Cartografía sentimental (XCVII) – (Mínimos) Gestos estéticos para una revolución silenciosa

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

Para el Sr. Chinarro lo único que le llama a uno a la acción son los pezones de una mujer joven, así su revolución no puede ser más que amorosa y conjurarse entre los contornos paralelepípidos de una cama.
Así lo demuestra, además, en su último y divertido video que lleva justamente por título “Una llamada a la acción”. En el video se contrapone esta idea (la del liviano disfrute amoroso) a la del viejo y extravagante revolucionario que trata de instruir a las masas con el grito juicioso y político de la palabra.

Menos palabras y más gestos, se diría que nos sugiere el cantante sevillano.

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2.

Todo proviene de la idea de Roberto Herreros (Grande Marlaska y la Dinamo), Karlos Osinaga (Lisabö, Bidehuts) y Joseba Irazoki (Atom Rhumba), la de crear una aventura colectiva al estilo de la Wu Ming Foundation –aquí–  y que vino alentada por la siguiente convicción:

La escena musical de aquí siempre ha tenido tendencia a mirarse el ombligo. Pocos grupos han sabido escapar de esta espiral narcisista que todavía domina las canciones populares. Espoleados por la reciente agitación política, la plataforma Robo intenta crear un espacio para escribir otro tipo de letras, esas que consisten en abrir la ventana y echar un vistazo a lo que ocurre fuera.

Por ello crearon la Fundación Roboaquí-, con la idea de dar difusión a canciones que transitasen ese camino que va desde el individuo, pero hacia afuera, poniendo la mirada en lo que atañe a la relación social del individuo con los otros y así se recorre en ese camino un laberinto que va de la indignación a la consecución de un mínimo gesto. El gesto se cifra así en la interpretación y/o (re)escritura de una canción. A veces composiciones originales, a veces versiones.

La idea de la Fundación Robo es la de ir subiendo cada semana una canción nueva. La última ha sido una versión de Tarantula del clásico de Eskorbuto “Es un crimen” –aquí-. Pero tienen ya unas cuantas, desde la divertida “Clase obrera (dónde está, la, la, la) –aquí-, pasando por la lo-fi “Ascensores a la planta trece” –aquí-, la ochentera “Fuego”, interpretada por Diploide –aquí– o una versión de “La paloma” de Chicho Sánchez Ferlosio –aquí– que hace Roberto Herreros, entre muchas otras.

El buque insignia del proyecto, por así decir, es la canción “Cómo hacer crac”, de Nacho Vegas, incluida en el mini LP de título homónimo que acaba de salir en el sello Maxophone y que se puede descargar gratis –aquí-, por gentileza del propio sello, del autor y de la radio pública nacional, Radio 3.

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3.

Hay otros modos, sin embargo, de afrentar y afrontar la revolución.

Uno de ellos es no hacer distingos entre profesionalidad y amateurismo, y así celebrar la magia increíble de llenar la página en blanco con literatura (independientemente de su calidad).

Lo expresa de mejor modo el editor de la revista de Tampa Bay (Florida) Über Nothing (una revista que pretende ser una suerte de gran salón que flota y se expande por el ciberespacio), en el editorial de su último número (el número 4) –aquí-, diciendo que:

“For writers, poets and artists alike, the scariest moment of any day is often sitting down to confront the blank page or canvas. Amidst the pedestrian drone of modern life, there are few challenges more terrifying, intimidating and exhilarating than tackling pure creation as the white nothingness stares back. And yet, authors of all shapes and sizes somehow manage to plumb the depths of their thoughts and experience for the sake of breathing life into art – animating the empty void. This is no small feat, and it deserves to be celebrated.”

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4.

Este pasado viernes 25 de noviembre se celebraba en España (en algunas partes de España, más bien, pues nótese aquí las llamativas ausencias) el Primer día de las librerías, convocatoria auspiciada por el Confederación de Editores, Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y que consistió en que las librerías permanecían abiertas hasta las diez de la noche y realizaban descuentos del 5% en las compras.

Hablábamos el otro día en HC –aquí– sobre lo caros (a veces hasta puntos infames) que son los libros y lo muy benévolos que son los reseñistas al hablar de ellos. Acciones como esta, la del Día de las librerías, no vienen sino a ratificar nuestra postura.

Podemos considerar que sí, que -desde luego- esta iniciativa es un gesto, aunque es un gesto que llega muy, pero que muy tarde.

+ info: aquí.

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5.

Y hablando de librerías, y a pesar de cómo está el patio, hay quien se lía la manta a la cabeza y decide montar una. Hablamos de Bluebird books -no confundir –aquí– con la librería de Eric Mayer en Littleton (Denver)-, un proyecto de librería móvil (con el objeto de convertirse en una suerte de válvula itinerante de inspiración colectiva) construida sobre un viejo autobús escolar.

Su fundador, Mitzi Gordon, es un licenciado en periodismo por la universidad de Nueva York, escritor y artista, que tuvo un sueño –aquí-: el de montar una librería de libros vintage y que fuese, al mismo tiempo, un lugar para que el arte que transita fuera del mainstream pudiese ser exhibido. Un lugar, además, donde aprender el arte de hacer libros, y en el que se venerase al libro en tanto que objeto de arte en sí mismo.

Para tal propósito compró en Abril de 2011 un autobús escolar Wolfington de 1998 por 4.500 dólares y, con la ayuda de sus amigos, lo convirtió en una librería móvil. Su amigo el artista Joe Griffith se lo pintó de azul.

Aquí se puede ver parte del proceso y aquí se pueden consultar las fechas y localidades por las que pasarán en su tour.

Por cierto que, como no podía ser de otra manera, Gordon anda buscando mecenas para que le financien a fondo perdido su proyecto, para comprar libros, estanterías y cosas de esas –aquí– [Nota mental: otro día hablamos de ese modo abyecto de mendicidad contemporánea que es el crowdfunding].

La idea de Gordon (aunque éste no lo explicite) se diría que proviene de dos frentes: de un lado, del proyecto del colombiano Luis Soriano y que se ha venido en llamar Biblioburroaquí– y –aquí-, proyecto que utiliza a los burros para llevar una suerte de biblioteca ambulante a los zonas rurales más remotas del país latinoamericano y, del otro, del e-flux book co-opaquí-, un modo nuevo de distribuir los libros de artista  en una caravana y que se presentó en la pasada New York Art Book Fair –aquí-.

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