A vueltas con la nostalgia

1.

Mejor que no nos llevemos a equívocos y que quede claro desde el principio:

detesto la editorial Blackie Books.

Y la detesto porque trabaja con un material que me parece mezquino y deleznable: la nostalgia.

Porque su target es el de aquellos que añoran su juventud (los nacidos en los años 70´s), y no tanto porque fuese entonces mejor, sino por pura idealización del pasado (por no querer constatar la desazón del presente).

Se podría decir, pues, que Blackie Books es una editorial bienentencionada, casi católica, en su sentido mesiánico y abarcador, en ese querer estar en todos sitios y en ninguno (en su caso, en todas las baldas de la librería, sin distinción).

Y así, justamente por ello, resulta fuertemente reaccionaria.

Lo irónico es que se vende como todo lo contrario: como una editorial moderna y fresca. Me extraña -además- que nadie saque a relucir las semejanzas entre sus ediciones y aquellas de Enid Blyton para la Editorial Juventud (con la salvedad de que donde aquellos ponían brillo estos ponen mate).

Ha de decirse, eso sí, que la calidad de sus libros es incuestionable, muy superior a la media, y que lo que paga por ellos el consumidor es, en este caso, lo justo.

2.

Como lo cortés no quita lo valiente, hay que decir que uno de los títulos de su catálogo brilla con luz propia:

Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett.

Charlie Numberg, editor de Sterling, dice que “every book is new to the person who hasn’t heard of it yet” [1] y es que, a pesar de que ya lleve siete ediciones, puede que Vd. lector, no haya oído hablar de este libro.

Puede ser.

Yo mismo he desoído su publicación durante todo este año, de hecho, he huido de él como de la peste.

Pero PapáNoel, quien parece tener sus propios planes, ha venido a mediar en esta relación de desprecio unilateral mía con la editorial Blackie Books.

Para bien.

3.

El libro del cantante del grupo norteamericano Eels es notable por su naturaleza tétrica, por las sombrías intrusiones de la desgracia, y es que como el mismo Everett nos confirma “la sensación que tengo es que la muerte no anda nunca muy lejos de mí” [2].

Se diría así que su mayor propósito es el de conjurar el miedo, pues el libro podría resumirse con la siguiente sentencia: “hubo tantos momentos lamentables que resulta difícil escoger uno entre la larga sucesión de miserias que conservo en la memoria” [3].

Por ello se puede afirmar que el libro es como es, pero podría ser de mil maneras diferentes; es así un libro fiel al carácter escéptico de Everett, quien mantiene siempre “una actitud abierta a todas las posibilidades” [4].

En ese ir escogiendo -sobre la marcha- una entre muchas otras variopintas sensaciones posibles y tirar hacia delante, sin mirar  atrás, es donde se halla su belicosa poeticidad.

Porque el libro, a pesar de las mil tragedias (la muerte de su padre, su madre, su hermana, su prima y hasta su mánager), no deja espacio para la sensiblería, los dogmas de fe; tampoco para la resiliencia -como se ha dicho por ahí-.

Es una memoir sobre cómo sobrevivir a la desesperación, sobre cómo vivir en el interior de uno y salir si no indemne sí fortificado, “viviendo de puertas afuera de modo automático” [5].

4.

Cosas que los nietos deberían saber es un libro sobre el don, “el de una inseguridad abrumadora” [6] y que se manifiesta en la fortaleza de la convicción artística, la de “mejor hacer algo bueno, algo duradero” [7], porque, además, no queda otra opción “no hacerlo equivaldría a estar fingiendo” [8].

Y así, Everett nos va contando su proceso de maduración artística, su inevitable destino, el de escribir canciones, porque “literalmente, era eso o morirme” [9], y es que “si lo hacía era sólo por no saber qué otra cosa hacer” [10].

Así lo acompañamos en ese ir “intentando eliminar capas para llegar a la verdad que subyace a todo” [11], porque Everett nos confiesa que “quería ser sincero, seco; aunque me hiciese sentir incómodo” [12].

Todo ello nos es contado en un “estilo directo, sucinto y sencillo” [13].

De refilón, cómo no, está la locura del circo de la industria musical, su irrealidad, la tiranía de los fans, que se cabrean cada vez que Everett saca un nuevo disco porque “no era lo que ellos esperaban” [14].

Pero también está su matrimonio con una alocada e impredecible rusa llamada Anna, una “aventura rara, muy rara, pero divertida” [15] y que iba a durar, a la postre, “cinco o seis años” [16].

Sus depresiones, su mudanza a los Ángeles desde su Virginia natal, sus trabajos precarios, sus giras por Europa y, otra vez, su resignada y vitriólica desesperación.

Todo ello dispuesto con esa misma rara música de sus canciones, como sin querer, para llegar al punto final de la victoria, donde Everett sin el menor rubor afirma que “tengo que reconocer que para ser alguien sin plan las cosas me han salido bastante bien” [17].

Y, vaya… si es verdad.

El mejor resumen de este libro sería mentar a los fantasmas, pues Cosas que los nietos deberían saber es un tratado sobre cómo conjurarlos, a los fantasmas, dirigido a esos nietos igualmente fantasmagóricos que Everett no tiene, y quizá tenga (o no) algún día.

De momento, podemos servir nosotros, los lectores, como obedientes pupilos quienes escuchan con atención los consejos de Everett.

Tomemos este, por ejemplo:

“si vas a tener un fantasma en casa, lo mejor que puedes hacer es pensar que es un fantasma amigo” [18].

Gracias Mark por haber compartido con nosotros tu irreverente, hermosa e inspiradora singularidad.

Estamos en deuda contigo.

Y un poco, también, con Blackie Books.

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[1] Mike Shatzkin. Selling the backlist (and other things) and finding the next battleground. The Shatzkin Files. 28-December.2010.

[2][18] Cosas que los nietos deberían saber. Mark Oliver Everett. Presentación de Rodrigo Fresán. Traducción de Pablo Álvarez Ellacuria. Ed. Blackie Books. Barcelona. Quinta edición. Julio de 2010. [págs 172, 52, 141, 20, 6, 115, 110, 61, 61, 85, 86, 166, 160, 146, 149, 192 & 100]

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Actualización [15-01-2011]

El editor de Blackie Books, Jan Martí, dice hoy en el suplemento Babelia de El País acerca de los libros de su editorial:

“tienen cierto aspecto retro […] recuerda un poco a los libros de Los Cinco de Enid Blyton” [1]

[1] Sergio C. Fanjul. Diseño inteligente (de libros). Babelia/ElPaís. 15-01-2011.

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