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Cartografía Sentimental (XXXVI)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

1.

El comentario Espejos Rotos del filósofo Fernando Broncano en su blog El Laberinto de la identidadaquí– al respecto de la narrativa especular (ya presente en el corpus cervantino) y que eso a lo que se ha venido en llamar postmodernismo vino a cargarse.

Dice así:

“La posmodernidad fue una ilusión de los mercados editoriales. Toda su propuesta fue romper los espejos, multiplicar las imágenes.”

2.

La excelente nota de Cristina Siscar sobre Mario Levrero para Página 12 donde habla de su escritura, de su proceder creativo y de cómo se desarrollaban los talleres de literatura que Mario dictaba en su casa y donde Cristina nos explica cómo:

“Su visión [la de Levrero] capta en la minucia la locura de lo cotidiano.” [1]

Esta cotidianidad misma que había en La novela Luminosa y de cuyos días de gestación (y últimos de la vida del escritor) fue testigo Cristina Siscar.

[1] Cristina Siscar. El Pozo y el Péndulo. Página 12/Radar. 19-09-2010.

 

3.

El optimismo de Marc Fumaroli al respecto del advenimiento de la literatura y su negativa a llamarme arte al arte contemporáneo, cuando dice que:

“La literatura, cuando vuelva, será la literatura de lo grotesco, porque hacer reír ya es curar. Hacen falta dos o tres Rabelais.

“No hay derecho a utilizar la palabra arte para lo que se llama el arte contemporáneo, no lo llamemos así; habrá que inventar otra palabra, tal vez entertainment para millonarios” [1]

[1] Marc Fumaroli en entrevista con J.M. Martí Font. No llamemos arte al arte contemporáneo. El País. 28-09-2010.

4.

La sutil y hermosa nueva secuencia de anotaciones [Crepuscularesaquí-] del poeta José Ángel Cilleruelo donde habla de los autores leídos y de los no leídos y en la que dice esperanzadoramente que:

“La memoria guarda lugar, siempre, para autores que nadie ha leído”

*Actualización (04-Octubre-2010) // Segunda entrega de Crepusculares: aquí.

*Actualización (08-Octubre-2010) // Tercera entrega de Crespusculares: aquí.

*Actualización (12-Octubre-2010) // Cuarta entrega de Crepusculares: aquí.

*Actualización (16-Octubre-2010) // Quinta entrega de Crepusculares: aquí.

*Actualización (20-Ocubre.2010) // Sexta entrega de Crepusculares: aquí.

*Actualización (24-Octubre-2020) // Séptima entrega de Crepusculares: aquí.

5.

Los siguientes versos del poeta norteamericano Michel Gizzi y que desgraciadamente son demasiado ciertos en esta sociedad nuestra contemporánea, donde nadie es capaz de asumir sus propias responsabilidades.

In memoriam.

“True or false: Infantilism is a kind of anorexia of the soul symptomatic of the grownup
desire for a second childhood” [1]

[1] Michael Gizzi. Hours dismembered. El poema se puede leer completo aquí.

– – – – – – – – –

BOLA EXTRA:

 

El periódico chileno La Nación anunció hoy que la editorial Anagrama (como era de prever) publicará en Enero de 2011 una nueva novela inédita de Roberto Bolaño en la que éste trabajo durante los 90 (cuya existencia se anunció en octubre de 2009) y que llevará por título Los sinsabores del verdadero policía.

En ella:

Amalfitano y Archimboldi (los personajes de 2666) vuelven a verse las caras” [1]

[1] Javier García. Los sinsabores inéditos de Bolaño. La Nación. 03-10-2010.

*Visto en La Vida Retirada aquí-.


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3 cosas que hice el viernes pasado (y que nunca había hecho antes)

<<<1. >>>

Visitar la tumba de Antonio Machado en Colliure.

<<<2.>>>

Leer apaciblemente La Quinzaine littéraire al lado del mar.

<<<3.>>>

Visitar la casa de Roberto Bolaño en Blanes (Carrer Ample, 9)

>>>Bola extra:

Fíjense qué tienda hay dos números más allá de la casa de Blanes en la que Roberto Bolaño pasó sus años últimos, ¿casualidad?, ¿ironía?, ¿pista para que sepan detectarla detectives románticos?

Juzguen Vds. mismos:



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Los premios literarios de provincias

Hace pocos meses me presenté a un concurso de relatos.

Un concurso menor, de poco dinero, pero el cual me hacía mucha ilusión ganar. No alabaré las virtudes de mi texto, pues no soy quien para hacerlo (y resultaría feo, además), pero sí les diré el título del relato ganador de dicho concurso menor.

Es el siguiente: “El valor de la amistad”.

Anoche volví a leer el relato “Sensini”, del libro Llamadas telefónicas, en el que Roberto Bolaño habla también de su ritual salvaje de búsqueda de premios menores, la suya y la del famoso escritor Antonio di Benedetto.

La mujer de éste último los llamaba “los pistoleros o los cazarrecompensas”. Y, tal vez, la definición no sea tan desacertada, en tanto que quien gana estos concursos no es la literatura, sino más bien la rudeza descarnada.

A veces, eso sí, surge el milagro, pues el relato “Sensini” de Bolaño, de hecho, ganó el prestigioso premio de narración de la ciudad de San Sebastián (auspiciado por la Fundación Kutxa).

Se podría mirar este hecho igualmente de otra manera: el relato de Bolaño no deja de ser un metarrelato sobre la lógica de los concursos menores (aunque el de San Sebastián, dicho sea de paso, no es de éstos, sino “de los grandes”) y eso, a aquellos que forman parte de ese pequeño mundo de los concursos de relatos, por saberse reflejados, quizá les agrade, o acaso agradezcan que los escritores que se presentan a estos concursos reflejen ese mundo sórdido y misterioso de los concursos de provincias.

De todos modos es un relato tierno, “Sensini”, triste también, que habla de una amistad que surge de las extrañas circunstancias en las que tiene que sobrevivir el escritor novel. Así que, por ello, excede la anécdota de la vida de los “cazarrecompensas” de los premios de provincias, y se convierte, por derecho propio, en un relato digno de ser antologizado.

La diferencia, pues, es de categoría: un pasquín (u hoja parroquial “literaturizada”) que lucha contra una obra literaria.

Bolaño habla en este relato de una amistad profunda (aunque epistolar) pero utilizando un argumento diferente al de la propia amistad: los concursos de provincias.

Así, Bolaño (a pesar de utilizar un registro sencillo) trabaja hábilmente con el subtexto, con diferentes niveles del lenguaje. Utiliza la pragmática del lenguaje. Lo cual es contrario a la moralina o la fábula en la que se transmiten unos valores y que, por definición, no tiene virtud literaria sino  que es simplemente una propagandística de unos determinados valores universalmente aceptados: la amistad es buena, es importante, es noble y es sincera. Lo cual puede ser verdad o puede ser mentira, pero en cualquier caso no es literario sino un ideario programático de las buenas costumbres.

Para evitar esta confusión en los concursos de provincias yo propondría que se les cambiase el nombre, en contra de llamarles Concurso de relato, o Concurso de Narración, los podrían llamar sencillamente Concurso Ilustrado de Valores, con mención especial en cada edición a tal o cual valor (la amistad, el amor, el cariño, la verdad, la honradez, etc).

Así, entre otras cosas, el escritor novel ahorraría mucho dinero en fotocopias y portes de correos.

Y en tiempo, en angustia, y en desesperación e impotencia.

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Cartografía sentimental (IX)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido seguir vivo en el día de hoy:

1.

Esta dolorosa frase traumática (y verdadera) de Alexandre Diego Gary:

“Lo que tú quieres es escribir, escribir cueste lo que cueste, es la misma historia de siempre, para ello estás dispuesto a pisotear cadáveres si es necesario” [1]

[1] Alexandre Diego Gary. S. o la esperanza de vida. Ed. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Traducción de Ignacio Vidal-Folch. Barcelona. 2010. [pág 30]

2.


El documental para la serie Imprescindibles del Canal Cultural de RTVE 

Roberto Bolaño: El último maldito (se puede ver aquí)

3.

El encuentro furtivo con el Autorretrato de 1920 del mediterranista uruguayo Joaquín Torres García

+ info: Fundación Francisco Godía (aquí)

4.

La siguiente aseveración (o manifiesto estético/moral) de Salvador Dalí en favor de un nuevo resurgir (neo)clasicista:

“la espontaneidad de la “sistematización” […] puede producirse y de hecho se produce “espontáneamente”; […] [y]  habría dejado de aspirar a la objetividad inencontrable” [1]

[1] Salvador Dalí. Los cornudos del viejo arte moderno. Traducción de Carmen Artal. Tusquets Editores. Barcelona. 2000.  [pág 110] (se puede leer aquí)

5.

La canción Take my love with you del retro-soulman eléctrico Eli “Paperboy” Reed



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Escritor en Allak – Acciones poéticas

Sucede que  hace varias semanas me arrinconaron dos policías secretos en la calle Tallers. “¿Eres español?” (apunte: mucha gente cree que soy italiano). “¿Tu nombre? DNI”, etc. Yo estaba fascinado por la placa que me acababan de enseñar, pensando que era falsa y que, en realidad, eran poetas; escritores, en cualquier caso, o mejor (y lo que más me convenía en ese momento), protagonistas para mi videoblog.

Se me quedaron mirando con extrañeza, diciendo: “es por tu jersey cantón” –sí, así lo dijeron-: cantón (yo llevaba un jersey de color rosa). “Nos han informado de que alguien con un jersey así venía cruzando desde Las Ramblas”. Y añadieron: “¿Tú vienes de Las Ramblas?”

A lo que respondí que sí, que venía de la Catedral, de grabar unas tomas para el videoblog (Er)Rancias (esto último no se lo dije, llevaba la cámara en la bolsa; pensé que ellos podrían deducir que la habría robado).

Me miraban atónitos, sin comprender cómo les había fallado su intuición de policías secretos. Yo, por mi parte, estaba fascinado con sus placas (que yo seguía juzgando falsas). Por un instante fantaseé con que descubrieran la cámara y yo me viera obligado a enseñarles todas las tomas que había grabado para mi videoblog (y de las que me sentía orgullosísimo).

Y aún fantaseé más, e iba a realizar mi sueño: grabarlos con mi cámara, como protagonistas del videoblog, pero no me dieron tiempo y, al poco, me dejaron marchar y se fueron a la búsqueda de su delincuente de jersey cantón.

Todo esto sucedió antes (dos semanas, al menos) de que leyese Consejos de un discipulo de Morrison a un fánatico de Joyce (Ed. Acantilado, 2008), escrita a cuatro manos por Roberto Bolaño y A.G Porta en 1984.

Apenas 170 páginas de las que Porta, en el actual prólogo (más de 20 años después), dice que les obsequiaron con “buenos momentos de amistad y de escritura compartida”.

El protagonista es claramente un alter ego bolañiano. Se llama Ángel Ros y es el primero de los poetas criminales, hastiados de fatal entusiasmo; sin más obra que su propia vida (igual que el chileno por aquella época). Arrastrado a la delincuencia por amor, a una loca latinoamericana, por más señas.

Porta se acuerda del profesionalismo con el que Bolaño se tomó esta obra primeriza. Y ello se nota, no tanto por el esfuerzo en la experimentación (dialógica, estructural, narrativo/dramática), sino en la urgencia por demostrar soltura en todas las triquiñuelas que ofrece el trámite de la fábula.

Una crónica ésta (Consejos…) de la impunidad del escritor, que demostraría diez años después (Bolaño, no Ángel Ros) cómo se puede convertir uno en clásico en vida y, encima salir indemne, es decir, muerto oportunamente. Y una demostración, también, de cómo la narrativa (aunque nos pase inadvertida) siempre tiene la (pre)cuela en la vida. Así los policías secretos que quisieron detenerme dos semanas atrás y me dieron un argumento para leer, al fin, esta obra primera de Bolaño.

No negaré que la novela gana muchísimo conociendo la obra posterior del chileno, pero Consejos…, per se, es una encantadora obra extraña, aperturista.

Y me interesa todavía más esta fascinación de Bolaño por el hombre malrauxiano, de acción, a raíz de una película que vi hace solo unos días: 2012.

Podría parecer el típico bodrio de Hollywood y, de hecho, lo es. Solo que… verán, el argumento es sencillo: el Apocalipsis. El fin de los tiempos se dispara en la falla de San Andrés (California) y de ahí se desboca por todo el globo, dando lugar a la inversión de los polos, la invasión terrestre de los mares y al cambio de latitudes y consecuente surgimiento de orografía donde antes había solo la planicie de las aguas y viceversa.

La trama va de la construcción de unas arcas donde será resguardada la parte significativa de la población. A saber: políticos y millonarios. Pero un escritor, un así llamado un escritor fracasado (cuyo único libro publicado siquiera llegó a vender 500 ejemplares), se empecina en colarse en una de esas arcas y es éste quien, al final, logra cerrar (con la ayuda de su hijo pequeño) la compuerta que sellará hermética el arca, y así se salvan –in extremis, según se hace en Hollywood- los miles de humanos cobijados en el arca (fundamentales para la sustentación de una raza mejor: políticos y millonarios, ya se ha dicho).

El escritor, no podía ser de otra forma, lo interpreta el patán de John Cusack. Y también se salva, of course.

La moraleja es clara: el arte es importante y, si no queda más remedio, el artista debe recurrir a la acción para hacerse valer.

La película es una fábula inverosímil plagada de exageraciones y quíntuples saltos mortales del argumento y, por esto, ha de leerse en el sentido de una parábola moral, diría que casi al estilo volteriano.

Y en esto pensaba hoy, que esto escribo, y es domingo, cuando me he levantado de un salto. Juro que se han escuchado cuatro disparos.

Limpios, secos, rítmicos, uno detrás de otro: pum, pum, pum, pum.

Son como las tres y cuarto de la tarde. Ahora todo está en silencio. Me asomo al balcón y nada, no oigo nada, sólo diviso a una pareja, en otro balcón, mirando a la calle.

Así que fumo, pero el corazón me palpita. Y pienso –sin remediarlo-: Ángel Ros.

Al cabo de los minutos las estridencias de la ambulancia me alertan, y la policía llega sinuosa a las calles aledañas.

De nuevo en el balcón, me asomo: ahora sí hay un verdadero despliegue.

Me visto a trompicones y bajo a inspeccionar.

Tan pronto la hoja de la puerta se abre a la vida de la calle un cordón de bomberos se acoquina primero por mi presencia (la confusión, supongo), y a los pocos segundos se me abalanzan y comienzan a preguntarme dónde vivo, qué hago, dónde voy, etc

El caso es que me obligan a dar la vuelta, y así lo hago, yéndome a las otras dos esquinas para tratar de averiguar algo, pero todo el mundo me responde: “no es pertinente decir nada ahora”.

Veo un coche gris bloqueado entre un camión de bomberos y un coche de policía. Y sigo pensando: Ángel Ros.

Subo de nuevo a casa, confiando en que los noticiarios me dirán la verdad, y busco afanosamente en Internet, en la televisión, en la radio. Fumo, doy vueltas, me pongo un cinturón de hebilla gruesa. Me cambio los zapatos. Nada: películas en tv, los diarios web sin actualizar y los prolegómenos del fútbol en la radio.

Al cabo de no más de veinte minutos me asomo al balcón de nuevo y ya no hay nadie en la calle. Bajo. Nada. Sigue el coche gris en medio de la calle, pero ya liberado del coche de bomberos y del de la policía local.

Inspecciono portales, me detengo fumando en las esquinas, tratando de interpretar sonidos, mínimos clicks de gatillos de pistolas con silenciador, el más breve susurro delator. Sigo pensando en Ángel Ros. Y en Bolaño.

Pero nada, sólo el refunfuño dominguero de las hojas de los árboles.

Me he pasado el resto de la semana trajinando los periódicos catalanes y los noticiarios locales de tv, y nadie ha dicho absolutamente nada (¡nada!) sobre el particular.

Consejos… termina con estas palabras: “mientras escribo esto aún estoy temblando”. Y así sigo yo hoy, ya viernes, igual que un salvaje poeta al que le esquilmaron la verdad profunda de su historia. Sin llegar a cerciorarme de si fue Ángel Ros quien hubo de entrar a esa casa del barrio del Raval muy cercana a la mía, pistola en alto, recitando algún verso infrarrealista (sin saberlo aún), y haber disparado cuatro tiros: pum, pum, pum, pum.

Cuatro tiros que, al parecer, solamente habría de escuchar yo.

Y lo cierto es que siguen resonando histéricos en mi cabeza, del mismo modo en el que operan rabiosas las buenas novelas desesperadas,  como Consejos de un discípulo…, por ejemplo.

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Harold & Blúm. Cap 10 [Grand Finale!!!]

Créditos:

Poema: Resurrección

Poeta: Roberto Bolaño

Libro: Los perros románticos. Ed. Acantilado. Barcelona. 2000.

>>>CONTENIDO EXTRA

>>>>>Aquí pueden leer una edición digital (pirata) del libro Los perros románticos que El Acantilado publicó en 2000.

>>>>>El documental de Erik Haasnoot

que acompañó al libro “Bolaño Salvaje” que hubo de publicar Candaya y que llevaba por título “Bolaño Cercano”.

1ª  parte 2ª parte 3ª parte 4ª parte 5ª parte 6ª parte

>>>>Entrevista de Christián Warnken, en el programa de la televisión chilena “La bellezade pensar”

1ª parte 2ª parte 3ª parte 4ª parte 5ª parte 6ª parte

>>>>  Entrevista en el programa chileno “Off the record” (Aquí)

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Lo importante es ganar

1.

Queda l´angoixa com una presència [1]

Se suele argüir esto: que la literatura es buena o mala. Y uno queda como dios, tras el golpazo del puño airado contra la superficie de la mesa.

Pero decir esto, a pesar de su apariencia elocuente, no significa decir nada.

Nada de nada.

La literatura es un continuo y eso les concierne además a los historiadores, a los académicos y, tal vez, a los profesores de instituto; al lector lo que le importa es que un libro sea una bomba.

Y no hablo de unos dolores musculares o la simple belleza de una prosa menguante o de asombro que produce un regusto chispeante en las córneas. No.

Hablo de que un libro debe dejarte absolutamente sin respiración.

Un libro, un buen libro, o te revuelve las tripas, o no vale para nada.

Y esto independientemente de que te guste más o menos su estilo o de que los temas tratados te sean afines, de interés o su irrelevancia para tu conveniencia en la vida sea mayúscula.

Lo que habría de decirse sería:

sí, es cierto, hay dos tipos de literatura, hay una literatura menor que es destacada, puede que incluso deslumbrante, bien escrita, de prosa limpia y quizá hasta agradable, bella, o incluso onerosa, pero nada preocupante para el individuo, que pasa sobre ella como el coche viaja saleroso por las autopistas o con el fastidio de la mecanicidad del trabajo, pero pasa sobre ella y ya está. Sin más.

Y luego hay otra, otro tipo de literatura, y más que de literatura, ya lo dije, habría que hablar de libros, libros que son significativos, unos libros que forzosamente han de suceder, libros que aprisionan al individuo con su discurso y que, con ello, producen el efecto de liberarlo de sus cargas.

Libros que no pueden negarse racionalmente. Y esto no porque sean verdad sino porque evidencian lo que hasta sólo unas horas antes  de leerlos apenas eran intuiciones.

Son libros (estos del segundo caso) cuyo juicio estético resulta irrelevante, porque su contenido es irreprochable.

“Lo importante es perder” pertenece al segundo grupo.

2.

Como quien hurga en un brasero apagado

Como quien remueve los carbones y recuerda [2]

Tengo en alta estima a las cosas que se alían solas para suceder conjuntamente. Es decir, la sorpresa que nos traen los movimientos de ajedrez mental que son las lecturas, la escritura y el propio vivir.

Claro que todo esto sucede siempre sin nuestra colaboración. Pero sucede. Hablo de Carlota, la novela que corrijo estos días. Un personaje trata de recuperar la infancia, con veinte años de retraso. Algo parecido le sucede a Carlos Mestres Ruiz, el protagonista de “Lo importante es perder”.

En ambos casos, el motor de la búsqueda es el secreto, en vertientes dispares y con matices bien diferenciados, los personajes de ambas novelas buscan su personalidad secreta: su autenticidad.

Estaba totalmente claro que yo leería esta novela de Manuel Pérez Subirana justo ahora, nunca antes, justo después de finalizada la novela “Carlota (o El Beso)”. Incluso, además, ahora se me hace totalmente evidente que el orden de lectura de las novelas de Manuel debe ser primero “Egipto” y después “Lo importante es perder”. Una ilumina a la otra, pero en sentido inverso.

No como lo previó Manuel sino al contrario.

Es curioso cómo los libros tiene su propio dictamen a este respecto.

Da que pensar esto…, sobre la supuesta libertad del escritor, quiero decir.

3.

Carlos Mestres Ruiz es el protagonista de “Lo importante es perder” (cuyo nombre no nos es revelado hasta la pág 155).

Carlos

(aunque mejor sería decir el personaje “sin nombre”, pues su nombre, producto de lo social, el mundo de los padres, el pasado, también el mundo relacionado con su ex-novia y su bufete, es completamente irrelevante)

busca su infancia, en un momento determinado;

se da cuenta entonces no de que sea irrecuperable sino de que carece de sustancia aplicable al presente. Porque todo lo idealizado está en otra parte.

Tal vez en madurar.

En “Egipto” se dice que la madurez es fruto de la traición.

Sobre “Lo importante…” yo diría que justamente el deshacerse de los ropajes que nos han traicionado es la madurez. O sea, quitarnos las convenciones, la mugre del discurso acusador del “hombre bueno”.

Y esto porque es una idea falaz, la del “hombre bueno”, porque el hombre bueno no es el que hace el bien, ni siquiera el que no hace el mal. El hombre bueno es aquel que respeta los deseos del otro siempre que eso implique la seguridad de poder hacer uso de la elección personal. Un hombre libre, diríamos.

En el fondo, esta idea es la idea clásica de la autorrealización, con una diferencia, donde en “El inmoralista” de Gide -por poner un ejemplo más o menos reciente- se habla del hombre auténtico como el que trata de romper las convenciones, de “épater la bourgeois”, Pérez Subirana no ve otra opción que desestimar lo que se ha vuelto norma silenciosa.

El hombre ahora, como punto de partida tiene el fracaso, y su mera constatación sólo puede darse con la valentía. Lo que aprende Carlos Mestres es que no hay remedio, que se trata de “funeralizar” el presente. Y aceptar que lo demás son sólo ficciones.

El abogado Carlos Mestres, que renuncia al ejercicio de su profesión, a recuperar a su novia y a discurrir efímeramente por la vida, en su proceso de pérdida, gana al escritor Carlos que es quien magistralmente nos cuenta su propia historia.

Literaturizar no significa aquí convertir en ficciones una historia personal, embellecerla pues, literaturizar es olvidarse de la utopía del yo y aceptar el devenir mismo de las circunstancias, la naturaleza de la vida. Y esto con la mano firme sobre el provenir. No mediatizándolo, sino exigiéndole que suceda, que nos suceda, pero con nuestro consentimiento.

Eso es lo que aprende Carlos, el consentimiento. Porque cuando la catástrofe es consentida, no es catástrofe ya, sino decisión acertada. No fruto de la meditación, sino fruto del impulso de saberse vivo.

En el fondo, “Lo importante…” no es una novela de pérdidas sino de ganancias. Se acepta que todo son promesas que, como el amor “nunca llega(n) a cumplirse del todo” [3].

Y que, por ello, no debemos engañarnos, sino felicitarnos por seguir en el camino incierto que es nuestra existencia. Dejar hueco para la sorpresa y el rumor incesante de lo desconocido.

En suma, ser creativos.

En esta novela, la literatura le gana a la vida, pero en su propio terreno.

La escritura como esencia del porvenir.

4.

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas
[4]

Contra la lectura general de que la novela de Subirana se hace como elogio de la renuncia, y a pesar de ser cierto que “hace gala de esa atracción que sienten los perdedores por el escenario de sus derrotas” [5],

su protagonista, el ya escritor Carlos Mestres Ruiz, no se regocija con su vida pasada, sino que la “funeraliza”, y esto porque se sabe condenado a la tristeza de un tránsito incomprensible,

a esa “extrañeza de aquellos dos mundos contradictorios, en ninguno de los cuales, me decía, encontraría ya amparo ni reposo” [6]

Y no, claro que no, no se puede encontrar amparo, porque no lo hay.

Contra la idealización de la filosofía existencialista (que tiene como punto de partida la irrealización perenne del individuo), incluso contra la novela de tesis (que valida un criterio) y la novela psicológica (que concede la mayor credibilidad a la psique del individuo) y ello a pesar de que la novela participa de las tres cosas,

se podría decir que “Lo importante…” es una novela panteista, siendo la ciudad el equivalente de dios y el hombre siendo todos los hombres y, a la vez, ninguno.

5.

En un momento de la novela se dice que

“nadie encuentra su lugar si no hace nada” [7],

Subirana pervierte hábilmente esta máxima de la bonhomia post-burguesa, afirmando que sí hay sitio, que hay sitio para todos, sobre todo para el hombre libre, el hombre auténtico, aquel que se viste con solo los ropajes de su honradez.

“Toda defunción exige ciertas formalidades, incluso cuando se trata de la defunción de una forma de vida [8],

dice Carlos Mestres.

“Lo importante es perder” es la celebración solemne de esa defunción y, al mismo tiempo, el festejo del alumbramiento de un escritor, de su final venida al mundo.

En ella la orquesta toca exactas las palabras y armoniosas, rítmicas y felices las frases se desparraman punzantes y eléctricas por 200 páginas de un deleite espectacular, con sus ritmos de gin-tonic y jazz;

sorpresas dulces que hablan de lo que es la mejor literatura contemporánea en castellano.

Y de lejos.

Con “Lo importante…” se abre esa mal llamada trilogía de la renuncia de Manuel Pérez Subirana,

cuya culminación y tercera entrega esperamos venga pronto.

La necesitamos.

IMG00508

[1] Joan Margarit. “Fragilitat”, de Misteriosament feliç. Edicions Proa. Barcelona. 2008.

[2] Roberto Bolaño. “Ni crudo ni cocido”, de Los perros románticos. Ed. El Acantilado. Barcelona. 2006.

[3] & [5] & [6] & [7] & [8] Manuel Pérez Subirana. Lo importante es perder. Ed. Anagrama. Barcelona. 2003. [págs 107, 196, 100, 98 & 194]

[4] Federico García Lorca. “Romance sonámbulo”, de Romancero Gitano (1924-1927). Clásicos Taurus. Ed. Santillana. Madrid. 1993. (Ed. de Derek Harris).

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