Especulación del talento [7]

Comprendan que hoy es domingo, y no es día como para andarse con piruetas dialécticas, así que les cederemos la palabra a los otros.

A ver, rápido, el 08 de Enero de 2011 Patricio Pron publica un texto en el ABCD de las Letras con el título “Promoción, renovarse o morir”. Para darle más empaque el asunto y teñirlo de un barniz proteico, lo retitula pomposamente “Nuevas prácticas de circulación de la literatura en el capitalismo tardío” –aquí-.

La interesante tesis central pone en cuestión los actuales modos de “escenificación y promoción de la literatura”.

Así, nos alerta sobre cómo “la escritura es vista en algunos casos como un escollo incómodo para la obtención de la visibilidad pública”  y certifica que “en la actualidad ya no es el libro el que posibilita la existencia social del escritor sino éste el que hace posible la de los libros”.

Alberto Santamaría, al hilo del texto de Pron, redacta en su blog una ampliación del tema –aquí-, recordando el “efecto comercial de lo visual” de Clement Greenberg, y de cómo mucho antes de esto  que hacen los supuestos autores modernos (califiquen estas prácticas como Vds, quieran) ya lo hicieron de manera mucho más salvaje y radical los dadaístas para los cuales “el nihilismo capitaneaba toda acción en tanto cuanto no había una finalidad determinada”.

La diferencia, ahora -con los modernos actuales- es que “el escritor busca el efecto por el efecto con el fin determinado de hacerse visible”.

A este respecto, Santamaría recuerda la siguiente cita de Lyotard (con la que aquí, esencialmente estamos en desacuerdo):

“La sublimidad ya no está en el arte, sino en la especulación sobre el arte”.

Pron plantea el problema sin sugerir alternativas ni tomar partido (no en vano él mismo participa en estos shows); Santamaría, más valiente, se arriesga en afirmar algo que aquí hemos repetido hasta la saciedad,y que él demuestra con el apoyo del ejemplo de la literaturatización de los artistas, pues que la literatura sólo hallará solución desde sí, y para sí, porque la literatura siempre ha sido -desde la palabra- generadora de imágenes “que se leen”.

Claudicar ante las artes visuales (cuando éstas previamente se han plegado a la razón de la literatura), pero, sobre todo, a las narrativas audiovisuales -cine, series de tv, cómics, etc- es una aceptación de que el escritor que se arrima a ellas desconfia de su talento y opta por el camino fácil y le da la razón -de rebote- a Lyotard: especula con unos modos estéticos archimachacados.

Ergo, los supuestos antirealismos actuales (llámenlos fragmentarismos si esto les agrada más), en el fondo (dado que son una mímesis de las teleseries, los cómics o “traducciones” de las películas cinematográficas o de las novelas de DFW) son -irónicamente- los realismos más verídicos, planos y superficiales que retratan nuestra contemporaneidad más burda.

Sobre este asunto del realismo, aquí Juan Francisco Ferré le aclara a Javier Calvo un par de matices al respecto.

Yo, para zanjarlo, añadiría unas palabras del libro Santos que yo te pinté de Julián Rodríguez, cuando el personaje central que dicta el monólogo dice:

“la grandilocuencia está reñida con la realidad.

Si es que existe la realidad” [1]

[1] Julián Rodríguez. Santos que yo te pinté. Ed. Errata Naturae. Madrid. Agosto de 2010. [pág 11]

 

BONUS TRACK:

Para los fanáticos de la tecnología y los ultramodernos, aquí tienen un vídeo que ha realizado Jean-Christophe Laurence sobre lo rancias que resultan para unos niños del siglo XXI las tecnologías vintages (y muchas no tienen siquiera treinta años).

La moralina es clara: cuando despertó, el libro seguía allí.

Así, todas esas novelas que hablan afanosamente de blogs y cacharros tecnológicos, leídas a diez o quince años vista van a resultar de puro humorísticas.



Anuncios

Comentarios desactivados en Especulación del talento [7]

Archivado bajo Especulación del talento

Los comentarios están cerrados.