La literatura como ricorso

Robert Malmberg, “Summer in the city”

Al respecto de lo que dirimíamos el otro día, sobre el futuro de la literatura, tiene razón Darío Rodríguez –aquí– cuando dice que: “La literatura no murió. Sólo está muy ocupada como para acudir a tantas insulsas y estridentes fiestas”.

En esto pensaba mientras leía un poemario de la nicaragüense Claribel Alegría que compré esta mañana, se llama Otredad (Visor, 2011) y en él hay un poema que lleva por título “Invocaciones”. Dice así: “Invoco a la muerte / sin cesar / pero también invoco / a la poesía / que sé que me aleja / de la muerte”.

Moraleja: pues que lo que se ha muerto -si acaso- es una cierta concepción de la vida, no la literatura.

Entonces me he acordado de aquella serie que hicimos en La soledad del deseo –aquí-, la de Especulación del talento, al leer un extracto del dietario Ratas en el Jardín (Libros del asteroide, 2012) de Valentí Puig y que dice así:

“el nuevo rico nunca elige el esnobismo de la literatura porque eso le obligaría a leer. Se pierde demasiado tiempo. Vale más interesarse por la pintura actualísima: es más cómoda, también es decorativa y tiene un valor especulativo. No hace falta saber nada más: solo pagar y colgar el cuadro en casa” (p. 40)

Y leyendo un poco más, me encuentro con la siguiente solución:

“la cultura, como organismo, no vive de sustituciones ni de progresos que desplazan efectos anteriores. En la cultura siempre hay un ricorso, un retorno a las cuestiones esenciales del hombre ” (p. 68)

O sea, que es algo muy sencillo, se trata de hablar de esas cosas que nos son fundamentales, del amor y la muerte, los afectos, la ilusión, el goce, el deseo, la alegría y las penas, las incomodidades y el bienestar efímero y dejarnos de tanta cacharrería meta-conceptual y tanto victimismo latoso.

En tanto que haya un solo hombre o mujer preocupados por las inclemencias del estar vivo y se decida a indagarlas y piense sobre ellas y decida comunicarlas de una forma bella y verdadera (es decir, honrada), seguirá existiendo una literatura que de veras merezca llevar tan ilustre nombre; todo lo demás son monsergas y distracciones.

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