El acento con el que dices las cosas

Sebastià Miralles, “El acento con el que dices las cosas” (2008-2009)

1.

Sobre el conjunto creativo de Sebastià Miralles (Vinaròs, 1948) que adoptó el nombre de El acento con el que dices las cosas (2008-2009), dejó escrito Assumpta Rosés –aquí– en el catálogo para la galería Kessler-Bataglia que:

“Creo ver claro que sus obras, casi todas las que ha hecho a lo largo de muchos años, tienen unos referentes iniciales muy estables: constructivismo, minimalismo, abstracción. Todas ellas tendencias amigas de la geometría”.

Pero, de otro lado, habría también una segunda línea:

“aquella que da protagonismo a los valores sensibles de la materia, la leve irregularidad o naturalidad de las formas, el tratamiento de las superficies, digámosle pictórico, orgánico, sensible y expresivo”.

Entre ambas líneas, sin embargo, opina Rosés, queda una zona de misterio, y en esa fisura “los sistemas lingüísticos cuelan los dictados inconscientes, la síntesis de creencias y pensamientos, ayudando a configurar un corpus simbólico propio”.

El acento con el que dices las cosas se componía de un conjunto de dibujos, esculturas y un libro de poemas (que no se llegó a publicar).

La idea que, a mi parecer, es la más representativa del proyecto (y que también menciona Rosés) es la de la reversibilidad.Y ello por la fuerza de los arquetipos que la componen, significaciones que funcionan al modo del flujo de boomerang.

Porque nada en este conjunto artístico es mezquino, puntualiza Rosés.

Dice el propio Miralles que “la abstracción conforma una alternativa a la angustia con que percibimos el mundo”.

Cierto, pero esa misma angustia se percibe en el conjunto, en la fisura por donde se cuela lo personal, que atenta contra la idealización de la forma y la geometría.

En resumidas cuentas, es una obra que basa su fuerza expresiva en el (re)conocimiento del espectador; en conocer dos veces lo ya sabido (por intuición, herencia genética y/o evolutiva de la especie o acaso por la sabiduría de los arcanos universales). Un conjunto de dibujos, esculturas y poemas que se mira y (re)mira con el placer de saber que la contemplación nos va a devolver algo de nosotros mismos, cierto ideal perfecto cuya idea anida en nuestra conciencia, pero que sabemos inalcanzable, deseable y siempre esquiva.

Por ello, las diferentes modalidades significativas que la obra es capaz de asumir (y que se cuelan por esa fisura que menciona Rosés) las pone no solo el autor sino el espectador.

Es una obra que, por tanto, requiere de una participación activa, y no en el hacer o en el decir, ni tampoco en el contemplar del espectador, puesto que no requiere de este la mera contemplación o una mirada cómplice. Sus demandas, expresadas de manera clara, concisa y sin dobleces exigen algo más al espectador: le piden que asuma y personalice la obra; que la dote de un énfasis individual.

 

*

2.

Estamos acostumbrados a que en España se haga hincapié en la valentía, independencia y autonomía de los jurados de los premios literarios. Estamos demasiado acostumbrados a que el empaque de la voz severa que se utiliza en la comunicación de tal idea, la pomposidad y, por qué no decirlo, la pedantería con la que se nos notifican los resultados de tales premios cree una nebulosa tan fuerte y letal que aparque a un lado lo realmente dicho, es decir, el nombre -y las circunstancias del nombre- premiado.

Así, se vanaglorian los jurados que comunican sus decisiones a la prensa de ese mismo decir, ampuloso y fatuo, en ocasiones de intención doctrinal.

Pero, ah, luego queda el hacer (que debería ser más importante que el decir). Y ese hacer está tan hueco como una lata vacía de hojalata en la que resuena infame y tortuoso ese decir, decir, decir (acuérdense aquí de Juan Ramón y de la prosodia fútil).

Siendo prosaicos: los jurados se llenan la boca diciendo que las obras que premian son magníficas, que han leído con interés los manuscritos, que han sido libres en su decisión y, convencionalmente, presentan la obra adornándola con unas sentenciosas medallas de una guerra inventada.

Pero, resulta muy extraño que la casi totalidad de esas obras pertenezcan a nombres reconocidos, a nombres vinculados a los propios jurados o a la editorial. Hombre, podría ser; mas, si aceptamos que es así, la literatura española estaría rompiendo moldes internacionalmente y dictando la vanguardia. Pero esto…  como todo el mundo sabe, no es así -ni de largo.

Por eso llama tanto la atención declaraciones como las de Peter Stothard, jefe de los jurados del Man Booker y editor del Times Literary Supplement, al decir que:

 “Who published a book, and indeed even the author, is of very little concern to Man Booker judges. We were considering novels not novelists, texts not reputations” [1]

A lo que añade:

“We’re not looking for books that you can pick up in a shop and say ‘I must have that’. We’re looking for books that are good value for money, that you don’t leave on a beach, that you read again and again,”

Escuchen: en la long list del Man Booker se han incluído 4 escritores noveles con ficciones innovadoras y han dejado fuera pesos pesados como Martin Amis, Ian McEwan o Zadie Smith.

Se trata -como ven- de decir, sí, y de decir bien (lo cual es importante), pero más importante todavía: de hacer.

A ver si esta crisis profunda general española, pero específicamente del sector editorial, sirve para que, de una vez, se comience a hacer, y a hacer bien, de manera elocuente y con dignidad, y se dejen de tanta verborrea pueril y de tanta obra previsible y y anodina y se apuesta de una vez por algo tan sencillo como por libros que de veras valgan lo que se nos pide pagar por ellos, libros que te dan ganas de leer no ya varias veces, con que den ganas de terminarlo yo ya me conformo y me doy con un canto en los dientes.

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[1]  Alison Flood. Booker prize 2012: new guard edges out old in wide-ranging longlist. The Guardian. 25-July-2012.

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ADDENDA:

Sobre el tema del precio de los libros (hay que bajarlos, hay que bajarlos, ¿cuándo se darán cuenta?), Manuel Gil (del blog Antinomia Libros) ha dejado escrito un largo post que merece la pena leer y que lleva por título La zona cero de la crisis de las libreríasaquí-.

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