Filobiblón (Amor al libro)

Filobiblón era el título de un opúsculo latino escrito por Richard de Bury en 1473, nos cuenta Jesús García Sánchez en el prólogo al libro del mismo título publicado el año pasado por Visor y que, igual que el primero -que le sirve de inspiración-, consagra su contenido a la alabanza del libro y de la bibliofilia en general.

De Bury, en su libro del siglo XV hace hablar a los libros para que “se quejen con cierta tristeza del estado de un mundo dominado por la ignorancia”, nos cuenta García Sánchez.

En 2010, la editorial Visor, para celebrar el título publicado número 700 de su catálogo (¡700!, casi nada) y sus 40 años de vida (¡40 años!, casi nada) se propone “defender la dignidad y la utilidad de la palabra lírica”.

Y es que como afirma García Sánchez (y yo mismo y creo que todos y cada uno de los lectores de este blog):

“Nunca podremos compensar todas las satisfacciones que nos ha proporcionado el universo inabarcable de la poesía”.

De ahí el motivo encendido de esta compilación de poemas de autores de lengua española en los que el libro es el cuerpo del poema, publicada justamente en unos momentos en los que parece de buen tono denostar los libros, la cultura y cualquier forma de conocimiento. Pero es que quedan razones, muchas, nos lo dice Javier Gomà, al referirse a ” la esencia [que] arde” en todo lector, quien, en caso de intuir, “aunque sea borrosamente, la esencia de las cosas importantes, le domina una impaciencia muy beligerante” [1].

Por eso es necesario ser culto, inteligente y tomar la admiración como sentimiento digno de ser observado hacia las cosas notables, pero, sobre todo, desterrar la mezquina (y fácil) envidia, el insulto gratuito y el terrible desprecio. Con ello conseguiremos emparejar la  racionalidad con una decorosa educación sentimental.

Volvámonos, sí, absolutamente mundanos.

Apliquémonos en la beligerancia cívica, defendiendo  el territorio de los libros contra esa forma de barbarie contemporánea que es el sentido común y la ignorancia.  Vayamos a la contra de “ese advenimiento de la imagen [que] provocó la retirada del lenguaje, del razonamiento en beneficio de la inmediatez y de la emocionalidad de las imágenes” [2].

Y es que aceptar la conmoción impasible de la imagen no redunda en ser contemporáneo como tantos creen, sino que nos convierte en nostálgicos de una melancolía superada. Debemos entender que la imagen no es sino una parte más de lo real, una parte subsidiaria, más bien, que no se entiende sin el lenguaje de la razón, la lírica que cruza lo útil con lo agradable.

Situemos el punto del debate allá donde lo dejaba Alfonso Costafreda, al preguntarse en su poema El libro:

“¿Son vida las palabras o van contra la vida?”

Pensemos que, en cualquier caso, como cantaba Francisca Aguirre en su poema Nana de los libros viejos:

“un libro, señores, es una prenda de abrigo”.

Y es que ya lo dice Jesús García Sánchez en su encendida defensa del libro, al constatar que:

“Es difícil no temer amor a los libros, y no sólo porque pueden ser nuestros mejores amigos, sino también porque comprenden nuestra soledad tanto como nosotros mismos. Los libros son nuestros acompañantes continuos, nos producen entretenimiento, nos enseñan a buscar la sabiduría, provocan y alimentan la inteligencia. Los libros son el medio más apropiado para avanzar por el aprendizaje hacia la libertad y el entendimiento […] además, los libros han aprendido a vivir con nuestra soledad” [3].

Tengan siempre muy presente que los libros son el hueso que más le gusta al perro, que no es el mejor amigo del hombre, sino más bien el más fanático cómplice del lector en los asuntos de mordisquear a los cretinos y a los mediocres.

Continúen, pues, si les place, delitándose -como decía Ruben Darío– con esos Libros extraños “que de lo más puro y lo más caro / hac[en] brotar la misteriosa fuente”, esa “fuerza y vigor que las almas enlaza”, ese “respirar de leones en reposo”.

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[1] Javier Gomá en entrevista con Daniel Arjona.”Filosofar es declararle la guerra a lo que no tiene emoción ni movimiento”. El Cultural/El Mundo. 30-03-2011.

[2] Raúl Eguizábal. El estado del malestar (Capitalismo tecnológico y poder sentimental). Ed. Península. Barcelona. Marzo de 2011. [pág 28]

[3] Jesús García Sánchez. Prólogo a Filobiblón. Amor al libro. Ed. Visor. Madrid. 2010. [pág 17]

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