Maladie contagieuse

Sharon Kivland, “Je suis malade de mes pensées” (2010)

Y es que así no se puede.

Todo este calor atroz que subyuga a la ciudad; no se puede de esta manera.

Y no porque desmonte la estructura del trabajo, la dedicación o el gusto; para nada, sino que lo que perpetra es la enfermedad del pensamiento.

Es decir, el bochorno crea una retícula de inteligencia autónoma que se te inserta en el cerebro y no puedes sino pensar, pensar y pensar. Y esto de manera más acusada en el sueño que en la vigilia; por ello, se le llena a uno la cabeza de sueños, ideas, más sueños: narraciones múltiples, variopintas, a veces ligeramente interconectadas, a veces fugaces.

Y, así, el problema se presenta después, porque los dedos (mis dedos) son infinitamente más lentos que la tal retícula de pensamientos enfermizos y no hay manera de darles salida, de publicitarlos o proveerles el formato de una narración, una crónica o de ensayar una reflexión que reuna a todas estas ideas dispersas en una teoría más o menos lógica, coherente y unificada.

Entonces, ya lo dije, el problema no es el calor sino más bien el qué hacer con los efectos multiplicativos (en lo que a conspiraciones literarias se refiere) de ese calor.

Dice el artista Santi Moix –aquí-: “Aprendí a no buscar explicaciones, a creer en el orden oculto de las cosas”.

Siendo así, y si me viese obligado a explicitar con una sola imagen lo presentido -y sufrido- en estos días, esa enfermedad que no tiene explicación, me parece que no me quedaría más remedio sino que hacerlo con una obra del propio Moix; es la siguiente:

Santi Moix, “Farka” (2006)

*

*

*

ADDENDA:

Y por si a alguien le quedan dudas del secreto conciliábulo de los vapores de esta canícula feroz, sépase que este post hace el número 966 de este blog.

Anuncios

Comentarios desactivados en Maladie contagieuse

Archivado bajo ¡Viva el verano!, Vida personal

Los comentarios están cerrados.