A veces…

Hay tanto que escribir,

tanto tanto por escribir que… a veces, casi que uno prefiere no tener que hacerlo.

Porque el empacho es signo de que quizá no sea más que vómito lo que se pretende -lo que uno pretende- hacer pasar por hemorragia.

Y así, me doy hoy a compartir la misma experiencia de Nacho Gallego cuando, en su libro póstumo El lenguaje de las células y otros viajes, dice que

“me era necesario buscar una mirada distinta, desde afuera, y la encontraba en los demás” [1].

A mí, cuando me sucede esto, me gusta buscar esa mirada ajena en las obras pictóricas.

Sí, prefiero por sobre todas las otras artes plásticas, la pintura.

Será justamente -quizá- porque parece hoy algo tan analógico y fundamental, la pintura, un ejercicio casi de arqueología nostálgica;

será por eso, supongo, que me parece tan estimable o sugestiva, y necesaria.

La pintura.

Porque sólo esa oquedad ilustre del óleo puede ofrecernos hallazgos que nos instruyan en su cínica sobriedad,  nos extrañen por su carácter a/histórico y nos conmuevan por la extrañeza de su mensaje.

Hoy, para mí, esa forma de mirarme desde el exterior ha surgido desde un cuadro encontrado azarosamente;

es de Pere Llobera, y se llama Hunted Gibson (2008).

Y así,

como el personaje de este relato narrativo trazado figurativamente, el hombre que busca guitarras eléctricas en la jungla,

así mi cartografía sentimental de hoy:

un hombre -yo- que busca -ingenuamente- la belleza de las palabras en ese infierno de especulación matemática que es la vida.

 

Pere Llobera "Hunted Gibson" (2008)

 

[1] Nacho Gallego. El lenguaje de las células y otros viajes. Ed. Caballo de Troya. Madrid. Octubre de 2010. [pág 14]

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