Decencia

(H)ojeo -más que leo- el último libro de Álvaro Enrigue y pronto me llama la atención una frase. Dice:

“el derecho a la infamia es universal e inalienable y el secreto para la supervivencia está en ejercerlo con mesura” [1]

Entonces, de repente, me acuerdo de un documental que he estado viendo estos días I´m still here (2010), de Casey Affleck con el protagonismo (y la desvergüenza zarrapastrosa) de Joaquin Phoenix. La cinta supuestamente documenta el retiro de la actuación de Phoenix y su entrada en el negocio musical con un disco de hip-hop. Bochorno es lo mínimo que siente el espectador frente a tal lamentable ejercicio de cinismo.

Enseña un pene aquí (no una, sino dos veces), pon una cosa que parezca cocaína allá (muy muy cerca del foco de la cámara, por favor) y haz como que te mezclas en una orgía (pero que se te vea bien, por favor, que no llame a engaño), etc

Y entonces se me quedan tantas cosas por decir del particular, que casi prefiero callarme. Porque infame ni siquiera describe apenas tangencialmente lo visto en el documental. Y que Casey Affleck [2]  tenga  las santas narices de pretender que se trata de una performance… vamos, hombre. O que lo llamen cine gonzo, va venga, va… por-fa-vor.

A este respecto, dice Ignacio Echevarría en su última columna que “Polémica no es lo mismo que debate” [3], y lo particulariza al contexto español, así:

“la ausencia de debate en la cultura española -dice-, pues, tiene relación con un déficit intelectual, sin duda, asociado a la dificultad de articular los argumentos dialécticamente, a esgrimirlos por sí mismos, sin ponerse uno mismo en juego” [4]

No sé si esto tiene que ver con algo que decía Chirbes en la última edición del programa de rtve Nostromo, al sugerir que:

“Cualquier signo de utopía es ridículo en estos momentos […] y se han reforzado sin embargo las antiutopías, es decir, los mecanimos de poder” [5]

Yo no sé si se trata de un problema con el pudor de los nombres como sugiere Echevarría o acaso el hoax (disfrazado de ejercicio artístico que pone en práctica una teoría peregrina) sirve irónicamente para reforzar esas antiutopías de las que habla Chirbes, pero advierto menos con alegría que con alivio, pequeños signos que pretenden evitar esta trampa de pensar que siempre que se habla de algo se habla contra el autor de ese algo (con servidumbre o en actitud belicosa), porque no, no es así, al menos en este blog no es así, nunca lo ha sido y nunca lo será;

por ello nos satisface el hecho de ver en un suplemento cultural de amplia difusión como Santos Sanz Villanueva, al respecto de la última obra de Fernández Mallo, declara que:

“el lector de una reseña tiene derecho a pedir un juicio y una orientación” [6].

¿Lo han oído? Derecho, joder. Es lo mínimo que le exige al reseñista/crítico. Os pagan justamente para eso, amigos.

Ya ni siquiera se trata de una cuestión de ética, es pura decencia, joder.

De-cen-cia.

Amparándose en esa virtud, Santos Sanz Villanueva declara que las obras del nocillero:

“no veo que conduzcan a ningún sitio” [7].

Moraleja: la trampa no yace exclusivamente en los nombres propios, sino especialmente en el “uso común”  y el “uso propio” de los sustantivos [8] y que se revela en el hecho de la falta de marcas fijas y sistemáticas entre ellos, pero ahí está el trabajo del reseñista/crítico que no ha de permitir que se llame Arte a lo que no es más que artesanía decorativa, funcional y bella, por supuesto, pero no más que artesanía manual con severas ínfulas de serialización.

Que si no, vamos a quedarnos como en aquel poema del brasileño Roberto Piva “Stenamina Boat”, en el que:

“los árboles lanzan panfletos contra el cielo gris”

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[1] Álvaro Enrigue, Decencia. Ed. Anagrama. Barcelona. Febrero de 2011. [pág 14]

[2] Casey Affleck interviewed by Michael Cieply. Documentary? Better call it performance art. The New York Times. 16-09-2010.

[3] & [4] Ignacio Echevarría. Puritanismo. El Cultural. 04-03-2011.

[5] Programa Nostromo. Rafael Chirbes + Jóvenes escritores y la realidad. Rtve/Canal Cultural. 03-Marzo-2010.

[6] & [7] Santos Sanz Villanueva. Reseña de El hacedor (de Borges) Remake. El Cultural. 04-03-2011.

[8] Francisco Marsá.”Vida del nombre propio”, en El cambio lingüístico en la Romania. Virgili-Pagés. Lérida. 1990. [págs 43-60]

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