Avances

1.

Los malos escritores no tienen más remedio que apuntalar su avance con los giros de la trama e irse empujando en virtud de las acciones con las que fuerzan el movimiento de sus protagonistas.

Pienso en esto mientras leo Los adioses de Onetti, y me maravillo una vez más de esa andar sigiloso entre la delicuescencia, que se va contraponiendo a una suerte de buceo atribulado por entre las sombras ambiguas, tenues, incandescentes de la prosa que, como el oleaje, se alimenta apenas de sí misma.

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2.

En lo que respecta a otro tipo de avances, me llama la atención la discusión que tiene lugar en la página Lit Reactoraquí– sobre poner en marcha un magazine literario online. Algo en los que se hace bastante hincapié es en el hecho de que hay que pagar a los autores, aunque sea poco, veinte dólares, cuarenta dólares; ok. Pero algo, poner en valor el trabajo.

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3.

Y en cuanto al avance negativo, a cierta involución, se refiere un artículo que encuentro de casualidad en el recién estrenado Diario.es y que lleva por título “Si no nos dan el dinero, lo vamos a hacer igual”, escrito por Elena Cabrera y que se puede leer aquí. El artículo trata sobre determinadas actividades culturales y de qué modo les afecta el recorte de las subvenciones que venían recibiendo.

Y termina de un modo bastante elocuente. Dice:

“Da igual el ámbito, el arte contemporáneo y arriesgado de Drap Art o el más tradicional del teatro de títeres de A la sombrita: las actividades se hacen por los gastos mínimos, nadie gana un sueldo, todo es precario, pero como se continúan haciendo parece que no pasa nada.”

Y he aquí la clave: que todo se sigue haciendo (y ya no gratis, sino a veces incluso con dinero del bolsillo de los propios interesados) y que todo el mundo calla, porque da miedo apearse del carro, supongo, y que a uno lo traten de funesto, cenizo o aguafiestas. Pero es que, además, resulta de mal gusto decir que tal me debe dinero o que el otro tal no paga (cuando dichas informaciones deberían ser un bien común).

Eso, huelga decirlo, es muy propio de nuevo rico.

Ya lo hablábamos hace un par de días aquí mismo.

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 4.

Y ya que estamos con las carreras, si no lo han hecho todavía, échenle un ojo al artículo de Patricio Pron “La carrera literaria” que publicó el pasado fin de semana en el Babelia y que se puede leer íntegro en su blog, aquí.

Dice tres o cuatro cosas acertadas.

Pero quizá la más relevante sea la siguiente:

“Pensar en esos términos [en términos de una “carrera”] es, en cierto sentido, el resultado natural de la pérdida de prestigio social de la literatura (por no hablar de la caída de sus ventas), pero resulta sorprendente que pocos escritores vean que esa pérdida de prestigio es también el resultado de la visión mercantilista de la literatura que se esconde detrás de la concepción errónea de la producción literaria como una carrera.”

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ADDENDA:

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Avanzando hacia el futuro, la gente de Anatomia de la edición trata de adelantarse a lo que vendrá y así han creado el Laboratorio del libro –aquí-, una plataforma para debatir y dialogar sobre el mundo del libro (y su viabilidad futura). Su primera acción ha sido la publicación bajo licencia Creative Commons del libro La gran transformación. Panorama del sector del libro en España 2012-2015 que se puede descargar libremente aquí.

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