Un mundo sin metáforas [Divagación primera]

1.

Quizá tenga razón el escritor argentino Juan Terranova [1] al decir que en estos tiempos digitales importa más la metonimia; que ésta habría desplazado a la metáfora en su centralidad como figura retórica de poder.

Llama la atención igualmente cómo en los medios periodísticos se considera la metáfora inútil (por incapaz de dar cuenta de lo excepcional que sigue ocurriendo en nuestro presente mediocre).

Fijémonos en el siguiente extracto en el que el cronista Julio Villanueva Chang habla del director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel.

Dice:

“Dudamel es de esos hombres que cuando entra en un lugar hace que casi todos vuelvan sus cabezas: el pelo le baila y ríe por su cuenta, y su sonrisa se inocula en tu estado de ánimo. El director de orquesta más pop del mundo es ya un proyecto de estatua, y su escultor del futuro tendrá serios problemas para domar su cabello. Dudamel es dueño de esa energía luminosa y magnética que es inútil traducir con metáforas de compañías eléctricas” [2]

Una apresurada conclusión sería la de entender que las relaciones de identificación ya no son productivas y así el mundo contemporáneo es aquel que necesita de las relaciones semánticas, establecidas al modo del wishful thinking.

Es decir: esto implica que la magia de las asociaciones habría venido a sustituir a la identificación real de las cosas.

2.

La labor del escritor cronista de la actualidad, según yo lo veo, sería idealmente la de ver lo igual en lo distinto, y no la de cartografiar las particularidades de todo lo distinto.

Por ello, contra la idea de la metonimia, se han alzado voces como la del artista-filósofo franco/canadiense Hervé Fischer que propone una hiperrrealidad, “una ética planetaria frente la inercia de la fragmentación y la ruptura del sentido que arrancó con la posmodernidad y que se potenció formalmente a partir de la última revolución tecnológica” [3].

Porque, tal vez, lo que esté diciendo Terranova -en el fondo- es que nuestra época seguiría siendo postmoderna.

Lo que suena paradójico, habida cuenta de la exposición que el Victoria and Albert Museum de Londres tiene preparada para Septiembre -aquí– y que es la primera retrospectiva que se le dedica al postmodernismo bajo el título de “Postmodernism—Style and Subversion 1970-1990”.

Lo que es absolutamente indiscutible, como decía Ruth Franklin en un artículo de 2005, es que: “En todas partes del mundo […] los narradores […] reflejaron la influencia de la posmodernidad estadounidense en su estilo fragmentario, sus juguetonas referencias a la cultura pop o su oscura misantropía” [4].

Pero, la pregunta es: ¿lo siguen reflejando hoy?

3.

En su influyente libro de 1980  “Metaphors we live by” George Lakoff y Mark Johnson decían que el sistema conceptual que utilizamos a diario, en términos de lo que podemos pensar y el modo en el que nos comportamos, es de naturaleza fundamentalmente metafórica.

Dicen Lakoff y Johnson que aparte de las metáforas que ellos llaman “estructurales” y que se basan en el hecho de que nuestros conceptos metáforicos son sistemáticos y, hasta cierto punto, son usados de manera bastante automática, es decir, que un concepto se estructura metafóricamente en términos de otro, tendríamos también las metáforas “orientacionales”: un vasto sistema de conceptos regulado por las relaciones que establece uno con todo el resto del grupo.

El rasgo más relevante de tales metáforas es que, en su mayoría, estarían referidas a características espaciales.

Y no son arbitrarias, las metáforas “orientacionales”, sino que se basan en nuestra experiencia cultural y del mundo físico.

La idea que subyacería bajo tales metáforas es la de que en nuestra cultura la gente se ve a sí misma como seres que tienen control sobre los animales, las plantas y el medio ambiente que los rodea, y su habilidad única para el pensamiento racional situaría a los hombres por encima de todos los demás animales, ejerciendo un poder de control sobre ellos.

Es decir, que la centralidad vendría no exclusivamente por el uso del lenguaje, sino por el hecho de ser hombres y dominar el entorno.

Una narrativa pues, necesariamente antropomórfica y con el hombre como punto medianero fijo.

4.

El poeta americano-israelí Shallom Freedman (1943) tiene un poema con el título “Let´s leave the poems without metaphors” que dice así:

“Let’s leave the ‘poems’ without metaphors
Bare and stark and original
Quiet and sleeping and still

[…]

Let’s leave the poems without metaphors
And go back to the simple words
And let them say all they can by themselves
Until they become metaphors too”.

5.

Si pensamos nuestra contemporaneidad desde el sesgo posthumanista podríamos decir que ahora el disfraz hace al individuo; mejor dicho, que disfraz e individuo son la misma cosa.

Así, creo yo deberíamos mirar la reciente performance realizada en el marco del Based in Berlin 2011aquí– “Invisible playground: Hold the line”.

Allí no se pone de evidencia ningún tipo de identificación uno-a-uno, sino que se establecen asociaciones entre los diversos comportamientos del ser humano contemporáneo -y sus ideas-  que puebla el medio artístico: un ser infantil, que actúa sin ironía y cuyo propósito es el de volver -igual que le pide Freedman a los poemas- a las cosas sencillas, sin dobleces metafóricas ni paradojas del sentido.

En ella, se haría patente todo lo dicho antes, a saber: wishful thinking (para evitar ser cazados por la luz) [punto nº 1], el absurdo de un mundo que ya no es postmoderno, pero en el cual el postmodernismo se deja sentir de manera fantasmal [punto nº 2], que el hombre sigue dominando el espacio, aunque, eso sí, sufriendo el castigo arbitrario de un dios que crea la luz en la noche [punto nº 3] y que la performance, al tiempo que se despoja de metáforas, crea en sí misma una metáfora bastante elocuente del mundo pre-moderno de griegos y romanos [punto nº 4].

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[1] Juan Terranova. Internet y literatura [Séptima entrega]. Hipercítico.com.

[2] Julio Villanueva Chang. Dudamel: el hijo del trombonista. Cultura/s de La Vanguardia. nº 478. 17-Agosto-2011. [págs 2-5]

[3] Hervé Fischer en entrevista con Horacio Bilbao. Suplemento Ñ / Revista Clarín. 12-08-2011.

[4] Ruth Franklin. Muerte y resurrección de la ironía. Traducción de Jorge Brash. Letras Libres. Agosto de 2005.

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