Escritor en Allak – Escrituras desde/contra la superficie

Si le dijera lector

que el otro día, el pasado lunes 04, en una fiesta celebrada en la elegante Serpentine Gallery de Hyde Park, en Londres, a alguien le robaron las gafas (de su misma cara), unas gafas negras y algo “girlish”  (o sea, como de chica), dejándole una nota de rescate donde se le pedían 100.000 libras para recuperarlas…

Y si le cuento lector, que, acto seguido, la policía, advirtiendo el crimen, horrorizados se diría por tal atroz acto criminal, viendo cómo dos cacos huían veloces con unas gafas “girlish” por entre el gentío y se adentraban en Hyde Park, desplegó por el parque londinense un increíble número de policías a su búsqueda y que rastrearon dicho parque, los policías, palmo a palmo, con denuedo y diligencia y con la ayuda -encima- de un helicóptero (¡un helicóptero!)… y no sólo de un helicóptero, sino de Damon Greeney, el subdirector de ventas internacionales de la editorial Harper Collins

Déjeme que le añada, lector, que uno de los cacos llevaba en la mano un libro y que, al meterse en el lago de Hyde Park huyendo de la persecución implacable de la policía y de Damon Greeney (un auténtico héroe, según Susanna Frayn), hubo de abandonar dicho libro que quedó flotando en las aguas del lago de Hyde Park, pista más que suficiente para que el helicóptero que sobrevolaba avieso Hyde Park localizase el rastro del caco y peinase los arbustos colindantes hasta dar finalmente con él, con uno de los dos cacos, James Fletcher, de 27 años, estudiante de diseño computacional aeroespacial, quien confesó estar prendado de la montura de las gafas que había visto en el rostro del principal invitado de la fiesta de la Serpentine Gallery en Hyde Park y que fue esta razón (amén, del copioso champagne servido en la fiesta) lo que le animó a robar las gafas del ilustre invitado…

Pues bien, lector, será Vd. un lector hábil si me dice que estos hechos disparatados le sugieren una trama para una novela del insigne Chesterton.

Y tendrá razón.

Pero habré de confesarle que ha sido la socarronería de la vida quien ha dispuesto que todo esto suceda efectivamente tal y como se lo he contado.

Se trata de un suceso real que le ocurrió al novelista norteamericano Jonathan Franzen (y a sus gafas) el pasado día 04 de Octubre en Londres, mientras celebraba la fiesta para la presentación de la edición inglesa de su nueva novela Freedom [1].

Pero la cosa no quedó aquí, pues como si la vida no hubiese tenido bastante, ese mismo día, en tanto que el novelista norteamericano estaba ocupado en una lectura pública para el programa nocturno de informativos de la BBC, se enteró de que los 80.000 ejemplares de su novela que habían salido al mercado en UK se correspondían con un borrador sin corregir y hubo que retirar todos los ejemplares de las librerías [2].

Así, la vida de Jonathan Franzen en los últimos días es mucho más excitante de lo que parece haber sido en sus cuarenta y pico años anteriores.

Y es que, además, tómese esta acumulación de desgracias al calor de casi diez años de encierro en una habitación insonorizada (¿qué guiño a Proust, eh?), que son los que lleva Franzen trabajando en su última novela Freedom.

O al menos así lo parece (su vida aburrida, quiero decir) si uno lee The discomfort Zone (Harper Perennial, 2007), memoir dividida en 5 partes y que abre con el intento medio-frustrado de Franzen por vender la casa de su madre muerta.

Esta es la parte digamos más novelística, en el sentido de que podemos colegir en ella dramatis personae y conflicto dramático y un conato de intriga.

Tras esto, aparece una disquisición sobre el valor de las casas y sus precios de mercado, sobre el dibujante Schulz, sobre el padre de Franzen,  sus hermanos y sus peleas y los miedos de Franzen por no ser cool.

Nos vamos a  la infancia y adolescencia de Franzen, la cual nos es servida a jirones (à-la-Proust), con bastantes partes aburridas, sobre todo lo referido a la cultura de Webster Groves (un suburbio de St. Louis)a suffocating wealthy, insular, conformist town with a punitive social hierarchy” [3], los campamentos  de verano y las reuniones con el club católico de los domingos.

Toda una parte que se dedica a contradecir al discurso de aceptación del nobel I. B. Singer, cuando dice que “novelist´s first responsiblity is to be a storyteller” [4].

Y es que el problema de toda esta parte es que “adolescence is best enjoyed without self-conscious, but self-consciousness, unfortunately, is its leaading symptom” [5]. O sea, que Franzen escribe con demasiada consciencia y le falta la vitalidad y el desparpajo que toda adolescencia necesita para ser narrada (de manera que resulte interesante para el lector).

Y tal vez aquí viene lo mejor, cuando nos dice que prefiere quedarse un poco de lado de los peligros de la adolescencia y así confiesa que “The Authentic relationship I wanted now was with the written page” [6].

Y no es baladí esta confesión pues en un momento el padre le confiesa a Jonathan que se casó con su madre porque “she was a good writer and I thought a good writer could do anything” [7].

Así, la mejor parte es la quinta (The foreign language) donde nos cuenta su estancia en Alemania estudiando la literatura del país, y nos avanza sus impresiones sobre Thomas Mann, Kafka, Robert Walser, Karl Kraus, Alfred Döblin y, por sobre todo, The notebooks of Malte Laurids Bridgge de Rilke, sobre el que nos confiesa que “it inmediately became my all-time favorite book” [8].

Esta parte europea es fundamental en la memoir pues gracias a la lectura de literatura alemana dice Franzen que “[I] was becoming a person myself” [9].

En la parte final (My problem with birds) se da un mixing estructural entre la primera parte (dramatis personae) con la parte central (jirones biográficos) y que acaba sucumbiendo por la obstinación de Franzen en justificar su interés por ser un observador de pájaros. Esta parte recuerda a las crónicas de Foster Wallace, pero está a mil kilómetros de distancia de éstas.

Resumiendo, la memoir ilustra perfectamente las “two separate versions of myself” [10] de Franzen. En otras palabras: su parte americana y su parte europea, su parte literaria (interesante) y su parte biográfica (tediosa).

Cuando Franzen escribe sobre literatura y sobre su experiencia como escritor, se nota que está escribiendo contra la superficie, en un intento feroz por ofrecer un torpedo submarino que vaya a hacer diana justo al centro de importancia de las cosas, sus comentarios son acertados, valiosos e inspiradores (sobre todo el análisis de El proceso de Kafka).

Por contra, cuando trata de hacer esas suerte de biografismo cultural de “lo americano” resulta pedestre, aburrido y plano.  Innecesario, banal y terroríficamente petulante.

O sea, que se trata de un libro del que apenas merece rescatarse 1/3 de su contenido.

Un ejemplo para ver claro esta inanidad americana a la que nos hemos referido en su gran esplendor es la última novela de Bret Easton Ellis Suites Imperiales.

El escritor angelino no es que escriba desde la superficie, sino que es estrepitosamente superficial.

Claro que ya trata éste de cubrirse las espaldas cuando afirma sobre Clay (el personaje central de Suites Imperiales) que “he aquí alguien que está tratando de mantenerse joven porque sabe que lo que más te importa es la superficie juvenil […] esto es parte del atractivo […] aun sabiendo que al superficie se gasta y que no puede durar siempre; aprovechar antes de que aparezca la fecha de caducidad” [11].

Suites imperiales, en sí misma, es la mohína constatación de que el estilo Easton Ellis está ya caduco.

Tiene razón Rafael Narbona cuando dice que “Ellis es un buen narrador, pero carece del impulso poético de Burroughs o Lowry. Bueno, precisemos, porque eso fue antes. En sus anteriores novelas, en ésta no hay más que “tristeza: esté en todas partes” [12].

Aquí no hay nada ya de la genialidad metaficcional de Lunar Park, ni de la violencia perversa de American Psycho, ni del satirismo de Less than Zero, de la cual se pretende secuela.

Aquí lo que quedan son las sombras de aquellos lodos.

Por ello, Suites imperiales acaba siendo un ejercicio desganado de autoparodia, una novela en la que se ven todos y cada uno de los trucos de Easton Ellis.

Una novela llena de prefiguraciones que no se acaban de cumplir: “siempre existe la posibilidad de que ocurra algo aterrador, y normalmente ocurre” [13], de personajes mal trazados (la paranoia ahora no es más que nominal), de conflictos inexplorados (y que el escritor corta por no saber profundizar en ellos)  y, además, con una resolución a lo deus ex machina que realmente duele por su torpeza.

En esta novela, se diría que Clay, el alterego de Easton Ellis habla por éste, cuando dice que: “no me queda más remedio que fingir que solo soy un fantasma, neutral y despreocupado” [14].

Easton Ellis ha cogido las partes más reconocibles de su estilo (las presencias fantasmales, la paranoia, la desconexión con el mundo, la violencia y el egoísmo, la fuerte tensión dramática de sus tramas) y las ha dejado en los huesos; aquí pues no hay más que un puro esqueleto, sin dobleces, superficies absolutamente planas que revelan únicamente lo que son: palabras como objetos chatos.

Una prosa objetual, pues, funcionarial, burocrática, como si aquí hubiese escrito el cadáver de Easton Ellis, alguien que ya está más allá, desaparecido en su propia nebulosa.

Se resume todo muy bien en el final de la novela, cuando Blair le dice a Clay: “Tu cara […] no parece que te haya pasado nada […] Y estás muy pálido” [15].

– – – – – – – –

*

*

*

*

*

*

– – – – – – – –

[1] Benedicte Page. Jonathan Franzen´s glasses held to ransom. Guardian. 05-October-2010.

[2] Claire Armitstead. Who stole Jonathan Franzen´s glasses? Guardian. 05-October-2010.

[3][10] Jonathan Franzen. The discomfort zone. Harper Perennial. London. 2007. [págs 60, 48, 113, 108, 103, 137, 147 & 96]

[11][15] Bret Easton Ellis. Suites Imperiales. Ed. Mondadori. Barcelona. 1ª edición, septiembre de 2010. [págs 52, 21, 57, 89 & 148]

– – – — – – – –

Anuncios

Comentarios desactivados en Escritor en Allak – Escrituras desde/contra la superficie

Archivado bajo Escritor en Allak (2ª época)

Los comentarios están cerrados.