Retórica del objeto (espiritual)

En efecto, es tiempo de re-lecturas.

Vuelvo a El último encuentro de Sándor Márai y, bien pronto, hallo la siguiente frase : “en los picaportes se sentía el temblor de unas manos de antaño, el fulgor de momentos pasados, llenos de duda, cuando aquellas manos no se atrevían a abrir una puerta” [1].

La frase me estremece por su ambivalencia: precisa y evocativa al mismo tiempo; se fija en ella un terror inconcreto, pero, a la vez, un sentimiento esencial, como un susurro contagioso, que nos advierte en aquel objeto (un mezquino picaporte) de la tragedia real de los personajes que lo tocaron, rozaron y, finalmente, temieron.

La memoria de los hombres impregnada en los objetos.

Una técnica bien propia del decadentismo italiano, por ejemplo.

Me interesa, ese decadentismo, pero aplicado al presente.

Eso es lo que trato de conseguir en mi novela Nadie se enamora en Noviembre. Aquí hay también un chalet viejo, cerca del mar mediterráneo, inhabitado, al que alguien regresa.

Cada vez es más complicada una retórica de similares características, pienso, en el presente, puesto que lo que consideramos hoy ruinas urbanas, son objetos sin propósito, nunca o apenas habitados o utilizados, es decir, objetos potenciales, a los que se les ha negado la identidad y, por tanto, la memoria.

Cada vez es más raro que alguien cuente con una propiedad inmobiliaria familiar en la que instalarse. Todo ha sido vendido, o derruido y construido de nuevo.

La mayoría de la gente, no obstante, se ha mudado de ciudad, incluso abandonado su país, o acaso vive en un perpetuo estado de alquiler.

Y una casa de alquiler, igual que una casa de huéspedes o un hotel, no albergan más memoria que el ínfimo recuento de algunas anécdotas (no necesariamente verdaderas).

Por ello se hizo tan popular en la segunda mitad del siglo XX el land art.  Porque al arte no más que le quedaba recurrir a los espacios yermos de la naturaleza olvidada.

Pero hoy, la naturaleza, es apenas un concepto. Es algo en lo que se ha de creer firmemente, no admite réplica, así el cambio climático o el ecofeminismo.

Porque… ¿acaso se acuerda alguien de la capa de ozono?

No, qué va.

Y leyendo, y (re)leyendo, curioseo la columna La Hora Atómica de Ruben Lardín, donde éste dice que:

“Partimos de que no tengo por qué estar yo en todo lo que digo, ni siquiera aproximarme” [2].

Y, a lo mejor, pienso, como ya pensé antes, y lo vengo pensando desde hace largos años, que en el presente, al arte, no le queda más que tantear las aproximaciones.

Es decir, que como no queda certeza incuestionable del objeto, no podemos impregnarlo de ningún sentimiento humano.

Y que si antes sí era así, era por la creencia del ser humano en lo matérico (en franca retirada hoy, en tanto que matérico inamovible).

Pienso en lo que dice el historiador Ricard Vinyes, pues que:

“La ideología no tiene capacidad de diálogo porque no nace para eso, y la memoria por ella creada, la memoria administrativa obuena memoria, tampoco, porque es una memoria deliberadamente única, sustitutiva” [3].

Así, tal vez, con lo que hemos acabado (y lo que nos impide desarrollar ese tipo de decadentismo “canónico”) es con la credulidad frente al objeto, la materia; lo inapelable.

Así, hoy no tendríamos más remedio (en el arte) que recurrir a una suerte de decadentismo lírico -o líquido-; aquel que se sustenta en la flexibilidad moral y espiritual del individuo. Un decadentismo poético.

Quizá, el objeto que hoy esté verdaderamente en crisis, sea el propio ser humano, el artista. Y ello porque nadie cree en él, tal vez siquiera él mismo.

Y sólo la poesía -ojalá- podría salvarlo de su falta de crédito

(o proveerle de los sentimientos de los que parece carecer).

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[1] Sándor Márai. El último encuentro. Ed. Salamandra. Barcelona. 5ª edición, julio de 2000. [pág 27]

[2] Ruben Lardín. La hora atómica: Seis. El Butano Popular. 22-10-2010.

[3] Ricard Vinyes.La reconciliación como ideología. El País. 12-08-2010.

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BONUS TRACK:

Martha Rossler presenta en La Virreina (La Rambla, 99 Bcn) su proyecto de archivo documental sobre la vivienda (y su carencia) “If you lived here still…” (hasta el 30 de Enero de 2011),  donde, entre otras cosas, da cuenta de los inicios de la gentrificación y sus problemas derivados.

+ info: aquí.


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