Las mentiras de la literatura [8]

Decíamos el otro día –aquí– que el ejercicio de la crítica en este país ya no es que se trate de una cuestión de nulo crédito sino que es prácticamente irrealizable.

Una de las cosas que denota esto, y que quizá pasásemos por encima el otro día, es la semejanza que se observa en las críticas (y ello en periódicos y revistas de muy diferente estilo, intenciones políticas o gustos).

Y es que acaso la mejor forma de comprobar si un libro es malo es la siguiente -y muy sencilla-: compare Vd. los extractos que se destacan del libro juzgado, y si una misma frase o párrafo la encuentra Vd. en varias de las críticas/reseñas, sabrá enseguida que se trata de un texto funesto; la novela reseñada.

¿Por qué?

Muy sencillo, porque el escritor no ha estado escribiendo para la literatura, sino para sus reseñistas (y a estas alturas todo el mundo sabe lo que le gusta a un reseñista: sentirse inteligente).

Es una actitud harto común, utilizada por los escritores españoles, la de insertar una cantidad relevante de frases en la novela (entre una y cinco) y que llamen poderosamente la atención (por lo evidentes -y obscenas, literariamente hablando- que resultan).
Y ello, porque son frases que vienen a resolver lo que la novela no ha sido capaz de sugerir; es decir, son sentencias que vuelven explícito el contenido de la novela, su tema, los conflictos y las intenciones de un personaje (y que la trama no ha sabido resolver).

Estas frases, normalmente, suelen ser lo único meritorio de toda la novela.

Por ello, los reseñistas (que bajo ningún concepto quieren quedar de tontos) se agarran a estas frases/clavo ardiendo con total ceguera y, ante la imposibilidad de realizar un juicio verdadero (tal novela es mala/buena por tal y tal razón/es), simplemente aducen como comentario válido las frases obscenas que el escritor (o tal vez el editor) ha situado estratégicamente como tabla de salvación.

A veces es incluso más sangrante, porque lo aducido en la contraportada de la novela (y que normalmente ha escrito el escritor y que refleja no lo que hay en la novela sino lo que al escritor le gustaría que reflejase la novela) configura el mismo comentario crítico del reseñista.

Otra forma más de saber cuando una novela es mala:

si varios reseñistas repiten con indulgencia lo explicitado en la contraportada, lo más normal es que no hayan encontrado nada mejor que decir.

Pero no seamos fatalistas, porque (¡por fin!) han llegado los chicos de la revista Shandy con la fantástica idea de legitimar la ingrata tarea del crítico esforzado.

Así, queda abierta desde ya mismo el Primer Concurso de Crítica.

Tienen que mandarles tres críticas inéditas (o no) y Vikram Dharma (el gran capo) elegirá a diez participantes.

Para que el reseñista no pueda acogerse a las frases/clavo ardiendo que les dejan los escritores en los libros, los diez elegidos harán una crítica (de 1000/2000 palabras) del mismo libro.

Así, de inmediato, se podrá ver no solo si el libro es bueno o malo (arriba ya les hemos dado dos claves para tal interpretación) sino de la pasta que está hecho el crítico (si es honesto o no).

Ah, aquí tienen las bases completas del concurso.

Tienen de tiempo hasta el 15 de Enero de 2011.

Como hay que dar ejemplo, yo ya les he enviado mi candidatura -y lo digo totalmente en serio-, claro

(y espero que no me den un fuetazo).

Pero ahora sí, dejándonos de bromas, aquí, la convocatoria original (la de verdad) de la Revista Letras Libres, [50 mil pesos para el ganador].

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