Melancolía del humo (V)

 

Pero lo que más añoras es el mundo tal como era antes de que estuviese prohibido fumar en locales públicos. Desde tu primer cigarrillo a los dieciséis años (en Washington, con tus amigos en el funeral de Kennedy) hasta el final del anterior milenio, eras libre -con sólo unas cuantas excepciones- de fumar en donde te diera la gana. En bares y restaurantes, en primer lugar, pero también en aulas universitarias, el gallinero de los cines, librerías y tiendas de discos, salas de espera de consulta del médico, taxis, estadios abiertos y cerrados, ascensores, habitaciones de hotel, trenes, autocares de larga distancia, aeropuertos, aviones y autobuses de enlace a los aviones. El mundo quizá esté mejor ahora con sus combativas leyes contra el tabaco, pero algo se ha perdido también, y sea lo que sea (¿una sensación de desahogo, tolerancia de las flaquezas humanas, cordialidad, ausencia de angustia puritana?), lo echas de menos”

Paul Auster, Diario de invierno, Traducción de Benito Gómez Ibáñez,  Anagrama, 2012, p. 195

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