Cartografía sentimental (XCIII) – Duchampiana

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

 

I don´t believe in art (2007), un documental (en dos partes) del artista mexicano Andrés Arredondo, con material gráfico de Sophie Calle, donde varios artistas (Fred Jesser, Jon Field, Natalie Bray y Arturo Soto) se preguntan sobre cómo podría ser el arte del futuro, o cómo ven ellos su propio arte, sus referencias, influencias, etc y que toma como lema el dictum clásico de Marcel Duchamp “I don´t believe in art, I believe in artists”.

 

 

 

+ info: aquí.

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2.

 

El clásico documental “Marcel Duchamp (In his own words)” que se abre con imágenes grabadas en Cadaques en 1968, el mismo año de la muerte del artista francés y donde Duchamp explica que la vida se trata de un juego, igual que el ajedrez. A partir de ahí, da cuenta de sus dos hermanos, también artistas, su descubrimiento de Cezanne,el cubismo, su descartismo y las relaciones de su trabajo respecto de la retina, cómo conseguir el movimiento en la pintura,  el futurismo y, en fin, muchísimas cosas más sobre su vida y obra.

 

 

 

 

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3.

 

La página web Understanding Duchampaquí– donde se da un repaso de manera interactiva a cada uno de sus trabajos más emblemáticos, año a año. Se trata de una aportación inestimable, pues más de la mitad de sus readymades se han perdido. Con ello, proporciona una visión panorámica de la heteróclita obra del artista francés.

 

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4.

 

La anécdota que cuenta la viuda de Vostell, Mercedes Guardado en su libro autobiográfico Mi vida con Vostell. Un artista de vanguardia (La Fábrica, 2011).
Dice:

“Un acontecimiento que sucedió en esta época [años sesenta] y es digno también de mencionar fue el encuentro de Vostell con Duchamp en una exposición en Hanóver. En la conversación con él, Vostell sacó de su bolsillo un cepillo de dientes que llevaba -sabía que iba a encontrárselo- y le explicó con él su teoría de los happenings de esta manera: “Si el cepillo de dientes es para ti una “obra de arte”, su uso es una “obra de arte” para mí. A Duchamp le hizo mucha gracia la ocurrencia de Vostell, comprendió y aceptó su explicación, y el cepillo como regalo” (pp. 121 & 122).

 

+ info: aquí y aquí.

 

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5.

 

Las observaciones duchampianas de la crítica de arte Estrella de Diego en el capítulo VI: “La propia vida”, incluido en su libro No soy yo (autobiografía, performance y los nuevos espectadores (Siruela, 2011).

Sobre el Gran Vidrio:

“Lo que interesa, además de los juegos espaciales y sus transmutaciones, es la noción del mundo a través, cierto espacio de la visualidad donde el sujeto espectador se halla cómodo. Ver las capas del mundo tiene algo de espejo transparente, de juego ajedrecístico: ver sobre el tablero las jugadas futuras, todas las jugadas que van a ser; la realidad secuenciada final, el mundo entero parece convertirse en un tablero. Mejor aún: se escudriña el mundo y a sus habitantes como si de una interminable partida se tratara” (p. 211)

Sobre la performance Marcel Duchamp jugando al ajedrez con Eve Babitz en el Museo de Pasadena (1963).

“Así que Duchamp sigue creando a la manera de un artista “conceptualizante”, mientras piensa […] Duchamp sigue creando mientras maquina. Crea mientras sobrevuela el tablero que, al menos durante el tiempo que dura la partida e incluso más allá, contiene el mundo completo. Allí, encima del tablero, se diseña y establece el control sobre las cosas -sobre el acontecimiento.” (p. 210)

Sobre los disfrazes duchampianos:

“Los disfraces son para Duchamp una forma de exilio interior, la estrategia para hacerse vulnerable, un modo de tambalear la autoridad del artista, tradicionalmente masculino” (p. 214)

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