Cosas que -acaso sólo- suceden en verano

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Cuenta Sergio Galarza en la revista La sueltaaquí– su experiencia en Estados Unidos de cuando era un adolescente en un texto que lleva por título “Un verano en Idaho”. Así comienza el breve texto memorialístico (o acaso, mejor, nostálgico, como él mismo lo define):

“El año 2000 viví cuatro meses en un pueblo de Idaho llamado Sun Valley, a quince minutos de Ketchum, otro pueblo, donde pocos saben que está enterrado Hemingway.”

Lo interesante del caso es que finaliza el texto de la siguiente manera:

“Quiero volver a Ketchum algún día, de verdad, y decirles a los que quedan, que ahora son personajes en algunas de mis historias. ¿Les importará?

O quizás sea mejor pasar de largo como la mayoría de coches de la carretera.”

En mi opinión, es mejor pasar de largo, y quedarse apenas con esa emoción nostálgica. De ahí, creo yo debería surgir la literatura: de esa parte que queda en la memoria y que, strictu sensu, nada tiene que ver con las personas reales -físicas, cambiantes, singulares- de las que apenas partió un sedimento para el recuerdo, que es ya creación posterior del sujeto escritor.

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