Manuscritos rechazados y Librerías imprevistas

Vuelvo caminando ayer por la tarde, manuscrito en ristre, de cierta editorial barcelonesa (apunte personal: tercer manuscrito que me rechaza esta editorial) y mientras busco ávido con los ojos algún lugar donde comprar una botella de agua para saciar no mi sed eterna, sino más bien mi desasosiego por saberme no yo, sino mi literatura, tan ampliamente censurada (y, entretatanto, descubro que es algo difícil encontrar un bar en la Avenida Mayor de Sarriá -por  la que camino-), me sorprenden unas flores rojas crecidas en la ladera de un edificio bajo (o una casa de varias alturas, más bien), al modo de esos jardines verticales, pero con la particularidad de que son de ficción, las flores rojas.

Al fijarme, descubro una hermosa librería cuyo nombre es a peu, de pàgina.

La vida, me digo, siempre tiene razones ocultas para las cosas que nos suceden.

Así, el rechazo de un manuscrito que trae el descubrimiento de una nueva librería.

Y entonces me acuerdo de Henry Miller quien, al respecto de sus infortunados días parisinos, en tanto escribia Primavera Negra, y por contradecir el reproche de ser un “optimista incurable” que le hacía Carl, su compañero de apartamento de aquella época (1936) afirma sobre sus aciagos días de escritor secreto que:

“aunque todo el mundo estaba ocupado en excavar su propia tumba, todavía quedaba tiempo para gozar de la vida, estar alegre, despreocupado, y trabajar o no trabajar” [1]

Pues eso, que el goce de la vida se halla justo justito en la misma esquina del rechazo y la ignominia, unos pasitos más hacia allá…

– – – – – –  – – – – –  –

[1]  Henry Miller. Días tranquilos en Clichy. Traducción de Carlos Bauer y Julián Marcos. Pocket Edhasa. Barcelona. Abril de 2011. [pág 37].

– – – – – –  – – – – –  –

+ info: aquí.

Anuncios

Comentarios desactivados en Manuscritos rechazados y Librerías imprevistas

Archivado bajo Vida personal

Los comentarios están cerrados.