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Cartografía sentimental (CXXVIII) – Ahora o nunca: la vida en movimiento

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

El vídeo de ese estúpido globo que da vueltas sin sentido, pero que crea una ilusión de movimiento, propósito y utilidad de la obra “Sin título” del artista Nicolás Bacal:

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2.

El vídeo de the Pipettes “Boo Shuffle” (2011) en el que vemos a la troupe de bailarinas The Actionettes aprendiendo las coreografías de la canción.

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3.

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Les imagino al tanto de la llegada espectacular de ese pequeño monstruito alienígena que es la librería La Central de Callao, en Madrid. Y de las largas colas, y los intelectuales de relumbrón y editores y escritores internacionales llegados para su presentación en sociedad -aquí-.

Si pinchan en la fotografía pueden ver un vídeo donde Martín López-Vega nos da una vuelta por la megalibrería y nos va enseñando sus diferentes secciones y recovecos (pues el edificio es un magnífico palacete del s. XIX). A mí me da que sí, que mucho libro y todo eso, que la cultura, bien, gracias, pero que la clave de todo este macroespectáculo literario está justamente en esa gruta ahora vacía que nos enseña al final del vídeo López-Vega y donde se nos dice que se abrirá un bar de copas. ¿Se acuerdan de lo de Borges y el verso de Dante? Pues eso mismo, salvando las distancias, claro.

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4.

El grupo de Las Vegas Imagine Dragons, considerados por la revista Billboard una de las 2012’s Brightest New Stars, y su interpretación en directo -y en acústico- del tema “It´s time”.

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5.

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Y hablando de la revista Billboard, la crítica mexicana de arte contemporáneo Avelina Lésper relaciona el objeto de consumo al modo de los hits de las revistas de tendencias y música con el arte actual.

Así, dice en su blog –aquí-:

“El arte contemporáneo insiste en que sus obras sean apreciadas desde un contexto histórico que fácilmente se desvanece, aun con las obras expuestas dentro de la sala, esto las limita al grado de no tener más sentido o valor que la música pop.”

[….]

Decir que el artista debe crear con los elementos de su tiempo y que este tiempo está sometido a las formas y hechos más inmediatos y accesibles al espectador fijan una fecha de caducidad en cada obra, la convierte en endogámica y reduce al máximo la construcción de significado. El arte deja de ser universal para ser localista; ya no es transhistórico, se etiqueta y forzosamente se ideologiza”

Y acaso lo más importante:

“El arte debería superar los significados momentáneos para despertar significados trascendentales.”

Ahora o nunca, pues.
Se hace del todo urgente re-pensar y recuperar la validez del arte contemporáneo y así de la literatura que, como hemos repetido aquí en muchas ocasiones, se halla en un trance muy muy parecido.

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ADDENDA:

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Siento que Rodrigo Hasbún no ha tenido mucha suerte con los lectores españoles.

Y es un muy buen narrador, serio y con una poética muy clara.

Ya escribí sobre su libro de cuentos Los días más felicesaquí– y creo que es un autor a (re)descubrir.

El caso es que el blog de la editorial y librería argentinos Eterna Cadencia ha publicado recientemente uno de los relatos de Los días más felices. LLeva por título “La casa grande” y vale la pena que le echen un ojo –aquí– y a ver si así alguien se anima a leer su libro y le insufla a sus cuentos un poco de vida lectora.

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Especulación del talento [3]

1.

Decir muchas veces que un cero (cero, cero, cero) es un uno, no acabará conviertiendo a ese cero (cero, cero, cero) en un uno, por muchas muchísimas veces que lo repitamos.

Puede que sí, que el cero aparezca con el disfraz de uno y que, incluso, haya quien se confunda, pero un cero seguirá siendo siempre un cero (cero, cero, cero).

De ahí que la conectividad sea un desacierto y, cuanto menos, una pesadilla.

Y no me refiero a la conectividad del arte, y que se da en el museo como centro  en el que se practica “la religión de la civilización sin religión” [1];

no, no me refiero a sus interelaciones rizomáticas o a los diálogos productivos, sino a esa conectividad real y pragmática del así llamado artista (cero, cero, cero), conectividad que se da hoy en las redes sociales.

2.

Dice Peio Aguirre con bastante sensatez y a este respecto que “los artistas más activos en las redes sociales no tienen por qué ver recompensado su interactividad con una mayor apreciación de su obra” [2].

Y lo cierto es que así es, de todas todas (cero, cero, cero).

Porque, piense lector, así a bote pronto, piense en un autor, un escritor que Vd. admire, alguien a quien Vd. realmente admire, y piense si dicho escritor interactúa en las redes sociales.

No se sorprenda cuando con toda claridad su sentido común le advierta que no, que cualquier autor realmente talentoso no se andará con las zarandajas de las redes sociales. Estará, más bien, a lo que debe estar un autor: a trabajar en, con, desde y para su obra.

Y esto por una única razón: porque lo social es siempre ulterior al arte, es la democracia de la igualdad y, por lo tanto, caldo de cultivo para la mediocridad.

Y el artista único huye de la democracia; para el artista no existe más la que la tiranía de su idea (su obra), su visión particular del mundo (con sus hallazgos y desaciertos), y la majestuosidad única de su producción literaria.

3.

El artista que busca consensuarse en la plaza pública no es un artista, es un mercader: un especulador, por tanto.

El mercader (cero, cero, cero) lo que hace es saltarse el paso más necesario, el de la genuina creación y la soledad del productivo silencio; de ahí salta a ese orden de lo estanco, de la clasificación y la categoría que es el orden social, y se convierte en representación (o simulacro) del nulo esfuerzo del intelecto [3].

Confunde grandeza con mérito, seducción con tolerancia y reconocimiento con brillantez.

Es, en suma, un comerciante de sí mismo. Un publicista de sí mismo, una representación ficticia de sí mismo: nada, en absoluto, pues.

Y es que como se decía en tiempos de Rafael Cansinos Assens:

“el pueblo no da más que piojos…” [4].

O dicho en otras palabras, que lo único que hay en las redes sociales es morralla.

Las redes sociales son hoy el remedo de esa gran macrodiscoteca de polígono industrial a las seis y cuarto de la mañana, con esa promesa ilusoria de que seguirá la fiesta, pero con la amenaza inminente de que se enciendan las luces y queden al descubierto los rostros ojerosos de la derrota.

Las redes sociales son esa turbamulta, pues, de almas errrabundas, desesperadas porque les sirvan ese último cubata que ya ni siquiera desean y que, además, saben –de facto– ya no les servirán. No hoy, al menos.

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[1] Ingrid Guardiola. La otra televisión. Blogs & Docs. 21-Diciembre-2010.

[2] Peio Aguirre en entrevista con Julieta Manzano. La situación de la crítica hoy (Segunda parte). Crítica y metacomentario. 23-12-2010.

[3] Avelina Lésper. La ideología de la mediocridad. Revista Replicante. Diciembre de 2010.

[4] Rafael Cansinos Assens. La novela de un literato (Vol. 1). Alianza Ed. Madrid. 1ª reimpresión. 2009. [pág 52]

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