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Remolino(s) [en un estanque soñado]

1.

El pasado, al menos aquel pasado que queremos olvidar (o que acaso ya hemos olvidado), suele tener siempre el rostro de un pedigüeño enfermo y el alma de una guitarra desafinada, normalmente acústica, sin amplificación.

Pensaba en esta brava –y quizá algo pueril- metáfora el otro día, mientras en las playas de Barcelona se formaba una tormenta de arena, un pequeño tornado y, al tiempo, a media tarde, nos vimos sorprendidos en el medio de Plaza Catalunya por un severo remolino de aire que se encarnizó con nosotros, los transeúntes, echándonos las hojas sucias de los árboles contra los rostros, provocando el revoloteo pringoso de una tarrina de helado mal abandonada en una papelera y fumigando de vuelta las cáscaras vacías de insectos porta-enfermedades contra nuestros ojos, nuestras bocas y nuestros oídos.

En eso pensaba el otro día, ya digo, cuando al llegar a casa encontré unas líneas que vinieron a poner coto a mi reflexión. Decían así: “porque no siempre quieres saber ciertas cosas debido a que lo que sabes se convierte en algo de tu propiedad, y hay ciertas cosas que tú no quisieras poseer nunca” [1].

El pasado (el pasado malo, el gravoso y el que aparece como una hipoteca imprevista), visto por un autor argentino que vive en España, como el solar de una casa que se derrumba y sobre el que ya han caído probablemente los rastros de la degradación más putrefacta, esa que viene con el olvido vituperante del transcurrir de los años silenciosos, y así: polvo, polillas, polen, polímeros industriales cargados de mala electricidad puede que algo peligrosa y quizá incluso (filo)plancton pútrido, se han cebado ya con él.

2.

Leo el último número de la revista Ínsula, dedicado a Javier Marías.

Incluye éste un texto del propio Javier Marías que presumo inédito. Lleva por título “Para empezar por el principio”. En él dice, “Cada vez que oigo o leo eso [Basado en hechos reales], lejos de sentirme tranquilizado, o atraído, o intrigado; lejos de pensar que no se me van a contar disparates y arbitrariedades, baraturas y caprichos y coincidencias increíbles; lejos de considerar que se ha añadido prestigio o verosimilitud a lo que me dispongo a contemplar o a leer, me invade una sensación de pereza y de aburrimiento previo, de desconfianza y rechazo, de suspicacia y hasta de escepticismo”.

Y más adelante, prosigue: “Soy de los que opinan […] que la única manera de contar algo verdadero es bajo el elegante y pudoroso disfraz de una invención, precisamente porque el que inventa o fabula […] nunca va a plegarse a las groseras  rocambolescas imposiciones de la realidad” [2].

3.

Pues bien, el último libro de José Antonio Moreno Jurado (Sevilla, 1946), Últimas mareas (Vaso Roto, 2012), explora justamente –pero a su modo, claro- los dos niveles de interpretación apuntados en los apartes uno y dos.

4.

Últimas mareas surge como un milagro después de Las elegías del Monte Atos, de 1997, cuya consumación hubo de sugerir a su autor que su pasión por la poesía se le había terminado.

Sin embargo, diez años después, la poesía volvió a brotar, en forma de breves –pero esperanzadoras- mareas, que vinieron de ese mar “que nunca se pregunta”.

5.

El volumen se concibe como un homenaje sincero al poeta griego Odysseas Elytis (cuya obra ha traducido Moreno Jurado). Y así, en los poemas más largos, se utilizan –igual que Elytis- los asteriscos que separan las diferentes partes del verso, al igual que los espacios versales, éstos para los poemas menos extensos (que vienen numerados). Igualmente, se distribuyen los poemas más breves en parejas, para que queden completos, al modo pictórico, frente al lector.

6.

De un lado, impone Últimas mareas una realidad con su cara más asténica, pero furibunda, pues como se repite en los versos finales de los poemas largos, todo va “hacia la muerte”. Y es por ello que una de estas dos líneas funciona no específicamente como un testamento, pero sí como un recuento de severas dolencias (del alma, se entiende), y que podrían ser expresadas de la siguiente manera: “sentir la atracción impronunciable de la plenitud y, al mismo tiempo, la perplejidad de la renuncia”. Son también estos poemas largos un estudio de la muerte.

Sin embargo, no se piense que es un libro de senectud.

Para nada.

7.

Pues pareja se despliega la segunda línea y que discute contra las baraturas de la realidad y las desoye, re-inventando para ellas “un gesto a la intemperie  / una cierta / utopía un algo para nada”.

Una línea (esta segunda), sin embargo, efímera.

Lo dice Moreno Jurado de la siguiente manera:

“Pienso    con frecuencia   en la vana

intención   de nuestros propios actos  her-

mosos si se quiere   pero inútiles  marchitos

de cara a lo real que nos fue dado  la fragili-

dad imperdonable    de lo perecedero.”

8.

Y una ars poética que lo resume todo:

“He cantado con insistencia * casi en prosa * más el resultado sorpresivo de la acción * que el sentimiento embustero de la lírica”.

9.

Los poemas largos, con su coda final repetitiva, acuerdan una forma de espiral (impulsada muchas veces por un recuerdo); de remolino, en tanto que los poemas más cortos funcionan de modo especular, el poeta tiene de frente al poema (y se da una tendencia a que este suceda en el presente de la escritura), al tiempo que el poema se le enfrenta.

Es por ello que se puede hablar de una estructura bimembre, con dos pilares enfrentados (prosa y poesía / realidad y ensueño / el yo ciudadano pasivo, pero enconado y el yo poeta belicoso, pero grácil), por entre los que un torbellino, a veces apenas una súbita explosión de humo ascendente, a veces un perfecto tornado airado que todo lo trastoca y hace desaparecer, atraviesan las mareas que se le acercan entorno, echando beatífica agua salada en el rostro del lector.

Así, en este libro, escrito en “las órbitas eternas de mi círculo”, “conmigo mismo * a ciegas y palpando“, se muestra “lo que cabe exactamente en el abrazo”; un abrazo hecho de las intransigentes “últimas mareas de la tarde” a las que el poeta dedica su canto jubiloso, a pesar de saber(se) incapaz de doblegar a su sombra disconforme (la incontestable acumulación del tiempo y la estupidez humana y también las injusticias del mundo).

Del resultado de tal precario acuerdo queda como prueba “una bola inmensa de ternura en las manos”, después de que las marcas identificativas del yo sean borradas periódicamente, al modo de la resurrección diaria (o de un bautismo repetido ad hoc), por las mareas, y el yo del poeta no aguarde sino en estos breves versos que nos ofrecen los poemas contenidos en Últimas mareas.

11.

Unos versos que, sin embargo, están hechos de “las palabras más hermosas   las que penetran y encienden la llama de los sueños”.

Porque, lo que se desea, nos dice Moreno Jurado, por mucho que no vaya a ser posible ya, “aún sigue siendo hermoso”.

Así este libro, del que no se puede escamotear su doble vertiente, el de ser una “dura coz * del caballo invisible * que me empuja sin alma hacia la muerte” y, al mismo tiempo, un pertinaz reclamo de la fortuna de haber vivido “como viven los libros”. Esto es: “confundiendo la realidad * con la pasión y el miedo vespertino”.

Pues no es este el libro ni de un cínico, ni de un epicúreo, ni de un cirenaico, como el mismo Moreno Jurado nos dice en el poema con el que se abre el libro y que lleva por título “Confesión personal”, sino el de un hombre idealista y torpe. Es el libro pulcro de un ser humano perdido adentro de sí mismo a quien la ventura de las buenas olas y el chispazo mejor de la poesía más clara y franca, la de los dioses antiguos surgidos de ese gran y viejo estanque helénico  del que hablaba Platón, nos trajeron de vuelta.

El libro pues de un mediterraneista convencido, en cuya garganta enferma –y sin él esperarlo- ha estallado un volcán precioso (obstinado en reavivarle las ascuas).

 – – –  – – –  – – – –  – – – – –  — –

[1] Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, Ed. Mondadori, Barcelona, 2011 (p. 53)

[2] Javier Marías, “Para empezar por el principio”, Revista Ínsula (nº 785-786, monográfico: Javier Marías. La conciencia dilatada), Madrid, Mayo de 2012 (p. 6)

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Leyendo (sin aliento) a Javier Marías

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La vanguardia era esto

1.

He leído antes una frase que ha venido a constatar cierta aprensión que he venido sintiendo desde antiguo sobre la potencial hermosura que habita en todos los seres humanos aún sin germinar;

a la poesía, pues, me refiero.

La he leído -la frase- en un libro de Fernando Aramburu (nunca había leído antes a Fernando Aramburu, el nombre me suena a político del país vasco, quizá esta intuición fuese suficiente para mi alejamiento).

Bien, decía la frase:

“En cada ser humano se esconde, en potencia cuando menos, una maravillosa poesía” [1]

Esto ha confirmado mis sospechas, las de que, al menos, una frase hermosa, un destello de sabiduría bella y verdadera yace en todos y cada uno de los seres humanos, hasta en los más tontos, zafios y petulantes.

Pero esto, además, me ha hecho pensar en la proliferación en la red de los así llamados (y autoproclamados) poetas -y poetisas-, todos ellos rozando o apenas superando los veinte años.

Y es que hoy, le da uno una patada a un bit y surgen tres poetas enfebrecidos dominados por su ímpetu juvenil y su verborrea de acné.

 

2.

Buscando más frases, me encuentro con una entrevista de 1977 a Ángel González, en la que el poeta dice:

“La vanguardia es una maravillosa tentación, siempre lo ha sido: hacer lo nuevo, lo nunca hecho… Pero lo nuevo hoy no es copiar a Apollinaire, ni pintar como un cubista, esta muy bien hacerlo si a uno le apetece y le divierte, pero sin creer nunca que se es vanguardista. Hacer lo que otros produjeron hace 40 años no es más que ser un pompier[2]

El art pompier se refiere al academicismo francés de la segunda mitad del siglo XIX, pero, en el fondo, es una denominación peyorativa que denuncia el arte hueco, sin contenido; un arte de pretensiones oficiales y afecto al poder.

No es baladí, pues, que el tema predilecto del art pompier, cuyo más abyecto paradigma está simbolizado por la figura de Ingres, fuese el desnudo y que primase el diseño por sobre la fuerza del color.

Si tuviésemos que ponerle un nombre hoy a esto, a mí se me ocurre que casaría bastante bien con el postporno et al.

3.

A este respecto, a la de la fuerza idiosincrásica del estilo de un autor, en una conversación reciente con Umberto Eco, dice Javier Marías:

“La palabra estilo desapareció del vocabulario, ni los críticos la usan” [3]

4.

Y para acabar de rematar el estado de cosas en la producción literaria actual, me encuentro (incrédulo) con la siguiente confesión de Micah P. Hinson, y que, me parece, deja bien claros los valores de lo que hoy se considera nuevo:

“No sé mucho sobre literatura. Estudié un poco en la escuela antes de dejarlo, pero aparte de eso… He leído “Miedo y asco en Las Vegas”unas 200 veces, “En el camino” unas 90, “El diario del ron” unas 300… Otras personas habrían leído 300 libros diferentes, pero para mí todo consiste en estudiar aspectos muy particulares… ” [4].

Acojonante, ¿que no?

– – – – – – – –  – – –

[1] Fernando Aramburu. El artista y su cadáver. Ed. Tusquets. Barcelona. Febrero de 2002. [pág 41]

[2] Jorge A. Marfil. Ángel González: presencia de un poeta mayor. El Viejo Topo. nº 11. Agosto de 1977. Se puede leer aquí.

[3] Javier Marías en conversación con Umberto Eco. Diálogo politeísta. El País / Babelia. 22-01-2011.

[4] Micah P. Hinson en entrevista con Marc García García. Algunas cosas sobre el sr. Hinson. Revista de Letras. 17-11-2010.

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Cartografía Sentimental (LXV) – Qué es el Qué

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

1. This is Visual Poetryaquí– es un proyecto capitaneado por Dan Waber quien, según confiesa alegremente, después de haber solucionado todos los restantes problemas mundiales, ya tan sólo le resta la cuestión de dilucidar qué demonios es eso que llaman Poesía Visual. Para ello se propone ir publicando breves piezas en las que diferentes artistas visuales dan su visión del tema. Su intención a largo plazo es crear el más amplio catálogo impreso que exista sobre el tema.

Como el lenguaje visual de la poesía es universal, aceptan envíos para valorar su publicación desde todas las partes del mundo.

Todos los libros tienen el precio unitario de 10 dólares y constan de 16 páginas a todo color.

La cosa comenzó el 06-Marzo-2010, cómo no, con el primer libro del propio Dan Waber y ha seguido con publicaciones periódicas

Obviamente, la calidad de los textos es bastante desigual, e igualmente así es su variedad estilística.

La cosa es que llevan un montón de libros publicados y seguro que alguno hay entre su enorme pluralidadque no les desagrade o incluso les fascine.

A mí, uno de los que más me ha llamado la atención, por razones puramente intuitivas, es el del cineasta y poeta Klaus Peter Denckeraquí-, publicado en Octubre de 2010.

 

2. Y ya que ayer hablábamos de la promoción de la literatura en los tiempos actuales, a la editorial norteamericana Blak Oceanaquí– no se le ha ocurrido otra cosa que ofrecer una suscripción de por vida su catálogo (y esto implica la recepción de un ejemplar gratis de todos y cada unos de los libros que publique desde hoy y hasta que desaparezca la editorial Black Ocean) a todo aquel que se tatúe alguna referencia literaria en su cuerpo y que tenga relación directa con los libros de la editorial.

De momento parece que muchos candidatos a la suscripción anual no hay, pero uno de ellos, uno de los pocos valientes es Robert Alan Wendeborn (desde ya nuestro americano favorita del mes de Enero). El tipo no sólo se ha tatuado una referencia al libro With Deer, de Aase Berg, sino que este tatuaje es ya su séptimo tatuaje (el tercero literario) y, ¡agárrense! uno de ellos consiste en las últimas palabras y la imagen de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

En la revista Uncanny Valley el propio Wendeborn lo explica todo –aquí-.

 

 

 

3. El archivo visual del Arsenal – Institute for Film and Video Art (Berlín) –aquí– está finalmente accesible online (sólo en formato database, desgraciadamente). Más de 6000 películas y vídeos que vienen atesorando desde el año de su formación, en 1963,  y que contienen video experimental, performances, video instalaciones, etc.

 

 

 

4. En estos tiempos locos en los que todo parece decantarse por el valor cero, por la implosión ruidosa y el descrédito de todo razonamiento coherente es -de una vez- imprescindible poner un poco de orden sobre ciertos puntos.

Los siguientes -de momento-:

“En primer lugar, la fuerza de la palabra y su capacidad para producir realidades y causar efectos; y en segundo, y relacionado con la potencia performativa del decir, la imperiosa necesidad de un tiempo de reflexión antes de cualquier acto de habla. A estos dos puntos me gustaría sumar un tercero, también urgente y preciso: la necesidad de una ética de la recepción y de una escucha activa y comprometida” [1]

Y es que, por si no se habían dado cuenta, tan importante es la ética de quien dice que la de aquel que escucha acríticamente. Y, en estos tiempos, me atrevería a decir, más importante la del segundo que la del primero, porque de chalados el mundo está lleno, y es obligación de quien escucha la de discriminar la validez del discurso de tanto soplagaitas.


[1]Miguel Á. Hernández Navarro. La responsabilidad de la palabra: para una ética del decir –pero también del escuchar. Salon Kritik. 23-Enero-2010.

 

 

5. Que la delación es propio de regímenes totalitarios es algo que todo el mundo intuye o sabe, o teme, excepto los líderes del gobierno del partido socialista y los que encuentra el perverso gusto de acatar sin demasiados remilgos tales procedimientos.

Y que “hay que señalar en seguida todo indicio de autoritarismo, por baladí que sea el asunto” [2] nos lo recuerda con firmeza Javier Marías.

Y otra cosa todavía más importante que nos recuerda, y cuyos efectos son particularmente sangrientos en la Internet, y es lo que piensan quienes albergan los procedimientos totalitarios, pues que” si alguien se opone a algo, no es porque esté en desacuerdo, sino porque está “comprado”” [3]. Y esa “compra” la cifran los totalitarios tanto en envidia, como en interés editorial/es o personales, así como en estrategias de visibilidad, tanto da la razón que se esgrima para el descrédito y la delación.

Lo dice Javier Marías, que son signos propios del totalitarismo intolerante de los individuos que esgrimen dichas afirmaciones, y son, a la vez, cosas muy sencillas, muy muy básicas, y contra las que deberíamos estar alerta, porque suceden igual en el mundo de la política como en el mundo del arte.

Estemos bien alerta, pues, y nombremos las cosas por su nombre, tan pronto veamos los primeros indicios.

Porque si no, luego nos llevaremos muchas sorpresas, como los murcianos, por ejemplo, que de ejemplo de crecimiento idílico han pasado al desplome absoluto. Y todavía siguen sin creérselo.

 

[2] & [3] Javier Marías. Delaten, no se priven. La zona fantasma. El País semanal. 24-Enero-2011.

 

 

 

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Cartografía Sentimental (LX) – Benditos anacronismos

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

 

1.  A pesar de todas las monsergas apocalípticas de la digitalización, y que se traducen en esa “preocupación verde” por cuidar por encima de todas las cosas los bosques de la amazonía y todo eso, un número todavía elevadísimo de concursos literarios en España prefieren seguir cargándose bosques y talando árboles.

De otra manera no se entiende pues que apenas un porcentaje ínfimo (digamos menos del 5%) prefiera el envío de las obras via e-mail y que el totalizador 95% restante siga obligando al autor que quiera concursar en sus certámenes a mandar sus obras en papel, tres cuatro o cinco copias de su novela, por supuesto encuadernadas y por el sistema de correo certificado.

Aquí en La Soledad del Deseo, debemos confesar que encontramos en este vetusto acto cierto goce perverso, un trasunto moderno de ese arcano “mensaje en la botella”. Y que nos gusta, vaya, aunque dicho sea de paso, los envíos para concursos literarios deberían contar con una rebaja del IVA para el concursante anónimo, lo mismo que sucede con cualquier otra actividad cultural.


 

 

2. Pone blanco sobre negro Javier Marías esta semana en su columna La Zona Fantasma la preocupación (que aquí en La Soledad del Deseo compartimos) acerca de “Esa gente que señala lo inadvertido” y cómo parece ser que ” está de sobra, y su tiempo ya ha pasado” [1] y es que resulta casi nefasto para la obra literaria que el crítico señale cómo está ésta a la altura de algún genial predecesor, Proust en este caso particular que señala Marías.

Se refiere, Marías, cómo no, a los escritores que, fieles a su gusto por la excelencia y la alta consideración que les merece la calidad literaria, se esfuerzan por crear obras perdurables, que apelen a la inteligencia del lector y que, por ello, se tornen memorables para la cultura de una época.

En su opinión, la de Javier Marías (y también en la nuestra) “casi ningún tiempo pasa nunca enteramente, sino que casi todos tan sólo se esconden para regresar” [2].

Es decir, que queda esperanza para la literatura de calidad, para los buenos críticos que sean capaces de detectarla y también para los cualificados lectores que la disfrutarán.

Por cierto que la frase que abre el comienzo de su artículo viene de una crítica del Guardian a la tercera parte de Tu Rostro Mañanaaquí-.

[1] & [2] Javier Marías. Mirar lo inadvertido. La Zona Fantasma/El País Semanal.02-01-2011.

 

 

3. La terca actitud de la industria editorial española por seguir aferrándose “a un modelo de negocio caduco en el que los grandes editores, que viven todavía del libro de papel, no quieren superar la cadena tradicional de venta del libro ni modificar el horizonte del sector librero” [3].

Pero es que pasa lo mismo con las librerías que ” también mantienen una tímida oferta de máquinas que parece más encaminada a satisfacer la curiosidad de los clientes que a la venta” [4].

En fin, que esa cosa tan antigua que es el libro en papel seguirá y seguirá y seguirá un rato largo entre nosotros.

Y, por si les quedan dudas, échenle un vistazo al estudio de OnCampus Research titulado College Students Prefer Print Over Digital Textbooks.

+ info: aquí.

[3] & [4] Ana ZarzuelaLa industria editorial española repite los errores de la audiovisual, lastra al e-book y pierde otro año para el libro electrónico. Intelligence & Capital News Report. 31-12-2010.

 

 

4. Son un clásico ya los reportajes sobre el por qué de la escritura, recurso socorrido para tiempos en los que a los directores de los periódicos y los suplementos no se les ocurre nada mejor para rellenar el espacio de sus revistas. No obstante, nos gustan, nos gustan mucho, y no nos importa que nos vengan con el enésimo reportaje sobre por qué escribir, sobre todo cuando nos procura genialidades tales como las de Enrique Vila-Matas, cuando dice que:

“Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer una lazada en mis zapatos. Y también por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. Este tipo de habilidades no nos llaman la atención, por ser muy familiares. Pero, en algún tiempo remoto, un antepasado hizo la primera lazada. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quién habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.” [5]

[5] Jesús Ruiz Mantilla. Por qué escribo. El País Semanal. 02-01-2011.

 

 

5. Y es que, al final, lo único que necesita un escritor (y esta necesidad la ha sabido leer perfectamente PapaNoel) es un bolígrafo, funcional, práctico, diligente.

Y muchas muchísimas ganas de escribir.

Lo demás son todo excusas.

+ info: aquí.

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Cartografía Sentimental (LVI) – Los artistas y la economía de mercado

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.

La memoria parece que sea algo que a la industria editorial le produzca eccemas, y así, parece que sea mejor vivir una nostalgia de una época mejor en la que la literatura era tenida en estima, apreciada y querida, como si hubiese sido algo que realmente existiese. A este respecto es bueno recordar las palabras de Juan Benet en 1989 cuando, sobre el estado de la industria editorial, decía que

“la narrativa actual [está] diseñada para el mercado, las listas de ventas y las políticas editoriales” [1].

[1] Carlos Galán Lorés “La novela”, incluido en Letras Españolas (1989), edición al cuidado de Rogelio Blanco Martínez. Ed. Castalia. Madrid. 1991. [pág 26] Se puede consultar aquí.

Diez años después, en 1999, lo ratificaba además Javier Marías, su pupilo, al decir que:

“de haber empezado a publicar en los años noventa, probablemente no habría llegado a publicar ni Corazón tan blanco, ni Todas las almas, ni siquiera El hombre sentimental. No habría habido oportunidad para mí” [2].

[2] Javier Marías en entrevista con Michael Pfeiffer. El destino de la literatura. Ed. El Acantilado. Barcelona. 1999. [pág 100]

Más de veinte años después, diríamos que el estado de cosas es quasi análogo, si no peor.

 

2. La intención (loabilísima) de la nueva revista digital sobre arte contemporáneo hecha desde Los Angeles (Cal / USA) East of Borneoaquí– de dejar a las claras que ellos sí pagan a los colaboradores.

¡Bravo!

 

 

3. Viene a colación recordar hoy la negativa (por tres veces) de Apple de aceptar un app de Issuu para iphone [La historia completa –aquí-], que explica como las empresas se oponen frontalmente a todo lo que sea intercambio de información y cultura y que no esté manejado por ellas, y esto porque hoy tuvimos un certero golpe de justicia poética al verse rechazada en la Comisión de Economía y Hacienda del Senado la Ley de Enonomía Sostenible de González Sinde aquí-.

Joan Rosell, el nuevo presidente de la CEOE, ha sido definido como “un liberal clásico pero con rostro humano”, vamos a ver si consigue hacerles entender a las empresas que el qué no lo justifica todo, sino que se ha de atender al cómo se hacen las cosas.


4. Sin obra que mostrar el artista no existe, pero este factor previo es irrelevante si no se cuenta con un espacio físico o un soporte que sirva para mostrar esa obra que legitima al artista, Así, tradicionalmente el artista plástico se ha servido de las galerías para tal fin. Pero, aun contando con una obra, un espacio físico y un artista, si el público no se entera, a los ojos de la sociedad y del mercado el artista sigue sin existir. Para este fin se utilizan las invitaciones a las exposiciones temporales de las galerías.

El artista y fotógrafo italiano Osvaldo Sanviti se dedica a recopilarlas en su blog Art paper invitationsaquí-.

Mis favoritas, sin duda, son las de la galería Claudia Groeffin de Zurich,

Una delicia absoluta.

 

 

5. El listado público de firmas Save the arts -aquí– que han puesto en marcha en Inglaterra para protestar contra el recorte de hasta el 30% en los presupuestos para Cultura. Ya llevan 62.753 firmas.

Y es que los malos augurios dicen [3] que podrían cerrarse hasta 1000 bibliotecas en todo el país.

Con lo embalado que va Zapatero con los recortes, no les extrañe si aquí acabamos con una situación parecida, o peor.

[3] Benedicte Page. Arts Council takes over libraries, with budgets slashed. The Guardian. 9-December. 2010.

 

 

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El vuelo libre de los pájaros

1.

Son horas de sueño, las que precedieron a la escritura de este texto; o más que de mucho sueño, de múltiples sueños, porque se me llenó la mente de incontables aventuras; literarias, las más.

Hoy, que es domingo, de un puente inusual, quebrantada su normalidad por la salvaje afrenta de unos controladores aéreos, es un día idóneo -¡perfecto!- para el sueño.

Y es que, además, no queda otra.

Las calles de Barcelona andan silenciosas, frioleras y casi ausentes, en su neutralidad.

Todo hace pensar en el desencanto.

Y ese desencanto, trae -para mí- la necesidad de subrayar “el carácter novelesco de la realidad” [1]

2.

No sé por qué nadie se ha detenido a observar durante algo más de un segundo esa imagen que ayer y anteayer nos ofrecieron los informativos:

la de un mapa de Europa en el que los aviones fluían y se deslizaban por todo el aire europeo excepto en el territorio español.

Esa soledad, esa incomunicación, ese inconcebible recogimiento silencioso del espacio…, la península ibérica (excepto por el borde luso) era toda ella un remanso de paz, durante horas y horas y largas horas…

Nadie, absolutamente nadie, ha dedicado un sólo segundo a mencionar la belleza poética de esa imagen. España: una isla autónoma, sin contacto con el exterior, replegada sobre sí misma.

Todo ha versado en datos, amenazas, ilusiones frustradas, y lágrimas, lágrimas y lágrimas de impotencia.

Pero nada más. En eso quedó todo: en las lágrimas.

En la CNN destacaron la madurez de una ciudadanía que ha sabido mantener el control frente a las circunstancias adversas, como si ello fuese un ejemplo de cosmopolitismo moderno, actual y ejemplar.

Yo no le veo así.

A mí, por contra, me parece que esa imagen de la península ibérica, cerradas sus fronteras a cal y canto,  es un fantasma simbólico de la intolerancia del carácter español: yo sólo me preocupo de lo mío, ya correrán los demás.

La presencia silenciosa de la sombra de un pasado terrorífico que no habrá de acabar nunca.

Y la respuesta de la ciudadanía, la de siempre: lágrimas de impotencia.

3.

Ha llorado el gobierno, en las largas horas del viernes, atónitos, rogando (¿rogando?) a los controladores aéreos que volviesen a sus puestos, hasta que se decidieron a actuar (y no ha concederse el menor mérito al decreto del estado de alarma, no se trata de una decisión, sino de algo inevitable, de no haber actuado el gobierno hubiera intercedido Bruselas-si es que no lo ha hecho-).

Vimos también a una de las controladoras aéreas, desquiciada la pobre, y ya se daba cuenta el espectador de ello, con esa melena desordenada y sucia con la que compareció ante los medios, los ojos fuera de sí, la piel tersa, estirada, neurótica… apesadumbrada, sí, pero no inculpándose, pero no pidiendo perdón, pero no disculpándose; su presencia mediática no fue la de alguien que pretende buscar el acuerdo o justificar su acto voluntarioso (y ególatra), sino que, encima (¡encima!) salió para que la ciudadanía la compadeciese, a ella y a sus compañeros, porque, claro, resulta que un señor con una pistola (un Guardia Civil), se presentó en su puesto de trabajo.

Ay, pobre, pobre chica…, pero me gustaría recordarle que esos señores que van con pistolas, sucede que están por todo el país, de eso va su trabajo, de amedrentar a los delicuentes y de proteger a los ciudadanos honrados.

Llore, llore, querida mía… llore.

4.

La imaginería literaria debería sernos útil para dar cuenta de una realidad que, explicada sólo en base a datos, razones y desacuerdos, se nos queda corta, lastrada.

Por ello pienso en esa imagen poética, la mencionada con anterioridad: una isla (España) con las fronteras selladas, icono de las sombras que todavía caminan victoriosas, funestas y libres en nuestra sociedad del siglo XXI.

Pensando en esa imagen, me vienen a la cabeza unos versos del poema The Poets, de Nabokov, que dicen: “the sunset´s beauty, its look of reproach / all that weighs upon one, entwines one, wounds one”.

En castellano (traducidos por Javier Marías): “la belleza del ocaso, su mirada de reproche; / cuanto a uno pesa, entrelaza a uno, hiere a uno” [2].

Este fin de semana, lo que se proponía un plácido y largo puente de felices vacaciones, ha acabado siendo la pesadilla de más de 300.000 viajeros, y el bochorno del resto de españoles, que impotentes, no podíamos hacer sino que mirar esa imagen en la pantalla, con todos los avioncitos pululando libres por Europa, mientras en España la única libertad de movimiento era la de los pájaros, los del cielo y esos otros a los que llaman controladores aéreos.

La imagen de ese mapa virginal era hermosa, poética, potentísima, sí, pero traía igualmente consigo un mensaje ineludible, fatal:

su impenitente mirada de reproche, inquina y vergüenza.


– – – – – – – – –

[1] Juan Antonio Masoliver Ródenas. “La actual novela española”, incluido en Voces contemporáneas. Ed. El Acantilado. Barcelona. 2004.  [pág 43]

[2] Javier Marías. Faulkner y Nabokov: dos maestros. Ed. DeBolsillo. Barcelona. 1ª edición. Mayo de 2009. [pág 149]

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