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