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Cartografía sentimental (CXIX) – Escritores que viajan

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

Borges con el escritor Manuel Mejía Vallejo

Cuenta Elkin Restrepo en la revista La vida afuera de la Universidad de Antioquia que:

“Colombia le atraía [a Borges] por sentirse seguramente agradecido con su élite cultural que, como sucedió con la revista Mito y la Universidad de los Andes, había roto lanzas por su obra cuando su reconocimiento internacional era casi ninguno”.

El artículo de donde viene esto extracatado, y que lleva por título “Borges en Medellín” –aquí– da cuenta de las dos visitas de Jorge Luís Borges a Medellín, la primera a mediados de los sesenta, cuando a Borges se le consideraba despectivamente “un escritor para escritores” y la segunda en 1978, cuando en palabras del propio Borges se había convertido éste en “una alucinación colectiva”.

Y, por cierto, que hay un libro conmemorativo de la visita, escrito por Jairo Osorio Gómez y Carlos Bueno Osorio –aquí-.

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2.

El año pasado, la revista Frontera D publicó un texto de Miguel Huezo Mixco que llevaba por título “Roberto Bolaño en El Salvador (Supremo jardín de la guerra florida)”.

En él cuenta Huezo que Bolaño en realidad no fue a El Salvador a buscar a Roque Dalton, sino a Manuel Sorto, “este poeta, dramaturgo y cineasta salvadoreño, nacido en 1950”, que desde hace años vive en Bayona, Francia.

Al parecer Sorto era un pequeño genio, nos dice Huezo.

“A través de numerosos mensajes electrónicos y conversaciones por Skype, Sorto -nos dice Huezo- me proveyó de información suficiente para despejar el mito construido en torno a la estancia de Bolaño en El Salvador”.

Si quieren saber más acerca de ese mito pueden leer el ensayo íntegro aquí.

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3.

El poema Café de noche, de Luis Rogelio Nogueras, y que da cuenta de un (re)encuentro fantasmagórico en Londres entre Rimbaud, Jean Nicholas y Marx.

Dice así:

Jean Nicolas Arthur Rimbaud

y Karl Heinrich Marx

se han vuelto a encontrar este verano en Londres,
en el mismo café donde una noche de 1873
se cruzaron,
acaso tropezaron y siguieron de largo,
demasiado ocupados como iban.
Ahora los dos recuerdan con asombro
cómo llovía esa tarde sobre Europa,
cómo la vieja ciudad temblaba bajo el agua,
qué solas se veían las torres de todos los campanarios,
y se ríen.
Hace ya tanto tiempo
y sin embargo están cien años más jóvenes,
Marx,
con su saco un poco estrujado para siempre,
sus zapatos invencibles,
su irremediable sonrisa de filósofo,
y Rimbaud fumando desvergonzadamente,
ruidoso y destartalado como un viejo gramófono,
con sus pantalones demasiado ceñidos,
su eterna mirada soñadora
de oveja degollada.
Bajo la lenta luz de las bombillas
de Kenington Park,
pasean en el atardecer de Londres,
siguiendo el lento vuelo de un alcatraz
color de plomo
que pasa hacia la bahía,
mirando la frágil agonía de una nube
que se desgarra contra el fondo
ocre y triste de un paisaje de Van Gogh.
Luego bajan hasta el puente,
fumando en las viejas pipas,
y se asoman al río que se rompe, gira,
corre sin fin, ciego,
y se preguntan qué lo mueve hacia el mar,
eternamente.
La noche llega en la cubierta del vapor The Hell
y un pescador saluda desde la orilla.
Una estrella enorme tiembla en el agua
velada ahora por la niebla.
Lentos bajo el peso de la lluvia,
Marx y Rimbaud
regresan al mismo café de Bull Street
donde una noche de 1873,
por la prisa,
el imperativo de una cita,
el tren que no llegaba a tiempo y se hacía tarde,
no pudieron conocerse.
Cuando se despiden,
un perro solitario le ladra a su propia sombra
en una esquina,
y por el fondo del poema
pasa cojeando el fantasma de Verlaine.
Comienza a dormirse la ciudad.
Sacado de aquí.
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4.
Uno de los viajes más terribles es aquel que va camino de la muerte, especialmente por su irreversibilidad, por no contar con billete vuelta. El documental de Gustavo Mota sobre Fogwill “El último viaje”, basado en una entrevista entre ambos mantenida en Montevideo en 2010, vendría a traernos de nuevo la voz y la imagen del viejo Fogwill, tristemente desaparecido.
De momento solamente conocemos el trailer del mismo. Confíamos, sin embargo, en que tras su preestreno en Casa América de Madrid el pasado 3 de Julio podamos verlo en Barcelona, via Internet o del algún otro modo.
+ info: aquí.
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5.
Y en cuanto a la circulación de las obras literarias, escribe Rafael Lemus un texto para el último número de Letras Libres (julio de 2012) y que lleva por título”El espectáculo de la literatura mundial”.
En él dice:
“Si los narradores latinoamericanos circulan hoy más que antes no es porque sean mejores o más universales que los narradores latinoamericanos del pasado sino porque, sencillamente, hoy es más fácil andar por circuitos internacionales”.
Su tesis sobre ese supuesto jardín edénico que sería la World literature es la siguiente:
“Lo que de plano no se puede tolerar es esa noción de que la literatura mundial es una república justa y apacible. No: es asimétrica y el poder y la voz están distribuidos inequitativamente. No: es jerárquica y existen centro y periferia, literaturas mayores y menores, idiomas más y menos atendidos, poéticas más y menos rentables.”
Lemus habla de la figura del escritor mundial, un escritor que se crea, que no existe, que no se impone, sino que es impuesto. Un escritor hecho a fuerza del apoyo de los grandes grupos mediáticos y editoriales y avalado por la publicidad de los grandes premios. Dice, a este respecto, algo que siendo cierto es igualmente descorazonador.
Así:
“El tipo (el escritor mundial) puede perpetrar las obras más atroces y los críticos pueden cebarse casi unánimemente contra ellas y no pasará demasiado: los dardos de los críticos rara vez atraviesan las fronteras y apenas si pueden contra el prestigio de una figura avalada por las grandes editoriales y los grandes premios.”
Y todavía algo más preocupante, cuando asegura que:
“Parecería incluso que para algunos escritores la lengua no es ya su materia prima sino un lastre: eso que delata un origen, eso que dificulta el libre tránsito de las mercancías.”
Pueden leer el ensayo íntegro aquí.
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BOLA EXTRA:

Y sobre los escritores que se niegan a viajar, recuperamos unas declaraciones del escritor Lezama Lima que decía que:
«Es que hay viajes más espléndidos: los que un hombre puede intentar por los corredores de su casa, yéndose del dormitorio al baño, desfilando entre parques y librerías. ¿Para qué tomar en cuenta los medios de transporte? Pienso en los aviones, donde los viajeros caminan sólo de proa a popa: eso no es viajar. El viaje es apenas un movimiento de la imaginación»
Sacado de aquí.
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Cartografía Sentimental (XLIII)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.


Las declaraciones del editor Jacobo Siruela, de la selecta editorial Atalanta, en las que se define como un “amanuense electónico” y donde, con cristalina sensatez, confirma que:

“una de las declaraciones de intenciones de Siruela [es] no publicar e-books.” [1]

[1] Jacobo Siruela en entrevista con Helena Hevia. Nobleza obliga. El Periódico. 24-10-2010.

2.

Una entrevista más -la enésima-,

(al parecer, indédita) de las últimas que le hicieron a Fogwill en Montevideo y que publica el diario Adn –aquí-.

3.

La deficinición que da Javier Marías sobre el prototipo de individuo que conforma la Generación PowerPoint:

“No era muy inteligente, sólo hábil. Y vanidoso hasta la suela de los zapatos, como suelen serlo cuantos se saben valorados por encima de su talento, por motivos espúreos o por sus empellones y su insistencia. No toleran no quedar bien, o por encima como el aceite, y en ellos todo es tan frágil y falso que los descompone cualquier tibieza, o el más mínimo reparo” [2]

[2] Javier Marías. Tu rostro mañana. (2. Baile y sueño). Ed. DeBolsillo. Barcelona. Noviembre de 2009. [pág 273]

4.

La noticia de la publicación de la correspondencia inédita del premio Nobel Saul Below. Sobre el volumen dice Eduardo Lago que las cartas son:

“De una coherencia y solidez asombrosas, su aparición es comparable al descubrimiento de una nueva obra del maestro. “ [3]

[3] Eduardo Lago. Suyo afectísimo… Saul Below. El País. 24-10-2010.

5.


La actuación acústica de Joan Colomo en eel programa de radio Gladys Palmera donde interpreta su canción El abismo de uno mismo, brindado ya ni pues por el capitalismo ni por el comunismo, sino por el fin del honor, por lo que único que queda ya:

¡el abismo de uno mismo! –aquí-.



 

 

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Escritores mediáticos o la Generación PowerPoint

1.

Leo que en una entrevista dice Ricardo Menéndez Salmon que

“Pienso que la literatura deber seguir aspirando a cierto capital de belleza. Hay que escribir libros bellos, hermosamente escritos. El instrumento del escritor es el lenguaje y el nuestro es un idioma muy rico, bello y plástico que debemos saber utilizar” [1]

Y eso es lo que yo pienso, también.

Es decir, lo que a mí me gustaría encontrar cada vez que me enfrento a un libro sería justamente eso: belleza, un lenguaje bello, un castellano rico, productivo y multiforme.

Pero, por desgracia, entre los miles de títulos que se publican cada año en España hay muy pocos libros así. Poquísimos.

¿de quién es la culpa?

2.

Pensemos en la siguiente frase:

“Interesa más la exhibición que la demostración y [se] busca hipnotizar al público y limitar su capacidad de razonamiento” [2].

Esta es la sensación que a mí se me queda después de leer la mayor parte de los libros que leo de escritores más o menos nuevos que publican en castellano actualmente.

La sensación de que el escritor está tratándome de idiota.

¿de quién es la culpa?

3.

En su poema Retrato del listo, dice Juan Carlos Mestre:

“Mientras uno hace un esfuerzo para explicarse

Él [el listo] ya ha hecho el gesto de que no te está comprendiendo

A lo mejor es verdad y el listo no entiende tanto como parece [3]

Y es que resulta casi intolerable los notorios aspavientos que se gastan un buen número de estos escritores últimos en castellanos (¡encima!) cada vez que alguien les hace un reproche con un mínimo de coherencia a sus obras.

¿de quién es la culpa?

4.

En su poema Lo que la tarde junta, el poeta Antonio Cabrera, lo resume con suma brillantez, al decir que:

“Al descender, el sol enciende en la ladera

una llama creíble, el ligero amarillo

de los segundos planos,

esos que no se miran

y después, descubiertos, se comprenden” [4]

Y es que detrás de toda la pantalla que crea la industria editorial, con sus vistosos escritores PowerPoint, o sea, escritores que se exhiben más que argumentan, escritores magos que crean la ilusión de que sus libros encierran literatura cuando en ellos no hay más que breves diapositivas sintéticas de una historia  (y eso con suerte), cuando cae la cortina que tan hábilmente crea la industria editorial, y ese gran circo del sol cegador y opaco se va apagando lentamente, en las laderas, se enciende esa pequeñísima “llama creíble” que es la literatura.

¿quién tiene la culpa?

¿quién tiene la culpa de que no quede espacio para esa “llama creíble”?

Fogwill lo dice alto y claro, para que no les quede ninguna duda: –aquí-.

– – – –  – – – – –

[1] Ricardo Menéndez Salmón en entrevista con Fietta Jarque. Se nota que hay mucha obra apresurada. El País. 20-10-2010.

[2] Tomàs Delclós. ¿PowerPoint nos hace estúpidos? El País. 20-10-2010.

[3] Juan Carlos Mestre, “Retrato del listo” de La casa roja. Premio Nacional de Poesía 2009. Ed. Calambur. Madrid. 2ª reimpresión, octubre de 2009. [pág 97]

[4] Antonio Cabrera. “Lo que la tarde junta”, de Piedras al agua. Ed. Tusquets.Barcelona. 1ª edición, septiembre de 2010. [pág 97]

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Cartografía sentimental (XXXIII)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.

Las palabras de Fabián Casas acordándose de las bellas cualidades de Fogwill cuando dice que:

“La inteligencia es algo que puede tener cualquiera. Es un don. Reivindico su bondad [la de Fogwill]. La bondad es algo que uno trabaja, que uno aprende a ser.

El texto completo, aquí.

2.

La exposición del Centro de Arte Moderno (Madrid) organizada por Raúl Manrique Girón y Claudio Pérez Míguez y que lleva por título “Pequeño Museo del escritor” –aquí– y en la que se pueden ver objetos cotidianos y afectivos de 21 escritores del siglo XX y XXI (ceniceros, sombreros, plumas estilográficas, fotografías, etc).
El listado de escritores es el siguiente:

Jorge Luis Borges; Julio Cortázar; Juan Carlos Onetti; Adolfo Bioy Casares; Ramón Gómez de la Serna; Silvina Ocampo; Alejandra Pizarnik; Antonio Muñoz Molina; Ricardo Piglia; José Miguel Ullán; José Emilio Pacheco; Julio Ortega; Raúl Zurita; Rosalba Campra; Luisa Futoransky; Omar Prego Gadea; Rodolfo Alonso; Raúl Gustavo Aguirre; Marcos Ricardo Barnatán; Rosa Pereda de Castro y Mario Muchnik.

3.


La versión acústica de la canción Gueishas en Madrid que hizo Ariel Rot para la serie de el periódico El Mundo.es “Aquí te pillo, aquí te grabo” en Junio de 2009. Aquí el vídeo.

4.

Las significativas declaraciones de Rafael Argullol cuando dice que:

“Ya no existen certezas absolutas, pero lo que no se puede hacer es tener miedo a la palabra excelencia o verdad. ” [1]

[1] Rafael Argullol en entrevista con Nuria Azancot. Soy antimafioso y antibárbaro, por eso estoy contra el poder. El Cultural. 17-09-2010.

5.

Las obras visuales de Steven Powers en las que se formulan dos contenidos antitéticos y, por consiguiente, se produce una colisión lingüística.

Como ejemplo, la siguiente obra:

+ info: aquí.

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Seamos creativos

Sí, vale, yo también fui uno de ellos.

Igual que Fogwill (él estuvo mucho más tiempo siendo uno de ellos), igual que Pelayo Cardelús (él estuvo mucho menos: cuatro meses).

Sí, por unos escasos meses de 2007, yo también fui un creativo publicitario, uno de esos seres deplorables a los que llaman copys.

Uno de esos tipos que llevan “pantalones anchos, la camiseta y las zapatillas de deporte [que les] dan ese aire juvenil, moderno, despreocupado y sonámbulo que uniformiza a los creativos de publicidad” [1].

Sólo que yo hice pronto caso a Fogwill cuando dice que “la ética de una vida no es hacer o no hacer, sino decidir” [2].

Yo decidí no ser uno de esos cretinos.

Entre otras cosas porque lo de ser moderno y llevar zapatillas de deporte no va conmigo.

Hay una norma de conducta que nunca falla: nunca te fíes de un tipo que no beba. Normalmente, esos malparidos suelen llevar zapatillas de deporte, además, y casi siempren tienen más de treinta años. A veces son creativos publicitarios, a veces diseñadores gráficos, y otras veces hasta se les ha visto con el disfraz de escritores mutantes.

En fin, pero es que existe la tentación… el dulce olor de los billetes limpios, bien amontonaditos (eso piensa uno ingenuamente).

Yo estudié Literatura Creativa.

Así que uno piensa… hombre, ya que estamos, pues, bien, dicen que la publicidad también es creativa… si yo conocía los entresijos del idioma, dominaba la lengua, manejaba los diferentes registros y era capaz de escribir casi de cualquier cosa… me iría bien en la publicidad; no podía ser de otro modo.

Eso me dije.

Además, había pasado ya por un par de redacciones de revistas (de tendencias y de música, donde hay treintañeros con zapatillas a porrillo) y por la redacción de un periódico de provincias (aquí sólo hay cazurros), así que me dije que peor que lo ya pasado, seguro que no iba a ser.

Me apunté a un máster de una conocida escuela de Barcelona.
El primer día llegué con bastante ilusión.

El primer día.

Descubrí ya en un primer contacto que para la gente del mundillo de la publicidad todo se maneja en términos que van gradando el nivel de creatividad, según lo cual, se desprende pues que todo, para ser óptimo y mejor, debe ser “muy creativo”.

Lo cual se contradecía frontalmente con su vocabulario.

He visto pasar frente a mis narices a una buena decena de profesionales (nada de segundones, de los que ganan premios en Cannes, San Sebastián, etc) y, extrañamente, su definición de las cosas relativas a la publicidad se circunscribía a una serie de no más de cinco categorías: “chulo”, “guay”, “mola”, “total” y, por supuesto “super-creativo”.

Así, para ellos todo es creativo o no es nada en absoluto (poco creativo, en cualquier caso).

Huelga decir que me ufané en ser lo más creativo posible.

Lo intenté.

Cada semana había un tipo menudo (con zapatillas, treintañero y mal afeitado siempre) que era quien dirigía el cotarro y el cual valoraba los proyectos que le presentábamos (y que nos había pedido la semana anterior).

Yo, con el mayor espíritu crítico, cometí la torpeza uno de los primeros días de decir que tal o cual trabajo presentado por uno de mis compañeros era una puta mierda (por esto, por esto otro y por lo de más allá; siempre con argumentos)

Nadie me dio la réplica, ni el coordinador ni ninguno de los alumnos.

Silencio.

El tipo menudo de las zapatillas se limitó a decir “guay”.

Y la rutina de presentación de trabajos continuó, con parecido esquema.

Pensé que la cosa estaba fría, que era cuestión de esperar.

Esperé. Callado.

Al tercer o cuarto día, nos dedicamos a ver todos los vídeos premiados de Cannes. No sólo los del último año, ni el anterior, ni el de antes del anterior, qué va, dos horas y media o tres de  spots publicitarios non-stop.

Al final, sencillamente una pregunta del profesor: ¿Cuál os ha parecido más guay?Las alumnos decían “pues este.. o aquel… o el otro”.

Entonces yo le preguntaba al profesor, “¿bueno, y por qué demonios son buenos?”.

Y su respuesta, invariable: porque funcionan.

Mi réplica: ¿Qué quieres decir con que funcionan?

Y él: pues que son creativos.

Malas caras, carraspeos. Los alumnos que se ponen nerviosos ante mi cuestionamiento.

Silencio.

Hasta la semana que viene, dice el treintañero en zapatillas.

Y así seguimos (yo callado, obediente) hasta que un día al zapatillero se le ocurre pedir que le escribamos una autobiografía.

Ajá, ejercicio clásico de los cursos de creación literaria.

Bien, me dije, por fin podremos tener una discusión seria sobre los términos técnicos que han de manejarse en publicidad.

Y preparé una autobiografía cojonuda, individualizada, con un estilo personal y utilizando un registro ajeno al normal de la autobiografía.

En suma: una biografía super-cretiva.

Le entregamos los textos al profesor.

El tipo se los lleva a casa.

Ese día, animado, mi espíritu crítico recobrado, comienzo a poner pegas a unos vídeos que presenta un alumno vasco. El tipo se enfada. La secuencia continúa: se presentan los trabajos y nadie dice nada.
El zapatillero, en su línea, dice: guay.

Intento que el tipo me explique porque no le parece bueno lo que le presento hoy (un spot sobre una marca de coches).

Siguiendo sus consejos, yo me había propuesto establecer una relación semántica sorprendente entre una serie de imágenes asociadas a las cualidades naturales de un coche y ello, además, vehiculado a través de una historia mínima, pero visualmente impactante.

Siempre, por supuesto, sin salirme un ápice del claim (el claim es lo que la empresa quiere que su producto transmita: las líneas maestras insoslayables, por así decir).

El zapatillero, que me lleva a un lado, dice que no, niega con la cabeza. Le explico que esto es por tal, que lo otro es por cual cual, que todo tiene su sentido, su ritmo, y que además respeta las directrices que nos había dado.

El tipo me mira sin entender nada.

Dice: es demasiado complejo.

Entonces me acuerdo de uno de esos maravillosos videos de Cannes, de la marca X, y se lo hago notar. Le advierto no ya la dificultad de comprensión de aquel, con respecto a mi propuesta, sino la absoluta contradicción entre lo que se contaba en el spot de la marca X y el supuesto claim.

El tipo responde: sí, vale, pero el vídeo de la marca X daba risa. Eso le gusta al espectador, y al anunciante, más.

Tócate los cojones -le digo.

Cojo mi proyecto y me largo.

Pienso: Pepe, espera hasta la semana próxima.

Ok.

Las propuestas de autobiografía son más que sonrojantes, aburridas.
El zapatillero lee algunas.

Al final dice: voy a elegir la mejor.

Bien, me digo. Bien.

Para este tipo super-creativo, ganador de varios premios en Cannes y que trabaja en una de las agencias más super-creativas (y potentes) de Barcelona, agárrense, la mejor autobiografía es la siguiente:

“Soy un tipo feliz”.

Indignado, comienzo a replicarle, explicándole en qué se basa justamente el ejercicio de autobiografía [clásico en los talleres de escritura creativa (talleres que yo había impartido un año antes)], le explico las razones por las que eso no puede ser una buena autobiografía, pues es justamente todo lo contrario de lo que una buena autobiografía debería ser.

¿Saben qué me responde el tipo?

-Es la mejor porque es la más creativa -me dice con una desfachatez sangrante.

Ese día abandoné definitivamente el curso y mis ilusiones por ver un buen fajo de billetes nuevecitos en mi mano.

Aquí tienen la razón de la publicidad:

que “no ha de reconocerse el estilo personal del copy” . Y esto por la razón de que “el estilo viene impuesto por los consumidores en tanto consumidores”, lo que culmina en la evidencia de que “todos los textos publicitarios suenan igual” [3].

Así, lo que ellos llaman creatividad, irónicamente, viene a significar lo contrario: el lugar común; o peor: el vacío semántico.

Un ejemplo de esto es el título de la novela de Pelayo Cardelús El esqueleto de los guisantes, pues que no significa absolutamente nada; nada en absoluto.

Es un título pésimo, pero cualquier zapatillero puede que te diga que es guay.
De hecho ya lo dijeron en su momento.

La novela de Cardelús va de una agencia de publicidad. Y se justifica por su lema de que “todo lo escrito es verdad, o sea no ficción” [4].

La historia la cuenta el propio Pelayo y es una especie de diario que abarca 31 anotaciones (que no concuerdan con días sucesivos, pero sí con días efectivamente trabajados en la agencia: más o menos desde finales de verano hasta navidades).

Ello se complementa con 10 posts extraídos del blog de Arístides, un diseñador gráfico al que han despedido de la agencia de publicidad (que se llama Nivel 5) y que podrían perfectamente estar escritos por Alfredo de las Hoces.

La gran virtud de la novela, su verosimilitud, se convierte, a la vez, en su gran falla.

Todo está contado en ese lenguaje publicitario, de frases que no dicen nada, que no describen, que no profundizan, que no individualizan y, así, los personajes no pasan de ser nombres secos y fríos, que recurren a un vocabulario manido, a frases tópicas, a situaciones prototípicas.

El resultado es una narración insensible, contada como a desgana.

Unos empleados se van, otros vienen. Rutina.

El protagonista es un freelance, un tipo “desapegado como un mercenario” [5], alguien que “a medida que [cumple] años, [siente] menos deseos de opinar y juzgar, y más de observar y narrar” [6].

Así, Pelayo se limita a anotar de manera antiséptica la rutina diaria de la oficina.

Nos da testimonio riguroso de ello, nada más.

Es una novela que Fogwill hubiera encontrado deplorable, por ser auténticamente fiel a la realidad que la sustenta.

Pero esto no se puede decir que sea culpa de Cardelús, pues” la publicidad pone imágenes y palabras a las ondas que emite la sociedad”  [7].

Además, sucede que “los guisantes no tienen esqueleto como la vida de una oficina no tiene argumento” [8].

Así esta novela, una novela sin esqueleto, sin argumento, y sin ningún otro atractivo mayor que la justifique como novela.

“El auténtico escritor siempre es un marginado, en cuanto que no vive en la sociedad” [9], manifestó en su momento Pelayo Cardelús a los medios.

Esperemos, pues, que la próxima producción literaria de Pelayo Cardelú corra a cargo  del auténtico  escritor y no del copy publicitario.

– – – –  – – –  –

[1], [3], [4], [5], [6], [7] & [8]Pelayo Cardelús. El esqueleto de los guisantes. Ed. Caballo de Troya. Madrid. 1ª edición. Enero de 2006. [págs 128, 107, 14, 34, 53, 88 & 15]

[2] Rodolfo Fogwill en entrevista con Elsa Fernández-Santos. La ética no es hacer o no hacer, sino decidir. El País. 20-03-2010.

[9] Pelayo Cardelús. Yo creo que la realidad en el espejo de la ficción… es ficción. La opinión de Zamora.

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No borres las pistas

Nunca es tarde
para tener una infancia feliz
Ramon Buenaventura. Teoría de la Sorpresa.
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Li Yu & Liu Bo

1.

Pensando en los beatniks,

y esto por la  película “The beatniks” (1960) [Una burla de Keoruac y sus compinches], de Paul Frees, me brinca en la cabeza esta frase de J. Ernesto Ayala-Dip a propósito de Fogwill,

dice:

“Es posible que los seres o las realidades parodiadas sean ellos mismos los únicos responsables de la parodia de que son objeto” [1]

Y esto también a propósito de la pelicula “La maman et la Putain” que vi el otro día en la filmoteca.

Es una película de Jean Eustache.

También es pura parodia de la nouvelle vague. Su defunción y defenestración. Un verdadero tonelaje que no es que no le deje a uno indiferente, es que te deja tocado, tres horas y casi cuarenta minutos de puro aprisionamiento dialéctico.

2.

A veces, pienso que nosotros, o mejor dicho la imagen que tenemos nosotros de nosotros mismos es justamente eso, una parodia de la verdad.

Sentir con demasiado éxtasis la ventura de nuestros actos, nos lleva indefectiblemente al desasosiego;

sí, es ciclotimia esto de lo que hablo, ¡pues claro!, pero la ciclotimia, en fin, es una parodia de la falsa estabilidad que creemos gobierna nuestras vidas.

Su legado artístico, si se quiere.

Sin saberlo, nuestra mente hace arte de nuestra vida infame. Porque sino, tal vez, nos quedaría sólo el llanto o el suicidio.

Es exactamente esto que dice Ángel González:

“[yo soy] el éxito de todos los fracasos,

la enloquecida fuerza del desaliento” [2].

3.

“Una burbuja es sencillamente una situación en la que los inversores creen que una subida momentánea en el precio de algo va a ser permanente”[3]

Supongo que sucede lo mismo con nuestra personalidad,

que se comporta como una burbuja.

Y es que a veces pienso si la personalidad no es sólo un truco de la cultura para mantenernos bajo su yugo.

Una negligente artimaña de la vanidad.

Porque un éxito nos hace pensar en interminables sucesiones de éxitos. Y ello no suele suceder y, sin embargo, un día y otro es esa nuestra esperanza y convicción.

A ella, de hecho, solemos apostar casi todos nuestros recursos.

Es lo que nos vende la publicidad actual: la identificación a través de la tenue sonrisa provocada por el chiste barato. Una parodia más. Los prosumidores no son nada más que eso: una forma de falsificar la volición utilizando la simulación en modelos aparentemente actanciales.

Es por ello, imagino, que no nos queda sino la estética.

Fíjense en la proliferación infame del diseño gráfico y la cocina de autor, por poner dos ejemplos rápidos en esta nuestra Barcelona más actual.

Javier Marías lo dice en otros términos:

Lo malo de nuestro país es que la realidad siempre acaba imitando a su caricatura, y aun la deja pálida [4]

Sin estética

el ser humano no es más que un simpático esqueleto con piel y vello y enfermedades.

Irónicamente, sin estética, no hay poesía.

Y, sin poesía, no hay vida que merezca la pena ser vivida.

4.

Creo que con toda probabilidad,

nuestro problema radica en esos mismos modelos de representación

(las obras de arte contemporáneas).

Si la época anterior a la nuestra se caracterizaba por ser una época trágica, y por ello había de ser tratada con el humor,

nuestra época se caracteriza por su creciente desapego, y la forma seria e indolente que tenemos de tratarla y que, justamente, revela su falta de ironía.

La consecuencia es que el ridículo se ha disociado.

Nada es ya ridículo, porque todo lo es.

(un ejemplo de imbecilidad compartida)

Es decir, no hay modelos comparativos, ni criba, ni sistemas de valor. Así, el arte no hace parodia del ser humano, sino que irónicamente, lo vuelve sagrado.

El gran ridículo de nuestra época es, digámoslo de una vez: la solemnidad.

Y ello viene marcado muy de cerca por la ignorancia.

5.

Por ello,

debido a la falta de distancia crítica con la realidad,

las obras de arte actuales suelen nacer ya casi muertas, fatalmente ligadas a un momento histórico tan preciso y particular (en el que son creadas),

que en un suspiro su vigencia ya ha pasado.

Y esto tiene un correlato insoslayable en nuestra personalidad, que no acepta el fracaso, y lo disfraza, y crea en torno a él una burbuja, y la dialéctica se utiliza para suavizar los rastros y no para enfatizarlos.

Pero sin rastros, démonos cuenta, sin las piedrecitas que se van dejando para marcar el camino, lo que quedan son livianas y fútiles migas de pan,

y, ya lo sabrán Vds. que este mundo está lleno de buitres disfrazados de pajarillos que no dudarían un instante en comerse todas las miguitas.

Este es el gran problema de nuestra sociedad,

que queremos que todas las cosas sean iguales, pero si invertimos el aserto, fíjense: si todos somos iguales, significa que necesariamente no hay nadie ni nada diferente.

Si cada cual no marca su propio camino con las piedrecitas que son sus fracasos,

y sustento propio de su personalidad, la consecuencia es sencilla:

que la burbuja cada vez se vuelve más irrespirable.

Y muchas burbujas juntas, atropellándose, acaban pareciéndose bastante a una ciudad sitiada.

[1] J. Ernesto Ayala-Dip. “Una argentina soviética”. Babelia (El País).04-07-2009.

[2] Ángel González. Para que yo me llame Ángel González.

[3] La crisis financiera. Guía para explicarla y entenderla. Juan Torres López, con la colaboración de Alberto Garzón Espinosa. Editado por ATTAC. [Pág 20]

[4] Javier Marías. Caricatura del jefe español (o no tanto). En La Zona Fantasma. 5-Julio-2009.

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