Cartografía sentimental (LXXV) – Locos (que hacen locuras)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1. El hermoso (y trágico) mini-documental de animación Ryan (2004) de Chris Landreth en homenaje al pionero del dibujo animado canadiense Ryan Larkin, muerto en 2007 por un cáncer de pulmon, después de haber caído en el alcohol, las drogas y tras haberse convertido en un vagabundo, una pieza que recibió el Academy Award for animated short film en la ceremonia de los Oscars del año 2004 y cuya estragante tristeza, amerita un visionado.

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2. Andrew Kessler es un licenciado en matemáticas por la Universidad de California en Berkeley que en 2008 pasó tres meses en el centro de control de Tucson (Arizona) de la NASA, siguiendo la exploración que hizo ésta sobre el planeta rojo. Kessler, que hasta el momento había publicado anteriormente sus trabajos en The New York Times y en The discovery channel, se ha decidido a escribir un libro de no-ficción sobre la experiencia, aprovechando su posición de testigo privilegiado. Al libro lo ha llamado Martian Summer.

Debido a su condición de autor novel, Kessler, de 32 años y vecino de Brooklyn, decidió que con poner su libro en ciertas cadenas de librerías no era suficiente, así que se decidió por una solución imaginativa (y algo suicida): ha montado una tienda en la calle Hudson, en el West Village neoyorquino a la que ha llamado Ed´s Martian Book. En la tienda no hay más que 3000 ejemplares de su libro (27´95 dólares la unidad) y él mismo para venderlos.

Como a todo buen publicista (Kessler se gana la vida así), le gusta la buena demagogia y afirma sobre su proyecto:

“Si no eres una celebridad o te envuelves en el escándalo, a nadie le interesa hablar de libros y ésta es mi manera para intentar que la gente piense en ellos”

La tienda de Kessler estará abierta hasta mediados de mayo o bien hasta que agote existencias.

+ info: aquí & aquí.

La foto es de Francesc Peirón


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3.  The Piracy Project es un proyecto de exhibición y publicación internacional que parte de la editorial AND y que pretende explorar la filosofía, legalidad y las implicaciones prácticas de la pirateria editorial y sus modos creativos de reproducción (¿?).

Su interés es la apropiación y la copia y, para ello, tienen planteadas una serie de charlas, workshops y una convocatoria abierta.

La discusión, empero, resulta de interés, a mi entender, pues la filosofía que se esconde tras la inmediata provocación del proyecto (el cómo creatividad y originalidad no yacen en el material mismo sino en el modo en el que éste se maneja) habrá de resolverse de alguna manera satisfactoria para todas las partes (creadores, manipuladores, industria editorial, propietarios del copyritght, etc).

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4. Daniel Kalder escribe (con cierta nostalgia) en el blog del Guardian un post llamado When writers kill sobre Jesse Hill Ford, un escritor norteamericano que en 1996 y a la edad de 66 años (no pasen de largo la cifra) se disparó un tiro en la cabeza en su biblioteca de su casa de Nashville.

La cuestión es que Kalder viene a decir que sí, que mucha cháchara con la novela negra y los crímenes y la violencia y bla-bla-blá, pero que lo más cerca que han estado los escritores que actualmente hablan de asesinatos y muertes de una pistola o algo parecido a la violencia que tratan de retratar en sus novelas es al otro lado del cristal en las vitrinas de un museo de historia o en las teleseries.

El caso es que el escritor al que se refiere Kalder, Jesse Hill Ford, era un novelista sureño de bastante éxito en su momento, cuyo mayor hit -por así decir- fue la novela “The Liberation of Lord Byron Jones” (1965), una historia basada en hechos reales y que llevó William Wyler a la pantalla en 1970 con guión del propio Hill Ford y de Stirling Silliphant. La película, finalmente, no era sino uno más de los típicos interracial sexploitation films de la época, pero la historia de la novela, al tratarse de una historia basada en hechos reales, levantó verdaderas ampollas en la época (sobre todo entre los vecinos de Hill Ford).

El argumento se basa en la co-demanda que hace un empresario de pompas fúnebres negro contra un sheriff blanco en su juicio de divorcio. Y el sheriff lo acaba asesinando. La comunidad blanca se pone del lado del sheriff y éste acaba absuelto.

La paradoja es que tiempo después de haberse ganado la fama de escritor liberal, al propio Hill Ford le ocurrió algo parecido en la vida real. El escritor, al encontrarse con un tipo negro en el jardín de su casa no se le ocurre cosa más sensata que pegarle un tiro y matarlo. Hill Ford alegó que temía por su vida y la de su familia (¿?). Lo increíble del caso es que salió indemne del juicio, sin cargos. Y más aún: que la comunidad blanca que le odiaba por haber escrito ese libro contra la segregación racial y el racismo, ahora, en la vida real, enfrentados al mismo caso, prefieren defender al hombre que había defendido previamente ideas contrarias a las suyas.

Ahora bien, como es de suponer, Hill Ford perdió toda la fama de liberal que había conseguido con sus libros y acabó convirtiéndose en un columnista de derechas de esos que andan todo el día cabreados.

La moraleja, me parece, resulta de interés, porque no se trata de que un escritor sea exactamente fiel reflejo de sus libros, pero sí que es verdad que cuando existen implicaciones morales en una novela (sea sencillamente la implicación moral de decir la verdad) confiamos en la veracidad de lo dicho (no en su verosimilitud, cuidado).

Y ello, hoy más que nunca, porque necesitamos escritores honestos, que sean dignos y fiables.

Las mentiras de la literatura no son hechos que falten a la verdad, sino verdades que no han sido todavía constatadas (ni contrastadas).

Tanta novela de género, la verdad que no ayuda en absoluto, pero nada de nada.

Lo único que hacen es distraer la atención de las cosas importantes (pues el estereotipo mata la singularidad y la diversidad).

Y no estamos como para ir perdiendo el tiempo…

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5. Las palabras de la malograda escritora catalana Montserrat Roig (1946-1991) cuando decía -como en un epitafio- que:

“Conciencia de finitud, atrapar el tiempo. He aquí el castigo del oficio de escribir. En la trama de la narración me invento que el tiempo no se acaba. Sueño que tengo palabras y que, con ellas, poseo el mundo” [1]

[1] Rosa Mora. Montserrat Roig vence al tiempo. El País. 05-05-2011.

Plaza Montserrat Roig (Santa Coloma de Gramenet -Bcn-)


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