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1 ejemplo (visto en Bcn) de la post-autonomía del lenguaje

Visto en la Calle Urgel (Bcn)

 

CODA:

“Todo ruido genera la pérdida de coordenadas, y a esta pérdida le corresponde, por parte de la percepción, una pérdida de coordinación y orientación. Nietzsche […] le atribuye a éste [al ruido artístico] como efecto un vértigo sensible y espiritual” [1]

[1] Martin Seel. Estética del aparecer. Katz editores. Buenos Aires/Madrid. 2010. [pág 239]

 

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Háblame (Talk to me)

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Aparejados

Son apáticos, indolentes […] Ahí está la razón de por qué comen y duermen tanto [1]

1.

Leo a pares

las novelas de Javier Marías

(Mañana en la batalla piensa en mí & Negra espalda del tiempo)

y las de Henry James

(The Tragic Muse & Roderick Hudson).

El primero, à-la-inglesa, describe el carácter de los españoles.

El segundo, à-la-inglesa, describe el carácter de los americanos.

2.

Si se fijan

en la aseveración de Mussolini que adorna el comienzo de este post, se darán cuenta de que Benito, à-la-española, describe a las claras el carácter de los italianos.

“Y así suceden las cosas siempre que haya intención por que sucedan” [2]

3.

Dice Leonardo Sancho Dobles que

El poeta y el místico buscan una comunicación/comunión con la alteridad” [3].

Y sucede que convertirse en un remedo del otro (los jirones del autor que trasudan fríamente en la figura narrador) es quizá la forma única en la que podemos describirnos a nosotros mismos.

De esta forma pues es que necesitamos una distancia jactanciosa con el dolor, para poder comunicarnos con él y, hasta cierto punto, hallarle no tanto el raciocinio del místico, pero sí el denuedo lúdico del poeta.

De ahí que la buena narrativa exude liricismo y chirigota, aun cuando el numen del artista provenga de los más ponzoñosos abismos de la abyección y la ignominia.

4.

“los hombres nuevos no le temen a la deconstrucción” [4]

Pero

volvamos de una vez a Marías y James.

De alguna forma, cuando lee uno a grandes autores los deconstruye.

Y lo hace -si es listo- para su provecho.

Hay entonces una clara distinción entre el plagio más o menos encubierto, la solazada imitación del estilo o los temas, y la asimilación de la verdadera poética de un autor, como acicate para la creación de la propia.

O incluso iría más allá y utilizando la terminología de Genette tal vez hablaría de transtextualidad o (re)apropiación.

A mi entender, es lo que sucede en el estadio primerizo de los escritores, tal vez cuando hablan en voz baja con sus maestros, les piden consejo y/o perdón.

Por ejemplo, leer a Marías es ver cómo éste ha ido deconstruyendo novela a novela  y asimilando a Bernhard y a Sterne, pero también Nabokov y, quizá tangencialmente a Faulkner, seguro gracias a Benet.

El estilismo narrativo de Heny James le debe tanto a los mosaicos dickensianos, pero también a Merimée y Balzac, así como, oblicuamente, pensamos en un diálogo de éste con Hawthorne en sus novelas cortas.

Pero, sin embargo, tanto James como Marías, son puramente James y Marías y nada más que eso;

ambos con sus preocupaciones artísticas

(el lenguaje y cómo contar en el segundo y la tentación apasionada que nubla la rigidez filosófic0/religiosa del artista en el segundo),

sus temas y su mundo.

Ambos sofisticados  y cosmopolitas.

Ambos preocupados por las ligerezas de su tiempo y sus estilos y tonos

(Marías con la novela de espías e intrigas y James con su investigación neogótica).

Ambos parte de una tradición y, sin embargo, únicos.

Los dos con un intacto sentido del fracaso, del deber, pero, sin embargo, de la necesidad de seguir jugando.

Como reza la tumba de Henry James: “interpreter(s) of his generation”.

5.

Es una paradoja que no deja de asombrarme.

Y me refiero a la secreta ambición de la vida por reagrupar lo que teníamos desperdigado.

Esa “sensación de que los libros me buscan” [5]

El mismo James que hacía tiempo no leía, o Marias, al cual detesté aviesa y gozosamente por culpa de su fallas en el idiolecto de sus personajes y que, contra todo pronóstico, reapareció saleroso y peleón en los últimos tiempos

[y Ángela tiene gran culpa de ésto].

Pero -y lo digo en mi descargo-

también a James se le achacaba la irrealidad de sus diálogos.

Y qué, además, me pregunto. Qué, qué importa.

Porque es que ficción y realidad aunque vengan aparejadas no son partes constitutivas de lo mismo.

No son hermanas, sino primas.

6.

El gran escritor

es aquel que -a sabiendas- pone su escritura al borde mismo del abismo de su estilo y sale airoso.

Es aquel

que presenta sus cartas sin más demora y va anexionándoles a estas apéndices,

glosas y el martirio de un razonamiento que se va vistiendo de interminables tropos y disquisiciones,

digresiones y hasta algún paso en falso y que,

sin embargo,

consigue que no solo el cuerpo del delito (la obra) salga rejuvenecida de la experiencia, sino doblemente el lector -al ser participe de ambos logros: el suyo propio y el del escritor-.

Tanto al escribir (cuando redoblamos -si se me permite la expresión- las campanas del otro, el maestro), cuanto al leer (desvelando el complot secreto del escritor),  la experiencia es doble y, por ello, rica.

Así, la pareja Lector/Escritor y Escritor/Maestro conforman un vínculo preciso, a la vez doloroso y feliz,  como el que sucede en estos versos de diferentes poemas del poeta contemporáneo de Rilke, George Trackl,

el niño que:

Peacefully  looks into the night

With eyes that are completely truthful [6]

y la musa nocturna a la que se le espeta:

There you feel: it is good! in painful exhaustion [7]

7.

El hombre nuevo,

en fin, es aquel que, de la parte del lector, no teme ser a un tiempo niño y musa y, del otro lado, de la parte del escritor, no teme realizarse como autor inspirado por las Gracias y ser consecuentemente después sólo noche oscura que es observada con la crueldad de la mirada sincera del niño.

O resumiendo mucho más:

el buen lector exige a su autor preferido que este sea uno, pero consecuencia de muchos,

y el buen autor le pide a sus lectores que sean una multitud que escruta siempre por propio egoísta interés.

Ambos (autor y lector, maestro y discípulo) son tesoreros de un secreto milenario que es (re)dicho cada vez que la pareja se (re)encuentra,

y esto sucede siempre en la tranquilidad de una cena con velas y buen vino,

en esas veladas

en las que se presiente siempre el colofón glorioso de la alcoba.

************************************

Extra,

EXtra;

———————–EXTra…. EXTRa ….. ¡¡¡¡EXTRA!!!!!——————

Tercera acción (o intento de destrucción del lenguaje):

Comprar -a crédito- vidas múltiples (e inacabadas) de un objeto y que se superpongan en el tránsito gozoso de la utilización práctica del mismo.

Fíjense en los precios:

1. Precio de Alcampo

(lugar inexistente): 9.50 euros.

2. Precio de la Fnac

(contubernio gafapasta-generación mutante): 9.95 euros.

Corolario del experimento:

a) Francia nos invade.

b) la (post)modernidad es un presupuesto neo-volteariano.

Addenda (de Ángela):

“Imagine … a neurosurgeon … deliberately stimulating a patient’s brain to induce a thought -he is merely doing clumsily and invasively what a novelist does from a distance. Some outrageous comparisons: Shakespeare was a better psychologist than Freud, Jane Austen has more to say about human nature than Margaret Mead, Dostoevsky than Pavlov, Proust than Piaget. (An exception: the philosopher-psychologist William James was at least the equal of his novelist brother Henry in terms of insight into the human mind.)”
“Ian McEwan and the Rational Mind,” Matt Ridley, Foreword to Ian McEwan, Sebastian Groes (ed.). London: Continuum, 2009, viii.

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Canción del día:

We used technology but technology let us down – Maus Haus

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[1] Benito Mussolini (hablando sobre el carácter indolente de los españoles), recogido por su amante Claretta Petacci, en sus diarios. Artículo de Lucia Magi para El País (17-11-2009).

[2] Miquel Urmeneta, en su blog Natural born Majadero, hablando sobre la gestación de Kukuxumusu.

[3] Leonardo Sancho Dobles (Universidad de Costa Rica). “Misticismo/Erotismo: algunos ejes de la poética de Octavio Paz, en Revista Espéculo (UCM). Número 35. 2007.

[4] David Puente“Vuelve el hombre nuevo” (sobre Colin Newman). Revista Lamono. Especial EnMasculino. Noviembre de 2009.

[5] Javier Marias. “Negra espalda del tiempo”. Ed. DeBolsillo. Barcelona. Octubre de 2006. [pág 205]

[6] & [7] George Trakl. “Romance in the night” & “Evening Muse”, de Poems. Ed. Kurt Wolff. Leipzig. 1913.

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Potencial designativo: homenaje a Xavier Rubert de Ventós

¿Acaso no es muchas veces la obra de arte una lucha entre los distintos mundos -la naturaleza. la subjetividad, la ideología, etc…- a que nos remite? [1]

1. Alienación objetiva (el mundo)

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2. Alienación subjetiva (el demonio)

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3. Alienación decorativa (la carne)

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4. Alienación metafísica (ontología ensimismada)

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Canción del día:

Cançó de la font del gat – Jaume Sisa

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[1] Xabier Rubert de Ventós. “El arte ensimismado”. Ed. Anagrama. Barcelona. 1997. [pág 51]

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Realidades subjetivas

1.

“El realismo no sería tanto una estética como el objetivo seminal de la ficción literaria: hacernos vivir otra vida” [1]

Cuando uno nota hacia donde va el lenguaje de un escritor, su intención, significa que éste (el escritor) no va a ningún sitio.

El que sí que va hacia algún lado es su lenguaje, y va directo a su predicho final, convirtiéndose su prosa en previsible, inapetente y, por ello, desestimable.

En estos casos el escritor es la aldaba de su estilo.

Es el escritor un calendario lleno de hojas (limitadas), cuya prosa son las hojas caídas de esta secuencia de días (capítulos, párrafos, frases).

Sucede que, cuando una prosa no crea una cronología ni un espacio nuevos, más que escalera para el pensamiento, resulta ser esta prosa (el libro, la obra) pavesas que cubren el cementerio que entierra el mar chisporroteante de la posible reflexión.

Irónicamente, se diría que dicha prosa, por no tener autor que la sustenta, sino simplemente mano que la sujeta (mano flácida del escritor), no puede ser subjetiva.

En estos casos deberíamos hablar propiamente de producto cultural.

Por una razón muy sencilla: no nos conducen a la posibilidad de otra vida, sino que son regodeo de la nuestra propia.

2.

“Conviene saber que la ironía no es otra cosa que una estrategia del conocimiento humano que nos protege de todo aquello que nos asusta” [2]

Es sintomático como en los casos mencionados en el apartado 1 el escritor trata de justificar su impericia con la ironía.

Sólo que, dado que lo que sustenta su discurso es chocarrería lingüística, el resultado jamás es la ironía sino productos menores de la familia: guasa, sorna, sarcasmo, calambures varios, etc.

En otros casos, los escritores del apartado 1 piensan que se saldrán con la suya si lo hacen al modo de la solemnidad, y preñan sus textos de grandilocuencias, falsos cultismos, adverbios larguísimos y una buena ristra de sinónimos impropios.

Igual que dice el personaje Josephine, de la novela “Impossible Saints” de Michele Roberts (irónicamente una novela perteneciente al grupo 1), así debería sentirse el lector de buenas ficciones:

“reading was her way into the world […] the rules written on them in invisible ink” [3]

La clave

es que el escritor debe escribir como si fuera un extranjero de su propio idioma.

El escritor debe mudar su prosa hacia el barbarismo y el terrorismo filológico.

Sólo así

se conseguirá enmendar su personalidad de escritor y se evitará la terrible confusión que induce a los malos autores a confundir y sintetizar autor y personaje en ese mal híbrido que no es chicha ni llimonà y que por eso no acaba de convencer nunca,

pues ya sabemos -de antemano- su itinerario.

¿Por qué?

Ya lo dijimos antes: porque se trata de un producto de la cultura de su tiempo.

Así no es el personaje ni uno ni el todo, sino alguien, cualquiera. así el autor, también: un ser intercambiable, como los presentadores televisivos, los políticos, las starlettes o los concursantes de Gran Hermano, banalidades de un momento histórico, anécdotas.

Pues no olviden que subjetividad y cultura son términos encontrados.

EXTRA!

………..EXTRA! !

…………………..EXTRA! ! !

Segunda acción (o intento de destrucción del lenguaje):

búsqueda de una personalidad alternativa (inexistente) para provocar la incongruencia y acabar con la personalidad -verbal- del sujeto.

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[1] Jordi Amat. “Dinámica de la novela”. Sobre el libro de James Wood Los mecanismos de la ficción (Ed. Gredos, 2009). En el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Miércoles 04-Noviembre-2009. [pág 14]

[2] Jesús Martínez Clarà. “Ficciones separadas”, sobre la exposición The dream & the promise, de la artista Aleksandra Mir, en la galería Joan Prats (Bcn). En el Suplemento Cultura/s de la Vanguardia. Miércoles 04-Noviembre-2009. [pág 20]

[3] Michele Roberts. “Impossible Saints”. Virago Press. London. 1997. [pág 44]

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