Barcelona ja no es bona (o mi paseo acompañado por la calle Rosellón)

 

La cuestión es que recordaba que J. M. Castellet en su último libro Seductores, ilustrados y visionarios (Anagrama, 2010) mencionaba el emplazamiento original de la editorial de Carlos Barral, la primigenia I. G. Seix Barral S.A., y recordaba que estaba cerca de Rambla de Catalunya, en la calle Rosellón (así lo creía entonces, esta tarde, sobre las seis pm).

Volvíamos con Ángela, y mi hermano V. de casa de mi otro hermano y su novia, en Gràcia.

Bajabamos caminando en la alegría del lunes festivo (tras una comida alegre y una sobremesa jaranera), cuando me decidí a encontrar la antigua imprenta de la familia Barral que daría lugar a una de las editoriales más interesantes de los últimos 40 años, cuando me acordé de un cinco.

Y un doscientos.

Y, por alguna razón, quise recordar que ese cinco y ese doscientos, estaban en la calle Rosellón; no se por qué.

Así que, a fuerza de probar, fuimos yendo por todos los portales acabados en cinco desde Passeig de Grácia hasta alcanzar el 200.

Abajo tienen nuestra pesquisas:

 

 

Lo irónico es que a llegar a casa y al comprobar la cita original me he encontrado con lo que sigue:

“En la calle de Provença, número 219, entre Rambla de Catalunya y Balmes […] había un edificio cuya entrada denotaba la presencia de unos tallleres. Un rótulo pequeño proclamaba el nombre de la empresa, I. G. Seix Barral S. A.” [1]

Nosotros, en nuestras pesquisas, en la calle Rosellón, hemos acabado en uno de esos nuevos y lujosos  meublés que andan poblando la ciudad.

Supongo que a Carlos le hubiera hecho gracia.

Yo, de momento, en su homenaje, me acuerdo de uno de los atrevidos versos de Baño en cueros, cuando dice.

“Las estatuas

se ablandan entre risas, en la espuma”

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[1] J. M Castellet. Seductores, ilustrados y visionarios. Ed. Anagrama. Barcelona.Octubre de 2010.  [pág 108]

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