Topología de un sentimiento

Dejó Carlos Barrral constancia por escrito [1] de una visita a Bonn que hizo el 11 de octubre de 1981 acompañado de su colega el poeta Felipe Boso, quien vivía en la vecina ciudad de Mekenheim desde mediados de los años cincuenta.

En aquella lejana fecha se estaba produciendo en la localidad germana de Bonn una manifestación por la paz, una meditación previa a la manifestación que tendría lugar al día siguiente, en realidad, contra el rearme nuclear germano.

Los manifestantes, jóvenes en su totalidad, eran pacifistas, ecologistas, verdes y enemigos de la guerra nuclear; manifestantes que andaban “semiacampados, agrupados alrededor de sus mochilas y de las tiendas no desplegadas” y que coreaban sus protestas al lema de Gegen die Atomare Bedrokung.

En esa jornada previa de reflexión, se daban los jóvenes a la tarea de tratar de convencer a los atemorizados viejos alemanes de la beneficiosa rebeldía de su cruzada antinuclear y pacifista.

Todo se desarrollaba en un “clima de amor a la vida” nos dice Barral, lo cual debería ser suficiente argumento como para que los viejos (egoístas y conservadores, según la opinión de los propios manifestantes) se convenciesen de la validez y pertinencia de la protesta, asegura el poeta devenido cronista.

Esto debiera convencer a los viejos, se dice a sí mismo Barral mientras llegada la noche abandona la ciudad, de una manera mucho más útil que cualquier discurso, soflama, arenga o pregón, piensa el poeta.

Así, “la manifestación”, escribe el poeta, “realmente gigantesca, fue ordenada y pacífica. Los viejos no tenían nada que temer”.

Treinta años después, las cosas son bien diferentes, aun siendo, en esencia, las mismas.

Somos hoy objetos sacudidos por la civilización del odio, en palabras de Zizek; y el discurso que legitima el vacío histórico y existencial de nuestra época es el nihilismo, nos dice Eduardo Subirats, “la ilusión metafísica de un ser infinito e incompleto, impregnado por una nada negativa” [2].

Pierre Rosanvallon lo llama la “era de la política negativa”.

Una era en la que, entre tanto capcioso agorero, se ha alzado vibrante -contra todo pronóstico- la voz de un hombre viejo, viejísimo, en verdad; uno de esos viejos que en los años ochenta eran llamados por los jóvenes alemanes “egoístas y conservadores”, un hombre que nació en Berlín en 1917 y que no tiene reparo en gritarle a los jóvenes de hoy que:

“CREAR ES RESISTIR. RESISTIR ES CREAR” [3].

Qué extraña paradoja es esta, pienso, que sea un hombre viejo quien arengue ahora a esta nuestra juventud lo-fi , quien llame a aquellos que están en la así llamada “flor de la vida” a la insurrección pacífica, a la acción.

Jóvenes que, a pesar de haber comprobado cómo la década del siglo XXI ha sido un periodo absoluto de retroceso frente a la precedente y más próspera etapa finisecular, seguían inermes en sus sofás, embebidos en lo que el profesor de la universidad de Oxford Alan Kirby llama “autismo silencioso”.

Quizá tengan razón aquellos que como Daniel Innerarity dicen que la indignación alberga una función conservadora que estabiliza los sistemas [4] y que toda esta invasión de las plazas públicas, más que producir un cambio profundo y severo, administrará un ligero reajuste en algunos flecos sueltos del sistema y servirá, tal vez paradójicamente, para incluso reforzarlo.

Aun cuando las movilizaciones del 15-M no sirvieran más que como único gesto ético, en primer lugar el de recordarle al Derecho que su relación con la justicia incluye un anexo de índole moral, que debería ser prescrito aun cuando sea de naturaleza conceptual diferente y, en segundo lugar, que la democracia es una técnica participativa tal como ya dijo el filósofo austríaco Hans Kelner, me parece que ya sería suficiente.

A este respecto, me gustaría dejar como apunte la posibilidad de que ese gesto ético único fuese comprendido e interpretado desde la estética del arte.

Veamos entonces esa ocupación de las plazas españolas como un triunfo del arte, y particularmente de la literatura. En el sentido que le da Enrique Falcón, pues que “la literatura no es más que un acto de ocupación” [5].

Si vemos las acampadas como una sublimación del cabreo generalizado, en el sentido que le da Iris M. Zavala de “hacer surgir lo real al que el sujeto se confronta” [6], podríamos pensar este nuevo impulso “literario” como un rechazo frontal al postmodernismo de chatarrería intelectual (o pseudo-modernismo improductivo) que se instauró en España en el 2007 y que hizo desaparecer del horizonte cualquier rastro de la realidad más humana.

Si conseguimos ver ese ético gesto único de los manifestantes como la continuación del -inestable- lugar permanente en el que se halla el hombre contemporáneo y que lo sitúa entre dos polos opuestos de la existencia (lo moderno y lo postmoderno), según sentencia del filósofo Eric Voegelin, un camino truncado en la narrativa en castellano tras la muerte de Roberto Bolaño y que ha encontrado acomodo en el ámbito anglosajón en la narrativa metamoderna de Jonathan Franzen, habremos conseguido un logro mayúsculo.

Porque algo que caracteriza a este movimiento del 15-M es su impreciso lugar imaginario entre lo pre-tecnológico y lo ultra-tecnológico.

Si uno se fija en la especie de aldea centroeuropea del medioevo que es la acampada de la puerta del Sol de Madrid y lo contrasta con los métodos usados para su organización, difusión y propaganda, se da cuenta enseguida del espacio problemático que ocupa el ser humano hoy, a caballo entre la precariedad más absoluta y el lujo asequible de la tecnología más avanzada que, de pronto, se nos ha vuelto absolutamente ordinaria (central para la supervivencia) y, por ello, irrenunciable.

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[1] Carlos Barral. “Convencer a los viejos”, incluido en Observaciones a la mina de plomo. Ed. Lumen. Barcelona. 2002. [págs 316-320]

[2] Eduardo Subirats. La existencia sitiada. Ed. Fineo. Monterrey (México). 2ª edición. 2007. [pág. 203]

[3] Stephen Hessel. ¡Indignaos! Ed Destino. Barcelona. 2011. [pág 48]

[4] Daniel Innerarity. La indignación  no es suficiente. Babelia/El País. 21-05-2011.

[5] Enrique Falcón. “El amor, la ira (escritos políticos sobre poesía)”, incluido en La (re)conquista de la realidad: la novela, la poesía y el teatro del siglo presente. Tierra de Nadie ediciones. Ciempozuelos (Madrid). 2007. [pág 41]

[6] Iris M. Zavala. “La injuria, la palabra poética, la realidad: Lacan y la vuelta a la metáfora”, incluido en La (re)conquista de la realidad: la novela, la poesía y el teatro del siglo presente. Tierra de Nadie ediciones. Ciempozuelos (Madrid). 2007. [pág 69].

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SÁBADO 21 – MAYO – 2011

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10: 35 am


11:25 am

12: 32 am

16:01 pm

17:01 am

19:13 pm

20:05 pm

21:43 pm

22:52 pm


23:31 pm

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DOMINGO 22 – MAYO – 2011

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00:16 am

01:26 am

02:13 am

03:28 am

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