El “Suspense” de Stéphane Lojkine

Stéphane Lojkine, en su libro Image et subversion (2005) -que ni está traducido al español, ni siquiera al inglés- habla del misterio del significado de la imagen (visual o textual) y su relación con la obra de arte.

Lojkine en su libro habla de lo que él denomina  “« out-of-stage » space of invisibility”, un enigma primitivo y simbólico que yacería detrás de toda obra de arte (visual o textual), que sería, además, su motor generador y el lugar desde el que se constituye la imagen representacional, espacio de invisibilidad que vendría añadido a la ya clásica dimensión tripartita de la imagen y que la caracteriza en sus tres vertientes: geométrica, escópica e icónica.

Para Lojkine, aparte de esta tridimensionalidad largamente consensuada, hay algo más, lo que él llama “the blind room of fiction”, ese espacio de invisibilidad que se escaparía a nuestra percepción de las imágenes y que es lo que más nos interesa aquí.

Así, lo que vemos comúnmente en la imagen (la representación: a lo que nos referimos al decir que algo es una “imagen”) no es más que el “dispositif de la fiction”, un mero recurso o dispositivo; un artefacto, vaya. Por ello, el propósito de Lojkine es el de descubrir cómo actúa es esa superposición de lugares y significados ocultos (o disimulados) que remiten a ese espacio de invisibilidad que Freud llamó inconsciente (y al que Lojkine se refiere como “the blind room of fiction”).

Quizá este sea el error de Lojkine, cuyo proyecto es el de hacer un lectura no-discursiva del discurso, pues que tome como punto de partida el modo de proceder freudiano. Si bien es cierto que él mismo concede que la psicología freudiana fue incapaz de darnos un modelo aplicable,  sí sostiene Lojkine que la gramática de los sueños freudiana que se aplicaría posteriormente al discurso, sería un modo válido de proceder todavía hoy, al menos como punto de partida (pues no tenemos nada más a mano).

Las ideas de Lojkine forman parte de un proyecto más amplio de un grupo que se conoce como la Escuela de Toulouse y cuya aportación más significativa ha sido la ‘théorie des dispositifs´y que se propone considerar el discurso y el despliegue textual (incluso aunque éste sea abstracto) como un sistema de superposiciones y repeticiones que constituyen un dispositivo que obedece a una lógica icónica.

El mayor representante de esta escuela tal vez sea Bernard Vouilloux y su antropología semiótica (de Vouilloux tampoco hay un solo libro traducido ni al español ni al inglés).

Lo más interesante de los estudios de Lojkine sería su concepción del “suspense”, y que se referiría a ese significado dilatorio que siempre se resiste a ser aprehendido  y que debe ser descifrado de manera simbólica.

Esto sería lo que diferencia a un texto artístico de, por ejemplo, el manual de una lavadora.

Lo opuesto al “suspense” sería el “sentido”, que se derivaría de un conocimiento descifrado del discurso gracias a la mente racional. Así, el concepto de “suspense” estaría en relación con lo que Rancière llamó en Le spectateur émancipé (2008) la “image pensive”: una imagen cuyo significado final quedaría irresoluto.

La importancia del concepto de “suspense” de Lojkine es su potencial subversivo del discurso de la lógica icónica. Y es que con ello se produce una suerte de shock súbito en el lector/espectador, que le obliga a releer, a repensar, a rebuscar en lo visto/leído/oído.
Sería una forma, pues, de frustrar las expectativas, de presentar una ausencia, un vacío.

La importancia del concepto, a mi parecer, es capital; gracias probablemente a su ambigüedad.

Y es que, dada la proliferación de obras de arte de género últimas (especialmente literarias) que justamente se fundamentan en el suspense de la intriga y, por ello, no pueden escapar del discurso, la propuesta de Lojkine se fundamenta en todo lo contrario: en lo artístico, en aquello que sucede fuera del sentido -cartesiano- (y que queda alejado del discurso de la mente racional); lo inaprensible -lo que no se puede asir-, pues.

No es baladí la disyuntiva que inserta Lojkine en el término “suspense”, dado que toda reforma u oposición que pretenda tornarse fructífera ha de producirse necesariamente en el seno mismo de la cosa (del concepto, en este caso).

La inteligencia de esta idea del “suspense” es que remite a lo pre-verbal, al mito del origen para comprender la obra. Y así, contribuye a que cada obra de arte (al remitir a una zona oscura, ininteligible por medio del lenguaje) sea capaz de crear un origen nuevo para sí, desde el que mirar y ser mirado.

Con ello, a su vez, derroca el racionalismo conceptual que promueven las así llamadas literaturas de género, que se avienen a la ejemplificación de ideas generales, pensadas desde el dominio del principio igualitario de las democracias y que reinó durante todo el siglo XX.

La vitalidad de la idea de Lojkine se debe, creo, al hecho de que participa de esa “hibridación semiótica” [1] en la que se encuentra nuestra contemporaneidad y, con ello, no renuncia a la subjetividad moderna, sino que la explora y, además, permite su ampliación; siendo que es el lector/espectador quien debe investigar ese “espacio de invisibilidad” o zona de sombra que queda fuera de la obra misma.

O dicho en otras palabras, el suspense visto desde la narrativa de género (policíaca, thriller, histórica, etc) se sirve de la lógica aristotélica de la razón, plantea una intriga que irremediablemente ha de quedar resuelta al final de la novela/película; el suspense tiene que ver con un misterio que se desvela de manera progresiva (nunca súbita) y que es de índole lógico-deductivo; es un suspense que se circunscribe al sentido y a la capacidad de análisis de la mente humana.

Por contra, el suspense visto desde la teoría literaria pone “al yo contemporáneo en comunicación con lo esencial” [2], es decir, el símbolo y el mito.

Con ello, la moral del individuo trataría de vincularse a una inestable (pero propia) cosmología sentimental, más útil (en mi opinión) a los nuevos tiempos.

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Stéphane Lojkine. Image et subversion (Editions Jacqueline Chambon. París. 2005)

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[1] & [2] Javier Gomá Lanzón. Ingenuidad aprendida. Ed. Galaxia Gutenberg. Barcelona. Febrero de 2011. [págs 69 & 70]

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