El presente [visto como un pasado en letargo]

1.

Dice Manuel Rodriguez Rivero, refiriéndose al estado de cosas en la Norteamérica de hoy que:

“la fiesta ha terminado súbitamente, las luces se han apagado, y ha llegado el momento de mirar hacia atrás y comprender qué es lo que, realmente, ha sucedido” [1].

Según él, esto tiene una inequívoca relación con el re-descubrimiento (en Norteamérica, claro) de la novela de Scott Fitzgerald El gran Gatsby.

Así, el gran Crash del 29 y esta crisis mundial que sufrimos en la actualidad, estarían emparentadas gracias al hilo invisible que traza la prosa fitzgeraldiana.

2.

Sobre Fitzgerald, decían en 2005 los editores de la influyente revista n+ 1 que:

“[he] was as corrupt as any of us: vain, covetous, in need of fame. But he possessed the vital discipline of seeing what happens when you’re alone.” [2]

La disciplina, pues, de saber mirar de cara al desastre, sin titubeos, sin pestañear o girar la cabeza. Con elegancia.

3.

“A novelist who isn’t truly alone when he writes will never provide a reader worthwhile company” [3]

Eso es lo que opinaban los editores de la revista n + 1 en 2005, lo mismo que la artista de Arkansas Tiffany Bozic plasma en su obra Under my skin (2010):


4.

La piel, al parecer, cada vez más gruesa, con menos espacio adentro de las costillas para los mundos interiores, así parecía ser el mundo de los roarin twenties y así se configuran las personalidades en el mundo contemporáneo por culpa del estallido digital.

Lo dice Zadie Smith, al constatar cómo:

“When a human being becomes a set of data  […] he or she is reduced. Everything shrinks. Individual character. Friendships. Language. Sensibility.  […] we lose our bodies, our messy feelings, our desires, our fears” [4].

5.

La nostalgia expresada por la novela de Scott Fitzgerald se cifra en una nostalgia de la hermosura del cuerpo joven, delicado, una fascinación etérea, así: una nostalgia de una materia soñada, y entrevista en el fugaz destello de un traje de fiesta.

La gran época de los incontables edificios (privados y públicos) fue la de la primera década del 2000, y que exhibió una despampanante afición por el ladrillo caravista y las piscinas comunales, el gran jolgorio a costa de municipalidades y afanes ecuménicos de riqueza fulgurante.

En la década de 1920 ese festín colectivo se daba en las fastuosas fiestas interminables, llenas de casquivanas flappers y diletantes filósofos.

Ambas épocas fueron licenciosas, los años veinte y la primera década del s. XXI.

Ambas épocas trajeron consigo, como consecuencia, una generación perdida.

En los años 20 fue una generación perdida por la guerra, ahora es una generación perdida por el postmodernismo y la Internet.

6.

Pero, igual entonces como hoy día, queda un brizna emancipadora.

La clave es la post-ironía, artistas que crecieron en la década de 1970 y que retoman el testigo del modernismo, que tratan su obra con seriedad y compromiso, que rompen con la ambigüedad tan propia del lenguaje como credo y excusa, y que disponen su ideario estético como una mezcla de corporeidad e ideas utópicas.

Un arte centrado en el ser humano, que busca reapropiarse de la realidad, así sea solo de sus jirones.

En pintura ya hay un nutrido grupo de artistas trabajando en este sentido.

Sus obras van a exponerse a partir del 28 de Noviembre en el Museo Morsbroich de Leberkusen (Alemania) –aquí-.

En la literatura en castellano, ahora mismo, también tenemos a quienes trabajan en esta misma línea; el caso más reciente es el de  Mercedes Álvarez, quien hace apenas dos meses que publicó su primera novela Historia de un ladrón (Caballo de Troya, Madrid, Septiembre de 2010).

En breve hablaremos de esta magnífica nouvelle.

– – – – – – – –

[1] Manuel Rodriguez Rivero. Bienvenido, sr. Gatsby. El País. 24-11-2010.

[2][3] The way out is in. n + 1 magazine. 14-February-2005.

[4] Zadie Smith. Generation Why? NY Review of Books. 25-November-2010.

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