El filósofo como bufón

La editorial AK va a sacar en breve un nuevo libro de Bifo que llevará por título After the future.

En el vídeo el propio autor adelanta las claves del mismo:

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Es interesante lo que dice en la última parte, lo transcribo*:

Thera-poetry

Giorgio Agamben, in a text about language and death, says that the voice is the meeting point of body and meaning. Interesting idea. And I would say that poetry is the meeting point of meaning and sound—meaning and music. Because music does not mean only sound, it means rhythm. And what we need is to find our singular rhythm. Singularity is all about rhythm. It is about recording your refrain, your ability to to relate to the stars in the sky, to the ground, to the body of the other, to your own body. So I say the thera-poetry, and I think about the thera-poetic affect of my voice, of writing poetry, poetry, voice, body, coming back from what has been denied because of the acceleration of the info-sphere.

I have a dream, a dream of a website where you can click the link and the screen gets black. You cannot check your mail you cannot check your facebook profile, you cannot go anywhere in the net, you only can listen to my voice. This is thera-poetic in my mind.

*aquí hay una transcripción completa del vídeo.

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Hay algo que me viene llamando la atención desde hace rato, y se refiere justamente a la voz.

Fíjense en lo criminal de ese inglés de Bifo, pero no menos estridente que el de Zizek, por poner otro ejemplo notable. Sin embargo, ninguno de los dos realiza el menor esfuerzo para atenuar su acento. Más bien lo acentúan y se esfuerzan en realzar su histrionismo. Y no solo con la voz, sino con sus gestos, teatrales, bufonescos.

A uno enseguida le viene a la mente Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll.

Y la analogía es inmediata.

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Pero cojamos ahora un ejemplo vernáculo, el ensayista Eloy Fernández Porta no se queda lejos de lo dicho. Donde aquellos fuerzan el histrionismo como disfraz chocarrero desde el que intentar seducir con sus opiniones y teorías, Porta muta a juglar postmoderno y se defiende con la máscara del personaje de cómic; sus ideas, así, se exponen en el contexto del hombre común que demuestra modos de superhéroe frustrado.

Cada uno de los tres a su manera, pero todos ellos (re)fuerzan con cierta insidia chistosa -autoconsciente- sus ejecuciones vocales.

Y parece que les funciona, pues vencen la resistencia del espectador, que relajado y ya sin temer la evangelización de un magisterio, escucha sin juzgar (al menos a priori) sus argumentos y soluciones.

Pero yo me pregunto:

¿Es este el único modo posible que le queda hoy a la así llamada no-filosofía?

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