¿Hay alguien a la escucha?

1.

En el portal de la finca de pisos donde vivo hay no uno sino dos carteles que advierten claramente: “No se acepta correo comercial”. Cada uno de ellos -pegado en el cristal- de un lado de la puerta. Es imposible no verlos. Sin embargo, cada día -invariablemente- más de una, de dos y de tres personas llaman al timbre diciendo:

-Correo comercial, ¿puede abrirme?

*

2.
Hace varios meses me escribió la encargada de marketing o del depto. de relaciones públicas (bueno, al fin viene a ser lo mismo) de una cierta empresa de Internet. Me presentaba un proyecto sobre unas cuestiones referidas al reciclaje y el medio ambiente que me parecieron muy bien (cuando era adolescente guardaba todos los folios inservibles en bolsas durante semanas y las llevaba a la ciudad de Valencia cuando se me daba la oportunidad -y hablamos de trasladar ese montón de papel en coche unos noventa kms-; quiero decir, que tengo cierta desarrollada conciencia ecológica, eso es). El problema es que ese proyecto solidario no era un asunto cívico sino que no sólo venía auspiciado por una empresa comercial ( no patrocinado, sino promovido, que es cosa bien diferente), sino que el hecho de que la gente se sumara a él repercutía directamente en la mejora de su negocio.

En otras palabras, por la vía de la solidaridad pretendían conseguir un caudal gratuito de posibles compradores/usuarios de su producto, amén de una publicidad encubierta de dimensiones estratosféricas.
En fin, con toda la ambilidad le dije a la chica que el proyecto que me presentaba me parecía muy bien, pero que, y le especifiqué “tal como habrás leído en mi blog en incontables ocasiones, estoy radicalmente en contra de este tipo de prácticas, las cuales he denunciado en mi blog siempre que he tenido la oportunidad”.

Para mi sorpresa la chica me escribió y me dijo que sí que muy bien, que respetaba mi opinión, pero más o menos venía a decir que me lo pensase mejor.

Dos cosas se han de decir así de primeras: uno, que quieren contar con mi complicidad para su proyecto (me pedía además que lo propagase a los cuatro vientos entre amigos y conocidos) cuando ni siquiera sabe de qué demonios va mi blog, y dos, que de respetar las opiniones del prójimo y su decisión meditada de no participar en algo, nada de nada.

Ayer me llego un nuevo mail de esta chica, en él dice:

queríamos volverte a invitar a participar con tu blog “J. S. de Montfort escribe” en nuestra iniciativa para ayudar al medio ambiente”.

*

3.

Cuando los gurús dicen que los departamentos de promoción y prensa han de escuchar al cliente/usuario/consumidor en realidad no utilizan sino un eufemismo, pues las empresas hacen como que escuchan hasta que alguien les dice que no, y entonces sacan sus garras (eso sí, siempre disfrazadas de cordialidad y al amparo de alguna “causa justa” -y ellos pueden igualmente considerar una causa justa que te ofrezcan un descuento o una oferta) y, así, continúan con su estrategia de acoso y derribo.

Hasta que no te queda más remedio que aceptar y unirte a su causa (contratar sus servicios o participar de sus campañas), pelear a las malas o, directamente, tener que pleitearte.

Si los susodichos departamentos de promoción y prensa de las empresas se dedicasen primero a saber con quién tratan y qué terreno pisan, es decir, no ya a escuchar sino sencillamente a hacer su trabajo, ¿no nos ahorraríamos todos un buen montón de molestias y de tiempo perdido?

 

Anuncios

Comentarios desactivados en ¿Hay alguien a la escucha?

Archivado bajo Asuntos Cívicos

Los comentarios están cerrados.