(Des)escribir-se

Cuenta el poeta Juan Malpartida en sus diarios Al vuelo de la página (Fórcola, 2011) la anécdota de un “encuentro literario de dimensiones maratonianas” que tiene lugar en 1998 y en el que participan treinta y cinco escritores, con ponencias de diez minutos sobre el futuro de la literatura.
Uno de tales ponentes es Juan José Millás.
Dice Malpartida que la conferencia de Millás (de entre las que él escuchó; apenas siete u ocho) fue la que más le gustó y divirtió. En ella, Millás comenzó diciendo:

“Hoy tuve un sueño. Ese sueño era un pesadilla: escritores que, subvencionados, desescriben sus libros y desescribían los libros de los demás. Sí, la literatura, en ocasiones, desescribe los libros. ¿Acaso Derrida no habla de deconstrucción creyéndose más listo que el autor y, al cabo, capaz de prescindir del mismo?”.

Dice Malpartida que Millás provocó la risa del público, pero que “los ponentes continuaron como quien oye llover”
Esa sensación, más o menos, es la misma que provocan sus articuentos: la de una risa incierta pero gozosa, que no sabes muy bien de dónde surge, pero que ahí queda, y te sirve para el propósito de dejarte limpia de manchas la conciencia.
La editorial Seix-Barral, aprovechando el centenario de su fundación, publicó en noviembre de 2011 la recopilación completa de los articuentos de Juan José Millás bajo el título de Articuentos completos.  Un volumen monstruoso de novecientas y pico páginas.
No están todos los textos escritos por Millás, pues ya nos advierte este en el prólogo que “decidí eliminar los articuentos que guardaran alguna relación con un tipo de actualidad perecedera”, pues, en su opinión, tales articuentos se le habían quedado un poco rígidos. Igualmente, decidió suprimir aquellos textos que ya no le parecían conmovedores.
Sobre el volumen dice Millás que “ha quedado algo incómodo para leer en la cama, aunque apto para ser utilizado como almohada”.
Los textos no vienen ordenados por fecha de composición y/o publicación sino más bien en áreas temáticas (Cuerpo, Mente, Lenguaje, Sociedad, Cajón de Sastre). De todos modos es una división arbitraria, pues perfectamente podrían ir saltando de un cajetín a otro sin mayor complicación. Y esto porque todos ellos suelen guardar parecidos formales y no basan su éxito en el tema, sino más bien en la astucia del narrador, en esa capacidad de Millás para fintar el descalabro, por así decirlo, y hallar siempre el modo de que el texto pegue un brinco en el momento menos pensado.  No exactamente al modo de la sorpresa final, aunque también,  sino dando cuenta de esos puntos en la vida en que “todo comienza un periodo de desrealización” (p. 203). Aunque no es menos cierto que se da un problema de espacio, típico de la columna de periódico y que a veces obliga a Millás a apresurar el final de un cuento que podría tener mayor recorrido. Sin embargo, tal imposición confiere rigor a los textos.

M.J. Casals estudió los articuentos publicados en el periodo 2000-2001 en el periódico El País y llegó a la conclusión de que en ellos predominan los argumentos de carácter inductivo. Así, el procedimiento de estructuración del relato consiste en:

“partir de lo concreto para desarrollar a continuación una idea general, comenzar con una anécdota para acabar en una conclusión que sobrepasa lo particular del principio y permite establecer unos criterios aplicables a situaciones más trascendentes. Esta conclusión puede manifestarse de manera explícita […] o permanecer implícita” [1].

En cualquier caso es el lector el que debe realizar la actividad inferencial, pues pocos son los textos, además, en los que Millás utiliza una estructura deductiva.
La pulsión –o poética- de la escritura de Millás podríamos encontrarla en el texto que lleva por título “Los insectos” y que finaliza así: “Uno siempre escribe de lo que pierde y yo me he perdido ser insecto, qué le vamos a hacer. Por eso mis columnas son artrópodos” (p. 160). O dicho de otra forma: “Escribo a partir de algo que me obsesiona y si me obsesiona sé que tiene algún significado para mí, por eso me obsesiona” [2]
Visto en conjunto, se da cuenta el lector de que hay una serie de temas que se repiten (la fiebre y la gripe, las pastillas varias para el dolor, el dolor de muelas en particular, las ortopedias en general, la lotería, escuchar conversaciones ajenas, ser español, el horóscopo, los insectos, los sueños, las apariciones, las habitaciones de hotel, la lectura, los funcionarios y burócratas, las noticias del periódico, los jefes, las relaciones inter-personales, el gin-tonic de media tarde, etc) y que vendrían a conformar eso que se suele denominar como “el mundo del escritor”.
Los textos suelen estar escritos en primera persona, a veces en tercera y, excepcionalmente, con interludios en segunda y suelen preferir ese tono suave e íntimo como de haber sido escritos en el punto medio que separa la vigilia del sueño, en ese momento del día en el que ni es de aún de día ni es ya de noche. Como dice Millás en uno de sus articuentos llamado “La vida es absurda” (p.391-393):

“compruebas que, en última instancia, sueño y vigilia no son muy diferentes”.

Yo, por mi parte, suelo leer los articuentos también en ese momento incierto y lleno de posibilidades, entre las seis y las ocho de la mañana, cuando nada ha acabado y está todo por empezar. Y los leo de a poquito, para salir de la confusión, como una suerte de tónico que me (des)escribe de los sueños de la noche y me limpia los ojos para afrontar el nuevo día.
Tal que un breviario contemporáneo: salvífico.

– – – – – – – – –  – – – – – – – – – – – – – –

– – – – – – – – –  – – – – – – – – – – – – – –

[1] Ana Mancera Rueda, “El ‘articuento’: una tradición discursiva a medio camino entre el periodismo y la literatura”, Revista Espéculo (UCM), nº 43 (Noviembre 2009 – Febrero 2010).

[2] Juan José Millás en entrevista con Fermín de la Calle. “El periodismo no es un género menor que la literatura. En cada reportaje, como en cada novela, te juegas la vida”. Revista JotDown. 02-Febrero-2011.

Anuncios

Comentarios desactivados en (Des)escribir-se

Archivado bajo Crítica literaria, Vida personal

Los comentarios están cerrados.