A veces cuesta pensar

A veces cuesta pensar.

Aunque, sin embargo me parece que no es eso, exactamente. Habría que reformularlo de otro modo.

Así: a veces cuesta hallar algo lícito que valga la pena ser pensado.

Y esto tiene que ver con unos versos de Eloy Sánchez Rosillo que dicen: “Une entre sí la luz todas las cosas / con un hilo de oro. / Y a mí mismo me incluye; / me toma alegremente cada día / y me hilvana con ellas”. [1]

Pues eso es, que sucede que venimos hilvanados con el mundo, atados a su prodigalidad y no podemos desenredarnos de sus razones y ver si nos interesan. Dicho de otra manera, sucede que estamos de común rodeados por algo que nos parece un hilo de oro, pero que tanto puede ser la estela de un cometa como la hoja afilada de un sable.

Y bajo esta presión es difícil saber si lo que pensamos (el contenido mismo del pensar) merece o no nuestra atención, reflexión y desvelos.

Mi sospecha es que cuando, a veces, nos cuesta tanto pensar es porque probablemente deberíamos girarnos y mirar hacia otro lado; huir de este latrocinio que es estar pensando las cosas que otros quieren que pensemos.

Y o bien no pensar o pensar en nada.

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[1] “Hilo de oro”, Eloy Sánchez Rosillo, publicado aquí.

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Melancolía del humo (XVI)

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Avances

1.

Los malos escritores no tienen más remedio que apuntalar su avance con los giros de la trama e irse empujando en virtud de las acciones con las que fuerzan el movimiento de sus protagonistas.

Pienso en esto mientras leo Los adioses de Onetti, y me maravillo una vez más de esa andar sigiloso entre la delicuescencia, que se va contraponiendo a una suerte de buceo atribulado por entre las sombras ambiguas, tenues, incandescentes de la prosa que, como el oleaje, se alimenta apenas de sí misma.

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2.

En lo que respecta a otro tipo de avances, me llama la atención la discusión que tiene lugar en la página Lit Reactoraquí– sobre poner en marcha un magazine literario online. Algo en los que se hace bastante hincapié es en el hecho de que hay que pagar a los autores, aunque sea poco, veinte dólares, cuarenta dólares; ok. Pero algo, poner en valor el trabajo.

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3.

Y en cuanto al avance negativo, a cierta involución, se refiere un artículo que encuentro de casualidad en el recién estrenado Diario.es y que lleva por título “Si no nos dan el dinero, lo vamos a hacer igual”, escrito por Elena Cabrera y que se puede leer aquí. El artículo trata sobre determinadas actividades culturales y de qué modo les afecta el recorte de las subvenciones que venían recibiendo.

Y termina de un modo bastante elocuente. Dice:

“Da igual el ámbito, el arte contemporáneo y arriesgado de Drap Art o el más tradicional del teatro de títeres de A la sombrita: las actividades se hacen por los gastos mínimos, nadie gana un sueldo, todo es precario, pero como se continúan haciendo parece que no pasa nada.”

Y he aquí la clave: que todo se sigue haciendo (y ya no gratis, sino a veces incluso con dinero del bolsillo de los propios interesados) y que todo el mundo calla, porque da miedo apearse del carro, supongo, y que a uno lo traten de funesto, cenizo o aguafiestas. Pero es que, además, resulta de mal gusto decir que tal me debe dinero o que el otro tal no paga (cuando dichas informaciones deberían ser un bien común).

Eso, huelga decirlo, es muy propio de nuevo rico.

Ya lo hablábamos hace un par de días aquí mismo.

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 4.

Y ya que estamos con las carreras, si no lo han hecho todavía, échenle un ojo al artículo de Patricio Pron “La carrera literaria” que publicó el pasado fin de semana en el Babelia y que se puede leer íntegro en su blog, aquí.

Dice tres o cuatro cosas acertadas.

Pero quizá la más relevante sea la siguiente:

“Pensar en esos términos [en términos de una “carrera”] es, en cierto sentido, el resultado natural de la pérdida de prestigio social de la literatura (por no hablar de la caída de sus ventas), pero resulta sorprendente que pocos escritores vean que esa pérdida de prestigio es también el resultado de la visión mercantilista de la literatura que se esconde detrás de la concepción errónea de la producción literaria como una carrera.”

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ADDENDA:

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Avanzando hacia el futuro, la gente de Anatomia de la edición trata de adelantarse a lo que vendrá y así han creado el Laboratorio del libro –aquí-, una plataforma para debatir y dialogar sobre el mundo del libro (y su viabilidad futura). Su primera acción ha sido la publicación bajo licencia Creative Commons del libro La gran transformación. Panorama del sector del libro en España 2012-2015 que se puede descargar libremente aquí.

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Volver a Proust

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La clave de la exposición –o su centro secreto- Contarlo todo sin saber cómo, comisariada por Martí Manen (Barcelona, 1976) para el CA2M, se encuentra en un breve librito de Marcel Proust titulado Sobre la lectura. Un libro que cuenta “esa sensación de un niño que lee un libro de aventuras durante las vacaciones de verano”, nos dice la protagonista de la novela que ha escrito Martí Manen y que le sirve a la exposición como instancia discursiva y elemento conceptual. Y es que uno de los atractivos de esta propuesta es que se compone de dos espacios: el espacio físico de las salas del museo CA2M de Móstoles y el espacio imaginativo de las páginas de una novela. Ambos lugares, sin embargo, comparten una serie de obras de diez artistas tanto nacionales como internacionales (Christodoulos Panayiotou, Alex Reynolds, Rosa Barba, Lilli Hartmann, Eija-Liisa Ahtila o Keren Cytter, entre ellos). En la muestra física nos encontramos con algunos textos, instalaciones, vídeos y fotografías de los que se podrían colegir tres líneas principales: un intento por desvirtuar los códigos narrativos (en especial los provenientes del cine, tanto de ficción como documental), un interés denodado por descontextualizar el discurso dominante y una (re)conceptualización de la iconografía de los mass media. Las tres estrategias de desestabilización mencionadas toman como base la realidad misma, y la (re)escriben, al modo del palimpsesto. Y esto, en un segundo nivel de significación, es justamente lo que hace Martí Manen en la novela de título homónimo. En ella, Manen se sirve de dos personajes genéricos (Él/Ella), personajes con cierta voluntad de expresión generacional (y así, subjetiva del comisario, que funciona al modo del meta-artista) para contar la historia de una pasión compartida por el arte, en especial por el artista Felix González-Torres, con cuya muerte –acaecida en 1996-, se abre la novela (y que se revela como una de esas mitologías individuales de las que habla Harald Szeemann al respecto del trabajo del comisariado).

El trabajo de Manen, por lo tanto, es doble. De un lado, funciona al modo del crítico que no se limita a exponer unas obras sino que las congrega para que establezcan un diálogo, para que se interrelacionen dándole la oportunidad al lector/espectador para que les busque (si quiere) una posible significancia personal. De otro lado, les ofrece un contexto alternativo, dándoles un tono y la posibilidad de que juntas entonen una cierta melodía diferente. Esto se consigue gracias al marco de la estructura narrativa que ofrece el constructo novelesco. Y es que todas las obras físicas presentes en las salas del CA2M (y algunas otras más) aparecen en la novela, pero no en su especificidad, o sea, no como son en realidad, sino evocadas casi siempre desde la imaginación, el pensamiento o el ensueño de los dos personajes y, así, ligeramente customizadas, verbigracia: cargadas de una emotividad individual y, hasta cierto punto, privativa. Y lo más importante es que tales obras (presentadas en las salas del CA2M como la producción de una serie de artistas), en la novela no adquieren la categoría de objeto artístico, sino que más bien son simples historias de la vida cotidiana, o de los sueños de los protagonistas; o sea, ficciones insertadas adentro de otra ficción mayor. Este diseño especular implica que se produzca un efecto boomerang y la consecuencia directa, para la hermenéutica, es poner en evidencia que el poder de la imaginación conforma una memoria alternativa del presente. Y aquí volvemos de nuevo al librito de Proust, que le sirve a Manen para refrendar su idea de que la memoria y la imaginación pueden servirle al arte (post)autónomo para buscar la fluidez y la continuidad entre la proposición expositiva del comisario y la vida misma del espectador/lector, ofreciendo una forma novedosa de aproximación al arte contemporáneo basada en una intimidad emotiva y, hasta cierto punto, ubicua.

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(pinchar en la foto para ampliar)

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* El artículo Volver a Proust salió publicado el pasado 26 de septiembre de 2012 en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia (nº 536 / p. 20).

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El carácter como una forma de ficción

1.

Atendamos un segundo a esto que dice Estrella de Diego sobre el carácter español:

“En el fondo, los españoles como colectividad siempre hacemos de españoles para fuera. Tenemos la fea costumbre de carecer de espíritu corporativo y hablamos mal de “nosotros” como colectividad siempre que salimos de casa, pues creemos que si somos los únicos listos, sobresaldremos más. [1]”

La reflexión le sirve a Estrella de Diego para poner en cuestión el modo en el que toda denuncia pasa a convertirse en producto de consumo. Y lo evidencia con el reciente reportaje fotográfico del NYT (titulado Austerity And Hunger) y también con la obra de Andrés Jaque sobre la así llamada heroína de Lavapiés (cliquen aquí, si no saben de lo que les hablo).

De Diego, en su post, viene a concluir que esto se debe a un complejo de inferioridad de nuevos ricos.

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2.

Pero no es cosa que sea exclusiva de la colectividad nacional (esto del complejo) sino que también afecta de un modo funesto a los entornos gremiales; lo que, además, les supone un añadido extra de fastidio.

Y es que, del mismo modo que no queremos que se nos encasille o ponga junto a otros miembros de nuestra comunidad nacional (y es obvio que esto por la razón de que tememos salir perdiendo en la comparación), así sucede con las personas que pertenecen a determinados gremios.

Y tal gallardía es particularmente molesta en el caso de los tenderos.

Todo va bien en tanto que el cliente permanezca en su rol silente de cliente, es decir, aquel que indica una breve  comanda fácil y sin complicaciones y se limita a pagar y acepta el producto tal cual se lo sirven.

Pero, ay de ti como se te ocurra hacer la más mínima mención a que existen otros tenderos de otros establecimientos y que tal vez estos sí te hayan ofrecido en algún momento un servicio en concreto que aquí se te niega.

Pues no, sucede que el tendero se enfurruña y te obliga a que aceptes el producto como él/ella quieren. Y sin rechistar, pues no admiten que haya ninguna otra forma mejor de hacerlo, prepararlo o acaso, por ejemplo, el modo de disposición del corte de un producto, ni siquiera que existan otros establecimientos tan insignes como el suyo.

Y esto, ¿por qué?

Muy sencillo: por ese pacto silencioso que parece sellarse entre el cliente y el tendero por el cual este último es el mejor, el más listo y el más competente para realizar su trabajo.

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3.

Aquí, en el caso del complejo gremial, opera un mecanismo inverso al del complejo nacional que nos afecta en el extranjero. Si con los desconocidos (en virtud del desconocimiento del otro y que nos permite una “invención” de nosotros, ficcionalizarnos, por así decir) se juega la carta de la lejanía, en el caso de los conocidos se juega la carta contraria: la del afecto, la cotidianidad necesaria y el servicio vecinal.

En otras palabras, al extranjero no se le verá más, y por lo tanto nuestra imagen mejor (por oposición a los otros miembros de nuestra comunidad; cosa que es, inverificable por parte de nuestro interlocutor) quedará sin mácula para este. Al vecino no hay más narices que verlo a diario. Y esa cercanía puede que produzca una confianza o cierto conato de afecto que lleve a que el cliente reproche o exija tal o cual cosa. Así, para frenar tal valentía, el tendero juega la baza de la violencia y la intimidación.

Pondré un ejemplo reciente (entre otros muchos).

El otro día le pedimos a una pescadera que, por favor, nos quitase la piel de una merluza.

Ella, indignada, nos replicó algo así como que “no hay forma más buena de comer la merluza que con piel”. Y, por su gesto de desdén, se adivinaba que lo contrario era el pensamiento propio de los necios (es decir, nos estaba llamando necios a la cara por ser incapaces de darnos cuenta de su valía especial como tendera, de su “ficción individual”, pues).

Cuando le hicimos mención de que en otros sitios que nos han quitado la piel, y sin el mayor reparo, se puso de tan mal genio que lanzó los filetes contra el papel de estraza sobre la báscula y farfulló, como por venganza: “y esto os lo cortáis vosotros con unas tijeras en casa” (se ha de decir que habíamos acordado previamente que ella nos lo haría en los pedazos del tamaño y peso aproximado que habíamos acordado antes).

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4.

Y ahora podrían objetarme Vds. que el caso relatado se trata apenas de una señora en particular (con un manifiesto mal genio) y su singularidad no permite que sea  extrapolable a otros casos, ni generalizable ni tampoco pudiera servirnos de patrón para nuestra tesis de los comportamientos gremiales.

Pues bien, ahora les confiaré yo un pequeño detalle revelador: el establecimiento de la señora pescadera de la que aquí nos acabamos de ocupar tiene todas las paredes llenas de carteles donde, con gran fanfarria, se manifiesta algo así como que “el gobierno sube el iva, pero aquí te lo mantenemos como antes”.

Si esto no es una manifestación meridiana del nuevo rico que se niega a claudicar ante la realidad que baje dios y que lo vea.

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[1] Estrella de Diego. El regreso de la “España profunda” y la ficción documental en The NYT. Blog Sin título. 01-Octubre-2012.

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POST-SCRIPTUM:

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Leo en la última columna de Manuel Jabois, que lleva por título “Acabo de decirle que no” –aquí– lo siguiente:

“la apelación al dinero en cualquier rico, sobre todo cuando es para dar cuenta del sacrificio que hacen al rechazarlo, tiene el sonido de lo falso”.

Pues eso.

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Cartografía Sentimental (CXXX) – Espejismos

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

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El pasado viernes se presentó la exposición “Esto no es una exposición de arte tampoco”, en el recién creado Centro de Arte Contemporáneo de Barcelona sito en la antigua fábrica de Fabra i Coats. La expo, comisariada por David G. Torres,estará abierta hasta el 27 de enero y cuenta con once obras de  Antoni Gagliano, Antonio Ortega, Benjamin Seror, Christian Jankowski, Fabienne Audeoud, Gabriel Pericàs, Joan Morey, Joao Onofre, Laia Estruch, Ryan Rivadeneyra y Tamara Kuselman, además de diversas performances y proyección de documentales.

La exposición huye de la ambición pre-moderna de buscar una conclusión y así no presenta ninguna tesis, sino que se trata de un proyecto prospectivo que da cabida a algunas prácticas artísticas con formatos híbridos y que implican diferentes temporalidades.

El “tampoco” del título es un guiño irónico a Duchamp y su intención guarda aliento parecido con el libro “Salir de la exposición (si es que alguna vez hemos entrado)”, el libro/ensayo de Martí Manen editado por Consonni y del que ya hablamos aquí, el proyecto “Alternativas a la exposición” de Beatriz Herráez del CASM en 2005 y, más explícitamente, con “Esto no es una exposición” de Carles Guerra al Centre Huarte en 2008.

+ info: aquí.

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2.

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El próximo 02 de octubre se lanza a la venta la novela Mr. Penumbra´s 24-hour bookstore (Farrar, Straus and Giroux, 2012) del escritor Robin Sloan. Una novela sobre libros y tecnología, criptografía y conspiraciones.

Para celebrarlo, además de la presentación al uso que se hará el día 04 de siete a nueve de la tarde, en el neoyorkino Centre for fiction, le han permitido a Robin Sloan y a una cohorte de escritores escritores, artistas, un dj y otras variadas y brillantes personalidades (todavía por confirmar), que tomen literalmente el centro y se instalen allí durante 24 horas en las que tratarán de investigar (ese es, al menos, el punto de partida) los -posibles- puntos de intersección que se dan (o darían) entre los libros, los mass media y la tecnología.

Lo interesante del asunto es que todo lo que vaya resultando de la charla y contactos varios entre estos tipos encerrados en el Center for fiction se radiará on-line y ello hasta la presentación formal del libro, que será, como ya hemos dicho, el 04 de octubre a las siete pm.

Así, el evento comenzará el día 03 de octubre a las 9 pm y durará hasta las nueve pm del 04 de octubre (y quede claro que hablamos siempre de la hora de NY).

Un listado más o menos completo de los invitados se puede consultar aquí.

Por si no saben quién es Robin Sloan, decirles que Mr. Penumbra´s 24-hour bookstore es su primera novela y que ha sido seleccionada por el programa de Barnes & Noble Discover Great New Writers y la Indie Next List. Newsweek la ha considerado entre los 15 libros que hay que leer este otoño.

+ info sobre Sloan, en su página web: aquí.

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3.

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Y yo que pensaba que las webseries habían sido flor de un día y que estaban de capa caída por no haber encontrado una financiación razonable sostenida en el tiempo, me entero (con un poco de retraso, eso sí, pues cerró sus inscripciones el pasado 17 de septiembre) del Concurso Internacional de Guiones de Webseries y Webnovelas organizado por el Festival y Mercado de TV-Ficción Internacional (Argentina), en colaboración con el Master Internacional de Escritura para Televisión y Cine de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Según se indica en la nota de prensa:

“Dicho concurso tiene como objetivo incentivar y premiar la creatividad de los autores de nuevas narrativas propiciadas por el medio digital e Internet, otorgándole al guión seleccionado la posibilidad de que una importante productora iberoamericana lo desarrolle. “

Los premios consisten en un contrato para su desarrollo con una productora latinoamericana o española, en el caso del ganador, y 2.500 dólares para el segundo seleccionado. Poquita cosa, en mi opinión.

En fin, si quieren saber más: aquí.

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4.

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Aquí en La soledad del deseo, como buenos valencianos, somos muy aficionados a lo que yo llamaría las piromanías.

Así que no podemos no dejar constancia de la exposición de la artista Päivi Koskinen en la galería H20 y que lleva por título Burning Them. Por ello, participamos plenamente de ese conjunto de personales hogueras de San Juan que la artista finlandesa presenta estos días (y hasta el 19 de octubre) y que retratan a una serie de personajes quemando objetos significativos para ellos, objetos que les atan al pasado y no les permiten seguir con sus vidas.

Una invitación para dejar atrás los recuerdos.

+ info: aquí & aquí.

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5.

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El anuncio es de 1913.

Y sí, es un espejismo total, pues las máquinas actuales que hoy llamamos ordenadores dudo que pudiesen traer consigo de manera tan llamativa tal concluyente aseveración.

Sacado de aquí.

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BOLA EXTRA:

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Imñagenes como la que sigue (el cuadro “Willie Gillis in college”, de Norman Rockwell, pintado en 1946) son, por desgracia hoy, en este mundo hipermoderno de velocidades vertiginosas, puros espejismos.

Disfrutemos pues durante unos segundos de tal perdida placidez.

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Escribir para ganar una nueva inocencia

Teresita Fernández – “Night Writing” (Installation View)

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1.

Pienso en el grupo de obras de la artista cubana afincada en New York, Teresita Fernandez, y que llevan por título Night Writing.

Para Fernández, la idea es la de crear una serie de poemas visuales, escritos con imágenes, renunciando a insertar partes textuales (comprensibles de un vistazo). Así, habría en ellos una escritura de la noche, del paisaje nocturno.

El lenguaje de la obra así, se manifiesta en la tensión de lo íntimo y lo cósmico, del concepto y de la percepción.

El paisaje nocturno visto como el lugar ancestral en el que los hombres miraban (¿miran?) para adivinar cosas, para adivinarse también a sí mismos.

Algunas de las obras de Fernández traen escritas en Braille determinados pasajes de la literatura clásica (como una suerte de escritura en código, y secreta, hasta cierto punto).

Así, Fernández busca en sus obras ese contacto primordial con la naturaleza al que el arte contemporáneo parece resistirse.

Y es importante que tal indagación, tal intento de re-contactar con la reverberación del hombre en la naturaleza, provenga de una artista conceptual como ella misma, que entiende la obra como investigación, reflexión, pensamiento y reflejo.

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2.

El poeta chileno Felipe Cussen acaba de publicar la miscelánea Opinología (Cumshot, 2012) y que puede descargarse libremente aquí.

Dice en algún momento Cussen (al hilo de Neruda):

“Quizás sería más honesto reconocer que el interés genuino por la poesía suele ser escaso, lo que, a fin de cuentas, tampoco es tan terrible: no puede imponerse el gusto por la poesía, pues nadie ha obligado a los poetas que escriban.”

Quiere decirse con ello que es este un libro de poesía, pero no de poetas. O acaso de la relación del poeta (de Cussen) con la poesía y la pelea por aclararse a sí mismo cuál es el rol que tal relación debería ocupar en la naturaleza del mundo que le circunda y aprisiona (Chile). Pero también de muchas otras cosas, de fútbol, de televisión o de la academia.

El libro es así una recopilación de cartas al director, reseñas, columnas, ensayos y entrevistas publicadas entre 2004 y 2012 en diarios, revistas y sitios web.
Es decir, una escritura pública, pero que, reunida en este volumen adquiere el estatus de poética y, al tiempo, se agencia un tono misteriosamente íntimo, nocturno, confidencial.

No en vano, en su poema “arte poética” escribe Cussen:

“Para mí la poesía es como escribir un diario íntimo.”

Y es por esta razón que los textos, en su claridad expositiva, tienen algo de suicidas.

Me gusta mucho el libro (un libro no nacido sino re-compuesto, por decirlo así), pues se conforma como una suerte de imprevisto dietario; salvaje, envilecido, forzoso, que coquetea también con la estética y la práctica experimental del fanzine.

Habla de la crítica:

“salvo honrosas excepciones, nuestros críticos suman al desinterés la ignorancia de creer que un poema visual no es más que una serie de letras bonitas o dibujitos”

Pero también de la falta de investigación de los escritores:

“mientras muchos pregonan la pérdida de valor social de los libros y critican la escasa capacidad de comunicación del lenguaje, son pocos quienes asumen, más allá de las quejas, la potencialidad que aún esconden las palabras”.

O acaso de la poesía experimental:

“Pareciera que el rótulo de “poesía experimental” fuera un sello de calidad incuestionable, lo que promueve la autoindulgencia e impide reflexionar sobre condiciones básicas para cualquier receptor que no sea otro poeta experimental”.

E incluso sobre los editores independientes:

3 creencias de las editores independientes
1. Creen que no es necesario acusar recibo a los autores que envían sus manuscritos.
2. Creen que una impresión de mala calidad los hace independientes.
3. Creen que demorarse mucho en publicar los libros comprometidos los hace más independientes.

Me ha hecho mucha gracia que en su texto “Carta abierta a los periodistas culturales de Chile” diga lo siguiente:

“No crean que Ignacio Echevarría es el único crítico español que vale la pena.”

Quizá al lector no chileno le resulten ajenas las referencias a la farándula, a ciertos programas televisivos y las menciones de algunos personajes locales, pero, con todo, merece la pena leer el heterogéneo conjunto.

Del mismo saldrá el lector rejuvenecido, se lo aseguro.

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*Nota, el título del post proviene de una frase de Felipe Cussen, de su artículo “Una nueva inocencia”, incluído en Opinología (Cumshot, 2012) [pp 13-15]

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