Melancolía del humo

1. El humo como aliento de la subjetividad dolorosa e íntima:

 

“Pero no saldría para calmar los nervios, sino para aprovecharlos. Para no desperdiciarlos en casa toqueteándolo todo, mirando por las ventanas, buscando con la frente el frío de los cristales, empalmando cigarrillos cada vez más ásperos hasta llegar de madrugada a ése en que el tabaco acababa rindiéndose y bajaba domesticado por fin y acariciaba dulce y mataba un poco también, sí, pero por lo menos de pronto dulcemente, los filamentos y las cuevecitas que ella iba reconociendo con dedos de humo en sus pulmones, a la hora justa del lobo en que conseguía domesticar junto al tabaco todo lo demás, todas las cosas del mundo que amanecía a sus pies, en la calle y en la casa desiertas” [1].

[1] Javier Montes. Los penúltimos. XII Premio Novela Corta José María de Pereda 2007. Ed. Pre-Textos. Valencia. 1ª edición, abril de 2008. [pág 20].

 

 

2. El humo como instancia socializadora del escritor bohemio

 

“Es un vicio ligado al bohemio, a los poetas. Que lo hayan retirado les quita cierta gracia y nuestros clientes [del café Gijón], para qué engañarnos, lo llevan mal, aunque no ha habido altercados” [2].

[2] Pepe Bárcena en entrevista con Marta Caballero. Los escritores y el humo. El Cultural/El Mundo. 04-01-2011.

 

 

3. El humo como gesto válido para la crítica radical

 

“A través de la “cultura” y la “sociedad” el cambio histórico y el conflicto social, la praxis y lo procesual -que, sin embargo, ambos términos necesariamente contienen- son reprimidos por las llamadas al orden y la armonía” [3].

[3] Sergio Martínez LunaLa crítica de la cultura después de la cultura. Revista de Estudios Visuales. nº 7. Enero de 2010. [pág 104]

 

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