Sobre el entusiasmo

Escribe en el último número de La Jornada Semanal (20-Mayo-2012) José María Espinasa lo siguiente:

“Hay críticos, invadidos por el resentimiento, que creen que el entusiasmo es un lastre para su labor y han perdido la capacidad de celebración. Creen que su labor es hacerla de policías literarios y terminan tiñendo su incomprensión de rigor moralista para disfrazar su insensibilidad ante el texto, y dicho sea de paso, ante el entusiasmo”.

En la columna, que lleva por título “Nostalgia del entusiasmo” –aquí-, se lamenta Espinasa de que hoy -tristemente- los lectores se dejan guiar por la publicidad y no por la fe y la confianza en el magisterio de un autor  o por el canto prófetico y festivo de los así llamados críticos literarios.

Me parece a mí que Espinasa acierta, pero errando el tiro. Es decir, que lo que hoy nos sobra es entusiasmo, pero un entusiasmo negativo que se convierte en maldad, encono y, eventualmente, en odio. Me refiero, eso sí, a ciertos lectores, analistas y críticos de Internet.

Y al respecto de los críticos de los periódicos y su insensibilidad tácita, creo que no hay mucho que añadir, pues como vulgarmente se dice, “les quedan dos telediarios”; así, es natural que defiendan con uñas y dientes su protectorado. Pero no tanto (creo yo) por resentimiento cuanto por temor. Así, han encontrado que un modo rentable de mantener su chalet con jardín y piscina es la tibieza. El objetivo es claro: no llamar la atención para que nadie repare en ellos y no tenga que poner(se) en cuestión su validez, pertinencia o relevancia. La clave es no levantar sospechas sobre sí, y ya se sabe que el entuasiasmo es contagioso y/o ofensivo. Por ello, mejor no buscar el relumbrón de los focos, piensan.

En mi opinión y a estas alturas tal debate es ya puramente pírrico.

Soy de la opinión de Peio Aguirre quien dice –aquí– que ” Internet es un magnífico lugar para el fluído vírico”. Lo mismo que, con otros argumentos viene a defender Alberto Santamaría -aquí-, al decir -con cierta reticencia- que “Internet no es el problema, todo lo contrario: puede que incluso (no lo sé) sea la oportunidad para la crítica”.

Aprovechémoslo pues, pero eso sí, con la pasión de quien admira (y por eso reflexiona, teoriza e indaga) y no con el enardecimiento de quien oculta intereses personales.

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