El blog: la solidez en un mundo lácteo

 

Se habla estos días sobre la muerte del blog.

Incluso Enrique Vila-Matas se ha hecho eco en su columna Café Perec [1] de la sobrevenida situación de la que alertaba Javier Moreno y de la que se hizo eco Javier Avilés en su blog.

La causa, se arguye, es la caída de los vínculos entre los blogs literarios.

Pero esto no es nuevo, para nada. Al menos desde el 2010 se venía diciendo ya que el blog había muerto y, sin embargo, los que ven (los que vemos) en el blog algo que nada tiene que ver con la socialización del hecho literario, seguimos (siguen) escribiendo blogs.

Tal situación, que tendría que haber sido no sólo la lógica, sino la ideal, se ha consumado por fin. Así que, en mi opinión, no cabe argumento para lamentarse, sino más bien todo lo contrario. La escritura en el blog, igual que cualquier tipo de escritura, o es una necesidad o nada es.

Todo lo otro es pirotecnia y carnavalería.

Y la prueba más palpable de lo dicho es que, a poco que han podido, se han ido todos los supuestos literatos blogueros a hacer el pavo real a facebook y twitter.

Pero volvamos al principio.

El error -tal vez- es pensar que toda escritura es literaria. Dicho de otro modo, que el formato blog ha venido a propulsar una escritura con voluntad estética y/o ensayística es una pura falacia. Del mismo modo que no es verdad que cualquier hoja de papel, que cualquier bolígrafo, que cualquier máquina de escribir portátil guarde en su seno la voluntad exclusiva de dedicarse a la literatura.

Pues lo mismo pasa con los blogs.

La paradoja que se da estos días es, sin embargo, que el blog se ha constituido como un entorno sólido [2] en el que cabe la hondura y la reflexión. Los blogs, dice Miguel Á. Hernández-Navarro:

” han ido alejándose de lo mínimo, lo infraleve, lo sutil, para hacerse mucho más parecidos al texto impreso, para convertirse casi en un repositorio de lo que, en otro momento, habría estado en periódicos, libros (los que pudieran publicarlos, claro está)”  [3]

Con ello, se ha vuelto el blog – o va camino de ello- uno de los pocos lugares en el entorno digital donde no sólo es deseable, sino que comienza a ser ya un requisito central –yo así se lo exijo- el que el escritor le dé un uso serio, razonado y cabal y que no nos salga con la primera memez que se le ocurra.

Y es que el diálogo literario no tiene nada que ver con hacer comentarios superficiales y rápidos a un post, ni menos aún con el enlace inmotivado y banal a un texto ajeno. El diálogo literario se construye con textos, no con glosas; lo repito: solamente es posible hacer literatura escribiendo literatura. Y esa es la norma, me parece, que debería regir la consideración de un blog como blog literario.

Lo que han venido a demostrar estos últimos once años es la evidencia de que comunicación y creación no tienen en común más que el hecho de que ambas se sirven de las palabras y proceden de un sujeto singular.

Poco tienen que ver en todo lo demás.

El blog, en mi opinión, y quiero decir específicamente el blog literario, se está convirtiendo en esa insoslayable parte grumosa que perturba el mar de leche descremada de las redes sociales, territorio del comercio de lo sentimental, la glosa y el comentario.

Y por mí está muy bien que así sea.

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[1] Enrique Vila-Matas. Los viejos blogueros nunca mueren. Café Perec / Babelia. 20-02-2012.

[2] Enrique Dans. Engagement, vida media y web social. El blog de Enrique Dans. 25-01-2012.

[3] Miguel A. Hernández-Navarro. Duelo al blog. No (ha) lugar. 22-02-2012.

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