La literatura (como ente corpóreo)

1. Los dedos como constructores de la escritura.

Dice el escritor americano Phillipp Lopate:

“Cuando escribo, siento que son ellos [mis dedos], y no mi intelecto, los lúcidos progenitores del texto” [1].

2. Los libros como cuerpos amigos.

El crítico literario J. M. Castellet, recuerda en su libro Seductores, ilustrados y visionarios, al hilo del descubrimiento de su tuberculosis, estando en el último año de la carrera de derecho, en el verano de 1950, y a sus 24 años [motivo que le obligó a ser recluido en el sanatorio de Puig d´Olena (situado entre Centelles y Sant Quirze Safaja)] como era su salvación la literatura, pues:

“mientras me alejaba del mundo, los libros que iba leyendo me unían con los demás” [2]

3. Los símbolos literarios como objeto de intercambio económico

Hoy ha saltado a los medios la noticia de que la viguesa Ángeles Durán tiene en su poder un documento notarial que le atribuye en propiedad el Sol.

Parece un chiste, o el argumento de un microrrelato, pero no, es abosulatemente cierto. La idea totémica de Ángeles Durán es la de rentabilizar la propiedad del Sol, ahora, eso sí, que lo gestione el estado, claro, y que ella solamente le den una parte de los beneficios (qué modesta, ella).

Agárrense, y fíjense lo que dice al respecto:

“La idea es mía, no me importa que el Gobierno la gestione y la trabaje, pero a condición de que este dinero que entre se reparta al 50% para los Presupuestos del Estado, un 20% para las pensiones mínimas, porque hay gente que está cobrando 300 euros, es vergonzoso -exclama-, y tiene que vivir de la caridad, de sus familiares y amigos. Un 10% para investigación y educación, un 10% para erradicar el hambre en el mundo y el otro 10% para mí, ya que lo he hecho yo” [3]

Poniéndolo en otros términos, lo que pretende Ángeles Durán es convertirse en la gestora de los derechos de la poesía de la naturaleza, más o menos lo que vienen haciendo en los últimos tiempos los agentes literarios: el escritor y su obra (el Sol y su energía) como un elemento más (matérico) del neoliberalismo capitalista.

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[1] Phillipp Lopate.  Retrato de mi cuerpo. Traducción de Ana Marimón Driben. Ed. Tumbona Ediciones. México. 2010. Se puede leer un fragmento aquí.

[2] José María Castellet. Seductores, ilustrados y visionarios (Seis personajes en tiempos adversos). Ed. Anagrama. Barcelona. Octubre de 2010. [pág 35]

[3] Antonino García. El Sol, el grito de Tarzán y los tonos teléfonicos tienen la misma dueña. El Mundo. 26-11-2010.

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