Archivo de la etiqueta: Javier Gomá Lanzón

Estándares

1.

Leamos lo que dice Andrew Gimson sobre la pérdida de relevancia social del gentleman inglés y que, en su opinión, marcaba un estándar de comportamiento y mejora, un “ideal” hoy perdido (y sin recambio a la vista):

“There is a gap in our culture: we have lost the gentleman without replacing him ]…] to have an elevated standard of conduct increases the chances that some people will live up to it, as well as the danger of failure and hypocrisy […] The gentleman has retired from the fray, but we still need an ideal of good conduct: something that is not the same as Christian behaviour, but which helps to raise us above boorish self-seeking; an ideal which includes modesty, magnanimity and the willingness to sacrifice oneself for the sake of others, especially those who are weaker.”

[1] Andrew Gimson. Strange death of the English Gentleman. The standpoint. Sept.2012.

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2.

Y sobre ideales del espíritu habla la mujer de Christopher Hitchens, Carol Blue, al decir sobre el entusiasmo que nunca abandonó a su marido en sus últimos 19 meses de vida (desde que supo que tenía cáncer); cuenta Carol Blue:

“Christopher’s charisma never left him, not in any realm: not in public, not in private, not even in the hospital. He made a party of it, transforming the sterile, chilly, neon-lighted, humming and beeping room into a study and a salon. His artful conversation never ceased. ” [1]

[1] Carol Blue, Christopher Hitchens: an impossible act to follow. The Telegraph. 25-August-2012.

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3.

Y desde la filosofía también Javier Gomá Lanzón tiene algo que decir al respecto, y es que, en su opinión, el estándar para el hombre contemporáneo pasaría por un adelgazamiento de la subjetividad heredada del romanticismo, esa noción absoluta del individuo, sociópata -e inviable-, a la que se le habría de poner ciertos límites.

Nos dice:

“El problema moderno se resume, en efecto, en cómo ser hombre verdadero.” [1]

Para explicar tal noción, la filosofía habría de remodelar “su utillaje conceptual” que deriva todavía de la época cósmica de la cultura (siglo octavo antes de cristo) y que, dice Gomá, no nos sirve “para iluminar la experiencia del yo moderno”.

Gomá, nos confiesa, habiéndonos expuesto el caso, que carece de poética para su resolución o comprensión mejor.

[1] Javier Gomá Lanzón, Razón:portería. El País. 08-septiembre-2012.

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4.

Al respecto de lo que sería, en literatura, ese estándar al que nos referimos, dice Daniel González Dueñas:

“[la literatura es] un diálogo que el lector establece con el universo a través de la personalidad del escritor. Y en los casos más eminentes, ese diálogo se da a través de la transparencia en la personalidad del escritor. La gran literatura es aquella en que el autor no interpone su personalidad entre los ojos del lector y el mundo (en cuyo caso no vemos más que un ego), sino que la transparenta para permitirnos ver lo que ese escritor mira.” [1]

[1] Daniel González Dueñas, Respuestas a una encuesta literaria (I de II), 06-septiembre-2012; en su blog –aquí-.

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5.

Así, podríamos pensar que del estándar de hoy no tenemos sino indicios, acaso síntomas y no ya una solución sino siquiera un mero acercamiento o planteamiento formal que nos lo acote o delimite (y ello por no tener ejemplos de lo que sabemos o suponemos debería ser el estándar).

Ello implica que el hombre contemporáneo no sabe a qué atenerse, lo que es causa de su melancolía (que dura y dura y dura) y de que su desolación encuentre liberación en ciertos comportamientos licenciosos o decididamente infantiles (el consumismo, por ejemplo).

Ante tal estado de cosas uno se pregunta si, de momento, no sería mejor andarse a buscar pistas en el crepitar lento de la naturaleza, como en esas piezas de Lois Patiño (Vigo, 1983) y que llevan por título “En el movimiento del paisaje”:

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Ingenuidad aprendida, de Javier Gomá Lanzón

La crítica al libro de Javier Gomá Lanzón “Ingenuidad aprendida” (Galaxia Gutenberg, 2011) acaba de salir publicada en la revista argentina BocadeSapo con el nombre de Civilización & Barbarie.

Pueden leerla completa aquí.

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El “Suspense” de Stéphane Lojkine

Stéphane Lojkine, en su libro Image et subversion (2005) -que ni está traducido al español, ni siquiera al inglés- habla del misterio del significado de la imagen (visual o textual) y su relación con la obra de arte.

Lojkine en su libro habla de lo que él denomina  “« out-of-stage » space of invisibility”, un enigma primitivo y simbólico que yacería detrás de toda obra de arte (visual o textual), que sería, además, su motor generador y el lugar desde el que se constituye la imagen representacional, espacio de invisibilidad que vendría añadido a la ya clásica dimensión tripartita de la imagen y que la caracteriza en sus tres vertientes: geométrica, escópica e icónica.

Para Lojkine, aparte de esta tridimensionalidad largamente consensuada, hay algo más, lo que él llama “the blind room of fiction”, ese espacio de invisibilidad que se escaparía a nuestra percepción de las imágenes y que es lo que más nos interesa aquí.

Así, lo que vemos comúnmente en la imagen (la representación: a lo que nos referimos al decir que algo es una “imagen”) no es más que el “dispositif de la fiction”, un mero recurso o dispositivo; un artefacto, vaya. Por ello, el propósito de Lojkine es el de descubrir cómo actúa es esa superposición de lugares y significados ocultos (o disimulados) que remiten a ese espacio de invisibilidad que Freud llamó inconsciente (y al que Lojkine se refiere como “the blind room of fiction”).

Quizá este sea el error de Lojkine, cuyo proyecto es el de hacer un lectura no-discursiva del discurso, pues que tome como punto de partida el modo de proceder freudiano. Si bien es cierto que él mismo concede que la psicología freudiana fue incapaz de darnos un modelo aplicable,  sí sostiene Lojkine que la gramática de los sueños freudiana que se aplicaría posteriormente al discurso, sería un modo válido de proceder todavía hoy, al menos como punto de partida (pues no tenemos nada más a mano).

Las ideas de Lojkine forman parte de un proyecto más amplio de un grupo que se conoce como la Escuela de Toulouse y cuya aportación más significativa ha sido la ‘théorie des dispositifs´y que se propone considerar el discurso y el despliegue textual (incluso aunque éste sea abstracto) como un sistema de superposiciones y repeticiones que constituyen un dispositivo que obedece a una lógica icónica.

El mayor representante de esta escuela tal vez sea Bernard Vouilloux y su antropología semiótica (de Vouilloux tampoco hay un solo libro traducido ni al español ni al inglés).

Lo más interesante de los estudios de Lojkine sería su concepción del “suspense”, y que se referiría a ese significado dilatorio que siempre se resiste a ser aprehendido  y que debe ser descifrado de manera simbólica.

Esto sería lo que diferencia a un texto artístico de, por ejemplo, el manual de una lavadora.

Lo opuesto al “suspense” sería el “sentido”, que se derivaría de un conocimiento descifrado del discurso gracias a la mente racional. Así, el concepto de “suspense” estaría en relación con lo que Rancière llamó en Le spectateur émancipé (2008) la “image pensive”: una imagen cuyo significado final quedaría irresoluto.

La importancia del concepto de “suspense” de Lojkine es su potencial subversivo del discurso de la lógica icónica. Y es que con ello se produce una suerte de shock súbito en el lector/espectador, que le obliga a releer, a repensar, a rebuscar en lo visto/leído/oído.
Sería una forma, pues, de frustrar las expectativas, de presentar una ausencia, un vacío.

La importancia del concepto, a mi parecer, es capital; gracias probablemente a su ambigüedad.

Y es que, dada la proliferación de obras de arte de género últimas (especialmente literarias) que justamente se fundamentan en el suspense de la intriga y, por ello, no pueden escapar del discurso, la propuesta de Lojkine se fundamenta en todo lo contrario: en lo artístico, en aquello que sucede fuera del sentido -cartesiano- (y que queda alejado del discurso de la mente racional); lo inaprensible -lo que no se puede asir-, pues.

No es baladí la disyuntiva que inserta Lojkine en el término “suspense”, dado que toda reforma u oposición que pretenda tornarse fructífera ha de producirse necesariamente en el seno mismo de la cosa (del concepto, en este caso).

La inteligencia de esta idea del “suspense” es que remite a lo pre-verbal, al mito del origen para comprender la obra. Y así, contribuye a que cada obra de arte (al remitir a una zona oscura, ininteligible por medio del lenguaje) sea capaz de crear un origen nuevo para sí, desde el que mirar y ser mirado.

Con ello, a su vez, derroca el racionalismo conceptual que promueven las así llamadas literaturas de género, que se avienen a la ejemplificación de ideas generales, pensadas desde el dominio del principio igualitario de las democracias y que reinó durante todo el siglo XX.

La vitalidad de la idea de Lojkine se debe, creo, al hecho de que participa de esa “hibridación semiótica” [1] en la que se encuentra nuestra contemporaneidad y, con ello, no renuncia a la subjetividad moderna, sino que la explora y, además, permite su ampliación; siendo que es el lector/espectador quien debe investigar ese “espacio de invisibilidad” o zona de sombra que queda fuera de la obra misma.

O dicho en otras palabras, el suspense visto desde la narrativa de género (policíaca, thriller, histórica, etc) se sirve de la lógica aristotélica de la razón, plantea una intriga que irremediablemente ha de quedar resuelta al final de la novela/película; el suspense tiene que ver con un misterio que se desvela de manera progresiva (nunca súbita) y que es de índole lógico-deductivo; es un suspense que se circunscribe al sentido y a la capacidad de análisis de la mente humana.

Por contra, el suspense visto desde la teoría literaria pone “al yo contemporáneo en comunicación con lo esencial” [2], es decir, el símbolo y el mito.

Con ello, la moral del individuo trataría de vincularse a una inestable (pero propia) cosmología sentimental, más útil (en mi opinión) a los nuevos tiempos.

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Stéphane Lojkine. Image et subversion (Editions Jacqueline Chambon. París. 2005)

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[1] & [2] Javier Gomá Lanzón. Ingenuidad aprendida. Ed. Galaxia Gutenberg. Barcelona. Febrero de 2011. [págs 69 & 70]

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Especulación del talento [5]

1.

Dice el escritor y crítico de arte Javier Montes que:

“todo vuelve, y en una época en que la antigua ékfrasis (la pura descripción de lo visible) parece el único recurso posible para un discurso artístico con reflejos, el margen crítico anida, justamente, en el grado de lucidez y articulación de esas descripciones [1]

Lo cual, en realidad, no sé muy bien qué demonios significa, querido Javier.

O quizá miento, y lo sé perfectamente.

Y me asusta, y no quiero tener que reflexionar sobre ello.

Será, hipotetizo, la verdad que anida tras la bruma que motea los cristales que interceden entre nosotros y la realidad.

En las argucias de ese disfraz se hallará hoy lo contemporáneo, esa forma liviana de huir (tanto de la mirada, como de la realidad misma). Ahí, en el estudio, análisis y descripción de esos reflejos, en esa careta que juega con la forzada diferencia de la individualidad, se hallará el margen para la crítica.

No sé.

Dice Javier Gomá que la “postrera vulgarización del concepto [de la excentricidad], ha de discernirse en lo diferente, único, original, exótico, inusitado e irrepetible residente en [el ser humano]” [2], que ese es el disfraz: la extravagancia.

Así, hoy, el ser humano quiere, pues, ser -y sentirse- especial, y el modo más convincente, rápido y productivo de hacerlo es a través de la extravagancia (a cualquier precio, pero con el menor esfuerzo).

Una extravagancia de reminiscencias aristocráticas y que se distingue por la desviación de la norma (así sea en apenas un milímetro), pero no por la excelencia en unos valores comunes -y mesurables-.

Sí, ese margen crítico al que se refiere Javier Montes, será justamente -para la literatura- dar cuenta de esos disfrazes audiovisuales (en el sentido de que ahora todo se percibe y produce en “modo imagen”) a través de la palabra.

No mimetizarlos, ni darles cabida en el texto literario, sino describir sus reflejos, como dice Javier Montes, porque en esos disfraces anida su engaño, la mentira de su -pretendida- excentricidad, ese querer ser falsamente especial por la sencilla razón de que democracia parece siginficar “sentirse con derecho a ello” (a ser excéntrico; excéntrico, cuidado, pero no snob, que son cosas muy diferentes).

Introducir tales disfraces sin la intercesión de la palabra es un error, o acaso fingirlos para la narrativa, como han hecho algunas novelas en este último año, es un error, repito. Creo. Me parece.

Deben estar indicados, eso sí, ya se ha dicho, pero bien descritos sus reflejos, con todas sus implicaciones, su idiosincrasia naturalmente identificada y revelada.

En suma, quitarle el disfraz a los tramposos.

No hacer metafísica de la especulación. Eso nunca.

Un sólo ejemplo (y que podrían ser miles) y que per se valida todo lo dicho anteriormente:

que exista la necesidad de crear un programa como Freedom (un programa que “frees you from distractions, allowing you time to write, analyze, code, or create”), evidencia a las claras que la excentricidad es una pose arbitraria; el hombre realmente libre (aquel que se sale de la norma) no necesita que nadie venga a controlar, guiar o -lo peor- otorgar(le) su libertad ganada tras la lucha de largos siglos.

2.

Una de las derivaciones posibles (y perversas) de este principio de singularidad excéntrica que los ciudadanos han descubierto como deseable (y los artistas y políticos como rentable) se da en una nueva rama de los estudios univeristarios y que se conoce como Urban Informatics.

Los laboratorios de ciertas universidades han descubierto lo beneficioso que resulta aplicar la narratología  a la planificación y el diseño de pequeñas comunidades adentro de las ciudades.

Alerta a lo que se proponen algunos, escuchen:

“Alternative ways – principally the idea of experiential narratives – are required to conceptualise and characterise the qualities of the city to reawaken poetic and emotional connection to place” [3].

Buscan formas de expresión vernáculas (privadas y nativas)  diseñadas y “puestas en escena” gracias a herramientas de última generación y que puedan ser útiles para la creación de comunidades que beneficiarán saben qué… ¿en serio es necesario que lo diga?

Escuchémos un segundo más estas propuestas, miren:

“By making new media techniques accessible, and providing guidance and training resources, communities can conduct their own hands-on workshops in digital storytelling, oral history and future scenario building in a self directed manner with peer support, and then present these outcomes in a virtual realm as exhibitable content for public viewing” [4]

En Barcelona, este año mismo tuvimos una experiencia similar con el señor Jordi Hereu y la remodelación de la Diagonal.

En un bando municipal de abril se decía lo siguiente:

“Transformar la Diagonal es un reto histórico, y lo ganaremos colectivamente. Por tanto, es necesario que lo hagamos mejor que nunca.” [5]

Como sabrán, la consulta quedó en esto: un 79.8% de la población dijo que no, que la Diagonal no se tocaba.

De ahí que se sigan buscando formas más sinuosas para la especulación con el “supuesto talento” de la gente.

La literatura, siguiendo lo dicho con anterioridad, debería ocuparse de esos reflejos que se quedan manchurrosos en el cristal  a través del que nos obligan a ver la realidad.

3.

Pero para que la cosa no quede solo en especulación urbana (de nuevo), tomemos otro ejemplo reciente de supuesta democratización de la producción por la via de la creación colectiva de contenido: The Johnny Cash Project aquí-.

La cosa va así, para promocionar el último disco de Johnny Cash Ain’t No Grave se ha preparado un vídeo (dirigido por Chris Milk) con una serie de frames procedentes de footage antiguo y se ofrece el mencionado vídeo al público que quiera participar con su “creatividad” para que lo retoque [tres frames y siempre previo registro en la web], bien con un sencillo programita tipo paint, bien eligiendo los típicos filtros del más básico editor de vídeo (estilo abstracto, puntillista, realista, etc).

El asunto se pretende un proyecto artístico colectivo y global, claro.

En este sentido, significa la conjetura del supuesto talento de la colectividad para crear una obra artística que no es tal (que no puede serlo) y, ello, con el fin de beneficiar la producción de una compañía discográfica (American Recordings & Lost Highway, que son los propietarios de las canciones de Johnny Cash).

Los participantes sienten de cerca el talento de Johnny Cash (por ósmosis), pero su capacidad de manejo se circunscribe a varias opciones muy pautadas (otra vez el riesgo de la libertad) y, por tanto, su creatividad es decididamente ilusoria.

De nuevo se repite la idea de la extravagancia (en mínimas dosis), pues al permitir al internauta anónimo que toquetee el vídeo, su carácter de ciudadano “especial” queda palpable en un resultado “tangible”.

Y ello, otra vez, por la ilusión de que el vídeo muta, alterna posibilidades, parece realmente el fruto de un trabajo colectivo. Esto viene avalado por la posibilidad de que el internauta vea impreso su nombre junto a la imponente categoría de Artista.

Las mínimas narrativas intersubjetivas como brumosidad en el cristal; la crítica residirá pues, en la ekfrasis de lo audiovisual en que se ha convertido nuestra percepción e interpretación de esa realidad que es un cristal/espejo y que cada vez nos devuelve nuestra imagen en más reflejos manchados de vanidosos y extravagantes churretes de falsa artisticidad.

La labor del verdadero artista, pues, será la de alejarse de ese prosaismo feo y atender de nuevo a lo sublime que quede en los huecos intocados del espejo/cristal, así sea no más que un ápice, suficiente es, por el momento.

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[1] Javier Montes. Pantallas Rotas. ABCD. nº 976. 08-Junio.2010.

[2] Javier Gomá Lanzón. Tú eres muy especial. Babelia/El País. 08-01-2011.

[3] & [4] Marcus Forth, Helen G. Klaebe & Gregory N. HearnThe Role of New Media and Digital Narratives in Urban Planning and Community Development. Body, Space & Technology 7(2). 2008.

[5] Jordi Hereu. Hagamos Barcelona, hagamos la nueva Diagonal. Bando Municipal. 06-03-2009.

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Tú y yo

<<<CITAS CRUZADAS>>>

1.

A being which could not act would live out its life within the bounds of immediacy. It could find no difference between its own content of feeling and reality. There could be no self, because there could be no other-than-self: the distinction could not arise.

Clarence Irving Lewis, An analysis of Knowledge and Valuation. La Salle, Illinois, Open Court, 1946. p. 21.

2.

Para la formación de la sociedad postmoderna resistente no basta naturalmente con la existencia de la red como capacidad de comunicación informática: es necesario reconocer los vínculos de interdependencia social, base de las redes del voluntariado social y de la práctica del cuidado.

Jesús Ballesteros. Postmodernidad: decadencia o resistencia. Ed. Tecnos. Madrid. 2ª ed. 2000.Pág 171

3.

Todos los sectores, salvo las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento, donde el coste por hora trabajada se redujo un 2,5 por ciento, registraron incrementos en sus costes durante el primer trimestre de este año.

M. Cabrerizo. El empleo, más caro: los costes laborales aumentan un 1,5%. ElEconomista.es 10-Junio-2010. Pág 33.

4.

La misión histórica del arte de la subjetividad está cumplida. La nueva misión es ahora otra y está relacionada con hallar la manera de armonizar, en convivencia pacífica, a millones de subjetividades enamoradas de ellas mismas y poco acostumbradas a no concederse a sí mismas todos sus caprichos.

Javier Gomá Lanzón. Compromiso en el arte. Babelia. ElPaís. 12-06-2010.

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