Archivo de la etiqueta: Patricio Pron

Avances

1.

Los malos escritores no tienen más remedio que apuntalar su avance con los giros de la trama e irse empujando en virtud de las acciones con las que fuerzan el movimiento de sus protagonistas.

Pienso en esto mientras leo Los adioses de Onetti, y me maravillo una vez más de esa andar sigiloso entre la delicuescencia, que se va contraponiendo a una suerte de buceo atribulado por entre las sombras ambiguas, tenues, incandescentes de la prosa que, como el oleaje, se alimenta apenas de sí misma.

*

2.

En lo que respecta a otro tipo de avances, me llama la atención la discusión que tiene lugar en la página Lit Reactoraquí– sobre poner en marcha un magazine literario online. Algo en los que se hace bastante hincapié es en el hecho de que hay que pagar a los autores, aunque sea poco, veinte dólares, cuarenta dólares; ok. Pero algo, poner en valor el trabajo.

*

3.

Y en cuanto al avance negativo, a cierta involución, se refiere un artículo que encuentro de casualidad en el recién estrenado Diario.es y que lleva por título “Si no nos dan el dinero, lo vamos a hacer igual”, escrito por Elena Cabrera y que se puede leer aquí. El artículo trata sobre determinadas actividades culturales y de qué modo les afecta el recorte de las subvenciones que venían recibiendo.

Y termina de un modo bastante elocuente. Dice:

“Da igual el ámbito, el arte contemporáneo y arriesgado de Drap Art o el más tradicional del teatro de títeres de A la sombrita: las actividades se hacen por los gastos mínimos, nadie gana un sueldo, todo es precario, pero como se continúan haciendo parece que no pasa nada.”

Y he aquí la clave: que todo se sigue haciendo (y ya no gratis, sino a veces incluso con dinero del bolsillo de los propios interesados) y que todo el mundo calla, porque da miedo apearse del carro, supongo, y que a uno lo traten de funesto, cenizo o aguafiestas. Pero es que, además, resulta de mal gusto decir que tal me debe dinero o que el otro tal no paga (cuando dichas informaciones deberían ser un bien común).

Eso, huelga decirlo, es muy propio de nuevo rico.

Ya lo hablábamos hace un par de días aquí mismo.

*

 4.

Y ya que estamos con las carreras, si no lo han hecho todavía, échenle un ojo al artículo de Patricio Pron “La carrera literaria” que publicó el pasado fin de semana en el Babelia y que se puede leer íntegro en su blog, aquí.

Dice tres o cuatro cosas acertadas.

Pero quizá la más relevante sea la siguiente:

“Pensar en esos términos [en términos de una “carrera”] es, en cierto sentido, el resultado natural de la pérdida de prestigio social de la literatura (por no hablar de la caída de sus ventas), pero resulta sorprendente que pocos escritores vean que esa pérdida de prestigio es también el resultado de la visión mercantilista de la literatura que se esconde detrás de la concepción errónea de la producción literaria como una carrera.”

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*

ADDENDA:

*

Avanzando hacia el futuro, la gente de Anatomia de la edición trata de adelantarse a lo que vendrá y así han creado el Laboratorio del libro –aquí-, una plataforma para debatir y dialogar sobre el mundo del libro (y su viabilidad futura). Su primera acción ha sido la publicación bajo licencia Creative Commons del libro La gran transformación. Panorama del sector del libro en España 2012-2015 que se puede descargar libremente aquí.

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Archivado bajo Deontología del escritor, La culpa es de los editores

Escribe de lo que sabes

Mark H. Miller “Write a word” (1972)

1.

Escribe Philip Hensher en the Telegraph –aquí-:

“The London novel is currently enjoying a bit of a renaissance”.

Lo escribe al hilo de la nueva novela de Zadie Smith, NW, pero también de algunas otras (de John Lanchester, Sebastian Faulks o Blake Morrison). Y sobre Londres (comparada con otras grandes ciudades de otros países) dice:

“Other nations have written about their major cities in a compelling way, but very few have been able to talk about them as places where everyone, from every point on the scale, mixes “

Y termina su artículo de la siguiente manera:

“Has there ever been “The Great London Novel”? No: there is too much there to cover.”

– – – – – – – – – – –

2.

La propia Zadie Smith ha declarado en el Edinburgh internacional book festivalaquí– que su intención para con NW era replicar la experiencia de Londres a través de una prosa discontinua (con visos de fragmento) y con diversas variaciones estilísticas.

“Se podría imaginar el mismo libro escrito en un tono más homogéneo”, ha dicho la escritora inglesa, “pero la ciudad en la que yo crecí no era así”.

Y concluye Smith: “la vida no es homogénea y perfecta, y eso quería repetirlo, también”.

En otras palabras, después de haber escrito On beauty, novela ambientada en los States y sobre la que todavía hoy recibe mails de gente que le señala cosas incorrectas, Smith ha decidido que es hora de escribir sobre lo que se conoce: la zona Noroeste de Londres.

Ella lo ha dejado dicho de una manera más concluyente: “ya Nueva York tiene mcuhos escritores, así que no hace falta que me una yo también”.

El consejo es diáfano: busca tu espacio literario, que no va a ser más que tu espacio personal, ese del que conoces a la perfección su aroma, su sabor, su color, sus texturas. Déjate de tratar de novelar tu experiencia de quince días en Nueva Tork, tu visita de dos meses a China o tus hipótesis sobre cómo viven los granjeros de Iowa de los que no tienes ni la más remota idea.

– – – – – – – – – – –

3.

Vale la pena demorarse un segundo en un pensamiento que parece más que generalizado: no nos interesan los escritores jóvenes en español. Las lecturas de sus libros no nos atrapan, nos dejan indiferentes o más bien fríos y eso cuando conseguimos (si es que esto felizmente sucede, en muy pocos casos) hincarles el diente habiendo sido capaces de sobreponernos al pasmo de la contraportada o las chorradas con que decoran la biografía.

Y una pregunta: ¿por qué?

Respuesta: porque hablan de cosas de las que no tienen ni idea, y sus textos parecen -y son- fakes.

No hay en ellos vida y, por lo tanto, tampoco hay verdad.

Escriben en base a clichés culturales, a referencias camp o a paisajes turísticos.

Y la pregunta es, ¿por qué? ¿por qué ese miedo a describir la experiencia contemporánea -real- del mundo facticio?

¿Acaso las ciudades españolas no merecen ser descritas, nada hay en ellas que las haga particulares, y así a los individuos que las habitan?

En mi opinión, negar la ciudad es negar la propia experiencia individual (ligada a esa ciudad y, por lo tanto, nuestra verdad histórica).

– – – – – – – – – – –

4.

Solo un apunte y que debería ser suficiente para dar por zanjada esta breve disquisición: dos de los escritores españoles más reconocidos en el extranjero, más reputados, admirados, leídos y queridos son de fácil adscripción a una ciudad.

De un lado, el Madrid de Javier Marías y, del otro, la Barcelona de Enrique Vila-Matas.

Saquen sus propias conclusiones.

– – – – – – – – – – –

*

*

ADDENDA:

*

Leyendo azarosamente los aforismos de Lichtenberg (y como si todo estuviese relacionado, que sí, que lo está), me encuentro con lo siguiente:

“Sería ciertamente muy útil presentar al mundo los escritores que, aun conociendo a otros anteriores a ellos, se han inspirado sólo en sí mismos. Únicamente de ellos se aprende, y son sin duda muy pocos, por lo que cualquiera podría leerlos fácilmente. Los otros acuñan con troqueles ya hechos y, en sentido estricto, son monederos falsos” [1]

[1] Georg Christoph Lichtenberg, Aforismos, Edición de Juan del Solar, Edhasa, Barcelona, 2002 (p. 254)

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BOLA EXTRA:

El próximo lunes 17 de septiembre y a las 19:30 Teju Cole mantendrá un diálogo en el CCCB (Barcelona) con el escritor Patricio Pron sobre el tema Ciudad abierta (que es al tiempo el título de su segunda novela que en castellano acaba de publicar El Acantilado y en catalán Quaderns Crema) y que versará sobre diferentes temas relacionados con la diversidad, la inmigración, la violencia y la pervivencia de las fronteras y la convivencia en la ciudad.

Caso de que no puedan ir, sepan que el CCCB va a registrar la conversación en video y pronto estará disponible en su web.

+ info: aquí.

Y si quieren echarle un vistazo a las primeras páginas de la novela de Cole, en traducción de Marcelo Cohen, pueden hacerlo aquí.

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Archivado bajo Diatribas, El arte del siglo XXi

Remolino(s) [en un estanque soñado]

1.

El pasado, al menos aquel pasado que queremos olvidar (o que acaso ya hemos olvidado), suele tener siempre el rostro de un pedigüeño enfermo y el alma de una guitarra desafinada, normalmente acústica, sin amplificación.

Pensaba en esta brava –y quizá algo pueril- metáfora el otro día, mientras en las playas de Barcelona se formaba una tormenta de arena, un pequeño tornado y, al tiempo, a media tarde, nos vimos sorprendidos en el medio de Plaza Catalunya por un severo remolino de aire que se encarnizó con nosotros, los transeúntes, echándonos las hojas sucias de los árboles contra los rostros, provocando el revoloteo pringoso de una tarrina de helado mal abandonada en una papelera y fumigando de vuelta las cáscaras vacías de insectos porta-enfermedades contra nuestros ojos, nuestras bocas y nuestros oídos.

En eso pensaba el otro día, ya digo, cuando al llegar a casa encontré unas líneas que vinieron a poner coto a mi reflexión. Decían así: “porque no siempre quieres saber ciertas cosas debido a que lo que sabes se convierte en algo de tu propiedad, y hay ciertas cosas que tú no quisieras poseer nunca” [1].

El pasado (el pasado malo, el gravoso y el que aparece como una hipoteca imprevista), visto por un autor argentino que vive en España, como el solar de una casa que se derrumba y sobre el que ya han caído probablemente los rastros de la degradación más putrefacta, esa que viene con el olvido vituperante del transcurrir de los años silenciosos, y así: polvo, polillas, polen, polímeros industriales cargados de mala electricidad puede que algo peligrosa y quizá incluso (filo)plancton pútrido, se han cebado ya con él.

2.

Leo el último número de la revista Ínsula, dedicado a Javier Marías.

Incluye éste un texto del propio Javier Marías que presumo inédito. Lleva por título “Para empezar por el principio”. En él dice, “Cada vez que oigo o leo eso [Basado en hechos reales], lejos de sentirme tranquilizado, o atraído, o intrigado; lejos de pensar que no se me van a contar disparates y arbitrariedades, baraturas y caprichos y coincidencias increíbles; lejos de considerar que se ha añadido prestigio o verosimilitud a lo que me dispongo a contemplar o a leer, me invade una sensación de pereza y de aburrimiento previo, de desconfianza y rechazo, de suspicacia y hasta de escepticismo”.

Y más adelante, prosigue: “Soy de los que opinan […] que la única manera de contar algo verdadero es bajo el elegante y pudoroso disfraz de una invención, precisamente porque el que inventa o fabula […] nunca va a plegarse a las groseras  rocambolescas imposiciones de la realidad” [2].

3.

Pues bien, el último libro de José Antonio Moreno Jurado (Sevilla, 1946), Últimas mareas (Vaso Roto, 2012), explora justamente –pero a su modo, claro- los dos niveles de interpretación apuntados en los apartes uno y dos.

4.

Últimas mareas surge como un milagro después de Las elegías del Monte Atos, de 1997, cuya consumación hubo de sugerir a su autor que su pasión por la poesía se le había terminado.

Sin embargo, diez años después, la poesía volvió a brotar, en forma de breves –pero esperanzadoras- mareas, que vinieron de ese mar “que nunca se pregunta”.

5.

El volumen se concibe como un homenaje sincero al poeta griego Odysseas Elytis (cuya obra ha traducido Moreno Jurado). Y así, en los poemas más largos, se utilizan –igual que Elytis- los asteriscos que separan las diferentes partes del verso, al igual que los espacios versales, éstos para los poemas menos extensos (que vienen numerados). Igualmente, se distribuyen los poemas más breves en parejas, para que queden completos, al modo pictórico, frente al lector.

6.

De un lado, impone Últimas mareas una realidad con su cara más asténica, pero furibunda, pues como se repite en los versos finales de los poemas largos, todo va “hacia la muerte”. Y es por ello que una de estas dos líneas funciona no específicamente como un testamento, pero sí como un recuento de severas dolencias (del alma, se entiende), y que podrían ser expresadas de la siguiente manera: “sentir la atracción impronunciable de la plenitud y, al mismo tiempo, la perplejidad de la renuncia”. Son también estos poemas largos un estudio de la muerte.

Sin embargo, no se piense que es un libro de senectud.

Para nada.

7.

Pues pareja se despliega la segunda línea y que discute contra las baraturas de la realidad y las desoye, re-inventando para ellas “un gesto a la intemperie  / una cierta / utopía un algo para nada”.

Una línea (esta segunda), sin embargo, efímera.

Lo dice Moreno Jurado de la siguiente manera:

“Pienso    con frecuencia   en la vana

intención   de nuestros propios actos  her-

mosos si se quiere   pero inútiles  marchitos

de cara a lo real que nos fue dado  la fragili-

dad imperdonable    de lo perecedero.”

8.

Y una ars poética que lo resume todo:

“He cantado con insistencia * casi en prosa * más el resultado sorpresivo de la acción * que el sentimiento embustero de la lírica”.

9.

Los poemas largos, con su coda final repetitiva, acuerdan una forma de espiral (impulsada muchas veces por un recuerdo); de remolino, en tanto que los poemas más cortos funcionan de modo especular, el poeta tiene de frente al poema (y se da una tendencia a que este suceda en el presente de la escritura), al tiempo que el poema se le enfrenta.

Es por ello que se puede hablar de una estructura bimembre, con dos pilares enfrentados (prosa y poesía / realidad y ensueño / el yo ciudadano pasivo, pero enconado y el yo poeta belicoso, pero grácil), por entre los que un torbellino, a veces apenas una súbita explosión de humo ascendente, a veces un perfecto tornado airado que todo lo trastoca y hace desaparecer, atraviesan las mareas que se le acercan entorno, echando beatífica agua salada en el rostro del lector.

Así, en este libro, escrito en “las órbitas eternas de mi círculo”, “conmigo mismo * a ciegas y palpando“, se muestra “lo que cabe exactamente en el abrazo”; un abrazo hecho de las intransigentes “últimas mareas de la tarde” a las que el poeta dedica su canto jubiloso, a pesar de saber(se) incapaz de doblegar a su sombra disconforme (la incontestable acumulación del tiempo y la estupidez humana y también las injusticias del mundo).

Del resultado de tal precario acuerdo queda como prueba “una bola inmensa de ternura en las manos”, después de que las marcas identificativas del yo sean borradas periódicamente, al modo de la resurrección diaria (o de un bautismo repetido ad hoc), por las mareas, y el yo del poeta no aguarde sino en estos breves versos que nos ofrecen los poemas contenidos en Últimas mareas.

11.

Unos versos que, sin embargo, están hechos de “las palabras más hermosas   las que penetran y encienden la llama de los sueños”.

Porque, lo que se desea, nos dice Moreno Jurado, por mucho que no vaya a ser posible ya, “aún sigue siendo hermoso”.

Así este libro, del que no se puede escamotear su doble vertiente, el de ser una “dura coz * del caballo invisible * que me empuja sin alma hacia la muerte” y, al mismo tiempo, un pertinaz reclamo de la fortuna de haber vivido “como viven los libros”. Esto es: “confundiendo la realidad * con la pasión y el miedo vespertino”.

Pues no es este el libro ni de un cínico, ni de un epicúreo, ni de un cirenaico, como el mismo Moreno Jurado nos dice en el poema con el que se abre el libro y que lleva por título “Confesión personal”, sino el de un hombre idealista y torpe. Es el libro pulcro de un ser humano perdido adentro de sí mismo a quien la ventura de las buenas olas y el chispazo mejor de la poesía más clara y franca, la de los dioses antiguos surgidos de ese gran y viejo estanque helénico  del que hablaba Platón, nos trajeron de vuelta.

El libro pues de un mediterraneista convencido, en cuya garganta enferma –y sin él esperarlo- ha estallado un volcán precioso (obstinado en reavivarle las ascuas).

 – – –  – – –  – – – –  – – – – –  — –

[1] Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, Ed. Mondadori, Barcelona, 2011 (p. 53)

[2] Javier Marías, “Para empezar por el principio”, Revista Ínsula (nº 785-786, monográfico: Javier Marías. La conciencia dilatada), Madrid, Mayo de 2012 (p. 6)

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Especulación del talento [7]

Comprendan que hoy es domingo, y no es día como para andarse con piruetas dialécticas, así que les cederemos la palabra a los otros.

A ver, rápido, el 08 de Enero de 2011 Patricio Pron publica un texto en el ABCD de las Letras con el título “Promoción, renovarse o morir”. Para darle más empaque el asunto y teñirlo de un barniz proteico, lo retitula pomposamente “Nuevas prácticas de circulación de la literatura en el capitalismo tardío” –aquí-.

La interesante tesis central pone en cuestión los actuales modos de “escenificación y promoción de la literatura”.

Así, nos alerta sobre cómo “la escritura es vista en algunos casos como un escollo incómodo para la obtención de la visibilidad pública”  y certifica que “en la actualidad ya no es el libro el que posibilita la existencia social del escritor sino éste el que hace posible la de los libros”.

Alberto Santamaría, al hilo del texto de Pron, redacta en su blog una ampliación del tema –aquí-, recordando el “efecto comercial de lo visual” de Clement Greenberg, y de cómo mucho antes de esto  que hacen los supuestos autores modernos (califiquen estas prácticas como Vds, quieran) ya lo hicieron de manera mucho más salvaje y radical los dadaístas para los cuales “el nihilismo capitaneaba toda acción en tanto cuanto no había una finalidad determinada”.

La diferencia, ahora -con los modernos actuales- es que “el escritor busca el efecto por el efecto con el fin determinado de hacerse visible”.

A este respecto, Santamaría recuerda la siguiente cita de Lyotard (con la que aquí, esencialmente estamos en desacuerdo):

“La sublimidad ya no está en el arte, sino en la especulación sobre el arte”.

Pron plantea el problema sin sugerir alternativas ni tomar partido (no en vano él mismo participa en estos shows); Santamaría, más valiente, se arriesga en afirmar algo que aquí hemos repetido hasta la saciedad,y que él demuestra con el apoyo del ejemplo de la literaturatización de los artistas, pues que la literatura sólo hallará solución desde sí, y para sí, porque la literatura siempre ha sido -desde la palabra- generadora de imágenes “que se leen”.

Claudicar ante las artes visuales (cuando éstas previamente se han plegado a la razón de la literatura), pero, sobre todo, a las narrativas audiovisuales -cine, series de tv, cómics, etc- es una aceptación de que el escritor que se arrima a ellas desconfia de su talento y opta por el camino fácil y le da la razón -de rebote- a Lyotard: especula con unos modos estéticos archimachacados.

Ergo, los supuestos antirealismos actuales (llámenlos fragmentarismos si esto les agrada más), en el fondo (dado que son una mímesis de las teleseries, los cómics o “traducciones” de las películas cinematográficas o de las novelas de DFW) son -irónicamente- los realismos más verídicos, planos y superficiales que retratan nuestra contemporaneidad más burda.

Sobre este asunto del realismo, aquí Juan Francisco Ferré le aclara a Javier Calvo un par de matices al respecto.

Yo, para zanjarlo, añadiría unas palabras del libro Santos que yo te pinté de Julián Rodríguez, cuando el personaje central que dicta el monólogo dice:

“la grandilocuencia está reñida con la realidad.

Si es que existe la realidad” [1]

[1] Julián Rodríguez. Santos que yo te pinté. Ed. Errata Naturae. Madrid. Agosto de 2010. [pág 11]

 

BONUS TRACK:

Para los fanáticos de la tecnología y los ultramodernos, aquí tienen un vídeo que ha realizado Jean-Christophe Laurence sobre lo rancias que resultan para unos niños del siglo XXI las tecnologías vintages (y muchas no tienen siquiera treinta años).

La moralina es clara: cuando despertó, el libro seguía allí.

Así, todas esas novelas que hablan afanosamente de blogs y cacharros tecnológicos, leídas a diez o quince años vista van a resultar de puro humorísticas.



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Cartografía sentimental (XXI)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.

Los resultados del estudio del Hans Bredow Institute “Growing-up with the social web” (aquí) y que demuestran, como dice Ingrid Paus-Hasebrink, el investigador jefe del proyecto, que:

“We found no evidence whatsoever that the Internet is the dominating influence in the lives of young people,” [1]

[1] Manfred Dworschak. The Internet generation prefers the real world. Spiegel. 08-06-2010.

[via La Petite Claudine –aquí-]

2.

La arremetida de Antonio Jiménez Morato contra Alberto Anaut en particular, y el grupo editorial La Fábrica en general (responsables de la revista Eñe y el -ñoño- Festival Eñe, entre otros proyectos), al respecto de su actitud para con la figura del escritor argentino recién fallecido Rodolfo Fogwill (anque, creánme, se les podría insultar por unas cuantas cosas más), llamándoles:

“imbéciles e hijos de puta” (aquí).

—->Y el texto que provocó el encono (Su última faena) aquí.

*Aprovechemos la coyuntura para realizar un somero contraste sobre cómo funciona la apropiación del discurso.

Contexto: la visita de Rodolfo Fogwill a España.

Hecho puntual: Fogwill lee su poema “Llamado por los malos poetas”.

Jimenez Morato dice al respecto en su post Fogwill ha muerto hoy (aquí):

“cuando leyó en mi presencia el que copio abajo [el poema] y, al notar mi impaciencia mientras leía por lo extenso que es, me preguntó tras terminar su lectura a bocajarro si me había gustado o no”

Sobre el mismo hecho dice Patricio Pron en su post El viaje de Fogwill (aquí):

“Cuando finalmente le conocí [a Fogwill], en su última visita a Madrid […] y él nos leyó, a sus editores y a mí y a algunos amigos que estaban presentes, su poema “Llamado por los malos poetas”.

Pron nos clarifica que, como da a entender Morato, no estaba este solo, o no era, en cualquier caso, algo privado, sino más bien comunitario, pero también añade su innecesario granito de arena, cuando dice que:

“flirteó un poco con mi mujer.”

A mí, la verdad, me recuerda  a algo…

3.

El decidido y apasionado apoyo que las tiendas Lladró de Passeig de Gràcia han decidido darle a la candidatura de Harold & Blúm para la convocatoria videoartística del museo Guggenheim.

4.

El siguiente extracto de Margaret Atwood donde se refiere a la familia Montfort (la familia Montfort de Canadá, no la mía levantina):

“Adelia´s maiden name was Montfort. She was from an established family, or what for it in Canada -second-generation Montreal English crossed with Huguenot French. These Montforts had been prosperous once-they´d made a bundle on railroads- but through risky speculations and inertia they were already halfway down the slippery slope. So when time had begun to run out on Adelia with no really acceptable husband in sigh, she´d married money -crude money, button money. She was expected to refine this money, like oil” [2].


[2] Margaret Atwood. The Blind Assassin. Random House. New York. 2001. [pág 62]

5.

El afán de bienestar de los okupas de Barcelona, que no contentos con instalarse en edificios enormes -y viejos y abandonados- de la Gran Vía de les Corts Catalanes, han preferido situarse en unos confortables edificios de pisos mucho más nuevos con maravillosas vistas a la Ronda Sant Pau, justo justito a la esquina con el Paralelo (vaya, a dos pasos del Apolo):

Dice en la pancarta: "Gente sin casa, casas sin gente, ¿Cómo se entiende eso?"

Texto: "Contra la crisis / Solidaridad / Acción directa "

*Bonus track:

Demanda (o arte de acción directa) vista en el bar La Confitería (presumiblemente puesta ahí por los okupas).


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Previos de Sant Jordi

Dice Patricio Pron [1] que le dijo Bolaño (en un mail) que un escritor para mantenerse en forma y escribir mejor debía beber poco y comer muchos vegetales,

lo cual parece más la recomendación de Santi Santamaría a sus lectores (yo) que no la conversación que pudiera suceder entre dos colegas de profesión, pero en fin,

que saco esto a colación por el tema del sustento (al culinario me refiero, no al pecuniario), pues ya se acerca Sant Jordi y siendo los previos,

el mejor medio para prepararnos

[y para mezclar -al tiempo- gastronomía y arte (que no, no son lo mismo)]

que hemos encontrado aquí en La Soledad del deseo ha sido una buena fideua cultural (¡toma pleonasmo!)

(somos mediterráneos, ¡qué quieren!).

Y hablando de cosas sabrosas, encontrarán en la última edición de la revista The Barcelona Review un texto del argentino Pablo Manzano titulado El contexto soy yo [2] que les dejará con ganas de buscar cualquiera de sus dos novelas publicadas en la editorial Barataria (El puente de la jirafa y El rencor de los bufones).

Enjundia tiene también la entrevista que Robert McCum le ha hecho al Chacal, Andrew Wylie, para el Guardian (aquí).

Si quieren irse pensando ya qué regalar o qué comprar para el próximo día 23 de Abril, día de Sant Jordi, Martín Gómez está recopilando en su página sobre tendencias editoriales el Ojo Fisgón (aquí) recomendaciones de los editores independientes para este día que tal vez les abran los ojos.

Y para los más atrevidos, el CCCB junto con La Porta programará el viernes 23 y el sábado 24 Las noches Salvajes (aquí)  un encuentro donde compartir “la realidad efímera, el acto lujoso, estímulos impredecibles, entre el cuerpo y la palabra, entre la anécdota y la reflexión, entre el ensayo y la ilusión romántica”

Y, como cada semana, las lecturas semanales.

Son estas:

Misfits: Richard Brautigan, Harold Brodkey & Octave Mirbeau

Y sí aun así,

llegado el viernes, se hallasen perdidos en su travesía libresca, en ese turbulento río de personas, en ese bufido del viento huracanado y frío que son los montones de expositores con sus montañas de libros,

y allá en medio de Plaza Catalunya, con la fanfarria de las televisiones, y los platós de las radios en directo,

deciden adentrarse en las Ramblas y andarse hacia abajo, y las banderas y  el destello de mil rosas rojas y acaso el nerviosismo de algún carterista ve frustrado su acto debido a la inquietud que a Vds. les sigue embargando,

no desesperen,

acuérdense de Fonollosa cuando decía:

El lugar nunca importa. Es otro sitio

-otro siempre- el objeto de mi viaje [3]

Cierren entonces los ojos, y aguarden a que como el peligroso dragón que hubo de enfrentar Sant Jordi, les lleguen las palabras,

y actúen en consecuencia: compórtense con bravura y heroicidad, y no teman a esas palabras de la tribu de las que bien habló Mallarmé.

[1] Patricio Pron. En entrevista con Antonio Fontana. ABCD de los libros.

Nº 933. 23 Enero 2010.

[2] Pablo Manzano. El Contexto soy yo. The Barcelona Review. Nº 70.

[3] José María Fonollosa. Rambla de Santa Mónica. Incluido en Ciudad del hombre: Barcelona. DVD Ediciones. 4ª edición. Junio de 2006. [pág 21]

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