Occupy… Lit mags?

La propuesta viene sugerida por uno de los lectores de la revista The review reviewaquí-, en su última newsletter.

Pero todo viene de antes, de un artículo de Laura Maylene Walter titulado “Price of submission: The evolution of reading fees and their cost to the community” y que ha sido publicado en la revista Poets & Writersaquí-.

La cuestión es que un número considerable de revistas literarias están comenzado a (o se lo están planteando) cobrar a los escritores por recibir sus trabajos para que éstos sean evaluados, lo que se conoce como the slush pile.

El editor de The Missouri Review, Michael Nye, entró al trapo –aquí– y expresó su opinión. Para él, si se cobra una pequeña suma (digamos tres dólares) para el envío de material, la cantidad de material recibido decrecerá, pues darle al click es muy fácil (se refiere a los envíos on-line) y uno no se piensa demasiado dónde está realmente mandando las cosas. De todos modos, dice Michael Nye, ellos dejan abierta la posibilidad de que los escritores manden sus trabajos via postal (en papel), sin ningún cargo adicional.

Pero la cosa no quedó ahí, pues el tema acabó saltando a la revista Forbes –aquí-.

En el artículo de Forbes, John Farrell pone sobre el tapete un punto que me gustaría destacar, y es el hecho de que se da la circunstancia actualmente de que, gracias a la facilidad de Internet, un mismo autor manda un relato corto de manera sucesiva (cosa que odian los editores, por supuesto) a diferentes revistas.

Farrell lo destaca como algo negativo. Pero, además, sugiere que sólo los suscriptores de una revista literaria deberían tener derecho a mandar sus creaciones. Y que si se da el caso de que los suscriptores quieren mandar relatos, los costos del envío deberían deducirse de su suscripción anual.

Esto nos lleva a un tema que ya hace tiempo que quería tratar: la negativa por defecto (y efecto del silencio) que funciona tanto en el mercado editorial como en el de las revistas y periódicos. Y su corolario: la falta de transparencia e información.

Antes que nada, y siendo honestos, habré de certificar (así es mi experiencia) que esto sucede (lo de no tomarse siquiera un segundo en contestar) en mayor grado en las revistas y periódicos y, en menor grado, en las editoriales; al menos en las editoriales serias (que en España son más bien pocas, dicho sea de paso).

Ningún periódico ni revista española (sea literaria o no), pero también muchas latinoamericanas, tiene estipulado cuál es el plazo en el que un trabajo (sea un artículo o ficción) es susceptible de ser aceptado y cuándo no.

Es decir, que esto pone al escritor en una situación de absoluto desvalimiento. Los editores quieren creerse únicos y especiales (y eso está bien) y pensar que uno solamente manda textos a su revista. Eso sería lo ideal, y así sería el caso si es que estos hubiesen comenzado por respetar las cláusulas de reciprocidad. Es decir, si me tomo la molestia de enviarte a ti y solo a ti, querido editor (seas de periódicos, revistas, o de libros) un texto original, espero de tu parte que seas igualmente gentil y te tomes la molestia de decirme si te interesa o no.

Mas esto no es lo que sucede.

En el 85% de los casos sucede que siquiera se toman la molestia en contestar. Así las cosas, es normal que el autor lo prevea y mande su texto simultáneamente a otras revistas. Por eso, la idea de ocupar las revistas literarias no nos parece mala.

Cuánto menos, quizá sea necesario que sepan los editores literarios de nuestro malestar al respecto de sus procedimientos discutibles.

Acaso lo primero sea sencillamente el grito, decir: ¡basta!

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