Lo que dicen (de más o de menos) las palabras

Juan Luís Martínez, “Campo de cerezas”

1.

Comencemos por unos versos de Javier Cánaves, que dicen así:

“Cada palabra dice lo que dice, /pero no sólo eso. / Intento no olvidarlo” [1]

[1] Javier Cánaves, “El infierno musical”, de El peso de los puentes (DVD Ediciones, 2006) [se puede leer el poema íntegro aquí]

*nota: En el blog de Javier Cánaves, aquí, se puede leer otro poema magnífico del libro, que lleva por título “Ciudades que estallaron”.

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2.

Y ahora escuchemos estos otras de Dwight Garner (que tampoco conviene olvidar):

“The sad truth about the book world is that it doesn’t need more yes-saying novelists and certainly no more yes-saying critics. We are drowning in them. What we need more of, now that newspaper book sections are shrinking and vanishing like glaciers, are excellent and authoritative and punishing critics — perceptive enough to single out the voices that matter for legitimate praise, abusive enough to remind us that not everyone gets, or deserves, a gold star” [2].

[2] Dwight Garner, “A Critic’s Case for Critics Who Are Actually Critical”, The New York Times magazine, 15-August-2012.

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3.

Y todavía una frase más, del crítico de arte chileno, pero radicado en Brooklyn, Christian Viveros-Fauné:

“no existe ni ha existido nunca una escena de arte importante sin una buena escritura crítica [3]”

[3] Christian Viveros-Fauné en entrevista con Guillermo Machuca. “Al arte chileno le vendría bien un Mayne-Nicholls … Dios nos salve de los Jadues”, The clinic. 07-agosto-2012.

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4.

Y finalicemos con un apunte narrativo.

Es de A.G. Porta, y dice así:

“Ya recuerdo, dijo [Braulio], era un cuento sobre la Navidad, se trata de un pobre que anda por las calles de Barcelona aterido de frío, buscando un lugar donde cobijarse y arrastrando un carro repleto de cartones y de plásticos. La gente le esquiva por las calles iluminadas con bombillas que recubren los árboles y que cuelgan de un lado a otro formando dibujos. Los peatones se excitan con las luces de las tiendas y los regalos y se apartan del pobre como si tuviera la lepra. Tan solo quieren comprar, comprar y comprar […] De pronto, al pobre le sobrepasa un taxi que se detiene un poco más allá. Del taxi desciende un hombre de unos cincuenta y tantos años que se dirige directamente a él. El hombre no sabe qué pensar, se detiene en medio de la calle. El hombre tiene aspecto de policia de paisano. El pobre lo sabe porque en su dilatada experiencia en las calles ha aprendido a reconocerlos. Cuando se planta delante de él, el pobre duda, no sabe si huir abandonando el carro o quedarse. Ambos hombres se miran a los ojos. Es una mirada relámpago, dice Braulio, porque sin darle tiempo a reaccionar, el policía de paisano le entrega un abrigo nuevo. Al pobre no le salen las palabras y para cuando quiere decir algo el otro ya ha montado de nuevo en el taxi y se ha ido. ¿Comprende la moraleja? […] ¿Comprende la moraleja?” [4]

[4] A.G. Porta, Braudel por Braudel, Ed. Acantilado, Barcelona, 1999 [pág 29]

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5.

Me veo tentado a escribir unas conclusiones sobre lo leído y expuesto, mas el temor a caer en el pleonasmo me resulta de una severidad hoy insoportable.

Así que dejaremos que las palabras digan o callen por sí solas y, por un día, nos resistiremos a la hermenéutica y desertaremos del metacomentario;

sin que sirva de precedente.

*

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BOLA EXTRA:

*

Concluyamos con la declaración de principios (y grito de guerra) del crítico mexicano Christopher Domínguez Michael, y que dice así:

“Donde persistan los lectores, deberá persistir la crítica. Nada se va a acabar.” [5]

[5] Christopher Domínguez Michael en entrevista con Basilio Belliard. “La crítica en el gallinero mexicano”. La Otra Revista, nº 65, agosto de 2012.

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