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Encuentros imprevistos

 

1.

Hablábamos ayer de Rilke, y de sus elegías.

Y merece la pena que cuente de qué modo me encontré por vez primera con Rilke.
Creo que no tendría más de doce o trece años y que mis padres nos llevaban a mí ya  mis hermanos con ellos cada sábado a realizar la compra semanal en un megasupermercado (Un Carrefour). Yo siempre me desligaba del trajinar maquinal de los pasillos y me escapaba a la zona de libros y discos y casi siempre volvía defraudo, medio deprimido, o directamente enfadado.

Sin embargo, un día, un día cualquiera de ese invierno de mis doce o trece años, dios sabe de dónde el Carrefour había sacado a la venta un buen montón de libros medio de saldo, libros que seguramente anidaban en el polvo y el olvido y que algún directivo despistado habría comprado sin saber bien qué es lo que compraba.

Entre esos libros, aturdido, estaba Cartas desde Ronda, de Rilke.

Y lo compré (por un precio realmente irrisorio).

*

2.

Los viejos del lugar ya sabrán mi fascinación por el poeta provenzal Frederick Mistral y, en especial, por su hermoso libro Mireio.

Pues bien, leyendo estos días Cartas del verano de 1926 (Minúscula, 2012), encuentro que en una de las cartas que Rilke escribe a Marina Tsvietáieva (fechada el 28 de Julio de 1926) lo siguiente:

“(Tú eres una gran estrella.) Recuerdas cuando el joven Tycho Brahe, que entonces no se dedicaba a la astronomía, era estudiante de la Universidad de Leipzig, habiendo venido a pasar vacaciones a la hacienda de su tío… descubrió que (no obstante Leipzig y los estudios de jurisprudencia) conocía tan bien el cielo, tan de memoria (piensa: il savait le ciel par coeur), que bastó una simple mirada de sus ojos más distraídos que concentrados para regalarle una nueva estrella en la constelación de Lira: su primer descubrimiento en el mundo de las estrellas. (Y ¿no es cierto, o quizá me equívoco, que precisamente esa estrella, Alfa, de la constelación Lira, visible de toute la Provence et des terres méditerranéennes es la que ahora está brillando y se llama Mistral? Y quizá, para que nosotros pudiésemos creer firmemente en nuestro tiempo, hacía falta una cosa semejante: ¿un poeta llevado a las estrellas?” [las negritas son mías]

La referencia que hace Rilke, cuando dice que esa estrella que brilla se llama Mistral, es precisamente al poeta provenzal Frederick Mistral, uno de los autores más queridos aquí en La soledad del deseo.

*

3.

Sirva esto para dejar claro que la intrepidez de toda búsqueda se colma en sí misma, en la provisionalidad intermitente de su gesto, y que, en resumen, de nada es garantía. Que las cosas que han de llegar a nuestra orilla, finalmente siempre arriban, del modo más imprevisto e informal; y fructífero.

*

4.

Hay unos versos del poema de Tsvietàieva “Tentativa de habitación”, escrito para Boris Pasternak, que lo dejan bien claro; dicen así:

“No planees, no preveas.

Todo surgirá”.

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*

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ADDENDA:

El próximo septiembre tendrá lugar en Ronda, en el convento de Santo Domingo, la exposición “Un siglo de huéspedes en Ronda. La huella de Rilke”. La misma contará con los fondos pictóricos del Hotel Reina Victoria (donde estuvo alojado Rilke), así como una recreación de la habitación 208 del hotel, que es en la que Rilke estuvo hospedado.
+ info: aquí y aquí.

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En favor de la invención

Escribe el novelista y cuentista norteamericano Richard Ford:

“nunca es posible remontar las conexiones verdaderas hasta su origen, porque sólo existen en esa turbia y silenciosa, aunque fecunda, noche interestelar en la que reinan el impulso, la asociación libre, el instinto y el error” [1].

Se refiere Ford al intento abocado al fracaso de trazar los orígenes de la escritura.

Es cierto que puede que hayan indicios, alguna pista, aproximaciones, pero todo aquello que queda escrito sobre el papel y tiene algún valor, siempre proviene de alguna zona misteriosa, de un punto de equilibrio inestable en el que la tensión de lo que el escritor quiere decir y lo que quiere ser dicho confrontan abiertamente sus razones, llegando a un acuerdo que a ninguno de los dos satisface.

Es esa misma incomprensible razón la que ahora me embarga, (re)leyendo las Elegías del Duino de Rilke y tratando de hallar alguna pista en fotografías y vídeos que encuentro por Internet del castillo de Duino;, sabiendo que mi tarea está abocada al fracaso.

Richard Ford concluye su razonamiento así:

“En mi opinión, no creer en la invención, en nuestros poderes de ficción, sino pensar que todo es rastreable hasta sus orígenes […] es una receta segura para acabar en las borrascas de la decepción y un pequeño pero innecesario reproche a la capacidad salvadora de la humanidad para imaginar lo que podría ser mejor y luego, con sana esperanza, buscarlo” [2].

“Ninguna cosa es ella misma”, sentencia Rilke en la Elegía Cuarta.

Sea, pues.

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[1 & 2] Richard Ford, “¿De dónde viene la escritura?”, incluído en Flores en las grietas, autobiografía y literatura. Ed. Anagrama, Traducción de Marco Aurelio Garmarini. Barcelona. 2012. (pp. 185 & 189)

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Puentes derrumbados

Mauricio Gillén, “Avenida Progreso” (2012)

*

1.

Leo unos versos del poeta Antonio Orihuela que me dejan sin habla, lacónico;

dicen así:

“Bebe aquí el poeta / para hablar / de lo que ya no es / como adivino / al que la nada / permite / que reposando junto a ella / pueda / conservar algo. / Fundar un reino” [1].

Rilke opinaba que, de ningún modo, el intenso trabajo poético le dejaba a uno extenuado y vacío, sino “altamente recompensado”, le escribía en una carta de 1926 a Marina Tsvietáieva.

Sin embargo, creo yo que los puentes quedan igualmente derruidos.

Y esto porque la ligazón con la obra ha quedado demolida (normalmente por la voluntad propia de la mano del escritor, que sirve con sus punzadas para que queden los huecos exactos donde depositar la dinamita).

Dinamita, de esto va todo; de la dinamita.

*

2.

Siempre me ha producido un intempestivo recelo el hecho de que en este país, llegado el verano, quede prácticamente todo paralizado (todo lo que no sea beneficioso para el ocio y encubridor de la vagancia, claro). Si uno pretende realizar la menor gestión ya puede ir olvidándose, si uno necesita que se le realice un trámite con la mayor celeridad, olvídese.

Ni modo.

Llegado el verano (pero también las vacaciones navideñas y el parón por las festividades de la Pascua, y sin olvidarnos de los puentes interminables – si no acueductos) los puentes de la vida regular se rompen y yacen derrumbados, las piedras bajo el agua del río, sirviéndoles a los bañistas holgazanes cual tocón listo para flotar sobre él, impulsarse o darle patadas sin propósito.

*

3.

Y hablando de puentes derrumbados, me quedo estupefacto al leer el artículo “When university press fail”, de Jeffrey R. Di Leo.

El comienzo del mismo no deja lugar a la duda:

“American literature is slowly going out of business” [2]

La base del ensayo es el estado límite en el que muchas editoras universitarias se encuentran en USA. El más grave de ellos es el cierre de la mítica University of Missouri Press (funcionando desde 1955). La Universidad de Missouri ha preferido destinar su dinero al entrenador de fútbol en contra de mantener funcionando la editoral.

El punto aquí importante es el siguiente:

“Most of the monographs produced by scholars have a limited audience — and very few make their publishers any money. However, their publication is still an important aspect of scholarly activity and knowledge dissemination”.

Es decir, hay muchos textos académicos que, de no ser publicados por esas editoras, no llegarían al público interesado. Claro que para ello ha de darse una segunda condición y es que otras universidades de otros países compren esos libros y los pongan a disposición de la comunidad universitaria local.

Los responsables de la Universidad de Missouri dicen que las publicaciones académicas son importantes y que por ello están (re)evaluando y pensado de qué modo reflotar la editorial. Jeffrey R. Di Leo se pleantea si acaso ese paso pudiera ser convertirse en editoriales digitales.

Según un miembro anónimo del comité de la editorial de la Rice University (que hizo ya un intento de tornarse digital y tuvo que cerrar) el problema de las editoriales universitarias es que han puesto el foco en lo comercial; y añade sentencioso:

“there is no commercial viability”.

La conclusión de Di Leo es bien clara también (conclusión que aquí secundamos sin titubeos):

“What does it mean when a university press fails? It means not that its authors are not successful or that its press was not run well. Rather it means that its university has abandoned part of its scholarly mission: namely, supporting the publication of books that are the lifeblood of its faculty — and academia itself.”

Hace unos cuantos días hablamos aquí de un testimonio valiosísimo (las cartas cruzadas por el premio nobel Camilo José Cela y el crítico y profesor de la Universidad de Barcelona, Antoni Vilanova). Si tal libro no se hubiera publicado a través de la PPU (Promociones y Publicaciones Universitarias) no hubiéramos tenido jamás noticia de él. Ninguna editorial comercial lo hubiese publicado.
Y es que hay algo que todavía no se entiende: no todo se mide con la vara del dinero, hay muchos otros modos del capital que no pasan por su conversión inmediata en moneda de curso, bienes intangibles quizá mucho más valiosos que el vil metal.
Es hora de que (re)construyamos esos puentes que la economía ha venido destrozando en los últimos años, unos puentes necesarios que mantienen un flujo recíproco entre la cultura y el ser humano; en otras palabras: el malhadado humanismo.
*
4.

Ed Ruscha, The Los Angeles County Museum on Fire, (1965-68)

Y entre orden de cosas, por si no lo saben hay un lío importante montado con el MOCA (Museum Of Contemporary Art / Los Angeles). Otra vez más se han roto los puentes de la financiación y la liquidez está en números rojos.
La cosa comienza primero con la llegada en 2010 de Jeffrey Deitch desde Nueva York para dirigir la institución (una decisión ampliamente criticada), y más recientemente saltan las alarmas debido a la imprevista renuncia de Paul Schimmel, el comisario jefe de exposiciones. Tras la marcha de Schimmel (después de 22 años en la casa) por desaveniencias con Deitch, el MOCA manda un comunicado y dice que no cubrirá la plaza y que confiará en comisarios freelance. En ese momento ya las sospechas aparecen en los medios, que comienzan a hablar de la -supuesta- incapacidad de Deitch de conseguir fondos (ha de notarse que históricamente el MOCA siempre ha tenido problemas financieros). Pero no acaba ahí la cosa, pues a la semana siguiente de la renuncia de Schimmel, los cuatro miembros del consejo de administración en pleno, formado por los artistas John Baldessari, Catherine Opie, Barbara Kruger y Ed Ruscha, presentan su dimisión. Y para colmo, ahora parece ser que Deitch prepara una vuelta de tuerca populista para el MOCA y ultima los preparativos para una exposición sobre las discotecas y el arte (¿?).

El problema aquí, de nuevo, es el mismo de siempre: Deitch (quien no es historiador del arte ni tiene formación necesaria, en principio, para realizar la tarea del comisariado) ha tomado el rol de comisario jefe y, contra el rigor académico por el que se ha caracterizado siempre la institución, ha optado por megaestrellas para tal función, además de realizar maniobras feas, como el hecho de incluir en sus exhibiciones a artistas de los cuales había sido galerista en el pasado.

En un artículo del New York Times publicado hace unos días en la sección de Critic´s notebook, Roberta Smith hacía el siguiente llamamiento:
“The Los Angeles cultural world cannot turn its back on an institution that has been so central to its stature as one of the world’s greatest art capitals.”
Para dar cuenta de la situación y contextualizar esta tremenda crisis del MOCA, la revista angelina de arte East of Borneo ha publicado un magnífico especial titulado “Museos en crisis” donde reune una serie de ensayos, documentos históricos, entrevistas y editoriales de opinión al respecto de lo que ellos denominan “la controvertida historia de las instituciones culturales y el patrocinio privado en Los Angeles”.
Pueden acceder al archivo aquí.

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[1] Antonio Orihuela, “puentes derrumbados”, del poemario Comiendo Tierra. Biblioteca Babab. 2000 (p. 22) [se puede leer íntegro aquí].

[2]  Jeffrey R. Di Leo. When University Presses Fail. Inside Higuer Ed. 19-Junio.2012.

[3] Roberta Smith, A Los Angeles Museum on Life-Support, New York Times, 22-Julio-2012.

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