Souvenir(es)

Claude Abad, "Souvenir de Madrid (4)"

Llama la atención la cantidad de nuevas editoriales que han venido surgiendo en España en esta época última de crisis. Editoriales que se pretenden, cada una de ellas, singular, de marcada línea editorial (por supuesto, distinta de todas las demás) y con una identidad no solo dinámica sino con el propósito de incidir en el discurso imperante actual. Sin embargo –y casi sin excepción- se dedican todas a ellas a rescatar textos del olvido, textos las más de las veces, justamente olvidados y olvidables, por haber sido escritos bajo el yugo de unas determinadas circunstancias particulares (una tendencia estética, unos temas, un diseño estructural, etc) que poco o nada nos dicen hoy. En otras palabras, textos que revelan actitudes que ya no forman parte de la historiografía sino que buscan –supuestamente- rellenar los huecos olvidados de la memoria no colectiva sino de una colectividad (de los amantes de la ciencia ficción, de los interesados en tal o cual tema, o sencillamente de los recalcitrantemente nostálgicos, aquellos que sienten que siempre todo fue mejor antes).

Merece la pena detenernos un segundo en esto último, en esa creencia de que las cosas siempre fueron mejores para el arte y el artista en tiempos pretéritos. Porque, digámoslo pronto, eso no es verdad. La gente piensa que por el mero hecho de existir algo que llamamos clásicos, tales obras o autores son conocidos de manera universal. Pero no. En absoluto es así. Y tampoco significa que en su tiempo estos autores estuviesen en boca de todos.

En general, me da la impresión de que la vida, lo que llamamos la vida común, así en genérico, la vida de la colectividad pues, camina por su habitual tránsito, sin demasiados sobresaltos, y va avanzando paulatinamente, con algún quiebro sentido, claro, pero puntual. Y ale, a ritmo de paseo que sigue, por los siglos y los siglos. Y en los intersticios se le cuela algún (o algunos) espíritu/s singulares que, las más de las veces, en un silencio meditativo y pacífico, van creando eso que conocemos como historia universal del pensamiento, la estética y la literatura. Claro que privilegiados los hay, entre ellos, y unos pocos gozan en vida de un reconocimiento más o menos ilustre, pero si se mira con la distancia, vendrían a ser los menos. En general, los que hoy son héroes del arte fueron mayormente en su época ultrajados, vilipendiados, silenciados o ignorados.

Se dice que el arte trabaja para el futuro y es verdad. Así lo ha demostrado el que hoy esos ilustres artistas sean justamente reconocidos. El truco aquí viene cuando se profiere la formulación contraria: que lo que hoy las editoriales rescatan del pasado es porque desde allí tales obras fueron concebidas para hablar al futuro que ya es hoy, cuando la verdad es que casi en su totalidad tales obras mayúsculas y –supuestamente- conmovedoras no lo son tanto y, finalmente, funcionan al modo del souvenir. Una prueba irrefutable de ello es que muchas de estas obras les fueron reconocidas a sus autores en vida, signo cabal de que hablaban a un presente que quedó ya obsoleto, enterrado en una sucesión interminable de presentes hasta llegar al futuro que es ya hoy, un futuro nuevo y reluciente.

En palabras de Trapiello:

“sólo lo que no es nunca noticia, lo que no tiene celebridad, parece llamado a perdurar y a representar mucho mejor su tiempo, que aquello otro que ocupaba de manera directa todos los escenarios” [1]

– – – – – – – –  – – – – – – – – – – – – – – –

[1] Andrés Trapiello. Siete Moderno / Salón de pasos perdidos. Ed. Austral / Destino. Barcelona. 2012.  (p. 517)

Anuncios

Comentarios desactivados en Souvenir(es)

Archivado bajo La culpa es de los editores

Los comentarios están cerrados.