Los escritores y la edad

1.

Es bien conocida la historia sobre cómo comenzó a escribir Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927) y que éste ya contase en su discurso “Cómo comencé a escribir” –aquí– pronunciado en Caracas (Venezuela) el 3 de mayo de 1970 y que se incluyó en su último libro Yo no vengo a decir un discurso (Mondadori, 2010).

Entonces contó Gabo que, Eduardo Zalamea Borda, viejo zorro del diario bogotano El Espectador, había afirmado con pompa de señor conservador en las páginas del mencionado periódico, que los escritores jóvenes colombianos no sabían escribir.

El por aquel entonces joven Gabo,  por el vejamen, se obligó a sí mismo a escribir un cuento en un intento de callarle la boca a Zalamea. Y, así, lo mandó al periódico y a fe de que lo consiguió, pues, para su sorpresa, el cuento acabó publicado en El Espectador.

Viéndose en la tesitura de no quedar mal con Eduardo Zalamea, pues éste digamos que había tenido que retractarse públicamente al mismo tiempo que hacía una apuesta literaria por el joven Gabriel García Márquez, el futuro premio Nobel sintió que no tenía más remedio que seguir escribiendo.

De por vida.

Con el tiempo, confesaría el escritor colombiano que

“el oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica”.

Pero, ¿sucede lo mismo con el oficio de lector?

2.

Gunter Grass decía que “No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee

3.

El escritor chileno Rodrigo Díaz Cortez (Santiago, 1977), que acaba de publicar este año en Libros del lince su novela El peor de los guerreros, confesaba en una entrevista reciente que le hizo Pablo Suárez -y que ha salido publicada en el número de Junio de la revista Qué Leer- que fue un niño inquieto y travieso,  hasta que se serenó al descubrir el inmenso mundo de los libros y que:

“desde que comenzé a leer, quise embarcarme en la producción de mis propios relatos”.

Rodrigo Díaz Cortez tiene en la actualidad 33 años y,a lo que parece, la lectura de libros le condujo a la escritura de los mismos.

4.

A este respecto llama mucho la atención que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), aprovechando la presentación de En un lugar solitario (Narrativa completa 1973-1984) en la editorial DeBolsillo –aquí-, y contradiciendo ese supuesto mantra que dice que “el buen escritor, antes incluso de sentirse o de llamarse así, es un buen lector”, declaró que nanai de la china, que esto no era necesariamente cierto y que, como su propia experiencia corrobora, él fue primero escritor y más tarde lector.

Enrique Vila-Matas tiene en la actualidad 63 años y, con el tiempo, parece que se haya hecho mejor lector -y, también, mejor escritor-.

5.

Según afirma Miguel de La Cruz –aquí-, coordinador de cultura de oncetv México, Mario Vargas Llosa, el último premio Nobel de literatura, en la actualidad, lee a un promedio de 77 páginas por hora, ¡77 páginas por hora!, pues se leyó Traiciones a la memoria de Héctor Abad Faciolince en un vuelo Cartagena de Indias-Lima, un vuelo que dura exactamente tres horas y media.

Mario Vargas Llosa tiene en la actualidad 74 años y, a lo que parece, lee a la velocidad de la metralleta; en lo que respecta a su escritura, digamos que anda un pelín distraído.

6.

En un reciente encuentro digital con sus lectores promovido por el periódico El País –aquí-, el premio Cervantes 2008 Juan Marsé (Barcelona, 1933), decía:

“debo confesar que mi plan de lecturas se ha resentido mucho últimamente. Estoy en esa edad que uno debe escoger entre leer o escribir; e incluso, en lo referente a lecturas, entre lo nuevo o relecturas de aquellos autores que siempre fueron un verdadero estímulo. Y confieso que yo estoy en eso”.

Juan Marsé tiene en la actualidad 78 años y sigue escribiendo a un buen nivel, pero leyendo poco.

7.

Rodrigo Fresán (1963), con ocasión de la presentación de la última novela de Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) El ruido de las cosas al caer, premio Alfaguara 2001 –aquí-, hablaba de sí mismo no ya como una joven promesa, sino más bien del lado de los más viejos, esos que él recuerda que en su juventud se excusaban con afirmaciones tipo “estoy releyendo a Tolstoy” para no tener que leer a los jóvenes, o sea, al mismo Fresán y a sus compañeros de generación (y esto le irritaba profundamente, nos cuenta).

Siendo que ya no es un escritor joven, nos dice Fresán, pero que tampoco está dispuesto a incurrir en la vejación de no leer a los jóvenes, nos confiesa Rodrigo que tiene un método sencillo para no caer en la trampa.

Nos dice que:

“me limito a leer –no son demasiados, me temo que son cada vez menos– a los jóvenes escritores que saben leer”.

Rodrigo Fresán tiene en la actualidad 48 años y, como demuestra con cierta asiduidad, suele gustar bastante de las aporías.

8.

En el prefacio a su libro de 1925 La danza piadosa (Cabaret Voltaire, 2009), Klaus Mann (Munich, 1906), el hijo de Thomas Mann afirmaba que:

 “A veces casi tengo la impresión de que ya, de por sí y a priori, sea una señal de atraso y melancolía por parte de un joven escribir, todavía hoy, libros”.

Caso de seguir vivo (se suicidió en 1949) hoy Klaus Mann tendría 105 años y, por lo tanto, sería el más viejo del lugar.

*

Por ello, en lo que respecta a la escritura de libros, y en la misma línea de Enrique Vila-Matas, afirmaremos aquí en La Soledad del Deseo que la escritura es una pulsión que se le presenta al sujeto en un momento indeterminado de la juventud y que le lleva a la escritura de libros. Esto no viene producido ni por la lectura de libros ni por ninguna otra cosa. Puede que sí, que el escritor además sea un lector, o puede que no. Pero ni lo uno ni lo otro implican que el escritor vaya a ser mejor o peor escritor en el futuro. Con Gabo afirmaremos que sí, que el escritor sigue escribiendo sin detenerse, por orgullo, honestidad, o en el caso de Vargas Llosa, por deportividad olímpica.

Respecto a la lectura de libros, sospechamos que hay una correlación clara entre el descenso del nivel de lectura y la edad.

Así lo demuestra, por lo menos, el Informe de hábitos de lectura y compra de libros en España 2010, llevado a cabo por la empresa Conecta para la Federación de gremios de editores de España, con el patrocinio del Ministerio de Cultura. Fíjense como tanto la línea azul (hombres) como la amarilla (mujeres) van cayendo en picado a partir de los 44 años.

El informe completo se puede consultar aquí.

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