Conspiraciones

Y es así, de verdad, que todo (hoy) parece conspirar contra uno: el dolor de cabeza (especialmente el dolor de cabeza), la lluvia que viene anunciándose desde hace días y no ha traído más que su potencialidad y la impaciencia porque se presente de una vez (y los millones de iones dispersos en el ambiente, en orgía bruta). Y qué decir de ese calor que ya no es calor sino ausencia de frío.

O acaso la infamia de ese cigarrillo que no prende, de esa luz que parpadea inopinadamente, de ese montón de libros sobre la mesa y su grito callado. Y más aún: un artículo que aguarda desde hace semanas y para el que no podemos más que garabatear algunas imprecisas notas.

Ah, y esos versos de Hölderlin, de su poema “Canción del destino de Hyperion” y que me brincan tan pronto abro el libro.

Dicen:

“Pero a nosotros no nos es dado / descansar en nigún lugar” [1]

Y en esto pienso, en que hoy tuve el gozo de una siesta plúmbea. Pero, sin embargo, nada. Un cansancio funéreo que me acosa ahora, y ya desde hace rato, y me derriba; un cansancio al que, a duras penas, me resisto como de rodillas, caminando cual penitente sin maldad o culpa que le asista.

Sí, aquí, sin razón aparente que me hunda en el respaldo de cuero del asiento, pegándome como se pega un plástico a la carne, aquí me hundo, y la espalda y su falsa verticalidad de mantequilla.

Ah, no sé. Lo único es que sí, todas las cosas andan conspirando ahora, en la madrugada inapetente; la pregunta, sin embargo, es: ¿pero realmente conspiran a la contra o en mi favor? Es decir, buscando alejarme de ese algo que no consigo adivinar, ¿me condenan o me salvan?

Difícil saber cuándo una enfermedad del alma es un alivio somático o acaso una condena.

Yo, me siento incapaz de discernirlo; ahora.

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[1] . Friedrich Hölderlin. “Canción del destino de Hyperion”, incluído en Poemas, Introducción y traducción de José María Valverde. Ed. Icaria Literaria. Barcelona. 1983. (p. 59)

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POST-SCRIPTUM:

Ayer por la tarde se fallaba el Premio “Mejores Blogueros Jóvenes de Ensayo 2012” –aquí– auspiciado por la editorial Ariel y como celebración de su 70 cumpleaños. En la nota que difundió la agencia EFE –aquí-, ya de madrugada, se hacían eco de lo siguiente:

“El conseller [Ferran Mascarell] ha finalizado su intervención pidiendo participar como oyente en las deliberaciones del jurado para la próxima edición de este premio y ha alabado el nuevo reto de afrontar el ensayo a través de las nuevas tecnologías asumido por esta editorial.”

Fíjense qué fácil sería disipar dudas sobre la honestidad de los jurados, la calidad de los textos finalistas y las razones por las que se premian unos textos y no otros. Cuestión de transparencia. Es muy fácil: permitan que en los concursos literarios las deliberaciones si no abiertas al público en general sí estén, al menos, abiertas a la presencia de los participantes o de una serie de personas que ejercerían, por así decir, un “sistema de control”. Es una manera muy sencilla de evitar las suspicacias, y las muchas veces fundadas sospechas de tongo.
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