A veces cuesta pensar

A veces cuesta pensar.

Aunque, sin embargo me parece que no es eso, exactamente. Habría que reformularlo de otro modo.

Así: a veces cuesta hallar algo lícito que valga la pena ser pensado.

Y esto tiene que ver con unos versos de Eloy Sánchez Rosillo que dicen: “Une entre sí la luz todas las cosas / con un hilo de oro. / Y a mí mismo me incluye; / me toma alegremente cada día / y me hilvana con ellas”. [1]

Pues eso es, que sucede que venimos hilvanados con el mundo, atados a su prodigalidad y no podemos desenredarnos de sus razones y ver si nos interesan. Dicho de otra manera, sucede que estamos de común rodeados por algo que nos parece un hilo de oro, pero que tanto puede ser la estela de un cometa como la hoja afilada de un sable.

Y bajo esta presión es difícil saber si lo que pensamos (el contenido mismo del pensar) merece o no nuestra atención, reflexión y desvelos.

Mi sospecha es que cuando, a veces, nos cuesta tanto pensar es porque probablemente deberíamos girarnos y mirar hacia otro lado; huir de este latrocinio que es estar pensando las cosas que otros quieren que pensemos.

Y o bien no pensar o pensar en nada.

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[1] “Hilo de oro”, Eloy Sánchez Rosillo, publicado aquí.

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