La revolución del tiempo libre

Unas nubes Vostellianas que decoraban ayer los cielos barceloneses

1.

Roberta Boscos en su artículo titulado “Exponga su obra en el CCCB” publicado el pasado 08 de octubre en el periódico El Paísaquí–  llamaba la atención sobre uno de los proyectos últimos de esta institución y que lleva por nombre Pantalla global.

Al respecto dice Gilles Lipovetsky:

“Los agentes culturales ya no poseen el poder total, porque Internet ha proporcionado al individuo el medio y la posibilidad de ser actor y no solo espectador pasivo. Con estas premisas, no tendría sentido que una exposición sobre la proliferación de las pantallas tuviera un formato tradicional, con el comisario experto que ofrece su interpretación al público”

No es de extrañar esta política, esa vieja idea de que todo ser humano guarda en sí la génesis de un artista.

El proyecto se llama Pantalla Globalaquí– y está dividido en dos partes a la manera del cine: Contracampo (donde se integrará todo lo que envíe la gente) y Campo (obras seleccionadas por los comisarios Gilles Lipovetsky, Jean Serroy y Andrés Hispano).

Y es que el proyecto ofrece la posibilidad a quien quiera de mandar literalmente lo que quiera (en formato vídeo, claro, y de una duración inferior a dos minutos).

Lo que resulta sorpresivo (o quizá no tanto)  es que no parece que haya demasiada confianza en ese contenedor (o basurero) que se le ofrece al público para que haga sus aportaciones, pues el propio director del centro, Josep Ramoneda, confiesa que, de entre lo que recibirán, supone que “habrá bastante remix, ejercicios de apropiación y collage audiovisual”.

Es decir, que las técnicas apropiacionistas, según opinión del director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, no son una de las formas prioritarias en el arte de vanguardia actual como nos han querido hacer creer en estas últimas semanas, ni son -de lejos- unos modos de trabajo que estén siendo puestos en peligro, sino que más bien forman parte de la banalidad contemporánea y de la producción creativa amateur del siglo XXI.

Qué curioso.

2.

Otra de las cosas que se nos quiere hacer creer en los últimos tiempos es que las redes sociales son el territorio de la libertad, que sirven para el fomento de la creatividad y que permiten un correcto perfeccionamiento (supuestamente castrado) de la individualidad y el desarrollo personal.

Ya hemos discutido aquí tal falacia en múltiples ocasiones, aquí por ejemplo. Por eso nos congratula ver que desde frentes museísticos se tome cartas en el asunto.

Así nos hacemos eco del llamado del Sprengel Museum de Hannover y que lleva por título Social Media do not create revolutions they accelerate repression -aquí-.
El proyecto está dirigido por el artista Thierry Geoffroy y se basa en una idea muy sencilla: las redes sociales pretenden colonizar la imagen del mundo que tenemos los seres humanos. Tal imagen del mundo está sometida a una serie de intereses económicos. La imagen del mundo que se crea desde las redes sociales, por lo tanto, no es real, ni ecuánime, ni acaso refleja las dudas, anhelos o insatisfacciones de los seres humanos.

En tales espacios no se permite el cuestionamiento o la meditación, no se admite la libre expresión sino que su espacio está regulado por las condiciones de uso que impone cada “marca”. Todo se rige por los términos que dichas “marcas” establecen para que sus usuarios interactúen y, lo peor, se actúa bajo amenaza de coacción (la desconexión de la red si no acatamos sus leyes arbitrarias). Las redes sociales, nos dice Geoffroy, comercian con nuestras emociones para explotarnos y reprimirnos. Nos mediatizan, por tanto.

La idea del proyecto Social Media do not create revolutions they accelerate repression y que intenta contrarrestar tal oprobio es -en verdad- muy sencilla: debemos recuperar la imagen de nuestro mundo, el patrimonio de la humanidad no puede ser propiedad de multinacionales privadas. Las redes sociales son -mal que les pese a los CEOS- lugares de vigilancia, de represión, sumisión, dominación, humillación, cinismo y explotación, nos dice Geoffroy.

Para ello ha dispuesto Geoffroy con la colaboración del museo Sprengel un espacio –aquí– donde se permite a todo el mundo aportar su visión de las cosas, sin represión ni coacciones, con el propósito de crear un espacio representacional sin cortapisas, lúdico y que huya de la ideología del (post)capitalismo.

Ya es hora de que el mundo del arte recupere lo humano, no podemos permitir que las multinacionales nos usurpen la representación de lo único que es enterarmente nuestro.

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