Yo no he sido

Meshac Gaba (2001)

 

No dejará nunca de resultarme sorpresiva cierta actitud vecinal para la resolución de conflictos. En concreto, me llama mucho la atención lo que sucede cuando alguien, digamos que a partir de las doce de la noche, sigue (o comienza) a armar jaleo y, así, perturba la paz de los vecinos.

“Aquí la gente trabaja mañana” son los gritos de repulsa que se suelen escuchar en el patio de luces; o acaso esta otra: “Algunos trabajamos por la mañana”, aseveración nada inocente y que pone el énfasis en la obligación a la que nos (los) somete un tercero.

Mi experiencia con el mundo vecinal, a pesar de haber sido nula hasta los veinte años, recuperó con brío su fortaleza y, así, en los últimos diez o doce años he convivido con todo tipo de vecindades, en diferentes ciudades y en zonas muy diversas. Sin embargo, siempre ha sucedido que al encontrarme con que alguien gritaba su queja en la oscuridad de la madrugada (y en muchas ocasiones me lo gritaban a mí) su espada de batalla tomaba siempre idénticas formulaciones: “algunos trabajamos por las mañanas” o acaso “aquí la gente trabaja por las mañanas”.  Presuponiendo que: a) tú –o quien sea que esté haciendo el ruido- no trabaja por las mañanas (o no trabajas –trabajan- en absoluto) y b) que no es a tus vecinos a quien molestas, o no son ellos quienes se quejan, sino que es su jefe (un jefe informe, pero omnipresente), quien por voz de los miles de vecinos que habitan las ciudades, ejecuta –ejecutan- el yugo implacable de la patronal.

Para las situaciones ingobernables en las que los vecinos no atienden a razones o ruegos,  tampoco se utiliza la clásica bofetada dialéctica de “o te callas o subiré a hacerte callar”, sino la más civilizada de “o te callas, o llamaré a la policía”.

Esta anécdota de la vida cotidiana puede parecer baladí, pero no lo es en absoluto, pues, en el fondo, revela cuál es el carácter español: un carácter irresponsable. No en el sentido de que el hombre español ejecute acciones temerarias o que se conduzca por la vía de la malversación (que también) o que acaso no tome en consideración al prójimo (que también), sino que localiza la responsabilidad de sus acciones personales en los otros, incluso en lo que respecta a los asuntos más intrascendentes.

El “yo no he sido” es un clásico en este país.

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