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Día de playa

No será sorpresa

que hable aquí de esa suerte de vampirismo que conforma mi carácter.

Y no tanto por la blancura de la piel

(que en invierno la mudo a bronceado de rayos uva, pero que ahora tilila pasteurizada y nórdica)

sino por los horarios nocturnos de escritura, que impiden el aroma fresco de la playa, al menos con las luces diurnas.

Habría que añadir a esto la imposibilidad física del no tener un bañador, o acaso una pantaloneta.

Pero aquí vino A. al rescate y me consiguió un bañador y varios pantalones cortos.

Prometí ir, pues al haber estado trabajando con la novela de Carlota, la verdad que consumía las noches en este propósito.

Concluida ahora la novela, con un bañador nuevo y estando despierto a las once de la mañana, pues no me quedaba más remedio que andarme hasta la Barceloneta.

Conste que me gusta la playa,

o acaso el aroma cercano de la brisa marina, el sol caliente que parece que no, pero da más años de vida y más energía para cualquier propósito, sobre todo para la escritura.

Pero tenía mis reticencias.

Y es que cuando uno se cuida de no hacer algo en particular durante un tiempo razonablemente prolongado,

como que le pierde la memoria y se olvida y todas las otras cosas le parecen mejor: el vampirismo, por ejemplo.

Pero nada, que me he agarrado Tulipanes para Zamudio, y Á. ha hecho unos bocatas y nos hemos bajado a la Barceloneta.

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>>>>CONTENIDO EXTRA:

Para celebrar

la finalización del proyecto

Harold & Blúm,

Ángela du Pre y yo nos vamos a París el día 26 de Agosto.

Desde hoy y hasta ese mismo día estaré haciendo el pino en diferentes puntos de la ciudad.

La novedad reside en el hecho de que hasta el momento siempre hacía el pino-pared. Pero ya no más, ahora será pino sin pared, a pelo.

El proyecto se llama, cómo no, Nos Vamos a París.

Y si les apetece lo pueden seguir en Tumblr.

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Libros que hablan de otros libros

Si todos somos una parte de Dios, entonces Dios debe ser, de verdad, horrible.

Ronald Firbank

1.

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Resulta que un lector de cierta editorial que no aceptó mi novela “Alytzia Abbondanza” (a pesar de que el informe fue muy favorable) me indicó las similitudes de ésta con “En torno a las excentricidades del cardenal Pirelli”, de Ronald Firbank.

La cosa me sorprendió, puesto que no conocía la novela.

Ahora la leo,

y encuentro ligeras semejanzas con la primera escena de ambas novelas, es cierto, pero donde Firbank es artísticamente excéntrico, yo sitúo el centro del conflicto. En adelante hay semejanzas, sí, en el tono y algunas acciones que sospechosamente se parecen entre ambas novelas. Y es difícil, porque yo no la había leído.

Pero en el orden general de las cosas, no. Rotundamente no.

Diría que Firbank es Fellini donde yo soy Jean Vigo.

Yo más poético, él más estrambótico.

Yo grotesco, él caricaturesco. Él megalómano, yo sintético.

Respecto al lenguaje propiamente, no me podría pronunciar, puesto que me guío por la traducción de Sergio Pitol para Anagrama. Tendría que tener el original para pronunciarme con rigor en este sentido.

Y, en fin, que estas cosas son curiosas; ya supongo que recordarán aquello de Borges de que “cada cual se crea sus predecesores”. Lo realmente fascinante es que sean otros quienes te los descubran. Así que estoy muy contento de la semejanza que me hizo el mencionado lector de la  editorial que, al cabo, no quiso publicarme.

2.


He olvidado muchos detalles relativos a aquellas vivencias, porque apenas he pensado en ellas desde entonces, pero recuerdo que las noches eran luminosas [1]

Así de luminosa se me ha puesto el alma al comenzar la novela “Pan”, de Hamsun. Hace muchísimo tiempo que lo tengo pendiente, que lo veo y le busco las vueltas… porque quería comenzar por “Hambre”, pero no he conseguido ningún ejemplar.

Tan contento me he puesto (estaba leyendo en el baño) que me he metido a la noche a depilarme… ustedes ya saben qué. En una arrebato, así, zum, de una vez.

En fin, que además he terminado de escribir la novela corta “Carlota (o El Beso)” (67 págs antes de la corrección final) que me venía fastidiando desde 2006.

Es raro cómo sucede que hasta que no llega el momento oportuno uno no consigue acometer debidamente con las cosas. Sobre todo en narrativa.

Somos ambiciosos en nuestro proyectos, pero nos frena (y bien juiciosamente) nuestra razón (al saberse adoleciendo del conocimiento necesario del mundo que necesitamos para tal proyecto).

El momento de Carlota llegó estas últimas semanas, coincidiendo con mi vuelta a Barcelona.

Si tuviera que marcar dos coordenadas para este libro yo mencionaría  “La puerta estrecha” de Andre Gide y “Primer Amor” de Turgueniev, con la particularidad de que “Carlota (o El Beso)” es una novela totalmente postmoderna (con lo que yo detesto el postmodernismo) dado que rompe la expectativa de redención de los personajes de la narrativa clásica.

De un modo frontal contradice la siguiente afirmación canónica:

“through repetition a trauma from the past may eventually be recognized and mastered” [2]

Es, por ello, a un tiempo una oda y una repudia de la banalización contemporánea. Y asimismo, una llamada de atención al hecho de que los actos tienen consecuencias irreparables.

Sí, de alguna manera podría decirse que tiene también un precedente en la novela Atonement, del año 2001 y escrita por el inglés Ian McEwan. Diría, sí, que es la réplica a dicha novela.

Porque

“there are always antecedent causes. A beginning is an artifice, and what recommends one over another is how much sense it makes of what it follows” ” [3]

A ver si hay suerte y alguna editorial se nos anima

[jsdemontfort (at) gmail (dot) com]

3.

Así que más contento no puedo estar.

He acabado la novela con casi 11 días de antelación a mis previsiones más optimistas.

Y encima hoy Ángela me regaló dos de los libros a los que les tenía unas ganas extraordinarias (y me los llevé de paseo) y que me van a garantizar unos días de deleite supremo:

1. “Lo importante es perder” (Manuel Pérez Subirana)

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2. “Tulipanes para Zamudio” (Javier G. Cozzolino)

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>>CONTENIDO EXTRA:

Y como prueba de que no es todo alegría y fanfarria en la vida del escritor, aquí me tienen, cargando con un aspirador nuevo y la compra del Carrefour, Ravaleando, como aquel que dice:

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[1] Knut Hamsun. Pan. Ed. Anagrama. Barcelona. 2006. [pág. 8]

[2] Peter Buse. Drama + Theory: Critical approaches to modern British Drama. Manchester University Press. New York. 2001. [pág. 174]

[3] Ian McEwan. Enduring Love. Vintage (Random House). London. 1997. [pag. 17]

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Walah Walah (XLI)

no sé, a veces siento que en hermanocerdo estamos los chicos buenos del rock

[…]

de pronto [A Roberto Bolaño] le hubiera gustado hermanocerdo

Javier G. Cozzolino, en conversación con Javier Moreno, en su blog “Tulipanes para Zamudio”.

Y sucede que, además, es puritica verdad.

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