Bloguea… que algo queda

emilie bjork, "dear diary" (2007)

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Estamos en un momento en el que todo el mundo comienza a cuestionar que si los blogs esto, que si los blogs aquello, que si los blogs todo lo de más allá. Y me parece a mí que no es sino hablar por no callar. Lo que algunos llaman “la conversación (in)interrumpida” de la red.

Sin embargo, yo ahora no hago más que descubrir blogs nuevos. Y buenos. Digo esto por la supuesta muerte de los blogs, que para mí no es sino ajuste de cuentas; el experimento de su uso nos ha demostrado que la hipótesis estaba errada (o era, acaso, demasiado ingenua y abarcadora). Es muy sencillo: se han puesto demasiadas expectativas en la gente, en los escritores de blogs, en los personajes anónimos supuestamente geniales que habrían de aparecer a cada minuto. Pero, bien, ¿dónde están? Yo no los he visto. Bueno sí, claro, he visto exhibicionismo por un tubo, gratuito las más de las veces y, lo más importante, inane. Y es que, como todo, esa enfermedad del mostrar impúdico que caracterizó la primera época de los blogs quedó en eso: en grito. Y un grito suena fuerte y ruidoso y sorprende por su radicalidad y porque no se esperaba. Pero cuando hay cientos de millones de seres gritando, la amenaza sonora queda en murmullo, el oído se habitúa y sube el umbral de expectativa.

Leo estos días una novela de Tomás González, La luz difícil (Alfaguara, 2011), que contiene una frase que lo resume muy bien: “la verdad no existe, además, y el mundo es sólo música” (p. 22). Con el corolario de que esa música es muy propia de la vanguardia sonora del siglo XX y ha devenido en silencio y/o manifestación ruidista, es decir, en sofisma.

La conversación ahora, o la disputa, tiene que ver con algo que no se menciona, y es que los blogs se podría decir que están alcanzando el fin de la adolescencia. Pasaron unos primeros años de idiocia infantil, luego de una injustificada explosión de efusividad adolescente y ahora les toca (re)plantearse el camino que tomarán en la vida. De eso se trata, qué hacemos con ellos. Muchos escritores de blogs han optado por cerrarlos, o por dejarlos morir lentamente. Muchos otros los mantienen, pero más descuidados, y unos pocos, siguen igual que el primer día: ilusionados y tercos. El quid de la cuestión -diría yo- es que para estos últimos el blog es un fin en sí mismo. Y es que no se escribe para los demás, no se escribe para que los demás te pongan links, o te citen, o te comenten. Qué va. El blog no es un medio para conseguir fama (¿qué fama, además?), ni una publicación, ni un contrato, ni los cuatro céntimos que te ofrece Google Ads o amigos o ligues. Entender el blog como medio ha sido fruto de la idiocia juvenil que mencionábamos antes. El blog no es sino una extensión de la personalidad de su autor, una expresión de su idea del mundo, de sus gustos; el blog, es igual que una forma de caminar, de hablar, de expresarse, de llevar una determinada americana, un blazier o una guerrera o de mirar la variedad inmensa del mundo. “El blog es un espacio y una herramienta para jugar con textos (enriquecidos o no) y cada quien lo usa para lo que le plazca”, dice Javier Moreno [1]. Así, igual que hay quien lleva camisetas para promocionar sus propias películas, es lícito que haya quien utilice su blog nada más que para dar publicidad de sus actividades profesionales. Igual que hay gente que en una cena informal no sabe sino hablar de trabajo, pues lo mismo con los escritores de blogs. “Escribir es respirar en el mundo digital”, dice Alberto Olmos [2].

Nadie le obliga a uno a visitar esos blogs obscenamente promocionales, además, igual que tampoco está uno obligado a ir a conferencias aburridas, ni leer libros malos, ni aguantar la conversación imbécil de la gente que le cae mal o le parece despreciable o mezquina. Sea en la vida física o en la virtual, cada uno elige con quién juntarse, a quién leer y como conducirse en su vida cotidiana. Un blog no es, pues, sino reflejo del ser humano que lo escribe. Si tal individuo tiene veleidades literarias o voluntad estética en lo que escribe, concluiremos que su blog es literario. En todos los demás casos, obviamente, no. Hablaremos de otro tipo de blogs.

Decir que los blogs tienen la culpa esto o de lo otro, de lo que sea, es desconocer por completo el alma, las bajezas y el capricho del ser humano que escribe justamente esos blogs. Por último, recordemos que, cada vez que uno menciona un blog o un escritor de blogs que detesta y cuyo trabajo le parece infame, está quitándole la oportunidad a otro escritor de blogs mejor (cuyo trabajo probablemente sí ha de ser valorado) a quien sí vale la pena conocer y del cual hablar. No perdamos pues el tiempo con blogs que se dicen literarios, pero que, al fin, no son sino una extensión perversa del estilo Sálvame y que pretende emponzoñar hasta el último reducto del mundo contemporáneo. Permitamos pues que la música del mundo nos sea agradable y enriquecedora y eufónica.

Y ya, a partir de aquí, que cada cual haga lo que quiera.

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[1] Javier Moreno. Metanotas. Finite Rank. 05-Marzo-2012.

[2] Alberto Olmos. Silencio. Hikikomori. 05-Marzo-2012.

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