“Nuevos infantilismos: el mundo como alegoría de sí mismo”, en Jot Down

La revista Jot Down acaba de publicar el artículo “Nuevos infantilismo: el mundo visto como alegoría de sí mismo”.

El artículo da cuenta del porqué de ese ambiente social pueril que nos asola hoy y que investigo gracias a dos libros de reciente publicación, los diarios Al vuelo de la página (Fórcola, 2011), de Juan Malpartida y  Gato encerrado: Montaigne y la alegoría (Acantilado, 2011) de Antoine Compagnon, más la ayuda inesperada de Juan Marsé.

El artículo completo se puede leer aquí.

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Los ensimismados, de Paul Viejo

Se acaba de publicar en la revista mexicana de literatura Hermano Cerdo la crítica del libro de relatos Los ensimismados (Páginas de Espuma, 2011) del escritor Paul Viejo, bajo el título de “Mis problemas con la ficción”.

El texto íntegro se puede leer aquí.

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Hartos de la modernidad

El distintivo más crucial de nuestra época es el espacio, bien por su escasez, bien por su deseo de conquista. Esto, que sería largo de explicar atendiendo a las artes y a la estética, se entiende fácilmente si se piensa en la economía del ladrillo y en las políticas inflacionistas de inmobiliarias y constructoras.

No es raro, pues, que haya quien trate de sintetizar las posturas del nihilismo y la nostalgia postmoderna, huyendo así del descrédito y de la relativización absoluta. Claro que tales posturas caen de manera procupante en la nostalgia y el escapismo. Sin embargo, su intento de huir de la liquidez de la modernidad en aras de valores más sólidos, se nos antoja aquí no solo lícito, sino casi necesario; incluso urgente.

Y es que se desayuna uno noticias cada vez más terribles según los días avanzan, y no por desastrosas o malas, sino por mezquinas y miserables. El escándalo llega a tales niveles que estamos inmunizados, se ha desvanecido nuestra capacidad de sorpresa, la indignación ya no da para más y, quizá, solo quedan dos salidas: la depresión -verbigracia: la parálisis- o la reivindicación radical de otra cosa, de algún tipo de valor más consistente, que no se nos derrita en las manos. Y no se trata de ser reaccionario, sino como se dice vulgarmente: de salvar el cuello.

De tal tendencia se hacía eco el otro día El País en su sección de moda en un artículo que llevaba por título No me llames moderno: lo último en tribus son los “New Traditionals” -aquí-. En él, Brenda Otero nos pone sobre la pista de lo que ella denomina New traditionalists, una suerte de grupo de anarco-dandies hartos de la modernidad líquida, cuyas consignas serían abandonar lo retro y abrazar lo directamente anticuado y que han crecido al calor de la revista The Chap -aquí- y de su gurú Gustav Temple, quien dice que:

“El mundo actual es tan desabrido que llama a gritos una recuperación de los valores clásicos del gentleman británico. Hoy es revolucionario saludar quitándose sombrero y sonreír a los transeúntes.”

Más allá de la supuesta tendencia, es cierto que se nota cierto sentir en el ambiente como de hartazgo, de cansancio. Estamos hasta las narices del cinismo. el sarcasmo, la grosería y el mal gusto institucionalizado.

En el ambiente se destaca una grave indolencia, que muestra el agotamiento humano, la decepción y que parece extenderse a todos los órdenes de la vida.

En otro orden de cosas, ayer mismo decía Diego Manrique -aquí- sobre la revista Mondo Brutto:

Mondo Brutto ayuda a desintoxicarte de Internet: no está en la Red, atascaría cualquier tableta. Mondo Brutto te revela el tinglado de las farsas televisivas. Te amplia el horizonte mental con historias fuera del mainstream. Te recuerda el tiempo en que las drogas duras se vendían en la farmacia de la esquina. Te ofrece entrevistas torrenciales, donde los protagonistas cuentan más de lo que debieran. Y sí, Mondo Brutto te puede salvar la vida.”

No soy de la opinión de que Internet sea el culpable de nada, a pesar de que debo reconocer que es tóxico y, muchas veces, una pérdida de tiempo brutal. Es su uso, como todo, lo que lo pervierte.

Sin embargo, no es menos cierto que noticias como el cierre de Megaupload nos alertan de lo frágil que es la red, de su precariedad, de lo endeble de sus cimientos. En un solo segundo, miles de datos y archivos han sido confiscados. Tenemos nuestra vida organizada en bytes que pensamos eternos, inquebrantables, seguros. Pero, sin embargo, su presencia es absolutamente inestable, pues depende su existencia de tantos factores que, en realidad, es casi un milagro que consigamos que se mantengan constantes en el tiempo.

Tal fe en lo virtual quizá sea excesiva y provenga de ahí la necesidad de aferrarse a cosas más sólidas. Y es que hemos sustituido a la religión por la tecnología.

Piénsese que si mañana mismo wordpress o bloguer deciden -por la razón que sea- cerrar el chiringuito (y esto no es tan disparatado, pues los anuncios insertados en los blogs -no en este- generan dinero en base a la apropiación de obras de terceros) todo esto se acabó, en un segundo.

Y lo peor de todo: sin que quedase lugar para la réplica, pues no se olvide que es un derecho que nos conceden gratuitamente y la misma generosidad que hoy nos convoca aquí, mañana mismo pueden virar hacia otras posiciones y dejarnos literalmente en cueros, sin que nos demos cuenta, en un segundo, igual que los bancos expropian sin miramientos las casas gravadas hoy con hipotécas insatisfechas.

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Visibilidad vs. Rentabilidad

Leo una entrevista reciente que Gema Ponce le hacía al editor Jesús Ortiz -aquí-, en la que éste contestaba que: “Hemos logrado un reconocimiento web muy notable en relación al tamaño de la empresa [Editorial Mil Razones]“, para inmediatamente matizar: “pero no hay correlación entre esto y las ventas en la librería”. Y es que dice el editor santanderino que:

“Desde mi punto de vista lo que hay es una colisión de dos mundos, porque hay gente que predominantemente compra libros pero no usa internet para su ocio, y otra gente que usa internet pero no adquiere libros”

Pensando sobre el asunto de la red y del comercio-y lectura- de los libros, encuentro un artículo de María Virginia Jaua en salonKritik en el que (referente al libro electrónico) dice ésta que:

“Pero cuando se argumenta esto como un efecto negativo que conlleva la tecnología [que la lectura ya no será igual como antes], se suma a la afirmación de que la distribución del libro electrónico no asegura que la gente lea estos libros, o los lea “bien”. Sin embargo, tampoco las ventas del libro en papel nos pueden asegurar que sean leídos y mucho menos “bien leídos” (mucha gente compra libros y los atesora pero sin abrirlos jamás mucho menos leerlos). Y aquí debemos hacer énfasis que el libro en papel está sumido en una lógica de producción capitalista que dista mucho de estar interesada por la calidad de la lectura [1]“

Tengo claro desde hace algún tiempo que la disponibilidad de libros en la web no garantiza que se lean; pienso que ese no es el problema, además. Sin embargo, que no estén a mano, especialmente de manera física sí que es un problema, pues la gente -por razones que sería bastante arduas de explicar, pero que de modo intuitivo se entienden fácilmente- todavía se fía del papel, de su materialidad, de la creencia de que en su fabricación ha habido un gasto y que, por lo tanto, tienen cierto valor. No existe, a mi entender, la misma percepción con lo digital. Lo digital, por razones de hábito y costumbre, se entiende si no como gratuito sí como libre, como algo que se comparte y difunde libremente. Todavía -creo- no se ha generado la conciencia de que lo digital se ha de pagar y ello condiciona la idea de que estos productos digitales no tiene valor; no, al menos, en España. Esto  sería diferente en otros países, claro.

Pero esto no es, en realidad, de lo que quería hablar, sino de la repercusión que tiene un libro en la web. Sospecho que de los libros de los que no se habla no sólo no se venden, si no que no existen. Son libros que quedan relegados al círculo cercano (familiar/laboral/afectivo) del autor y cuyas ventas e incidencia en el sistema literario no es que sean periféricos, sino desestimables. Otra cuestión es la que afecta a autores que ya tienen consolidada una reputación y unos lectores, para los que tal repercusión mediática es menos capital. Por supuesto que tales autores suelen tener sus canales de información y sus modos de contacto establecido con sus lectores, bien a través de los periódicos en los que escriben, sus twitters y facebooks y los de sus respectivas compañías, etc En cualquier caso, cuentan con el apoyo promocional que les brindan los deptos. de marketing y prensa de sus editoriales, cuyos targets están perfectamente definidos y resultan eficaces y suficientes.

Por contra -y aquí yace la paradoja-, que se hable de un libro en la web (nos referimos a un libro con una tirada breve -500/1000 ejemplares- y de un autor poco conocido) tampoco garantiza su venta, ni menos aún su incidencia en el sistema literario vigente. Sin embargo, como lectores, necesitamos constatar la presencia digital de un título para reparar en él, puesto que la lectura de suplementos en papel cada vez está más limitada a personas de cierta edad. Y es que las personas de menos de cuarenta años, en general, encuentran la información  literaria preferentemente en la red (y no en la radio o  en la tv o en los suplementos culturales, como sucedía antes). De ahí que las editoriales busquen amigarse con los bloguers y los críticos de los medios digitales, gente que, en general, no proviene del papel, sino que han comenzado a realizar su labor directamente en la web. Las editoriales ya se han dado cuenta de que el hecho de que bloguers y críticos literarios hablen de sus libros no les va a garantizar la venta, pero paradójicamente si estos no hablan de sus libros, sus publicaciones no existen para el público lector (para un porcentaje cada vez más amplio del público lector). Se han convertido pues en escollos necesarios, imprescindibles diría yo.

Y ahora llegamos al punto que me interesa: cómo determinar la influencia de blogueros y críticos que publican sus reseñas o textos valorativos en revistas digitales (no en revistas y suplementos analógicos que son volcados posteriormente, sino en ediciones digitales de revistas o blogs personales). Es tarea complicada. Yo diría que, en líneas generales, sería imposible atribuir a ninguna persona en particular el buen o mal desarrollo comercial de un libro, ni tampoco a una revista. Sin embargo, sí que percibo que las recepciones primeras de un libro condicionan (para bien o para mal) la respuesta futura de otros críticos y lectores al mismo. Siendo así, la responsabilidad de las revistas digitales y de los bloguers se hace notar. Y es por esta razón por la que se debería exigir a estos más cuidado, reflexión y mesura en sus críticas (tanto sean positivas como negativas), pero sobre todo justeza. Y no sólo por lo que respecta a la vida comercial de un libro (que es lo que preocupa a las editoriales), sino en lo que atañe a la posición de los libros y de los autores en el sistema literario de un país o de una lengua, su inclusión o no y la (re)acomodación de lo pre-existente.

En estos tiempos en los que el paradigma dominante parece ser el de la debilidad y la ausencia de compromiso con lo dicho, pensado o manifestado, se hace más necesario que nunca que nos tomemos la responsabilidad de construir entre todos un discurso que no sólo sea válido, sino equitativo y, esencialmente, justo. Debería penalizarse de alguna forma a quienes juzgan con una ligereza mayestática, a quienes se apresuran por ser los primeros en decir algo, a quienes no tienen el menor miramiento en calumniar, sojuzgar sin argumentos y difamar. Y, del mismo modo, se debería reconocer lo contrario: el trabajo bien hecho. No todo puede tener el mismo valor ni acaso ser considerado en igual posición jerárquica. De ser así, nunca conseguiremos salir del igualitarismo, esa perversa tara heredada de la democracia más ramplona. De ser así, además, nunca cambiará la percepción que la gente tiene de lo publicado en Internet y, por lo tanto, no conseguiremos que tenga una incidencia real en la cadena de valor del libro, más allá de servir como escaparate, sustituyendo el papel que antaño tenían las mesas de novedades de las librerías.

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[1] María Virginia Jaua. El libro en tiempos del capitalismo electrónico. SalonKritik. 15-Enero-2012.

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“La poética de los mínimos gestos (o la imposible literatura del 15-M)”, en revista Youkali

La revista crítica de las artes y el pensamiento Youkali acaba de publicar en su número 12 mi ensayo “La poética de los mínimos gestos (o la imposible literatura del 15-M)”, donde explico mis razones de por qué el movimiento 15-M comienza y termina en sí mismo y, así, es incapaz de nada que no sea apenas un gesto, una actitud. Y su corolario: el porqué de su incapacidad para generar una literatura propia.

El texto íntegro se puede leer aquí.

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“Éramos tan felices”, en Revista Cronopio

La revista colombiana Cronopio acaba de publicar en su último número (nº 27), correspondiente al mes de enero de 2012, mi cuento “Éramos tan felices…”, que pertenece al libro -cada vez menos inédito- La tristeza de los cedros.

El texto íntegro se puede leer aquí.

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En la pausa, de Diego Meret

La revista Hermano Cerdo acaba de publicar la crítica del libro de Diego Meret En la pausa (La Uña Rota, 2011) con el título de “El significado de la vida”.

El texto íntegro se puede leer aquí.

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Un poco de azul en el paisaje, de Pierre Bergounioux

La revista argentina BocadeSapo acade de publicar la crítica del libro de Pierre Bergounioux Un poco de azul en el paisaje (Ed. Minúscula, 2011) bajo el título de “Recuerdos del presente”.

El texto íntegro se puede leer aquí.
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Crítica y halago

1.

Todo el mundo sabe, o debería saber, que el mejor modo de acabar con el previsible crecimiento y la prospreridad del talento ajeno es a través del elogio desmedido. Las palabras, así, funcionan como gusanos: hacen morada en la mente del agasajado y desovan. Fin del talento. Aparece la (auto)complacencia y la falta de rigor.

No ocurre, sin embargo, lo mismo cuando se utiliza la crítica despiadada; sobre todo en los casos en los que se personaliza. Cuando la pasión destructora es tan feroz que invita a pensar en algo para-textual, sea eso animadversión al individuo, envidia, rencor, odio, desprecio; tanto da. Aquí suele suceder que la crítica hiere -puesto que justamente hiede-, y le destroza a uno momentáneamente el alma, porque la emponzoña. Pero todos hemos aprendido a tener un desatascador a mano para vaciar las aguas estancadas, y más pronto que tarde lo utilizamos. Entonces, no es que el injuriado se sienta más fuerte, según el dictum nietzscheano, sino que se activa su psicopatía y el desprecio, la animadversión, la envidia, el rencor, el odio reculan milagrosamente y explotan en la cara del insultador.

Lo que revela esto, así de primeras, son dos cosas: que aquellos que nos agasajan se creen más listos que nosotros, y aquellos que nos atacan despiadadamente, no nos temen, sino que temen que pongamos en evidencia su minusvalía. En cualquier caso, el objeto de las críticas es siempre, invariablemente, un espejo deforme de aquel quien se mira, y que alarmado por lo que ve, vitupera o grita, según sea la naturaleza bondadosa o mezquina de éste.

De ahí que se hagan necesarias las figuras públicas controvertidas; y no por sí mismas, sino por lo que de manantial de verdad tienen, ya que permiten descubrir las bajezas y taras de una sociedad en particular.

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2.

Decía ayer J. A. Masoliver Ródenas a propósito de la última novela de David Monteagudo:

“Desde la publicación de su primera novela, Fin, David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962) ha despertado tanto entusiasmo como rechazo, sin que de ello haya surgido una estimulante polémica literaria. Unos se han limitado a ver una recuperación positiva de tradiciones perdidas y otros una regresión a la literatura rural”. [1]

[1] J.A. Masoliver Ródenas. El dominio del lobo. Cultura/s de la Vanguardia. nº 499. 11-Enero-2012.

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3.

En su última columna para El Cultural -aquí-, el crítico barcelonés Ignacio Echevarría situaba el debate no en torno a los críticos literarios, sino más bien en el ámbito de los comentaristas de Internet. Echevarría, partiendo de la misma dicotomía mencionada con anterioridad, llama a cada una de las dos posturas trolls y mimosines, respectivamente.

De los trolls nos da una definición que recoge de la wikipedia y que dice así:

“persona que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars (‘guerras de mensajes hostiles’), enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí”.

Sobre los segundos, los mimosines, nos ofrece Echevarría una definición propia que es una variación de la que de los trolls ofrece la Wikipedia y que dice:

“[un mimosin es] la persona que sólo busca halagar su propia estima, generando complicidad y buena onda, y provocando de este modo reacciones predecibles, con fines diversos, desde la simple ostentación de buenos sentimientos hasta la fervorosa exaltación de una suerte de ecumenismo cuyo efecto más corriente es el empantanamiento de toda posibilidad de debate en una sopa boba compuesta a partes iguales de asentimiento indiscriminado, de cursilería moral y de autosatisfecha beatería”.

La conclusión de Echevarría es, a grandes rasgos, que los autores deben huir de “la zalamería” y “los lametones” de los mimosines, dice, para no perder su sentido de la (auto)crítica.
Sobre los trolls no acaba de pronunciarse, y apenas dice que quizá cerrando los foros y los comentarios de las webs se solucionaría el problema.

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4.

Pero dejémonos de abstracciones y demorémonos en un ejemplo concreto.

En una entrevista de Borja Criado al escritor gallego Celso Castro (A Coruña, 1957) para la revista Dylarama -aquí-, decía éste ante la referencia que le hace Criado sobre su abandono de la poesía a los 22 años  que:

“Estuve años sin escribir. Luego empecé a pensar en escribir una novela, pero no sabía cómo hacerlas.”

Y lo culmina de la siguiente manera::

“Al principio intenté una prosa elevadísima, con lenguaje de filigrana. Al tercer intento escribí la cuervo. (cuento que aparece al comienzo de el afinador de habitaciones)”.

Pero bien, todavía en su primera novela, Dos noches (Opera Prima, 2001) la influencia de la poesía es notabilísima. A este respecto dice Castro:

“Llevo mucho tiempo trabajando ciertas señas del estilo [...] Conseguir naturalidad en la escritura es muy difícil”.

Desconozco si la novela Dos noches (la primera que Castro publicó con su propio nombre) tuvo poca, mucha o ninguna repercusión en la prensa, en el momento de su publicación; además, la editorial que la publicó hace años que cerró. En cualquier caso, se trata de la recepción de una obra en un periodo anterior a la eclosión de la crítica literaria de internet, y por ello nos va a resultar útil, puesto que no se da esa dicotomía que hemos mencionado, ni la del troll/mimosín, ni la del crítico destructor/crítico zalamero; no, al menos, en los términos actuales.

En fin, que el pequeño ejercicio que les propongo es el siguiente: a tenor de las manifestaciones de Castro y de todo lo referido con anterioridad, comparemos los dos inicios de las novelas Dos noches y la más reciente el afinador de habitaciones y tratemos de formularnos dos preguntas.

a)

———————Dos noches (Opera Prima, 2001) [pág 9]——————–

b)

———el afinador de habitaciones (Libros del Silencio, 2010) [pág 39]———

Bien, y ahora piensen si, de haber mediado cualquiera de los dos actitudes anteriores, tanto la de la crítica literaria del masaje y/o el ataque furibundo, combinado con la intermediación de los comentaristas de internet, tanto los halagadores como los trolls, se hubiera producido tal evolución en la narrativa de celso castro.

La respuesta queda para Vds.

Yo ya tengo la mía.

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La tartamudez en el arte actual [3]

“también sé que no me apartaré por lo que dure el texto de ciertos episodios formativos, que, además, vendrán de manera absolutamente caprichosa. Porque no hay forma de apartarse de esas huellas: y ahí radica la imposibilidad de recordar. Y quizá en esa vaguedad de la memoria, de mi memoria, se explique el hecho de que yo ssea tartamudo. Es como si me costase asumir la noción de realidad. Desconfío incluso de las palabras. Las pronuncio mal, dudo, equivoco los verbos. Siempre estoy como pidiendo disculpas por hablar… porque, a lo mejor, nunca me animo a decir simplemente que no me gusta hablar. Pues ponerse a hablar, de alguna forma, evidencia lo vivido. Para hablar, necesariamente hay que recordar… y en este terreno suelo incurrir en turbiedades. Así que un tartamudo probablemente sea, y aviso que cuando afirmo en general no sé lo que estoy diciendo, un temeroso del pasado. Porque lo curioso es que no soy tartamudo de nacimiento, no. Soy tartamudo fuera de la niñez”.

Diego Meret. “Insisto”, incluido en En la pausa (Ed. La Uña Rota, Segovia, 2011). [págs 50-51]

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FURTHER READING

La tartamudez en el arte actual [1]  / 14-Octubre-2011

La tartamudez en el arte actual [2]  / 25-Octubre-2011

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*la foto es de clara muschietti

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El sonido fundamental (del amor)

“gentileza, empezaré por esta palabra […] y después… ansiedad, muchísima ansiedad, infinita”. Así comienza el afinador de habitaciones (Libros del silencio, 2010) del escritor gallego celso castro. Y aquí se halla, en suma, no solo la definición de su estilo sino el motto central del libro: el descubrimiento de la experiencia adolescente, y no como una mejora o un aprendizaje prospectivo, sino como una liberación del yugo de esa memoria involuntaria que es lo que llamaríamos la “personalidad adquirida”, o el constructo social que es uno sobrevenido por unas circunstancias particulares. Y, ello, a través de la dicotomía: sentir / pensar.
El libro está protagonizado por un joven innominado de diecisiete años que nos dice: “lo que yo quería era ser distinto, diferente, diferente de los demás, y sobre todo, y si era posible, diferente de mí, de mi” (pág 79). Y esa voluntad halla su vehículo a través de la escritura: “así que me propuse, por medio de la escritura, hacer de mí un hombre nuevo, distinto” (pág 78) confiesa el protagonista central de el afinador de habitaciones. Sin embargo, cabría aquí un matiz. Lo leído no se corresponde con lo escrito, sino que lo leído procede del pensamiento del personaje, y que es una suerte de escritura mental. Es en ese sentido, una narración de referencias modernistas, joyceanas, pues. La base que motivaría la narración se halla en la insatisfacción del personaje, aquí: “nunca me he conformado con la verdad” (pág 151). Y su paciencia se justificaría no por el abatimiento, la pereza o el sinsentido beckettiano, sino más bien por “la falta de fuerzas” (pág 149).
Así, en su intento de buscar lo que él mismo llama “una literatura pura”, se diría que castro se alía fundamentalmente con dos autores: con Danilo Kîs y con Gesualdo Buffalino. El primero en cuanto a la búsqueda de un mitema, por así decir, contemporáneo (la afinación musical) y el segundo en cuanto al recurso del monólogo de la voz desesperada que canta y cuenta las pérdidas.
Porque son estas dos vertientes las que vertebran el discurso narrativo de castro; la dicotomía: sentir / pensar. De un lado, tenemos la imaginación, donde anidaría una felicidad hipotética –deseada-; un sentir de fuerte carga poética, y de aliento neo-expresionista, plástico. Tal estructura es utilizada por el personaje para relatarnos dos meses en los que es capaz de sentir “el universo entero y vivo fluyendo por mis venas” y de “sentirme aparte” (pág 141), gracias al enamoramiento de esther, su pequeña asíntota, una chica que era “como un arcángel” (pág 102). Esto viene aderezado por diferentes cuitas amorosas, la previa (con Rosalía, la camarera del bar donde va a beber cognac) y otra simultánea al romance con esther y que se da con la amiga de ésta, iris.

De otro lado, el pensamiento reflexivo provendría de la idea de la afinación. Expresada de la siguiente forma: hay un sonido fundamental (que no siempre es audible para el hombre, pero se sabe ahí, es insoslayable su presencia –aun pasando desapercibido-) y que, en principio, es el que determina al resto de sonidos, parciales, y cuyo conjunto determina(rá) el tipo de acorde escuchado. En el afinador de habitaciones se nos cuenta que tales sonidos afectan a nuestro sentir. Y cada habitación de una casa estaría dominada por esa nota predominante y cada ser humano sería también una caja de resonancia. esther estaría prometida con otro personaje llamado príncipe illich y a quien finalmente irá a buscar a san pertersburgo. El trabajo de tal príncipe sería el de averiguar el sonido fundamental de una habitación y para qué sirve y así modificarlo para beneficio de su habitante. No es baladí que castro recurra a la música, y sobre todo al sonido fundamental, dado que el musical es el más abstracto de los lenguajes. Así, en un momento dado – y no sin cierta sorna- escribe: “he oído decir que lo importante no es lo que sientes, que lo verdaderamente importante es lo que piensas” (pág 141).
La síntesis de ambas cosas (sentir / pensar) la encontraríamos en algo que dejó escrito Salvador Elizondo en sus diarios, pues que: “todos los elementos del universo contribuyen a la nostalgia de nuestra disolución”. En castro tal disolución es el amor, así se da cuenta el protagonista de que “en realidad, éramos nosotros [esther y él] los que estábamos afinados” (pág 108); un amor de aliento ingenuo, pero de esa ingenuidad nueva, del siglo XXI, y que Javier Gomá  llama “ingenuidad aprendida”.
La angustia existencial en el afinador de habitaciones es -más bien- liviana desesperación. O dicho en otros términos, se trata de un rasgo patológico de la personalidad del narrador y no sirve de la manera universal a la que nos tenía acostumbrados la literatura del agotamiento. Así, podríamos decir que ese pensar del narrador en “la absoluta inutilidad de todo” (pág 141) no es un constructo filosófico que se ratifique a través de la narración o acaso pueda designar un estado de cosas, sino que más bien depende del modo de vivir –y mirar- del personaje (y que es un modo eminentemente litearario), de lo que podríamos llamar su estilo de vida. Lejos queda la náusea sartreana aquí. Pues justamente, el personaje contra lo que guerrea es contra el hecho de que “mi vida no me necesitaba, que se vivía sola, independiente” (pág 117). Así, le sirve a castro el amor para (de)mostrarnos que su impulso no es solo capaz de armonizar los contrarios, sino de sublimar la angustia, volviéndola gentil, y –hasta- elegante.
Estructuralmente se nos demuestra esta idea en el encuentro que mantiene el protagonista con Ricky el cojo (págs. 118-131), un personaje que, dicho sea de paso, aparece en el relato corto que precede a la novela y que lleva por título “la cuervo”. Tal encuentro sucede en la habitación de un hostal y en él ambos personajes se dedican a fumar grifa. En un estado cuasi-catatónico, vemos cómo la conciencia del personaje protagonista crece y, de alguna manera, se nos revela tal cual es, pues se hace evidente la imposibilidad de que tal conciencia sea la de un chico de diecisiete años; se constata pues ese aprendizaje de la ingenuidad que referíamos antes. Al mismo tiempo, esta suerte de (hiper)conciencia sirve como amplificador musical de la tonalidad previa (el sonido fundamental), y castro potencia así estilísticamente la disonancia del (des)amor, ya que este encuentro sirve como preludio para la despedida final de los amantes y para el entretenimiento frugal –y ulterior-, por así decir, del personaje con la amiga de su amada huida, iris, en lo que él llama su “afelio de mi existencia” (pág 151).

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celso castro. el afinador de habitaciones, precedido de la cuervo (Libros del silencio, 2010). Barcelona.  157 páginas.

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El azar y el deseo

Amin Nourani "Haiku nº 2" (2007)

Leo unos versos de la poetisa noruega Astrid Tollefsen que me sacan de mi aturdimiento (post)navideño. Dicen: “Algunas palabras / florecen tarde […] No esperes, canta / a la lluvia y a la hierba, / a las huellas invisibles / antes que el viento las borre” [1].

Y ahora pienso en estos versos porque me acuerdo de un texto temprano escrito por Marcel Proust en su juventud y que lleva por nombre “Vacaciones de Pascua” [2]. En él se nos dice que: “Extraordinaria cosa es un nombre, muy diferente de una palabra”. Y continúa: “Durante largo tiempo los nombres nos inducen a error; las palabras nos presentan de las cosas una imagen clara y usual […] cosas concebidas como iguales a todas las de su misma clase”. Para Proust la cuestión es que los nombres siempre marcan un abismo entre las cosas designadas, nos muestran su tremenda desigualdad, en tanto que las palabras nos sirven para representar la similitud de las cosas diferentes. Y ello, en última instancia, provoca que necesariamente la imagen que se nos da del concepto que representa la cosa esté forzosamente simplificada, pues su gran valor –por así decir- es su marca distintiva, su rasgo particularizador y que convierte a la cosa en instancia única y original.

Esa imagen simple que proviene de los conceptos emana de ellos mismos, de su sonoridad, brillantez o sombría, nos dice Proust. Sin duda, añade, una de las tareas del talento “consiste en dar a los sentimientos […] su alcance natural y verídico”. En otros casos, continua Proust, la tarea de la literatura puede ser “sustituir una expresión más exacta a las manifestaciones demasiado oscuras que nosotros nos damos de sentimientos que nos poseen sin que podamos ver con claridad”. Es decir, que la literatura (la creación y el juego con las palabras, no con los conceptos) sirve o bien para clarificar lo sórdido, o bien para revelar lo que de verdadero hay en la convención.

Y sigue Proust: “nuestra atención está en todos  los momentos de nuestra vida mucho más fija en lo que deseamos que en lo que vemos efectivamente”. “Be careful of words […] be gentle to them” decía Anne Sexton en su poema titulado Words, pues una palabra, nos confiaba la poetisa norteamericana, es igual que un huevo, debe ser tratada con cuidado, ya que una vez rotos, tantos los huevos como las palabras, son cosas imposibles de reparar. Esto no pasa obviamente con los conceptos.

Y aquí yace la razón de la prevalencia contemporánea del concepto por sobre la palabra, debido a su robustez.

Dice Proust que los sueños que uno pone adentro del concepto, del nombre, permanecen intactos siempre que sean resguardados herméticamente (hermetismo que preservan los eslóganes).  A esto Juan José Millás le corregiría que: “Todos los sueños se cumplen. Quizá no en quien los ha soñado, pero sí en otros” [3]. Así, es el azar quien se ocupa de que todos los sueños queden cumplidos (y ya se sabe que los sueños son siempre “conceptuales”).

Esta es la razón por la que hoy en día triunfan dos cosas: la lotería (los juegos de azar, en general) y la publicidad (el deseo). Ambos se fundamentan en conceptos herméticos, caracterizados por la lejanía respecto al sujeto a quien afectan / o afectarán . Todos tenemos un pensamiento o deseo vinculado a estos dos nombres, que por su propia constitución sugieren la posibilidad de una emotividad desbordada, sin límites. Y es que toda pasión está  fundamentada siempre en palabras envasadas al vacío, emociones e ilusiones que mantienen intactas para quien no las realiza, pero piensa en que algún día su realización será posible. Y, de hecho, lo es, pues siempre sucede que los objetos de la publicidad de lujo son disfrutados por alguien e inexcusablemente, como dicen los voceros de los mercadillos, la lotería “siempre toca”.

De todo ello se deduce que es más perentorio que nunca ponerse a regar en nuestra imaginación las palabras válidas, y no esperar sentados a que florezcan solas. O sea, decir, decir y decir; con cuidado y esmero y tacto, eso sí, pero también sin permitir que el riesgo a equivocarnos nos bloquee.  Es mejor equivocarse a tiempo que acertar cuando ya no importa.

 

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[1] Astrid Tollefsen,”Nombres como casas”, traducción de Margrethe Johannessen Kiil,  Incluido en  Les Cressons Bleus: Voces femeninas de la lírica noruega. Suplemento de la revista Cuadernos del matemático, nº 47. Getafe. Diciembre de 2011.

[2] Marcel Proust. “Vacaciones de Pascua”, incluido en Los salones y la vida de París. Ed. Espuela de Plata, Salamanca, 2011. [págs. 113-124]

[3] Juan José Millas. “Deseos”, incluido en Articuentos Completos. Ed. Seix Barral. Barcelona. 2011. [pág 68]

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Crítica de la razón plástica, de Juan Martínez Moro

La revista argentina de literatura BocadeSapo acaba de publicar la reseña del libro Crítica de la razón plástica: Método y materialidad en el arte moderno y contemporáneo (Ed. Trea, 2011) de Juan Martínez Moro con el título de “La imaginación maniatada”.

El texto íntegro se puede leer aquí.
Confío en que sea de su agrado.

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Los salones y la vida de París, de Marcel Proust

La revista mexicana de literatura Hermano Cerdo acaba de publicar la crítica del libro del escritor francés Marcel Proust Los salones y la vida de París (Espuela de Plata, 2011), con el título de “Juventud Divina”.

El texto íntegro se puede leer aquí.

Confío en que sea de su agrado.

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Tu (auto)biografía es todo cuanto escribes

Luis Camnitzer: "Real Edge of the Line that Divides Reality from Fiction", (1974-75)

1.

Cae en mis manos -de puro milagro- estos días navideños el primer libro de poemas de Pedro Casariego Córdoba, publicado en 1983 por la Editora Nacional. Lleva por título MAQUILLAJE (Letanía de pómulos y pánicos). Los versos me van brincando por la mesa según pasan los días. Los primeros fueron estos: “Nada tan ajeno / como una bandada de rosas”.

Ya había leído yo la obra completa de Casariego Córdoba, en una edición que hiciese Seix Barral hace algunos años; sin embargo, no es lo mismo. Lo decía Juan Ramón Jiménez. Y lo dejó dicho también Marcel Proust hace más de un siglo, al respecto de las catedrales, pues que “sólo cuando llenan el oficio para el cual fueron primitivamente destinadas, y aunque hayan de morir lentamente en su tarea, las cosas guardan su belleza y su vida” [1].

Así sucede con este librillo azulado, en un estado de conservación excelente; casi nuevo. Apenas 103 páginas. Con los restos de viejos pedazos de celofán, eso sí, en las contracubiertas. Es un libro que, en su momento, pagó La Caixa, para su uso en bibliotecas. Ahí lo encontré yo. Y estoy más que tentado de nunca devolverlo.

2.

Sigo leyendo (días después) y dice más adelante: “Ah lector / aprenderás a mojar las aguas / con tus cejas de carcajada / o con un poco de lluvia”. Y, de nuevo, una apelación: “Lector […] Me desfiguras”. Pero sigue: “la rosa que me cegó / me hizo rico / en tiempo para sufrir”. Hay entremedias cuchilladas, la ciudad de Hanoi, un submarino de la American Rose Society y pómulos que se juntan y se separan; jadeos furtivos al calor de la noche y algo de bronca desesperación.  Y una gasolinera Hell.

De repente, el aullar trunco de frases que se quedan a medias y que dejan la historia en un vacío reversible, hasta que llegamos al punto en el que “todavía tiembla la baraja de tus tiempos”. Y el protagonista (el yo poético) grita jubiloso: “Dios me ama / Dios ama mi enloquecer”. Y se pregunta Casariego Córdoba (o su alter-ego poético), “¿Te he entregado demasiado pánico?”.

Pero, de nuevo, la falsedad: el maquillaje. Así: “Tus ojos solo imaginan”

Y todo termina, a la vez, en una letanía y en un lamento. Rescato solo un extracto de la parte final:

“Oh, quiero congregarte en mí / quiero celebrarme […] quiero cabalgar tus pánicos / solitarios como mundos / solitarios como mundos / mis terrores y sus ciclos”

3.

En su ensayo Something Given (Reflections on writing), incluido en sus Collected Essays (Faber and Faber, 2011), dice el escritor inglés Hanif Kureishi que la experiencia es lo que ya ha pasado y que ésta comienza ya en tu propio hogar. El único tema válido para un artista, según nos dice Kureishi, es el siguiente: ¿cuál es el significado del ser humano? La personalidad, para él, en la literatura, lo es todo. Dice Kureishi que a los escritores a menudo se les pregunta si su trabajo es autobiográfico, lo que –para él- es una pregunta redundante y, en cualquier caso, extraña, pues de dónde sino del yo habría de proceder el trabajo del artista. En su opinión, tal pregunta reiterativa puede provenir tal vez de ese misterio nunca satisfactoriamente resuelto que es la transformación de la experiencia en representación.

El deseo del público de ver la ficción como una forma de autobiografía disfrazada le parece raro a Kureishi. Es como si se necesitase una línea clara entre lo sucedido y lo que fue imaginado posteriormente en la construcción de la historia. La cosa sobre la autobiografía, nos dice Kureishi, se podría resumir de una forma muy sencilla: hay gente que puede hacer unas cosas y otras no. Así, si todos compartimos las mismas experiencias, cómo es posible que haya gente que de ellas haga un libro y otra no. Su respuesta, no por sencilla es menos clarificadora: tal vez suceda que solo los escritores se toman la molestia de escribir esa misma experiencia de todos. Será una cuestión de talento, pues, ésta es su conclusión, ya que no se trata de una serie de hechos descritos tal cual, sino que siempre hay un misterio añadido e irresoluble.

Este talento tendría que ver con la siguiente paradoja: se ha de tomar uno el trabajo muy en serio, como si lo fuera todo en la vida, pero sin que esto sea demasiado, pues si uno no es lo suficientemente descuidado, la imaginación no funciona. El talento, así las cosas, sería la capacidad de lidiar satisfactoriamente con tal paradoja, ser capaz de mantenerse en pie en esa cuerda mínima e inestable situada por encima de un tremendo abismo.

En otras palabras, darse cuenta de que uno no tiene que descubrir una voz, la voz ya la tienes, es tu personalidad y proviene de tu experiencia. Lo único que tienes que hacer es “tomar posesión de ti mismo”, ya que el ser humano y el escritor son la misma cosa.

“Nosotros mismos creamos nuestra creatividad e imaginamos nuestra imaginación”, nos dice Kureishi. Y, así, en última instancia, la escritura “es un modo de tomar posesión del mundo”.

4.

A este respecto, y tras la lectura de Casariego Córdoba, pienso que los libros son un poco como la arbitrariedad de tus familiares. Tú no los eliges, pero sin embargo, su existencia modifica y condiciona la tuya. No puedes ser sin ellos. O mejor dicho: eres a su pesar, pues solo en el litigio es capaz uno de dejar fluir libremente su identidad, diferente de los demás, aun a pesar de estar escrita con los mismos elementos comunes con los que se construyeron inicialmente la personalidad de tus familiares.

Pues con los libros, lo mismo; todos ellos ya estaban ahí cuando tú viniste, son la familia del escritor. Tu estilo literario (el mío, el de todo escritor) no es ni más ni menos que una reordenación voluntariosa de ese canon con el que te encontraste según viniste (vinimos, vine) al mundo y su devenir constante, sus modificaciones, las idas y venidas de nombres que entran y salen de él (pues, se reconozca o no, todo escritor “toma posesión” del canon existente y lo hace suyo, lo individualiza, pues).

Por ello nuestra (auto)biografía se compone de nuestra biografía, que es su lado privado (ir a la compra, fregar los platos, dar un paseo, fumar un cigarrillo, lo que leemos, a quien amamos) y nuestra (auto)biografía, que es su lado público: todo lo que escribimos, sea sobre nosotros o sobre los demás.

Así, biografía tiene todo el mundo. Sin embargo, la autobiografía es privativa de los escritores. La autobiografía es algo que se construye (la representación) y la biografía es lo que se hereda (la experiencia).

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[1] Marcel Proust. “La muerte de las catedrales”, incluido en Los salones y la vida de París. Traducción de Eduardo Caballero Calderón. Ediciones Espuela de Plata. Salamanca. 2011. [pág 154]

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Homenaje (navideño) a Sergio Galarza

[Encontrado el 27-Diciembre-2011 en Av/Mistral (Bcn)]

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Harold & Blúm presentan… “Silabeo las espumas de la noche”

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Promesas

Reza Azinian, "Untitled"; from the Download series (2009)

1.

Veo estos días El sol del Membrillo de Víctor Erice (1992), basada en una idea de Antonio López, quien es, además, protagonista de la cinta. Bueno, o quizá no. Quiero decir que tal vez el verdadero protagonista sea ese breve lapso de unas pocas horas en las que el sol refulgente e huidizo se deja caer sobre el árbol de membrillos del chalet de Antonio López (y que este trata de reflejar infructuosamente en el cuadro en el que trabaja, primero al óleo y luego a carboncillo). La belleza, de naturaleza efímera, y la incapacidad humana no de aprehenderla, pero sí de apresarla.

El instante fugaz.

Me sorprende haber visto la película entera (en diferentes días, eso sí, a saltos), pues ya dejé escrita mi aversión al cine -aquí-. Será porque me gusta que la película le deje al espectador huecos para pensar, me digo, que haya en ella silencio; que Erice no se esfuerce por narrar, sino que sencillamente muestre el devenir del tiempo real de la vida y que la metáfora aparezca exclusivamente con el montaje final de la pieza y con la reflexión evocativa última de Antonio López. La vida que no cesa, que se perpetúa, que siempre ensaya una prueba más –a expensas de sus múltiples peligros. Y así el mejor arte (acechado éste también por la conspiración de todas las otras cosas): un fluir continuo que –a veces mejor, a veces peor- es siempre una promesa futurible.

Me gusta además la extravagancia del habla de López, ese modo vetusto de existir en consonancia con lo natural (a pesar de hallarse viviendo en Madrid); su idiolecto de Tomelloso, tan exótico, tan puro, tan (hiper)real. Esto me hace pensar en que ahí anida la razón del triunfo (relativo, claro) de productos como La hora chanante y Muchachada Nui. No hacen gracia, en realidad, sus chistes, ni la pretendida comicidad de sus parodias. Lo único es que su proceder es auténtico y proviene de una visión de puro secano que llama la atención de los espectadores no expuestos a tal modo de existir. Lo relevante es entonces que amplían el espacio de significación del humor incorporando el verismo de su propia individualidad.  Materialidad lozana y plástica es la suya. Y no tiene mayor virtud que la de ser fiel a sí misma, la de no dejarse contaminar. De ahí que cuando se ha trasladado a Museo Coconut suene tan falsa y recursiva (y soporífera) como el arte contemporáneo actual con el que pretende mimetizarse. Y de ahí, también, su fracaso.

Dicho en otras palabras: la genialidad de ese humor tiene unos límites breves, bien precisos; es un talento magnífico, pero que rápidamente se agota si trata de servir a otros propósitos que le son ajenos.

2.

Leo Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer (Ed. Periférica, 2011), del boliviano Maximiliano Barrientos (Santa Cruz de la Sierra, 1979). Se trata de la (re)acomodación y (re)escritura de dos novelas cortas primerizas del autor: Los daños (2006) y Hoteles (2007). El resultado son cinco cuentos, los dos últimos son el uno continuación del otro. El resto funcionan de manera independiente. Es un libro que se comienza a leer pensando en Alejandro Zambra, se continúa leyendo pensando en Lolita Bosch y lo termina uno acordándose de Javier G. Cozzolino.

A pesar de que he dicho que los tres primeros cuentos tienen una vida autosuficiente, no es menos cierto que parecen jugar al (auto)plagio. Y no sólo de motivos recurrentes, sino de ideas repetidas tal cual (la vida de uno vivida como un turista, la fascinación por lo alemán, la querencia por dejarlo todo e irse a trabajar de mesero a algún lugar desierto, etc), como si Barrientos quisiese evidenciar los mecanismos de su ficción. A este respecto es muy ilustrativo el cuarto cuento, que lleva por título Los adioses. En él, el escritor del relato (que no se identifica con el autor, sino que es otro personaje) juega con las notas a pie de página para reflexionar sobre su trabajo de narración con el propio cuento. De este modo para-textual se diría que Barrientos considerase el conflicto de que la ficción se utilice como remedo de la vida, de que el trabajo literario no biográfico acabe mejorando lo vivido. Al tiempo, Esteban Olivares (pues este es el nombre del supuesto escritor del relato) se pregunta el porqué de que una narración deba “dar la impresión de que los personajes son reales”. Dice, en otro momento Esteban Olivares: “la ficción como una casa poco sólida, una casa que cualquier viento puede derrumbar”, pero, sin embargo, también la escritura “como forma de conservación, como museo”. “Registrar […] registrar”, se propone, para confesarnos finalmente que escribe la vida de Sebastián (uno de los protagonistas del cuento) “que de hecho es borrosa y difusa y una burda parodia de la mía”. El recurso utilizado por Barrientos sirve ni más ni menos que para refrendar la veracidad de la escritura del texto y no así para la verosimilitud de la trama ni de los personajes.

Un modo ciertamente inteligente de dinamitar el tiempo mismo del relato para así expandirlo.

En el libro resulta llamativa la evolución en la focalización narrativa. De la omnisciencia de la tercera persona del plural que se utiliza en el primer cuento (“Primeras canciones”), de esos protagonistas afanados por saber qué fue mal (cómo se fue todo al mierda, dicen ellos), sumidos en un forzoso avanzar del tiempo, en el que los cambios que serán se intuyen, pero todavía no han sido, pasa a la tercera persona del singular en “Suerte”, con personajes que son “niños que no crecen. Que se quedan en una edad indeterminada”. De ahí muda al narrador testigo (“Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer”), también en tercera y, de ahí, a una suerte de manifiesto indirecto a través de los recursos meta-ficcionales (al modo de las notas a pie de página) y la tercera persona intra-diegética que narra alternándose con una selectiva, también en tercera, pero hetero-diegética (en “Los adioses”). El volumen finaliza con el último relato (titulado “Las horas”) narrado en primera persona del singular, intradiegético esta vez, y con un personaje que hermosea la vida, pero fijándose en la literatura, pues la protagonista (Raquel) está leyendo Las Horas. En otras palabras, que la amplitud primera de la adolescencia va acotando sus discursos hasta dejarlos exangües en una pautada línea recta. A este respecto es evidente la constatación del personaje de Raquel en el último relato cuando dice que “Acelero […] Si alguien en este momento me dijera podés cambiar tu vida por cualquier otra, podés retroceder seis años […] podés tomar otras decisiones, yo seguiría conduciendo. Mantendría este nivel de velocidad”.

En el libro vemos una prosa que tiene –a veces- como flatos, y así parece que le falte aire y le falle la respiración. Y vacila; destellos y briznas de talento, empero, nos deslumbran en momentos puntuales y sirven para que el minimalismo sintáctico que domina el estilo de Barrientos no nos acabe de ahogar del todo. No obstante, parece que la cosa no acaba de concretarse pulcramente (igual que en las mil horas muertas de la vida, en ese ir y venir errante de las insignificancias). Alentado por la intuitiva sensación de ampliación del espacio de lectura que dijimos antes, uno continúa, sin demasiada dificultad, también es cierto. Y lee y lee y se desliza suavemente por las 127 páginas del libro. Llegado el final uno debe de reconocer que la recompensa perfectamente amerita la espera. Y es que hay una imagen última que pone al lector en pie y con el vello de punta de pura emoción (esa emoción verdadera –inobjetable- que se nos ha esquilmado en gran parte de las 126 páginas anteriores).

Si abrimos el ejemplar con una tenue sensación de sospecha e incertidumbre y por momentos estamos tentados de dejarlo, lo cerramos con una gratificante sensación prometedora, la de confiar en un escritor que, con el ritmo de la vida, con ese otro nuevo intento que se renueva año a año (con tenacidad y constancia) nos habrá de dar más de sí de lo que ya nos ha dado hasta este momento.

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Premios 20 minutos (& Feliz Navidad -literaria-)

Como cada año, La soledad del deseo participa en los Premios de blogs del diario 20 minutos, en la categoría de Cultura y Tendencias.

En esta sexta convocatoria solamente pueden votar las personas inscritas, lo cual -en mi opinión- no sirve para decretar el mejor blog, sino que refrenda la propia endogamia del concurso y, de rebote, cumple los propósitos de promocionar la Blogoteca del propio periódico.
En fin, que si sucede que se han presentado Vds. al concurso (y como ya saben no se pueden votar a Vds mismos) y son de los que piensan que debería ser la literatura quien marcase la tendencia y no las chuscas revistas de hipsters, háganle un favor a la memoria de Homero y vótenme aquí.

En cualquier caso, sirva este post para desearles un ameno y liviano fin de semana navideño.

Queden en paz hasta la semana próxima.

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Un mundo sin metáforas [Divagación sexta]

FURTHER READING:

Un mundo sin metáforas – Divagación primera [20-Agosto-2011]

Un mundo sin metáforas – Divagación segunda [08-Septiembre-2011]

Un mundo sin metáforas – Divagación tercera [14-Septiembre-2011]

Un mundo sin metáforas – Divagación cuarta [05-Octubre-2011]

Un mundo sin metáforas – Divagación quinta [05-Noviembre-2011]

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Aracne, de José Antonio Moreno Jurado

Se acaba de publicar en la revista chilena Sobre libros la crítica al libro Aracne (Paréntesis editorial, 2011) de José Antonio Moreno Jurado, bajo el título de “Hágase la luz y el silencio”.

El texto íntegro se puede consultar aquí.

Confío en que sea de su agrado.

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Cartografía Sentimental (XCIX) – Tomar decisiones

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

La siguiente confesión del escritor inglés de origen pakistaní Hanif Kureishi:

“I had wanted to be a writer -to devote myself to words and storytelling- from the age of fourteen. I can remember the moment it occurred to me, one day at school, and how differently I felt about the world after, the door to the future opening. But I hadn´t given much thought as to how I would support myself, and later, a family. I seemed to believe that I´d get by somehow. The details didn´t matter, particularly since I made the decision to write in 1968 -a time when creativity rather than `bread´ was the key. And the writers I´d admired -Kafka, Beckett, Kerouac, Henry Miller, amongst others- hardly had `professional writer´on their passports. They were artists, which was different, and none of them, to my knowledge, seemed concerned about the price of prams, or had children at private school -both of which, according to a rather archaic idea of Cyril Connolly´s, were lethal for writers: “There is no more sombre enemy of good art than the pram in the hallway”". [1]

[1] Hanif Kureishi. “Introduction: The writer´s time”, Collected Essays. Faber and Faber. London. 2011. [iX]

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2.

La confesión de Hernán Casciari (que éste ya hubo de hacer anteriormente en su blog Orsay) sobre su relación con los editores y su decisión de abandonarlos:

“Descubrí que mi editor me engañaba, supe que los editores estafan a los autores: te prometen el 10% de las ventas, pero imprimen y venden más ejemplares de los que te confiesan y no te pagan tu parte” [2]

[2] La cultura vuelve a ser libre. Hernán Casciari en entrevista con Victor M. Amela. La contra de La Vanguardia.14-Diciembre-2011.

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3.

Las siguientes declaraciones de Julián Herbert al respecto de la premiación de su última novela Canción de Tumba:

“No renuncio a la literatura, pero eso hoy significa algo más que escribir bien. Escribir solo para ser comprendido achata el lenguaje, le quita filo.” [3]

[3] Julian Herbert en entrevista con Javier Rodríguez Marcos. Los libros son más generosos que los hombres. El País. 14-12-2011.

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4.

Se trata de la salud o de la tecnología. O así al menos lo veía Jean-Louis Sebagh, el cirujano plástico de Cindy Crawford, a comienzos de este año 2011; información que a mí -por no tener smartphone- acaba de llegarme hoy a la inbox.

Por lo que se ve Sebagh ha inventado el Blackberry Botox  y ello tras haberse dado cuenta de que horas mirando una minúscula pantalla provoca que las mujeres jóvenes  frunzan el ceño y esto les provoca una zona de tensión entre ambas cejas, lo que redunda en unas -supuestamente- alarmantes arruguitas (que las envejecen y afean, se sobreentiende).

Dice el doctor:

“The natural tendency is to squint at the screen when reading messages and as a result some people develop this area of tightness/small frown lines between the brows, which is easily rectified with the light use of Botox by an experienced doctor.” [4]

Casualmente el experimentado doctor es él mismo, claro.

[4] Sophie Goodchild. It´s a bad line so I´m having Blackberry Botox – phones causing wrinkles. London Evening Standard. 03-Feb-2011.

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5.

Las siguientes apreciaciones de Antonio Lozano sobre Libertad, de Franzen.

“Franzen se planteó específicamente Libertad como un análisis del conflicto entre lo que debería ser y lo que se acaba haciendo. Si salía bien, la novela debería concentrar resonancia intelectual, emocional, lingüística y estética. Si prosperaba, el lector sería transportado a un lugar en el que, aislado del bombardeo electrónico, podría ser capaz de pensar y sentir de acuerdo a las leyes de la novela. Con algo más de suerte entendería los motivos por los que el autor se considera antes que nada un escritor cómico. Si funcionaba, el concepto de libertad retomaría la gloria que le había sido arrebatada por sus saqueadores” [5].

[5] Antonio Lozano. Jonathan Franzen: construcción de un fenómeno. Cultura/s de La Vanguardia (nº 495-Especial Navidad). 14-Diciembre-2011. [pág 5]

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Para una historia (en español) del Arte Correo

En 2010 se celebró en Barakaldo la tercera edición de la bienal de Poesía Experimental de Euskadi ex!poesía con el objetivo principal de “abrir una puerta a poetas y creadores” y “poner en valor la expresión poética”. Los actos contenidos en su programa fueron desde las exposiciones, mesas de debate, proyecciones y presentaciones de audio, video y publicaciones y, la parte que aquí más nos interesa: la publicación de libros.

Habida cuenta de la casi nula existencia de fanzines nuevos en el siglo XXI dedicados al mail art y por servir de enlace con la nueva generación de mail-artistas, la organización de la bienal tuvo la idea de producir el libro Mail art. La red eterna / P.O. Box (L.U.P.I / Merz Mail, 2010). Se trata de un libro en el que se recopilan los textos más significativos y relacionados exclusivamente con el arte postal que se publicaron en el fanzine P.O. Box, coordinado desde Barcelona por Pere Sousa, y que se editó en papel fotocopiado durante el periodo 1994-1999.

El volumen cabría dividirlo en cinco partes: “Historia”, “Teoría”, lo que podríamos llamar “Variaciones en la práctica” (y que incluye los sellos de goma, el fax, los sellos de artista, el copy art y las tarjetas postales), “Poesía y Mail Art” y, finalmente, las “Mail-interviews”. Como apéndice final el volumen incluye la exposición “El sobre como continente”, con fotografías de los sobres enviados por todos los mail-artistas participantes (59 en total) en la convocatoria organizada para la bienal ex!poesía de 2010.

De una forma rápida, podría decirse que el mail art apuesta por la creatividad individual, y en ello se alía con el do-it-yourself, pues es un modo de comunicación que permite una reproducción barata y una auto-distribución internacional. En opinión de Guy Bleus se caracteriza por tener “una estructura primitiva de trueque directo y libre”. Es además un arte informal y como decía Jerry Bowles un arte “comunitario”, que muestra respeto por las ideas divergentes y, así, permite la comunicación entre diferentes culturas. En opinión de Campal Fernández es un “arte conceptual e idealista”, que se caracteriza por su fervor iconoclasta y que sirve para sacar el arte de la Academia. Así, funcionaría el mail art por oposición al arte entendido como empresa comercial, significando una alternativa a éste y “superando las fronteras étnico-lingüísticas”, gracias a su renuncia a la competitividad. Con ello propone, en palabras de Vittore Baroni, “una participación democrática y una confrontación cultural descentralizada”. Para John Held Jr. el Arte Correo “puede ser una poderosa estratagema para la reconciliación entre las diferencias multinacionales” y su historia sería concurrente con el alza del Modernismo.

Los precursores del arte correo se encontrarían en los movimientos dadá y en el futurismo, en las postales que Duchamp mandaba a sus mecenas y vecinos los Arensberg, también en algunos artistas del Nuevo Realismo (pioneros de los sellos de caucho de artista), e igualmente se ha de notar la influencia de los artistas Fluxus y los nothings (manifestaciones en oposición a los happenings); Apollinaire, el cubismo y el surrealismo figuran, en igual medida, como primeros cultivadores de lo que se conocería más tarde como Mail Art.

Si se hubiera de poner una fecha de creación al movimiento y otorgarle una paternidad, no cabría duda de que esta sería 1955 y el artífice Ray Johnson, el creador de una serie de collages a los que denominó “moticos” y que enviaba por correo a una lista de 200 destinatarios muy diversos entre sí, todos ellos de la ciudad de Nueva York (gente de la alta sociedad, organizadores de fiestas, personal de museos, etc). A esta red postal primigenia siete años más tarde la llamaría Edward Plunkett la New York Correspondence Art School. Durante los sesenta la práctica postal junto al arte por fotocopia (que ya era de fácil acceso en aquella época) tuvo un seguimiento subterráneo y su gran expansión no se producirá hasta los años setenta, coincidiendo con la exposición del Museo Whitney sobre la New York Correspondence School en 1970. Dos hitos importantes para su divulgación en los años sucesivos fueron un artículo sobre Mail Art del crítico de arte Thomas Albright en la revista Rolling Stone (1972) y el artículo de David Zack “An Authentik and Historikal Discourse on the Phenomenon of Mail Art” que aparecería en la revista ArtForum en 1973.

En los ochenta se suceden los primeros congresos, entre ellos el más importante es el de 1986, el Decentralized Worlwide Mail Art Congress, organizado por H. R. Fricker y Günter Ruch. Los congresos se caracterizaban por celebrarse en cualquier parte del mundo donde -al menos- dos mail-artistas se encontrasen y documentasen su encuentro. A finales de los ochenta apareció el Neoísmo, que se trataba de “un mito compartido, un vínculo y una parodia”,  un concepto abierto en el que cada participante podía contribuir y elaborar siempre desde una estructura determinada previamente y que hallaba su razón de ser en el deseo de compartir la responsabilidad de la creación.

Los años noventa se caracterizan por la alianza de los mail artistas con las causas sociales de toda índole, y así uno de los eventos más significativos fue la toma de conciencia y que se llamó Huelga de Arte (1990-1993), cuyo germen, sin embargo, estaba en la propuesta de 1985 de Stewart Home en Londres, y que consistió en “un ataque en favor de la lucha de clases contra la cultura acomodada”. La Huelga de Arte se pretendía un agente de limpieza y un periodo de reflexión, cuyo propósito era el de que los artistas pensasen por qué hacían arte y a quién servían con ello. Más eventos de toma de conciencia y compromiso fueron la Net Run, “una carrera por la paz mundial durante el verano de 1990”, la Sacred Run Europe 1990, en la que artistas japoneses recorrieron Alemania del Este, Polonia, Finlandia, Noruega y la Unión Soviética o la Run for Land and Life (una movilización en favor de una vida más sana y más pacífica). También se dieron en los noventa los así llamados Festivales de Plagiarismo, basados en “la originalidad como componente del proceso creativo” y se observó con naturalidad la entrada del arte postal en la Unión Soviética y el impacto de las tecnologías del ordenador y el fax. Módems, disquetes, el programa de maquetación pagemaker o los ordenadores Commodore, Atari o Amiga se aliaron con el Mail Art para garantizar la continuación de su particular historia en esta década última del siglo XX.

Según John Held Jr la aportación más importante del arte correo sería no tanto las obras que ha creado sino “la estructura interactiva que ha desarrollado”. Lo que se conoce como la Red, la Eternal Network. Y esto, en mi opinión, sería de lo que todos los artistas, sean o no practicantes del mail art, se podrían beneficiar, pues llegados a la segunda década del siglo XXI y con la amplia difusión de los blogs personales, las páginas webs, las plataformas de intercambios artísticos y las redes sociales, se hace difícil seguir creyendo que la comunicación de persona a persona en la que se ha venido basando el arte postal siga teniendo vigencia. Y es que, además hay un problema añadido que debe enfrentar el mail art y es que, para conocerlo, se ha de practicar.

Contra tal premisa se yergue el volumen que ahora comentamos y que proporciona al lector información bien valiosa para saber más sobre el Mail Art. Y no sólo de su historia, por la cual acabamos de hacer un breve repaso, sino que el volumen además incluye dos largas entrevistas de Ruud Janssen. Una (de 1995) con el ya fallecido artista argentino Edgardo Antonio Vigo, donde habla este de su poesía matemática, del “espacio poético” que se crea gracias al mail art y que significa una forma de liberación de la página como “espacio real” o del mail art en Latinoamérica. La segunda entrevista (de 1994) se la hace Janssen al prolífico autor Clemente Padín (todavía en activo), que llegó a ser encarcelado por la dictadura militar debido a sus actividades artísticas. En ella habla el mail artista uruguayo sobre los primeros contactos del Arte Correo con las tecnologías de Internet y el e-mail, la alteración de las obras por razón del medio en el que se distribuyen o de su máxima de que “hacer es mejor que decir”.

El volumen se completa con una genealogía de la prensa marginal española, a través de una entrevista con el colectivo Merz Mail, una exhaustiva cronología del arte postal en España (1973-1999) y la convocatoria de Arte Correo “El sobre como continente” a la que nos referíamos al principio, además de artículos de José Luís Campal Fernández, Clemente Padín, Jas W. Felter o Antonio Gómez, entre otros, donde se tratan diferentes temas como el coleccionismo de sellos, las tarjetas postales, el copy-art, los artistamp (o sellos de artista), los sellos de caucho o el fax art. Un magnífico regalo para todos aquellos que ya practican o han practicado el mail art, pero, especialmente relevante para aquellos que lo desconozcan y quieran introducirse en ese arte de urgencia y de clara actitud experimental, vanguardista e indagatoria que es el Arte Correo.

 

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Mail Art. La Red Eterna. P.O. Box (VV.AA). Editorial L.U.P.I. / Merz Mail. Sestao / Barcelona. 2010. Volumen coordinado por Pere Sousa. 186 págs.

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*Este texto ha sido publicado en la revista chilena Crítica [12-Diciembre-2011] -aquí- y en el periódico Tercera Información [13-Diciembre-2011] -aquí-.

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ADDENDA:

Para la tercera Bienal de Poesía de Euskadi de 2010 ex!poesía2010 Juan Crego y Patxi Serrano coordinaron una muestra paralela de videopoesía que se vino en llamar V1DEOPO3M4S (aquí todas las participaciones).

Mi participación en la bienal, como colectivo con Ángela (Harold & Blúm) fue con la obra Háblame (2010), primera de una serie de cuatro que llevó por título “Para acabar con el lenguaje”.

Es la siguiente:

 

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Occupy theory

1.

“There is a generation of young artists whose work specifically consists in inscribing a so-called theoretical work into the iconic economy of the “spectacular” space of the exhibition; their aim is not to share thought, but to produce theory as reified matter, that is, to produce inert stuff that is taking the form of theory. This gesture will hardly produce anything new in theory since it relies on a pre-existing frame of recognition where theory is marked as purely linguistic appearance (and is thus “reified”). A form of mimicry operates here that somehow becomes “usurpatory”. Fortunately, there is at the same time another generation of people dealing genuinely with new forms of theory: they elaborate theoretical objects by using strategies found in the visual arts—inverting, somehow, the principle of the bourgeois ready-made— but also in science, literature, sociology, publicity.” [1]

[1] On the Vanishing Point of Intellectual Activity. A Conversation between Manuel Cirauqui and Daniel Kurjaković. Burger Collection Research project ‘Quadrilogy’ Theory / Conversations.

 

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2.

“The resurgence of experimentalism in these writers (La generación Nocilla) does not signal a clean break from recent Spanish fiction but rather a shift in the existing field. Similarly, their texts do not reflect a consciousness that is entirely absorbed in the virtual reigns Mora calls ‘‘pangea’’ and Fernández Porta terms ‘‘afterpop’’. Analyzing a number of new wave fictions, I argue instead that their narrative represents an effort to assimilate global and virtual space with local and physical places. Their varied texts converge around the theme of how subjects locate themselves within a simultaneously fragmented and interconnected world. They compose symbolic imaginings of what subjectivity looks like in a world of increasing connectivity between the local and the global.” [2]

[2] Jesse Barker (2011): The Nocilla Effect: what is new in the New Wave of spanish narrative, Journal of Spanish cultural Studies, 12:2, 237-248.

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3.

“We notice a vague spiritual nausea [...]  The ghosts that come to us offer no vocabulary to describe the emptiness they helped create within us. [...] we have not come to negotiate. We have come to confront the darkness at its source, here [...] The significance of the phantoms from our childhood becomes clearer. We understand them as souls detached from their former selves and meanings, and reduced to messengers [...] Advertising campaigns have become the central art of our generation. The artistic imagination, previously occupied with translating heaven and listening quietly for the intangible within and around us, has traded these idylls for steady employment producing fetishistic car commercials [...] We have come here to vanish those ghosts; to assert our real selves and lives; to build genuine relationships with each other and the world; and to remind ourselves that another path is possible [...] It is time that the unreal be exposed for what it is.” [3]

[3] Communiqué 1. Tidal (Occypy theory, occupy strategy). Issue 1. December 2011.

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Cartografía Sentimental (XCVIII) – Nuevas Sinceridades

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

Cierta cualidad gaseosa de la obra Multikulti sauce (2011) de la artista Kati Heck y que se exhibe estos días la galería belga Tim Van Laere, aquí.

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2.

El siguiente verso de Julia Cohen del poema What did writing erase? publicado en el último número de la revista Diagram (la 11.5), perteneciente al depto. de lengua inglesa de la Universidad de Arizona -aquí-.

“You have to turn the light out to catch a comet.”

+ info: aquí.

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3.

La Fundación mexicana Alumnos47 -aquí- es “una organización civil sin ánimo de lucro, que congrega y atiende comunidades de aprendizaje, debate y reflexión en torno a las prácticas artísticas contemporáneas y la cultura visual, con el compromiso de incentivar condiciones equitativas para el acceso y disfrute de los saberes”.

Según ellos mismos anuncian en su página web “a partir de proyectos específicos, Alumnos47 ofrece infraestructura para la formación de dichas comunidades y dispersa fondos para el fomento de proyectos culturales que impulsen la participación ciudadana y  la cohesión social”.

De todos sus proyectos el que a mí más me interesa es el de las VideoReseñas en las que o bien el propio autor del libro o sus editores o el director del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, nos hablan del libro en cuestión y, lo más importante: nos lo muestran, hoja a hoja.

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4.

La serie de obras People with Snakes (2011) de la artista irlandesa Eva Rothschild.

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5.

El siguiente párrafo de la novela de Kirmen Uribe Bilbao-New-York-Bilbao:

“Cuando me he acercado al mostrador de Lufthansa para facturar mi equipaje me he dado cuenta de que alrededor había bastante bullicio. Eran los jugadores del Athletic de Bilbao a punto de embarcar en el avión, rodeados por cámaras y periodistas. Los jugadores respondían con optimismo a las preguntas que les estaban haciendo. Pero era un optimismo que parecía fingido, un optimismo en el que no creían.

El optimismo también puede hacer daño.” [1]


[1] Kirmen Uribe. Bilbao-Nueva York-Bilbao. Traducción del euskera de Ana Arregi. Ed. SeixBarral / Booket. Barcelona. 2011. [pág 21]

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Las lecturas de 2011 en Hermano Cerdo

Como cada año hemos puesto en marcha el especial “Las lecturas de…” en la revista Hermano Cerdo.

Por supuesto ya saben que todos los lectores están invitados.

Pueden mandar sus preferencias, disgustos, fobias, fracasos lectores o esas felicidades imprevistas con que nos regalan o injurian las páginas de los libros a  la dirección de e-mail: hermanocerdo@gmail.com

Todas las lecturas que nos envíen se irán subiendo aquí.

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El mundo visto como hiato

Gabriel-Wormstein-“Mobilecorpse” (2011)

Decía el escritor aus­tri­aco Rudolf Kass­ner que “el camino que lleva de la intim­i­dad a la grandeza pasa por el sac­ri­fico”. Sin embargo, hoy da la sen­sación de que nos hemos saltado ese paso: el del sac­ri­fico; así, la grandeza, a lo que parece –según la proposi­ción kassneriana-, nos habría sido negada.

De ser así, esto expli­caría muchas cosas; fun­da­men­tal­mente una: la pro­vi­sion­al­i­dad del arte­facto artís­tico. Y digo bien: el artefacto.

Porque de la obra final­izada hemos pasado a la rep­re­sentación misma de la obra que, a su vez, trae la estela rui­dosa (como cola de latas pro­moviendo el fes­tivo rumor tras el coche de los recién casa­dos) a la proposi­ción de ésta, o sea: su idea. Y, hoy, casi que nos esta­mos quedando con esto último: con la frag­ili­dad de una ten­ta­tiva de idea que cada vez ve más lejana (e improb­a­ble) su hipotética mate­ri­al­ización en forma de obra pre­sentable en sociedad.

Si el arte ha sido con­ven­cional­mente un paso de lo pri­vado a lo público, una pub­li­cación de lo inves­ti­gado de man­era indi­vid­ual para ser eval­u­ado en la arena social, pero –nece­sari­a­mente– pre­sen­tado con sus mejores ropas, hoy nos hemos quedado con los meros esbo­zos de tal inves­ti­gación estilística.

A esto se refiere la idea de arte­facto; no solo a un objeto arti­fi­cioso y pre­cario, sino a algo emi­nen­te­mente frágil, debilu­cho (por su falta de razon­amiento y tra­bajo) que se pre­senta con la mayor impunidad y desvergüenza de man­era pública.

Se puede argüir que esto es causa de la frag­mentación de la vida, cuya evi­den­cia más noto­ria es la post-identidad, una iden­ti­dad hecha de peda­zos, la nues­tra: pro­vi­so­ria y sujeta al con­stante cam­bio según sus cir­cun­stan­cias y entorno. Y así, ello provo­caría –supues­ta­mente– las dis­con­tinuidades que dela­tan al mundo como algo mul­ti­forme, de esen­cia desar­ra­pada y cuyos lábiles jirones no podrían ser unidos sino con ese grito de alerta al que, sin mejor denom­i­nación a mano, lla­maré hiato.

La razón ha de bus­carse en la con­tinuidad, condi­ción no pre­cisa­mente post­mod­erna y que parece haberse vuelto inde­seable, pues val­ores como la entereza, la sen­satez, el buen juicio, pau­sado y franco, como es líc­ito suponer, andan bajo la sospecha de la ide­ología que sub­y­ac­ería a todo dis­curso –impositivo-. En otras pal­abras: las sutiles instan­cias coerci­ti­vas que el poder impone gra­cias a la suavi­dad del con­senso, empero con firmeza.

Así, ese hiato, ese grito bruto, casi ani­mal con el que se sep­a­ran las partes con­sti­tuyentes de un con­tinuo, fun­cionaría como alerta com­pren­si­ble con­tra tal lin­eal­i­dad del dominio del /los poderoso/s y que es el dip­tongo en el que se venía basando la his­to­ria del arte.

Decía Wal­ter Bejamin que “los hara­pos, los deshe­chos, esos no hay que inven­tar­los, sino dejar que alcan­cen su dere­cho de la única forma posi­ble: empleán­do­los”. Este era el pro­ced­imiento que el arte fue adquiriendo en la época primera de su (pos)autonomía comien­zos del siglo XXI: el catál­ogo, la mues­tra de los boce­tos y ten­ta­tiva de dis­curso, la propia doc­u­mentación de la preparación de la obra o la sim­ple difusión de los titubeos de la idea, se ceñían a este pro­ceder que, en su base, tiene como fun­da­mento el intento por des­ga­jar lo totémico y, en espe­cial, la per­son­al­i­dad egocén­trica del indi­viduo de la mod­ernidad y la obra enten­dida como ente cer­rado y singular.

En su recoger los jirones, se pro­dujo el esce­nario per­fecto para que de él surgiese un ren­o­vado interés estilís­tico por el frag­mento lit­er­ario. Aunque no lo parezca, y esto pueda pare­cer irónico, el frag­mento pugnaba (y pugna, aunque no lo quiera recono­cer) por la esen­cia de las cosas, en el sen­tido del arqui­tecto catalán Gaudí de no copiar las for­mas, sino la esen­cia de éstas. Pero, con una par­tic­u­lar­i­dad que tam­bién con­tem­plaba el mismo arqui­tecto, al decir que, en oca­siones, la lit­er­al­i­dad es la mayor de las infi­del­i­dades. Es decir, que se pro­cede copiando la esen­cia de un modo no literal.

Esto sig­nifica que el frag­mento actúa, de alguna forma, manip­u­lando lo esen­cial de la per­son­al­i­dad y de los hechos nar­ra­dos, que ya no nece­si­tan ser juz­ga­dos con la sev­eri­dad de lo cierto, sino que su hal­lazgo poético es el hecho de lla­mar la aten­ción sobre sí mismos.

Y aquí es donde yo creo que nos hemos equiv­o­cado, es decir, que lo hemos inter­pre­tado mal, porque la grandeza que se con­seguía antañola mirábamos a través del sac­ri­fi­cio de la culpa, un sac­ri­fi­cio judeocris­tiano; hoy, en cam­bio, deberíamos mirar la grandeza de un texto a través de la inmo­lación lit­er­aria del frag­mento, de su sui­cidio, por así decir.

Y es de lo más lógico, si se piensa, pues la única sal­ida del ensimis­mamiento en el que estaba la nar­ra­tiva sería a través de la “acción física del pen­samiento”, ver­bigra­cia: el grito. Ahí es donde actu­aría el hiato, con­tra la idea lin­eal y paci­fi­cadora del dip­tongo, lo orde­nado, lo sereno y lo justo.

El frag­mento ven­dría a recu­perar la vida tex­tual a través de su (des)fragmentación, al modo del tra­bajo, por ejem­plo, del artista Gabriel Vorm­stein y, en espe­cial de su obra Mobile corpses, que parte de la idea del ensayo del arqui­tecto Adolf Loos “Orna­men­ta­tion and crime” de que la orna­mentación torna fútiles los obje­tos; y, aún más, de que les con­fiere una suerte de inmoral­i­dad degen­er­ada (aso­ci­ada nece­sari­a­mente a su con­texto que, para nosotros siem­pre será pre-moderno, pues para el artista actual todo lo que le pre­cede es prim­i­tivo y antiguo).

Lo que hace Gabriel Vorm­stein es que (de)fragmenta imá­genes icóni­cas del siglo XX y pro­duce en ellas una alter­nación his­toricista, mutando sus col­ores, despedazando las for­mas y (re)incorporándolas en espa­cios nuevos, actuales y prop­i­cios para que se genere un nuevo dis­curso (ojo, no una nueva inter­pretación, ni una praxis con­tem­poránea, sino un ver­dadero motifque sirva para hablarnos de los temas que ahora nos com­pro­m­e­ten como ciu­dadanos del siglo XXI).

Así, Vorm­stein mantiene la esen­cia de los obje­tos pasa­dos pero provo­cando un loop en la his­to­ria, pues su repli­cación del seg­mento provoca un cues­tion­amiento de los val­ores sobre la orig­i­nal­i­dad de éste, ya que, des­ga­ja­dos de su orna­mento con­tex­tual, se tor­nan puros; así el artista les devuelve la moral­i­dad per­dida y la tan cacareada dis­tin­ción entre el orig­i­nal y la copia carece de todo sen­tido porque, siendo cosas en esen­cia iguales, son for­mal­mente autónomas.

Para que esto se pro­duzca, no obstante, no es sufi­ciente con que se rompa con la con­tinuidad del texto lit­er­ario, ni tam­poco que se pro­ceda al modo del remix, pues aunque estos son pro­ced­imien­tos nece­sar­ios no son sufi­cientes para crear ese loop que hemos men­cionado antes. La nar­ra­tiva con­tem­poránea ha tratado de crear este efecto a través del recurso de la (meta) nar­ra­tivi­dad del dis­curso, pero, a mi pare­cer, los resul­ta­dos son todavía balbuceos.

Una de las instan­cias posi­bles para con­seguir esto sería tal vez el intento por ampli­ficar la fuerza cor­pórea del verbo, que, como en un grito de rabia, no sólo lla­maría la aten­ción sobre el mismo frag­mento, sino, algo más impor­tante, pro­duciría la tan nece­saria “fisi­cal­i­dad” de la que adolece la nar­ra­tiva hoy. Desplazando la orig­i­nal­i­dad del sig­nifi­cado vetusto de cada acción, sería la lit­er­atura capaz de crear una expec­ta­tiva, una espera, que daría cuenta de la sus­pen­sión móvil en la que el caos de nue­stro mundo nos arroja y, así, a fuerza de vaciar al logos orig­i­nal de su utopía, con­seguiríamos crear si no un sig­nifi­cado nuevo, sí un leve desplaza­miento que se instaurase en el pre­sente, nue­stro presente.

Ten­dría la nar­ra­tiva –igual que ocurre en la pin­tura de Vorm­stein– no que dar cuenta, pues, de unas acciones descritas al modo visual, sino tratar de que esas acciones se pro­duz­can ver­dadera­mente en el texto nuevo, no bus­cando la (re)conceptualización sino su (re)diseño espa­cial. El loop entonces con­siste no en la repeti­ción exacta del gesto de una escrit­ura pretérita (ni en la forma de la ale­goría, el calco de una estruc­tura de género o la mime­sis de prác­ti­cas aje­nas a la lit­er­atura), ya que, como dice Damian Tabarovsky el doble (la copia) es “una utopía desqui­ci­ada” [1] que se resuelve en un pare­cido siem­pre casi per­fecto, que no llega nunca a ser lo uno, sino lo otro.

Se trata de que el verbo diga lo que ya dijo, pero no como si no quisiera decirlo (y aquí yace la gran paradoja post­mod­erna) sino afir­mán­dolo con toda su ultra­jante indi­gnación; es decir, en su des­garro: su pura e ine­ludi­ble frag­mentación en la que ha de arder, como en una pira funer­aria ese “sub­lime de las cosas de nada, de la nadería, de la triv­i­al­i­dad; lo sub­lime del detalle insignif­i­cante, de las pequeñas for­mas, de la repeti­ción y la variación en la repeti­ción. Lo sub­lime repet­i­tivo, lo sub­lime de la banal­i­dad” [2], sobre lo que la nar­ra­tiva ha de aler­tarnos a través del grito, del hiato, pues, dando a enten­der que así es nue­stro mundo, un mundo pro­ducto de la ver­bor­rea incans­able de un ser humano que se ha quedado ya sin metá­foras, un mundo cuya paupér­rima lit­er­al­i­dad parece ser su única historia.

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[1] & [2] Damián Tabarovsky. Una belleza vul­gar (Caballo deTroya, 2011). [págs. 89 & 120]

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*Este texto ha sido publicado en la Revista Cultural de la Universidad Autónoma de Puebla (México) [01-Diciembre-2011] -aquí-

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Premios Revista Sauna

Ayer día 29 de Noviembre se falló en Buenos Aires el Primer Premio de textos de arte contemporáneo de la revista argentina Sauna.

Mi texto “Nostalgia de la destrucción (inconsciente)” fue galardonado con el segundo premio y será publicado en el número 17 de la revista. El ganador fue Juan Gugger con su texto “¡Hasta la victoria… Donda!” y hubo tres menciones: una para  Manuel Molina, por “Casiopea o cinco imágenes del arte contemporáneo”, otra para Nicolás Chidíchimo por “Hello Milo” y una última para Laura Souto Paz por “Ceci n´est pas une merde”.

Desde aquí mi agradecimiento a los organizadores y al jurado del premio y mis felicitaciones al ganador y a los tres finalistas.

+ info: aquí.

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Los Noveles 2001-2011

Se acaba de publicar en la revista mexicana de literatura Hermano Cerdo una extensa entrevista a Salvador Luis, director de la revista de ficción para escritores emergentes Los Noveles. Tras diez años, la revista publica su número último (el 49) de despedida.

La entrevista íntegra pueden leerla -aquí-.

Confío en que sea de su agrado.

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Cartografía sentimental (XCVII) – (Mínimos) Gestos estéticos para una revolución silenciosa

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

Para el Sr. Chinarro lo único que le llama a uno a la acción son los pezones de una mujer joven, así su revolución no puede ser más que amorosa y conjurarse entre los contornos paralelepípidos de una cama.
Así lo demuestra, además, en su último y divertido video que lleva justamente por título “Una llamada a la acción”. En el video se contrapone esta idea (la del liviano disfrute amoroso) a la del viejo y extravagante revolucionario que trata de instruir a las masas con el grito juicioso y político de la palabra.

Menos palabras y más gestos, se diría que nos sugiere el cantante sevillano.

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2.

Todo proviene de la idea de Roberto Herreros (Grande Marlaska y la Dinamo), Karlos Osinaga (Lisabö, Bidehuts) y Joseba Irazoki (Atom Rhumba), la de crear una aventura colectiva al estilo de la Wu Ming Foundation -aquí-  y que vino alentada por la siguiente convicción:

La escena musical de aquí siempre ha tenido tendencia a mirarse el ombligo. Pocos grupos han sabido escapar de esta espiral narcisista que todavía domina las canciones populares. Espoleados por la reciente agitación política, la plataforma Robo intenta crear un espacio para escribir otro tipo de letras, esas que consisten en abrir la ventana y echar un vistazo a lo que ocurre fuera.

Por ello crearon la Fundación Robo -aquí-, con la idea de dar difusión a canciones que transitasen ese camino que va desde el individuo, pero hacia afuera, poniendo la mirada en lo que atañe a la relación social del individuo con los otros y así se recorre en ese camino un laberinto que va de la indignación a la consecución de un mínimo gesto. El gesto se cifra así en la interpretación y/o (re)escritura de una canción. A veces composiciones originales, a veces versiones.

La idea de la Fundación Robo es la de ir subiendo cada semana una canción nueva. La última ha sido una versión de Tarantula del clásico de Eskorbuto “Es un crimen” -aquí-. Pero tienen ya unas cuantas, desde la divertida “Clase obrera (dónde está, la, la, la) -aquí-, pasando por la lo-fi “Ascensores a la planta trece” -aquí-, la ochentera “Fuego”, interpretada por Diploide -aquí- o una versión de “La paloma” de Chicho Sánchez Ferlosio -aquí- que hace Roberto Herreros, entre muchas otras.

El buque insignia del proyecto, por así decir, es la canción “Cómo hacer crac”, de Nacho Vegas, incluida en el mini LP de título homónimo que acaba de salir en el sello Maxophone y que se puede descargar gratis -aquí-, por gentileza del propio sello, del autor y de la radio pública nacional, Radio 3.

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3.

Hay otros modos, sin embargo, de afrentar y afrontar la revolución.

Uno de ellos es no hacer distingos entre profesionalidad y amateurismo, y así celebrar la magia increíble de llenar la página en blanco con literatura (independientemente de su calidad).

Lo expresa de mejor modo el editor de la revista de Tampa Bay (Florida) Über Nothing (una revista que pretende ser una suerte de gran salón que flota y se expande por el ciberespacio), en el editorial de su último número (el número 4) -aquí-, diciendo que:

“For writers, poets and artists alike, the scariest moment of any day is often sitting down to confront the blank page or canvas. Amidst the pedestrian drone of modern life, there are few challenges more terrifying, intimidating and exhilarating than tackling pure creation as the white nothingness stares back. And yet, authors of all shapes and sizes somehow manage to plumb the depths of their thoughts and experience for the sake of breathing life into art – animating the empty void. This is no small feat, and it deserves to be celebrated.”

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4.

Este pasado viernes 25 de noviembre se celebraba en España (en algunas partes de España, más bien, pues nótese aquí las llamativas ausencias) el Primer día de las librerías, convocatoria auspiciada por el Confederación de Editores, Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y que consistió en que las librerías permanecían abiertas hasta las diez de la noche y realizaban descuentos del 5% en las compras.

Hablábamos el otro día en HC -aquí- sobre lo caros (a veces hasta puntos infames) que son los libros y lo muy benévolos que son los reseñistas al hablar de ellos. Acciones como esta, la del Día de las librerías, no vienen sino a ratificar nuestra postura.

Podemos considerar que sí, que -desde luego- esta iniciativa es un gesto, aunque es un gesto que llega muy, pero que muy tarde.

+ info: aquí.

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5.

Y hablando de librerías, y a pesar de cómo está el patio, hay quien se lía la manta a la cabeza y decide montar una. Hablamos de Bluebird books -no confundir -aquí- con la librería de Eric Mayer en Littleton (Denver)-, un proyecto de librería móvil (con el objeto de convertirse en una suerte de válvula itinerante de inspiración colectiva) construida sobre un viejo autobús escolar.

Su fundador, Mitzi Gordon, es un licenciado en periodismo por la universidad de Nueva York, escritor y artista, que tuvo un sueño -aquí-: el de montar una librería de libros vintage y que fuese, al mismo tiempo, un lugar para que el arte que transita fuera del mainstream pudiese ser exhibido. Un lugar, además, donde aprender el arte de hacer libros, y en el que se venerase al libro en tanto que objeto de arte en sí mismo.

Para tal propósito compró en Abril de 2011 un autobús escolar Wolfington de 1998 por 4.500 dólares y, con la ayuda de sus amigos, lo convirtió en una librería móvil. Su amigo el artista Joe Griffith se lo pintó de azul.

Aquí se puede ver parte del proceso y aquí se pueden consultar las fechas y localidades por las que pasarán en su tour.

Por cierto que, como no podía ser de otra manera, Gordon anda buscando mecenas para que le financien a fondo perdido su proyecto, para comprar libros, estanterías y cosas de esas -aquí- [Nota mental: otro día hablamos de ese modo abyecto de mendicidad contemporánea que es el crowdfunding].

La idea de Gordon (aunque éste no lo explicite) se diría que proviene de dos frentes: de un lado, del proyecto del colombiano Luis Soriano y que se ha venido en llamar Biblioburro -aquí- y -aquí-, proyecto que utiliza a los burros para llevar una suerte de biblioteca ambulante a los zonas rurales más remotas del país latinoamericano y, del otro, del e-flux book co-op -aquí-, un modo nuevo de distribuir los libros de artista  en una caravana y que se presentó en la pasada New York Art Book Fair -aquí-.

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